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B16: lo último de 2008 y lo primero de 2009

02.01.09 | 17:29. Archivado en Papado Ratzinger, Benedicto XVI y Papado
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El Papa Benedicto XVI dedicó a los jóvenes sus últimas reflexiones del año 2008, y les pidió 'elegir un estilo de vida que no siga la mentalidad hedonista actual'. “La sociedad necesita ciudadanos que no se preocupen sólo de sus propios intereses, porque, como recordé el día de Navidad, “el mundo va a la ruina si cada uno piensa sólo en sí mismo”. El Papa terminó el año viejo diciendo que no hay que tener miedo a la crisis económica, y comenzó el nuevo prometiendo que 'dialogará nuevamente con los responsables de las naciones y de los organismos internacionales' para pedirles un nuevo orden mundial, una revisión profunda del modelo de desarrollo dominante.

En el Te Deum de acción de gracias por el año 2008, en la Basílica de San Pedro, había dicho: “Este año se cierra con la conciencia de una crisis económica y social creciente, que afecta ya al mundo entero, pero aunque en el horizonte van apareciendo no pocas sombras en nuestro futuro, no debemos tener miedo... Nuestra gran esperanza como creyentes es la vida eterna en la comunión de Cristo y de toda la familia de Dios. Esta gran esperanza nos da la fuerza de afrontar y de superar la las dificultades de la vida en este mundo... (la presente crisis) pide a todos más sobriedad y solidaridad'.

Y LO PRIMERO DEL 2009

El Papa comenzó 2009, como no podía ser de otra manera, celebrando el día de Año Nuevo a las 10,00 de la mañana una misa en la basílica vaticana. Comentando en la homilía el tema de la Jornada Mundial de la Paz, "Combatir la pobreza, construir la paz”, el Papa explicó que existe, por una parte, “la pobreza elegida y propuesta por Jesús, y por otra, la pobreza que hay que combatir para que el mundo sea más justo y solidario”.

“El nacimiento de Jesús en Belén -dijo- nos revela que Dios eligió la pobreza para sí mismo en su venida en medio de nosotros. (...) El amor por nosotros empujó a Jesús no sólo a hacerse hombre, sino a hacerse pobre”. Sin embargo, añadió, existe “una pobreza que impide a las personas y a las familias vivir según su dignidad; una pobreza que ofende la justicia y la igualdad y que, como tal, amenaza la convivencia pacífica”. El Papa recordó que en el mensaje de este año había vuelto a denunciar, “frente a las plagas difundidas, como las enfermedades pandémicas, la pobreza de los niños y la crisis alimentaria, la inaceptable carrera armamentística”, y refiriéndose al fenómeno de la globalización, dijo que es necesario que las naciones “se esfuercen por mantener alto el nivel de la solidaridad”.

Benedicto XVI preguntó si “estamos preparados para leer la actual crisis económica en su complejidad, como desafío para el futuro y no sólo como una emergencia a la que dar respuestas a corto plazo. ¿Estamos dispuestos a hacer juntos una revisión profunda del modelo de desarrollo dominante, para corregirlo de forma concertada y a largo plazo. Lo exigen, en realidad, antes que las dificultades financieras inmediatas, el estado de salud ecológica del planeta y, sobre todo, la crisis cultural y moral, cuyos síntomas son evidentes desde hace tiempo en todo el mundo”.

“Para combatir la pobreza inicua, que oprime a tantos hombres y mujeres y amenaza la paz de todos, es necesario redescubrir la sobriedad y la solidaridad, como valores evangélicos y al mismo tiempo universales. No se puede combatir eficazmente la miseria”, si no se “reduce el desnivel entre quien derrocha lo superfluo y quien no tiene siquiera lo necesario”, afirmó.

El Santo Padre confió a la Virgen María “el profundo deseo de vivir en paz que anida en el corazón de la gran mayoría de las poblaciones israelí y palestina, una vez más puestas en peligro por la intensa violencia en la franja de Gaza, en respuesta a otra violencia”. “También la violencia, también el odio y la desconfianza son formas de pobreza -quizá las más tremendas- que hay que combatir”.

Al mediodía, poco después de la misa, Benedicto XVI se dirigió a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para el rezo del Angelus. El Papa felicitó el Año Nuevo a todos los presentes y a los que seguían el Angelus mediante la radio y la televisión, y aseguró que “con la gracia del Señor -y solo con ella- podemos esperar siempre nuevamente que el futuro sea mejor que el pasado”.

“Deseo -aseguró- dialogar nuevamente con los responsables de las naciones y de los organismos internacionales, ofreciendo la contribución de la Iglesia católica para la promoción de un nuevo orden mundial digno del ser humano. Al inicio del nuevo año -dijo- mi primer objetivo es precisamente invitar a todos, gobernantes y simples ciudadanos, a no desanimarse frente a las dificultades y los fracasos y a renovar sus compromisos”.

Recordó asímismo que “en la segunda parte de 2008 ha surgido una crisis económica de vastas proporciones. Esta crisis debe ser examinada en profundidad, como un síntoma grave que requiere intervenir sobre las causas. No basta -como diría Jesús- poner remiendos nuevos en un vestido viejo. Poner a los pobres en primer lugar significa pasar decididamente a la solidaridad global que ya Juan Pablo II había indicado como necesaria, concertando las potencialidades del mercado con las de la sociedad civil, en el constante respeto de la legalidad y tendiendo siempre al bien común".

“Jesucristo -terminó el Papa-, no organizó campañas contra la pobreza, pero ha anunciado a los pobres el Evangelio para un rescate integral de la miseria moral y material. Lo mismo hace la Iglesia con su labor incesante de evangelización y promoción humana".


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