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El Papa considera a los obispos irlandeses responsables de la proliferación de abusos sexuales entre el clero de su país

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El escándalo irlandés de abusos sexuales por parte del clero a lo largo de tres décadas es ya tan grave como el similar protagonizado por la iglesia estadounidense. 'Si, como se dice, la cárcel en vez de regenerar fabrica delincuentes, también cabe afirmar que la Iglesia católica de Irlanda ha sido el refugio de la frustración más envilecida. Y aunque otros muchos religiosos no sean culpables, ello no puede ser excusa para argumentar que solo había unos frutos podridos. Endemia o metástasis, el daño es incalculable', ha llegado a decir el 'National Reporter Catholic'.

La conferencia episcopal irlandesa ha reconocido que de 1945 a 2004, los sacerdotes implicados en abusos sexuales de menores han sido un 4% del total del clero, 105 sacerdotes con cerca de 400 víctimas identificadas. Actualmente hay 8 condenados a penas de prisión y 32 procesados. El arzobispo de Dublín ya había recibido personalmente del Papa 'indicaciones precisas' de actuar con sanciones más duras incluso que las de los tribunales civiles. Y en una anterior entrevista con los obispos irlandeses, Benedicto les dijo que éste era un 'tiempo de purificación', purificación de esa 'inmundicia' que ya denunciara todavbía cardenal, en la semana santa de 2005 con su antecesor agonizante, de 'tantos casos que destrozan el corazón, abusos sexuales sobre menores, particularmente trágicos cuando el que abusa es un sacerdote'.

Sin embargo, y ante la gravedad del problema, el Vaticano acaba de organizar un 'mea culpa' público y colectivo del episcopado irlandés presidido por el mismo Papa, que acaba de terminar y del que el comunicado oficial del servicio de información vaticano dice:

"El 15 y el 16 de febrero el Santo Padre se encontró con los obispos irlandeses y con altos representantes de la Curia Romana para discutir de la grave situación surgida en la Iglesia en Irlanda. Juntos examinaron el fracaso durante muchos años de las autoridades de la Iglesia irlandesa para atajar eficazmente los casos de abusos sexuales de jóvenes por parte de sacerdotes y religiosos irlandeses. Todos los presentes han reconocido que esa grave crisis ha desembocado en el desmoronamiento de la confianza en la jerarquía eclesiástica y ha perjudicado su testimonio del Evangelio y sus enseñanzas morales.", dice el comunicado oficial emitido esta mañana tras el encuentro del Papa, ayer 15 y hoy 16 de febrero, con los obispos de la Conferencia Episcopal Irlandesa. El Vaticano esta vez no se ha andado con paños calientes: 'grave crisis' y 'desmoronamiento dela confianza en la jerarquía'.

"La reunión se ha desarrollado con un espíritu de oración y fraternidad colegial y su atmósfera, franca y abierta, ha aportado directrices y ayuda a los obispos en sus esfuerzos para hacer frente a la situación en sus respectivas diócesis". En clave diplomática, 'atmósfera franca y abierta' equivale a situación tensa en la que se han formulado graves recomendaciones.

"El 15 de febrero, por la mañana, tras una breve introducción del Santo Padre, cada uno de los obispos irlandeses presentó sus observaciones y sugerencias. Los obispos hablaron con franqueza del sentimiento de dolor y rabia, de traición, escándalo y vergüenza que les han manifestado en numerosas ocasiones las personas que han sufrido abusos. Un sentimiento similar de ultraje reflejaban también los laicos, sacerdotes y religiosos". Una especie de confesión individual y colectiva la del episcopado irlandés en la que es de suponer que cada palo ha aguantado su vela y cada obispo ha formulado su acto de contrición por sus connivencias y hasta complicidades concretas y detalladas.

Efectivamente, se reconoce que errores y omisiones episcopales son el origen de la crisis: "Los obispos han hablado también de la ayuda y la dedicación prestada en este momento por miles de voluntarios, laicos y preparados, para garantizar la seguridad de los niños en todas las actividades de la Iglesia y han subrayado que, si es indudable que los errores de juicio y las omisiones están a la base de la crisis, en la actualidad se han tomado medidas para garantizar la seguridad de los niños y jóvenes. Los obispos han recalcado asimismo su compromiso en la colaboración con los autoridades legales en Irlanda -del Norte y del Sur- y con The National Board for Safeguarding Children in Catholic Church in Ireland (Consejo Nacional para la Salvaguardia de los Niños en la Iglesia Católica en Irlanda) para garantizar que las normas, actividades y procedimientos de la Iglesia correspondan a las mejores prácticas en esta materia".

Pero a pesar de garantizar la seguridad de los alumnos de las escuelas católicas es de preveer que muchas familias decidirán finalmente trasladar a sus hijos a escuelas públicas laicas, acabando con el dominio católico de la enseñanza irlandesa. El Papa reconoce públicamente que el bochornoso escándalo tardará en resolverse, y pidió al clero irlandés valentía, unidad y renovación.

"Por su parte, el Santo Padre observó que los abusos sexuales de niños y jóvenes no son solo un crimen atroz, sino también un pecado grave que ofende a Dios y que hiere la dignidad de la persona creada a su imagen. Consciente de que la dolorosa situación actual no se resolverá rápidamente, el Papa exhortó a los obispos a afrontar los problemas del pasado con determinación y a hacer frente a las crisis con honradez y valentía. También expresó la esperanza de que este encuentro ayude a la unidad de los obispos y a capacitarles para que hablen con una sola voz a la hora de identificar los pasos concretos para curar las heridas de los que han padecido abusos, alentando a una renovación de la fe en Cristo y a restaurar la credibilidad espiritual y moral de la Iglesia.

Sacando conclusiones generales de este y otros casos particulares que han convertido en plaga el problema de abusos sexuales por parte del claro católico, el Papa cree que es debido a la falta de fe en sus mismas filas, y a la mala preparación de los sacerdotes: "El Santo Padre también se refirió a la crisis generalizada de fe que afecta a la Iglesia, que está unida a la falta de respeto a la persona humana, y a cómo la debilitación de la fe ha sido un factor que ha contribuido de manera significativa al fenómeno de los abusos sexuales de menores. También subrayó la necesidad de una reflexión teológica más profunda sobre toda la cuestión, y dijo que es necesaria una mejor preparación humana, espiritual, académica y pastoral de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, así como de los que ya han sido ordenados y consagrados'.

"Los obispos tuvieron la oportunidad de examinar y discutir el borrador de la Carta Pastoral del Santo Padre a los Católicos de Irlanda. Teniendo en cuenta los comentarios de los obispos irlandeses, Su Santidad completará ahora la carta, que se publicará durante la próxima Cuaresma. Las discusiones concluyeron al final de la mañana del martes, 16 de febrero de 2010. Mientras los obispos regresan a sus diócesis, el Santo Padre ha pedido que esta Cuaresma se viva como un tiempo para implorar una efusión de la misericordia de Dios y de los dones del Espíritu Santo de santidad y fortaleza para la Iglesia en Irlanda". Dos cuestiones finales a destacar del comunicado oficial: la consulta a los obispos irlandeses de lo que será la toma de posición pública personal del Papa sobre el escándalo y el hecho de que todo un día de trabajo no haya bastado y la reunión haya sido prorrogada hasta la mañana del día siguiente, hoy martes.

PURIFICACIÓN INTERNA

Tal y como se relata en el libro que hemos publicado recientemente ('Después de Ratzinger, qué: balance de los cuatro años de su pontificado y desafíos de su sucesión', José Catalán Deus, Editorial Península, Madrid, 2009), una purificación interna de la iglesia católica figura entre los objetivos explícitos de este papado. En sus meditaciones para el Vía Crucis del viernes santo en el Coliseo romano, el por unos días aún czardenal Joseph Ratzinger pidió perdón no por las faltas pasadas de la iglesia sino por las presentes. Y pidió perdón a Dios, no a los humanos. En una referencia obvia a los escándalos sexuales recientes y abundantes, hizo esta intercesión: "Señor, frecuentemente tu iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, en la que entra agua por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos. Nosotros, quienes te traicionamos, no obstante todos nuestros gestos ampulosos y palabras altisonantes. Ten piedad de tu iglesia."

Y es que Benedicto XVI cdonsidera sin duda que el problema de 'suciedad' más obvio que tenía en 2005 y tiene hoy la Iglesia es el extendido escándalo de pederastia, del que la congregación de Doctrina de la Fe dirigida por el entonces cardenal Ratzinger tomó conciencia con retraso pero afortunadamente para su titular antes de ser elegido Papa. El especialista Michael S. Rose reconoce que 'en esos años, ningún otro eclesiástico tuvo más responsabilidad que él sobre cómo disciplinar a los sacerdotes acusados de abusos sexuales. Cuando los casos arribaron por docenas a su escritorio, entendió que el problema era más extenso y profundo de lo que jamás había imaginado. Según monseñor Charles J. Scicluna, uno de sus más estrechos colaboradores entonces como ‘promotor de justicia’ de la Congregación, para el actual Papa "comprender a través de la herida que produjo esta mala conducta ha sido, obviamente, una gran fuente de sufrimiento espiritual y moral" .

En otoño de 2004, Ratzinger encargó de buenas a primeras a Scicluna, rescatar de los cajones todos los procesos pendientes archivados que tuvieran que ver con el sexto mandamiento. La orden era 'toda causa debe tener su curso regular'. En otras palabras, nadie era intocable, ya fuera protegido de Sodano o predilecto del pontífice. Así se iniciaron las investigaciones contra dos fundadores de órdenes religiosas con fuertes apoyos en la Curia, el italiano Gino Burresi, fundador de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, y el mexicano Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo, ambos acusados de abusos sexuales a sus jóvenes seminaristas y discípulos, además de gravísimas violaciones del sacramento de la confesión.

El cambio de actitud en Doctrina de la Fe coincidía con un decidido retorno a la vida pública del cardenal Ratzinger, una especie de prolongada e intensa campaña electoral con la que el prefecto jalonaría el último tramo de la vida de su antecesor, preparando una sucesión que ofreciera continuidad al proyecto histórico conjunto. Se trataba obviamente de 'limpiar' esa larga etapa de un cuarto de siglo al frente de la Congregación más controvertida, antes de otras limpiezas generales. En pleno escándalo de abusos sexuales, el más grave que sufría la Iglesia en muchos años, por no decir varios siglos, la gestión de Doctrina no debía aparecer como laxa o rutinaria.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por jalon 18.02.10 | 13:04

    BURRESI se ordenó de sacerdote en la orden de los Oblatos, pero desde antes tenía fama de visionario, místico y director espiritual. Numerosos católicos de Italia y otros países, prelados de alto rango, políticos, empresarios, pregonaban su santidad. Su cuartel general lo tenía en las afueras de Roma, en Tívoli, donde recibía a sus fieles seguidores. Como era un imán de vocaciones sacerdotales, los Oblatos le fundaron allí un seminario. Pero en 1988 siete jovencitos dijeron a los superiores de los Oblatos, que Burresi había abusado sexualmente de ellos. Sin embargo, el cardenal que llevó el asunto se confesaba con Burresi, lo que explica que fuera absuelto y regresara triunfante a Italia, más estimado que nunca y con más gloria. Sus acusadores fueron reprendidos por el Vaticano

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