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La Iglesia regula el uso de la psicología en los seminarios

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Esta mañana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se presentó el documento de la Congregación para la Educación Católica “Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en la formación de los candidatos al sacerdocio”. El texto consta de quince páginas. Su objetivo es lograr el adecuado discernimiento y formación de los candidatos al sacerdocio, dando a los formadores las herramientas necesarias para desarrollar un trabajo que es fundamentalmente espiritual y a los formandos el derecho al respeto de su propia intimidad. "La Iglesia aprecia las disciplinas psicológicas, pero al mismo tiempo quiere disciplinar su uso de modo que sea realmente provechoso”, se dijo en su presentación. La psicología podría ayudar a distinguir verdaderas de falsas vocaciones, y al tratamiento terapeútico de los problemas de salud mental de los seminaristas. Todo para conseguir sacerdotes 'humanamente equilibrados'.

Según el P. Carlo Bresciani, psicólogo y consultor del Dicasterio, durante la presentación del documento, “con estas orientaciones, la Iglesia, lejos de querer confiar al psicólogo la formación al sacerdocio, que es y sigue siendo esencialmente de naturaleza espiritual, desea valorar lo que las ciencias humanas y psicológicas en particular, pueden aportar como contribución a la preparación de sacerdotes con personalidades humanamente equilibradas. La Iglesia aprecia las disciplinas psicológicas, pero al mismo tiempo quiere disciplinar su uso de modo que sea realmente provechoso”.

El documento recoge los aportes de un texto de 1974, "Orientaciones Educativas para la formación del Celibato Sacerdotal", que reconocía que "los errores de discernimiento de las vocaciones no son raros, y demasiadas ineptitudes psíquicas, más o menos patológicas, se manifiestan solo después de la ordenación sacerdotal". El discernirlas a tiempo permitirá evitar tantos dramas".

El P. Bresciani sintetizó los cinco puntos fundamentales que desarrolla el texto:

--La tutela de la intimidad persona y de la buena fama del candidato.

--La necesidad de que, si se constata alguna realidad que requiere de terapia durante la fase de discernimiento inicial del candidato, ésta se debe realizar antes de la admisión al Seminario o a la Casa de formación.

--Los superiores del fuero externo sólo pueden acceder a los resultados de la consulta psicológica después del libre consentimiento escrito del candidato, con el único objetivo de un mejor discernimiento y formación. Se añade una prohibición "precisa y vinculante" de hacer cualquier otro uso.

--Es posible que también el Padre espiritual pida al candidato una consulta psicológica, sin jamás imponerla, con el fin de proceder con mayor seguridad en el discernimiento y acompañamiento espiritual.

--La condición para readmitir al Seminario al candidato sometido a una terapia es que él mismo informe a los nuevos formadores sobre la consulta psicológica efectuada, quienes deberán verificar con precisión su condición psíquica obteniendo la debida información con el consentimiento escrito del candidato.

Según explicó el P. Bresciani a modo de conclusión: "con estas orientaciones la Iglesia, lejos de querer confiar al psicólogo la formación al sacerdocio, que sigue siendo esencialmente de naturaleza espiritual, busca valorizar lo que las ciencias humanas, y psicológicas en particular, pueden dar como contribución a la preparación de sacerdotes con personalidades humanamente equilibradas". "La Iglesia manifiesta estima por las disciplinas psicológicas, pero al mismo tiempo busca disciplinar su uso de modo que resulte verdaderamente provechoso" concluyó.

Intervinieron también en la rueda de prensa el cardenal Zenon Grocholewski y el arzobispo Jean-Louis Bruguès, O.P., respectivamente prefecto y secretario de la Congregación para la Educación Católica.

El cardenal Grocholewski afirmó que el documento pone de relieve el “contexto socio-cultural actual que influye, más o menos, en la mentalidad de los candidatos que se presentan al seminario, creando, en algunos casos, heridas todavía no curadas o dificultades particulares que pueden “condicionar la capacidad de progresar en el camino formativo hacia el sacerdocio”.

“Estos problemas -dijo- se presentan no solo en el momento del ingreso en el Seminario, sino a veces también se manifiestan claramente en el momento previo a la ordenación sacerdotal”. El purpurado subrayó que tanto “el influjo del contexto socio-cultural actual como la necesidad de una formación humana exigente del futuro sacerdote, plantean la cuestión del eventual uso de las ciencias psicológicas en los seminarios”.

“El documento -continuó- resalta el papel fundamental de los formadores y, por tanto, la necesidad de su preparación adecuada en materia de pedagogía vocacional”. Por otra parte, dijo, “en la formación humana, -que no se puede separar de la formación espiritual-, tiene un papel especial el padre espiritual”. En este sentido citó el documento cuando dice que “la dirección espiritual no puede en ningún modo ser sustituida por formas de análisis o de ayuda psicológica y que la vida espiritual, por sí misma, favorece un crecimiento en las virtudes humanas, si no existen bloqueos de naturaleza psicológica”.

Tras hacer hincapié en otro aspecto que recoge el documento: “la importancia de la gracia divina en la formación de los candidatos al sacerdocio”, el cardenal señaló que “el recurso a los expertos en ciencias psicológicas debe ser útil únicamente “en algunos casos” para mostrar el parecer sobre el diagnóstico, o la eventual terapia, o el apoyo psicológico al desarrollo de las cualidades humanas exigidas por el ejercicio del ministerio. Se debe recurrir a ellos -subrayó- “si casus ferat”, es decir, en los casos excepcionales que presentan particulares dificultades”.

“El auxilio de la psicología -continuó- debe integrarse en el cuadro de la formación global del candidato, de tal manera que no obstaculice, sino que se asegure, en modo particular, la salvaguardia del valor irrenunciable del acompañamiento espiritual”. Por ello, dijo, “los psicólogos no pueden formar parte del equipo de formadores”.

El cardenal Grocholewski terminó recordando que el documento “cita en tres ocasiones el canon 1052 del CIC, según el cual, para que el obispo puede proceder a la ordenación, debe tener la certeza moral sobre la idoneidad del candidato, “probada con argumentos positivos” y que, en el caso de una duda fundada, no debe proceder a la ordenación”.

Por su parte, el arzobispo Bruguès afirmó que “el psicólogo no puede manifestar a terceras personas, independientemente de su autoridad, ya sea religiosa que política, sin el libre consentimiento del interesado, aspectos que conozca sobre su vida íntima”.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Mikimoss 02.11.08 | 13:40

    Esto es lo que me faltaba por oir. ¿Es que la Iglesia quiere también ser más atea que los ateos? Pues parece ser que ya no confía ni en que Dios acierte a la hora de proveerla de vocaciones, hasta el punto que piensa enmendar el criterio divino contratando a loqueros. ¡Vivir para ver!

Miércoles, 30 de mayo

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