Una declaración conjunta entre representates de la Curia Romana y el Islam suní y chií conjuntamente, no ocurre todos los días. Es histórica y de gran importancia estratégica. El primer Foro Católico-Musulmán acuerda la importancia de la defensa de la vida por ser un don de Dios para toda persona, es decir, oposición al aborto y la eutanasia; la centralidad de la libertad religiosa, es decir, que debe acabar la discriminación generalizada contra los cristianos en el Islam y la esporádica contra los musulmanes en Occidente; y la promoción de los valores morales comunes frente al materialismo, al laicismo y al ateismo pujantes, y que los jóvenes "sean bien formados en sus propias tradiciones religiosas" tal como la iglesia católica pide en España.
Se trata de un importante logro de la diplomacia católica bajo la directa inspiración del Papa Ratzinger, que ha visto la importancia estratégica de la unidad de todos los creyentes ante el augen imparable del materialismo en el mundo de hoy. O con Dios o sin Dios, he ahí el gran dilema de nuestro tiempo para Benedicto XVI.
La declaración final de los participantes en el primer Foro Católico-Musulmán, que se celebró del 4 al 6 de noviembre en Roma, reconoce naturalmente que “los puntos de semejanza y de diversidad reflejaron el distinto genio específico de las dos religiones”. Pero los 24 participantes y cinco consejeros de cada una de las dos religiones consiguieron una declaración conjunta de 15 puntos que es todo un hito en la historia del diálogo interreligioso y heredera directa de la Declaración de Ratisbona, aquel discurso del Papa Benedicto XVI en su visita a Alemania, tan atacado e incomprendido, que finalmente ha sido un acicate para despertar a las corrientes dialogantes muslmanas, no sólo hacia el exterior sino hacia su mismo seno, la secular y sangrienta división entre las ramas sunita y chiíta.
Durante el acto de clausura, en la tarde de este jueves, que se realizó en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, el cardenal Jean Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, subrayó uno de los puntos de la histórica declaración final: "Creemos que católicos y musulmanes estamos llamados a ser instrumentos de amor y armonía entre creyentes, y para la humanidad en general, renunciando a cualquier tipo de opresión, violencia agresiva y terrorismo, sobre todo cuando se cometen en nombre de la religión, y manteniendo el principio de justicia para todos".
El encuentro había culminado pocas horas antes con una audiencia con el Papa Benedicto XVI. Ha sido organizado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y por los signatarios del manifiesto "Una palabra común" (http://www.acommonword.com), que por primera vez reúne y representa a altos exponentes de las diferentes ramas del islam (suníes, chiíes y otras) de diferentes países.
El profesor libanés Joseph Maila, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas en el Instituto Católico de París, aseguró en el acto de clausura que "el amor de Dios viene del hecho de que Dios es padre y el amor del Padre no se impone". Por su parte la profesora canadiense Ingrid Mattson, directora de la Sociedad Islámica de Norteamérica aseguro que en este encuentro sintió "la mano de Dios", y advirtió de que el diálogo "debe partir de la caridad y no del proselitismo" y que ahora hay que emprender un largo camino de trabajo y acercamiento porque "una simple conferencia no puede arreglarlo todo".
Entre los 24 participantes de la religión musulmana estuvo Yaha Pallavicini, vicepresidente de la comunidad islámica religiosa italiana, quien destacó como fruto del encuentro el "unir la teología con la práctica y no establecer sólo un diálogo teológico, que permanece abstracto, ni un discurso pragmático, que sólo apunta a los social". De parte de la religión católica, una de las participantes fue Ilaria Morali, doctora en teología de la Pontificia Universidad Gregoriana, quien dijo que uno de los primeros frutos ha sido la "creciente confianza recíproca, que es el presupuesto para todo diálogo. Si se tiene miedo al otro, no se es libre y no se está tranquilo para hablar de sí mismo". Existe por parte de ambas partes un deseo de comprenderse y, "como todo camino humano, se inicia aceptando que hay dificultades".
El Seminario estuvo dedicado al tema "Amor de Dios; amor del prójimo", siguiendo dos directrices; la primera basada en los fundamentos teológicos y espirituales, y la segunda en la dignidad de la persona humana y el respeto mutuo. Sobre cada uno de estos dos apartados se presentará una relación por parte católica y otra por parte musulmana, que servirán de punto de partida para los sucesivos debates. Participan en el seminario 29 personas, por cada parte, entre expertos, autoridades religiosas y consultores. Este foro fue instituido por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y por representantes musulmanes a raíz de la carta abierta que dirigieron a Benedicto XVI 138 líderes islámicos de 2007 y la carta de respuesta a dicha misiva del Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone.
QUINCE PUNTOS
La declaración dice:
1. “Para los cristianos la fuente y el ejemplo de amor de Dios y al prójimo son el amor de Cristo hacia su Padre, hacia la humanidad y hacia cada persona. (...) El amor al prójimo no puede separarse del amor a Dios, porque es una expresión de nuestro amor hacia Dios. (...) Profundamente enraizado en el amor expiatorio de Cristo, el amor cristiano es misericordioso y no excluye a nadie; esto también incluye a los propios enemigos... Para los musulmanes, (...) el amor es un poder eterno trascendente que dirige y transforma el respeto humano mutuo. Este amor, como indicó el Profeta Santo y Amado Mahoma, es anterior al amor humano hacia el Dios Verdadero”.
2. “La vida humana es el regalo más precioso de Dios a cada persona. Por lo tanto debería ser preservada y honrada en todas sus etapas”.
3. “La dignidad humana deriva del hecho de que cada persona ha sido creada por un Dios que ama. (...) La persona requiere el respeto de su dignidad original y su vocación humana. Por lo tanto, él o ella tienen derecho al reconocimiento pleno de su identidad y libertad por parte de individuos, comunidades y gobiernos, apoyados por una legislación civil que asegure la igualdad de derechos y la plena ciudadanía”.
4. “Afirmamos que la creación de la humanidad por parte de Dios tiene dos grandes aspectos: la persona humana, la masculina y la femenina, y nos comprometemos conjuntamente a asegurar que la dignidad humana y el respeto se extienda hacia una igualdad básica entre hombres y mujeres”.
5. “El amor genuino al prójimo implica el respeto de la persona y a sus opciones en asuntos de conciencia y religión. Esto incluye el derecho de individuos y comunidades para practicar su religión en privado y en público”.
6. “Las minorías religiosas tienen derecho a ser respetadas en sus propias convicciones y prácticas religiosas. También tienen derecho a sus propios lugares de adoración, y sus figuras y símbolos fundamentales que consideran sagrados no deberían ser sujetos a ninguna forma de burla o ridículo”.
7. “Como creyentes católicos y musulmanes, somos conscientes de la necesidad y el deber de testimoniar la dimensión trascendente de la vida, a través de una espiritualidad alimentada por la oración, en un mundo cada vez más secularizado y materialista.
8. “Afirmamos que ninguna religión ni sus seguidores deberían ser excluidos de la sociedad. Cada uno debería ser capaz de aportar su contribución indispensable al bien de la sociedad, sobre todo en el servicio al más necesitado”.
9. “Reconocemos que la creación de Dios en su pluralidad de culturas, civilizaciones, lenguas y pueblos es una fuente de riqueza y por lo tanto nunca debería convertirse en causa de tensión y conflicto”.
10. “Estamos convencidos de que católicos y musulmanes tienen el deber de proporcionar una sana educación en valores humanos, cívicos, religiosos y morales a sus miembros respectivos y promover información exacta sobre las distintas religiones”.
11. “Creemos que católicos y musulmanes estamos llamados a ser instrumentos de amor y armonía entre creyentes, y para la humanidad en general, renunciando a cualquier tipo de opresión, violencia agresiva y terrorismo, sobre todo cuando se llevan a cabo en nombre de la religión, y manteniendo el principio de justicia para todos”.
12. “Apelamos a los creyentes a que trabajen por un sistema financiero ético en el cual los mecanismos reguladores tengan en cuenta la situación de los pobres y desheredados, tanto individuos, como naciones endeudadas. Apelamos al primer mundo a tener en cuenta la grave situación de aquellos afligidos más gravemente por la actual crisis en la producción de alimentos y su distribución, y pedimos a los creyentes de todas las religiones y a las personas de buena voluntad que trabajen juntos para aliviar el sufrimiento de los hambrientos, y eliminar sus causas.
13. “Los jóvenes son el futuro de las comunidades religiosas y de las sociedades en su conjunto. Vivirán cada vez más en sociedades multiculturales y multirreligiosas. Es esencial que sean bien formados en sus propias tradiciones religiosas y bien informados sobre otras culturas y religiones”.
14. “Estamos de acuerdo en explorar la posibilidad de establecer un comité permanente católico-musulmán para coordinar respuestas a conflictos y otras situaciones de emergencia”.
15. “Esperamos con ilusión el segundo Seminario del Foro Católico musulmán, que será convocado aproximadamente dentro de dos años en un país de mayoría musulmana aún por determinar”.
Finalmente y tras expresar que se está considerando crear un comité católico-musulmán permanente, los participantes de foro señalan que el siguiente encuentro se realizará en un país de mayoría islámica dentro de dos años.
PALABRAS DEL PAPA
Benedicto XVI recibió a los participantes en este primer Foro Católico Musulmán, organizado por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y los representantes de las 138 personalidades musulmanas que firmaron la Carta abierta a los líderes religiosos cristianos el 13 de octubre de 2007. El Papa comentó que esa carta "ha recibido numerosas respuestas e incentivado el diálogo, dando lugar a iniciativas y reuniones específicas encaminadas a conocernos mejor y a potenciar la estima por los valores que compartimos. (...) El gran interés que este seminario ha despertado nos asegura que los análisis y los datos positivos que surgen del diálogo entre cristianos y musulmanes no se limitan a un pequeño grupo de expertos y eruditos, sino que constituyen un legado inapreciable puesto al servicio de todos".
"Me agrada saber que en la reunión -prosiguió- se ha podido adoptar una postura común sobre la necesidad de adorar a Dios y de amar a nuestro prójimo, hombres y mujeres, desinteresadamente, sobre todo a aquellos en dificultad. Dios nos llama a ayudar a las víctimas de la enfermedad, del hambre, de la pobreza, la injusticia y la violencia".
"Para los cristianos, el amor de Dios está ligado de forma inseparable al amor a (...) todos los hombres y mujeres, sin distinción de raza o cultura. (...) La tradición musulmana es también muy precisa al alentar al compromiso práctico en favor de los más necesitados. (...) Por eso, deberíamos cooperar en la promoción del respeto auténtico de la dignidad de la persona humana y de sus derechos fundamentales, aun cuando nuestras visiones antropológicas y nuestras teologías lo justifiquen de formas diferentes. Hay un sector amplísimo en el que podemos trabajar juntos: la defensa y la promoción de los valores morales que son parte de nuestra herencia común".
"Solo si reconocemos el papel central de la persona y la dignidad de cada ser humano, respetando y defendiendo la vida, que es un don de Dios, igualmente sagrado para los cristianos y para los musulmanes, encontraremos los puntos en común para construir un mundo más fraternal en el que las confrontaciones y las diferencias se arreglen pacíficamente y se neutralice el poder devastador de las ideologías".
"Mi esperanza -subrayó el Santo Padre- es que la protección de estos derechos fundamentales alcance a las personas en todos los lugares. Los líderes políticos y religiosos tienen el deber de garantizar el libre ejercicio de estos derechos respetando plenamente la libertad de conciencia y de religión de cada individuo. La discriminación y la violencia a la que todavía están sometidos los creyentes en el mundo y las persecuciones, a menudo violentas, a las que se ven sujetos, son acciones inaceptables e injustificables, y son más graves y deplorables cuando se llevan a cabo en nombre de Dios”.
"Aunemos nuestros esfuerzos -concluyó el pontífice- (...) para superar todos los malentendidos y desacuerdos. Tenemos que decidirnos a superar los prejuicios pasados y a corregir la percepción, a menudo distorsionada del otro, que pueden crear todavía hoy dificultades en nuestras relaciones. Trabajemos juntos para educar a todas las personas, sobre todo a los jóvenes, en la construcción de un futuro común".
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Desde muy antiguo se sabe que la mejor forma para unir a dos facciones enfrentadas es dirigirlas hacia un enemigo común. Si Dios no lo remedia, el siglo XXI nos retrotraerá a las cruzadas, esta vez con islamistas y cristianos en mancomunión contra los incrédulos y la separación Iglesia-Estado (laicismo). Habrá que volver a la quema de conventos, probablemente. A un borrico sólo se le puede educar a palos.
Yo vivo en medio del Islam, osea que la mitad de la población es de confesión musulmana y te aseguro que "El Islam" admite y no condena en absoluto el aborto.
Además, El Islam carece de clero jerárquico, no tiene undidad religiosa.
No hay confesión de los pecados, no hay pecados, sólo diferencia entre buenas y malas acciones.
Esa declaración carece de valor.No se puede manipular en la campaña contra el aborto y los medios contraconceptivos de La Iglesia.
Por cierto, en el Islam no es pecado usar media anticonceptivos de cualquier clase.
Viernes, 17 de febrero
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