Llevábamos mucho tiempo esperando ponerle fecha. Ahora ya no hay duda. Con las abundantes nieves de comienzos del año 2009, la transición española a ninguna parte ha finalizado con el cumplimiento exacto de este enunciado. Puede parecerles un planteamiento arriesgado, y sin duda es provocador. Pero la rapidez y gravedad de los acontecimientos necesita de metáforas potentes en un momento en que se está comparando la actual situación económica y política española con el hundimiento de Argentina a partir de los años sesenta del pasado siglo, o el estancamiento institucional italiano de inicios de los noventa. Así comienza el análisis que el autor de este blog ha publicado en la fundación Safe Democracy, con la que colabora habitualmente.
Y si tenemos ya fecha, continúa diciendo el análisis, la imagen simbólica que un día resuma para la pequeña historia el brusco final de la esperanza, puede ser la del juez más célebre de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, y el actual ministro de Justicia, posando satisfechos entre abundantes presas sanguinolentas de una cacería en la que participaron conjuntamente el fin de semana en que se iniciaba una operación judicial sin precedentes contra el partido de la oposición. Otra vez 'La escopeta nacional', aquella película que se mofaba de la corrupción del anterior régimen.
A la crisis económica que comenzó en la primavera de 2007 con el estallido de la burbuja inmobiliaria más exagerada del mundo occidental, sucedieron unas elecciones generales en marzo de 2008 en los que la población no quiso ver lo que se avecinaba y el partido en el poder se las ingenió con grandes dosis de cinismo mediático para resultar reelegido. No habían pasado unas semanas y los medios comenzaron a reflejar lo que habían estado ocultando, que había llegado una crisis de velocidad y crudeza inauditas. El país entró rápidamente en recesión y todos los indicadores económicos encendieron las luces rojas como si de un aterrizaje de emergencia se tratara.
Y es que se trataba de eso, efectivamente. El país se encontró con que había renovado por otros cuatro años a un gobierno superado por los acontecimientos, que ocultaba los graves problemas coyunturales y estructurales con demagogias y populismos volcados en problemas triviales. No es la opinión pública española de rápidos reflejos y cintura flexible. 'Sostenella y no emendalla' dice el viejo refrán castellano.
Además, cuando los hechos daban la razón a la oposición, que había sido acusada de antipatriota por anunciar lo que se venía encima, ésta cayó en una profunda crisis interna de la que aún no ha salido. La lógica crisis en la que caen todos los partidos políticos que pierden unas elecciones que podían haber ganado, pero en este caso mayor y menos justificada, por cuanto estaba claro que el PP no tenía por delante más de una legislatura para conseguir volver al gobierno a poco mal que lo hiciera.
Un gobierno incapaz y una oposición debilitada, empatados en los sondeos, fueron incapaces de un pacto de Estado con amplitud de miras frente a la crisis. Durante la segunda mitad de 2008, la situación económica empeoró tan rápidamente que dejaba ver no sólo la coincidencia de dos crisis económicas parecidas pero diferentes, la interna y la internacional, sino algo más, la quiebra de un modelo, una crisis de confianza generalizada en la tarea colectiva.
Las relaciones entre los dos grandes partidos políticos, después de un primer momento en el que parecía posible recuperar el 'fair play', insistían en un grado de enfrentamiento que patentizaba la inexistencia de un proyecto común. Los tres teóricos poderes del Estado sufrían un elevado grado de deterioro en su funcionamiento, claramente perceptible entre los ciudadanos. Las bases del Estado de bienestar tan orgullosamente conquistado en las últimas décadas -educación, sanidad y justicia para todos- habían iniciado un innegable proceso de deterioro. Los medios de comunicación practicaban el más destructivo de los sensacionalismos envenenando a sus audiencias. Y por encima de todo ello, el Estado de las Autonomías, el modelo de descentralización español, había creado 17 monstruos enfrentados entre sí, nutridos de burocracias desbocadas, alimentados de demagogias exclusivistas y élites voraces, que amenazaban ya la existencia de un mercado único y de una nación efectiva.
La recesión económica se está retroalimentando con lo que podemos denominar recesión social y política, un deterioro de las normas cívicas, del respeto a las leyes, de la convivencia dialogante, de la busca de la excelencia. La economía se desploma de forma literal, mientras el país contiene el aliento esperando las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco, y una probable crisis de gobierno posterior -cualquiera que sea el resultado de las mismas- que intente enderezar las cosas con un cambio en el equipo económico.
En el reducido e inestable 'establishment' español se ve cada vez más remota la posibilidad de que el presidente Zapatero pueda frenar una crisis que ha pasado ya de recesión a depresión. Si no fuera porque muchos temen más al remedio que a la enfermedad, existiría ya un clamor pidiendo un adelanto de las elecciones generales de 2012. Pero el Partido Popular que brillantemente conjuró otra grave crisis a mediados de la década pasada, -materialización del agotamiento de la larga etapa de gobierno de Felipe González-, ha sido incapaz esta vez de consolidar una alternativa firme y unida, y se encuentra debilitado por la pugna interna madrileña, entre los partidarios del alcalde y los partidarios de la presidenta autonómica.
Juntos y arropando a izquierda y derecha al actual presidente del PP, Mariano Rajoy, estos dos competentes políticos ganarían sin duda los próximos comicios a un PSOE sin capacidad alguna de gobierno, noqueado. Enfrentados, apuntalan al gobierno más que sus propios seguidores.
Pero por un misterio aún no desvelado, Alberto Ruíz Gallardón y Esperanza Aguirre mantienen una guerra de guerrillas suicida que en las últimas semanas está deteriorando las posiciones del PP de forma grave. En las circunstancias actuales, podría considerarse que los cambios gubernamentales que acometerá Zapatero a mediados de año no conseguirán impedir que la recesión se convierta en una depresión generalizada que algunos analistas consideran de duración no menor a una década.
La única alternativa a estas perspectivas sombrías sería un adelanto de las elecciones generales para la primavera de 2010 que hiciera llegar al gobierno un programa de regeneración económica y social como el que implementó José María Aznar en 1996. Pero ¿quién podría llevarlo a cabo? Las hipótesis parecen todas irreales: un gobierno de emergencia nacional, con la participación de los sectores más dialogantes de los dos grandes partidos políticos, iría contra el ‘cainismo’ vigente; un gobierno del PP con Rajoy-Gallardón, tendría que vencer fuertes resistencias externas e internas; una hipotética vuelta a la política activa de Aznar, investido de salvador de la patria, y con Aguirre a su lado, es aún más difícil. Por no hablar de un PSOE más responsable y competente, superada la etapa 'zapaterista'.
La crisis generalizada se afianza a medida que las posibles alternativas se debilitan. Cada vez resulta más claro el gravísimo error que supuso la retirada política de José María Aznar y su sucesión por decreto. Cada vez resulta más claro que los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid hicieron también saltar por los aires parte del basamento común sobre el que se había construido el posfranquismo.
Se necesitan impopulares medidas de saneamiento general que salven a la España democrática de la ruina económica y moral. España es hoy un país que se estanca en el desencanto de una oportunidad histórica derrochada, en un pesimismo creciente que apunta a que la larga transición española iniciada a la muerte de Francisco Franco en 1975, desembocará en un total y absoluto fracaso.
También las naciones pueden vender su alma al diablo. También los pueblos pueden convertir en papel mojado los procesos de regeneración. La crisis española es una metáfora de lo que ocurre cuando se elige el aparentemente camino fácil. El país está atónito ante lo que se le viene encima y no ha creado anticuerpos honestos y competentes en grado suficiente para reaccionar. La transición española a la democracia puede terminar en catástrofe histórica. Llámennos tremendistas pero hágase algo antes de que sea demasiado tarde.
Hace ya mucho tiempo que se habla de la necesidad de una ‘segunda transición’. La primera cumplió sus grandes y formales objetivos en la instauración del libre mercado, la implantación de un sistema democrático constitucional, la apertura de un terreno de juego amplio a la sociedad civil, y la teórica igualdad de oportunidades entre todos los ciudadanos. Pero desde hace más de dos décadas, la aplicación práctica de las leyes y el desarrollo efectivo de los derechos y deberes ciudadanos no se profundiza, y al contrario, está retrocediendo. Si los principios generales no se afianzan en el comportamiento diario de las personas, se convierten en papel mojado. Para que eso no ocurra, los poderes públicos deben dar un ejemplo ejemplar, valga la redundancia. Las élites españolas han vuelto a fallar. Pero casi todos los ciudadanos tienen también su cuota de responsabilidad.
Quizás la temprana señal de que el impulso inicial se debilitaba, fue la salida de Miguel Boyer del primer gobierno de Felipe González a mediados de los años ochenta. Su sustituto al frente de la economía pronto envió señales de que lo importante era hacerse rico y que se iba a facilitar la tarea suavizando la letra y subiendo la música. El inmenso caudal de esperanza conseguido por Felipe González se fue trasmutando en corrupción entre las nuevas élites, y volvieron los viejos demonios nacionales, el amiguismo, el enchufe, la chapuza, el apaño. Para cuando se apagaron las luces de la Olimpiada de Barcelona y la Expo de Sevilla, en 1992, el ‘todo vale’ ya dominaba el panorama. Desde entonces, fracasó el vacilante intento regenerador de Aznar, ahogado por un ambiente ya dominante de gente manipulada y corrompida, y se escoró hacia una política económica del ‘pelotazo’ a base de lo de siempre, sol, ladrillos e inmigrantes. Zapatero sólo ha empeorado el desfase.
Más allá de estadísticas y euros, lo más importante es modificar los valores dominantes en la sociedad española, para que al menos la dura crisis que espera al país, sea también una oportunidad de cambio. Es el momento de que la democracia entre de verdad en la cabeza de los ciudadanos, de una buena educación y una justicia operativa sin las que nada será posible. Es el momento de que el péndulo se mueva hacia el respeto de la ley y el orden. Es el momento de un gran programa de regeneración en el que las élites y los medios de comunicación propugnen y den ejemplo de civismo, honradez y cultura, lo que no han hecho hasta ahora. No es tarea de siglas salvadoras, es tarea de la sociedad entera. Cuesta lo mismo hacerlo mal que bien. Mis derechos terminan donde empiezan los del vecino. Cooperar es mejor que enfrentarse. No hagas lo que no te gustaría que te hagan a ti. Valores pon encima de dineros. Esto era la verdadera transición española a la democracia. Aún hay tiempo
Así termina el artículo que está despertando algún debate en la red. Tendrá continuidad muy probablemente. Safe Democracy está impulsada por el empresario Martín Varsavsky. Su director ejecutivo es Joaquín Mirkin, y su editora jefe, Raquel Sánchez Bujaldón. 'Desde Safe Democracy, queremos aportar ideas innovadoras y soluciones al debate de los principales acontecimientos y problemáticas de la actualidad internacional (en español y en inglés) desde el firme compromiso con una democracia justa, transparente y segura para todos', dicen como presentación a su trabajo.
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El PP ha recurrido la ley del aborto. Es un peligro, si ganara, que anulara la ley del divorcio. Peor que la ruina de ZP
El Vaticano no quiere que Obama se convierta en un «Zapatero global»
RD/Ep
Martes, 10 de marzo 2009
La reintroducción de la financiación pública de las investigaciones con células madre embrionarias por parte del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha generado preocupación en el Vaticano, que "no quiere otro 'caso Zapatero' más allá del océano", según tituló hoy el diario italiano 'Corriere della Sera'.
"La imagen de Barack Obama como una especie de 'Zapatero global' es aún hoy rechazada en el Vaticano", asegura el diario, aunque la decisión de levantar el veto a la investigación con embriones hace que "la división del trabajo entre los obispos americanos y la Santa Sede sea cada vez más difícil".
Europa como quintaesencia democratica-kosovo- soportado por el sionismo norteamericano con lo muchisimo que aborrecen los 'moderados turcos' a los sionistas, recordemos Davos, y al revés, recordemos Gaza.
Muy acertado su análisis.
Sí, la transición se acabó también el 11m cuando la monarquia que ya habia sido dejada de lado por el 'fascio de Aznar' a causa de su inutilidad dio por buena las masacres de Madrid y no se quiso investigar nada o directamente se falseó el sumario.
Sí la guerra de Iraq es ilegal, tanto como la de Afganistan, las dos vienen del montaje del 11s, aunque no dudamos que hubiesen islamistas intentando atentar, también es una demolición para cobrar el seguro y se ha de reconocer igual que el islamismo radical es un problema.
Tan legal como los diez años de guerras balcanicas que no se quisieron parar salvo para incendiarlo todo y que Alemania y el Vaticano tuviesen un nuevo satélite, el esloveno y finalmente lanzarles a los islamistas encima para que nuestro payaso como Solana se dedicase a bombardear Serbia cuando intentó defenderse. Y ahora tener un satelite turco-islamista en Europa como quintaesencia democratica-kosov...
Magnífico artículo. Pero si la salvación de España depende de sus ciudadanos y de la fibra moral que éstos aporten , ya podemos darlo por acabado. Los españoles jamás han hecho nada en contra de la élite que les ha dominado en una u otra época historica. Vivan las Caenas , aunque sean las que les tengan colgados del cuello...
Magnífico análisis. Esos diecisiete "monstruos", en efecto, deben desaparecer y con ellos la pléyade de sopibobos viviendo al amparo de un carnet. Con las 17 taifas actuales -enemigas a muerte unas de otras hasta el punto de imposibilitar obras para el bien común de la nación: Plan Hidrológico Nacional, centrales nucleares, prisiones, etc. etc.- insaciables, chupando de las ubres de un Estado ya entrado en la caquexia, donde el presupuesto de los EE.UU. sería insuficiente, España se dirige al despeñadero. Y si a esto añadimos una clase política corrompida hasta el tuétano y unas leyes perniciosas en Educación, en Justicia, en Administración territorial y Ley electoral entre otras, el estallido está asegurado.
Muy buenas
Pues felictarle por su post y por su testimonio.
Un cordial saludo
Me parece que recoge el sentir de muchos, y estoy de acuerdo con lo que dice el sr Catalán. Y fuera de partidismos, que los tengo, es verdad que hace falta una regeneración, pero de verdad, el ejemplo de la argentinización, con los partidos cebándose, (unos más que otros, véase los 90)y colgándose de la estructura del estado hasta que la crisis institucional sea insostenible, parece que no hay alternativas al uso desmedido de la emocionalidad para tapar la realidad y afrontar los problemas y los retos responsablemente, y sabiendo trasladar a la opinión pública cuando hay que tomar decisiones difíciles pero necesarias, en vez de discusiones bizantinas. Para mi también se acabó con la Transición el 11-M.
Me viene a las mentes el italiano, genovés por mas señas, 'Beppe Grillo' y además cómico que está de sus políticos hasta las mismas cartolas. Ha creado el 'Vaffa Day' que quiere volver a celebrar en abril y en Turín y viene de aquello de 'vaffanculo' porque dice que sus políticos están muertos, acabados y son como ataudes pero que hablan de recetas para los problemas de Italia que ellos mismos han creado. Pues aquí habría que recrearlo porque los nuestros se han montado el chiringuito y a los demás... menuda banda
Benditos sean el cainismo y sectarismo ideológico. Se someten a elecciones libres cada cuatro años. La Inquisición, Franco entre Cristo y Jose Antonio, seguirá entre nosotros para cien años. Una prueba es la derrota del reconciliador Ricardo Blazquez. La Iglesia genera cristofobia, dijo Cañizares. Reconciliación. Comunistas, liberales, masones, judíos, católicos, musulmanes y protestantes. La Reconciliación está verde
Magnífico artículo, razonado y razonable. Sólo corregiría una cuestión de calendario: en mi modesta opinión, situaría el fin de la Transición española el 11 de marzo de 2004. Las bombas del 11 M cerraron el espíritu de reconciliación que había presidido la Transición y despertaron de nuevo el cainismo y sectarismo ideológicos que ya creíamos haber dejado atrás.
Miércoles, 10 de febrero
Peio Sánchez Rodríguez
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Miguel Blanes Coll
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Robert Blair Kaiser
Ediciones Khaf
Mario Bruzzone
JC Rodríguez, A Eisman