Lo eligieron al día siguiente de cumplir 78 años, una edad a la que nadie es elegido para nada, y menos para dirigir la mayor institución de la historia. El cónclave lo proclamó casi sin oposición y contra todo pronóstico para completar el giro autoafirmativo del largo pontificado de su predecesor y camarada, Karol Wojtyla. Pronto dejó claro que no habría sorpresas: Benedicto XVI sería un Papa continuista en el asentamiento del último concilio dentro de la tradición, y el suyo un papado de transición en el que no se abordarían las suspuestas reformas necesarias tanto en el orden interior como en la proyección externa de una iglesia que hace frente a una crisis tan profunda al menos como la que sufrió con la Reforma hace cuatro siglos (artículo publicado hoy en Xornal do Galicia*).
1.-En la iglesia católica se está revelando progresivamente un grave problema de abusos sexuales desarrollado a lo largo de varias décadas del pasado siglo. A nivel más profundo ha vuelto a demostrar profundas divergencias internas, defectos estructurales de funcionamiento, y síntomas de que la batalla por la sucesión está ya en marcha.
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo