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'El Sínodo renovará la Iglesia', según su secretario general

19.10.08 | 12:46. Archivado en Iglesia universal
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El Espíritu Santo está actuando en el Sínodo, y se siente así: es la convicción del arzobispo Nikola Eterovic, su secretario general. 'El Sínodo es esencial para la vida y la misión de la Iglesia, para la actividad de la Iglesia en el mundo actual. Todos debemos renovarnos, escuchar la palabra de Dios, meditarla, hacerla parte de nuestra vida y después aplicarla en nuestras actividades personales, familiares y sociales'. La fórmula sería aparentemente muy sencilla, quizás demasiado sencilla.

'Esperamos una renovación de la Iglesia a partir de la escucha atenta de la Palabra de Dios', propone Eterovic. Escuchar mejor, meditar más y aplicar en serio. Lo de siempre, lo de nunca.

En cuanto al Sínodo mismo, 'podemos decir que la primera parte se ha concentrado en qué es la palabra de Dios, expica Eterovic. Posteriormente se ha reflexionado sobre el lugar en el cual la palabra de Dios viene celebrada, escuchada, proclamada, que es la Iglesia. Sobre todo en la liturgia y en la Santa Misa; obviamente, en la Misa la homilía tiene un papel privilegiado, pero existen otros momentos fuera de ella como la catequesis, la evangelización, etc. La tercera parte es la misión. La Palabra de Dios se nos dirige para ser difundida al mundo entero. En este sentido, el diálogo ecuménico es muy importante, así como el diálogo con los que pertenecen a otras religiones no cristianas'.

'Los cristianos con su propia identidad deben anunciar la alegría de ser discípulos de Jesucristo a los demás, también a los hombres de cultura. Sobretodo en nuestros países de antigua civilización, la Biblia es una "carta magna", código de nuestra cultura: hay analfabetos modernos que quizá tienen mucha cultura científica, económica pero que en el campo religioso deben todavía aprender a leer. El sínodo busca también la forma de hacer que descubran la gran riqueza de la Biblia, de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia de hoy'.

CÓMO MEJORAR LAS HOMILÍAS

Por su parte, el profesor Salvatore Vitiello, de la Universidad del Sacro Cuore de Roma, dice que 'las opiniones personales no caben en las homilías: es la Iglesia que enseña'. Las homilías deberían hablar de la vida y no de lo que piensa el sacerdote, porque “los fieles tienen derecho, participando en la Santa Misa, a escuchar lo que la Iglesia enseña, no lo que un sacerdote piensa o cree acertado en un momento determinado”. En consecuencia, las opiniones personales no deberían nunca ser objeto de predicación pública, porque así se haría una 'instrumentalización de la homilía'”.

'Yo no generalizaría afirmando que las homilías son “pobres”. Ciertamente, el problema existe y tiene una doble raíz: en el auditorio y en el predicador. Es necesario, en el primer caso, tener presente que la comunicación, en las últimas décadas, ha cambiado mucho, trayendo consigo no solo nuevas costumbres, sino auténticos cambios antropológicos, cuyos efectos se verán en un futuro próximo. La posibilidad de comunicar, en cualquier lugar e instante, con quien se quiera, la velocidad y rapidez de la comunicación, la introducción de los más modernos medios, no por último internet, constituyen, quizás más que la televisión, una verdadera y auténtica “revolución”. En consecuencias, no siempre se está preparado para escuchar una homilía que, en realidad, se configura como un discurso, una narración, que prevé, para ser comprendida, el entrenamiento para un tipo de comunicación hoy no tan habitual. Ciertamente, mucho, diría muchísimo, depende del predicador. Los sacerdotes son conscientes de no ser “francotiradores”, sino de ejercer el propio oficio sacerdotal por un mandato explícito de Cristo, a través de la Iglesia.

'En la homilía, que no por casualidad está reservada a los ministros sagrados, y no puede ser pronunciada por fieles laicos, se ejercita, de modo particular, lo que la Iglesia llama el “munus docendi”, el deber de enseñar. ¿Enseñar qué? ¿Enseñar cómo? La respuesta a la primera pregunta es muy simple: nada que no sea la pura doctrina de la Iglesia. Los fieles tienen el derecho, participando en la Santa Misa, de escuchar lo que la Iglesia enseña, no lo que un sacerdote, en cierto momento, piensa o cree justo. Las opiniones personales no deberían ser nunca objeto de predicación pública, porque se produciría así una instrumentalización de la homilía.

'Es necesario saber presentar de forma orgánica, progresiva y tendencialmente completa, todas las verdades de la fe. Es impensable que se predique exclusivamente, por ejemplo, sobre el amor, sin mencionar nunca la verdad y la justicia; o que las homilías sufran una “deriva moralista” insostenible, nunca oportunamente subrogada a las razones sobrenaturales por las que vale la pena comportarse de una forma en lugar de otra.

'El punto quizás más delicado es “cómo” predicar y enseñar. Creo que el primer factor es la fe y la convicción profunda, nutrida por la oración y la preparación, del mismo predicador. El pueblo santo de Dios tiene un “sexto sentido”, un “sensus fidei” (sentido de la fe), en base al cual reconoce inmediatamente si los sacerdotes hablamos de cosas de las que creemos y tenemos experiencia, o más bien no. Es también fundamental aprender a suscitar las preguntas últimas en el corazón de los hombres. Es completamente inutil dar respuestas, aunque sean dogmáticamente correctas o moralmente justas, si en el corazón no se ha suscitado una pregunta, un deseo. La pregunta y el deseo se suscitan a través de un encuentro personal (como confirma el Papa en la encíclica Deus caritas est, n. 1), que despierte en el corazón lo que parecía dormido.

'Si la homilía habla de “cosas que tienen que ver con la vida”, y da respuestas a las preguntas fundamentales de la existencia de cada uno, ¡ya no será aburrida! Como mucho podrá ser discutida o no compartida, pero no será aburrida. Es absolutamente necesario salir, también en lo que respecta a la predicación, del “túnel del relativismo”, de esa dictadura que impide anunciar la diferencia entre verdad y falsedad, bien y mal, pecado y virtud.

DIOS ES EL AUTOR

'Existe también un grave problema cultural: si se quita del patrimonio común, incluso más elemental, la referencia al Antiguo y al Nuevo Testamento, no se comprende casi nada de la historia de la humanidad. Tanto desde el punto de vista artístico (pictórico, escultórico, musical o arquitectónico), sea en cuanto a la estructuración jurídica y moral de la sociedad misma, si no hay un conocimiento mínimo de las Sagradas Escrituras judeocristianas, la mayor parte de los datos queda completamente indescifrable. Los medios para esta “operación cultural” son muchos y deberían interesar sobre todo a la instrucción, la difusión de la cultura bíblica con todos los medios, incluido internet, quizás no dejando el monopolio de estas informaciones a sitios poco y mal informados, y frecuentados superficialmente.

'No hay límites a la investigación bíblica, porque ésta será simplemente un “adecuarse” al método que el objeto mismo -es decir, el Texto Sagrado- sugiere, sin olvidar nunca que la Revelación cristiana no se agota en el Texto Sagrado, sino que incluye la Tradición y el Magisterio vivo, sin los cuales no es posible interpretar autenticamente las Escrituras... No conviene olvidar nunca que estamos ante la narración de los hechos históricos realizados por Dios para salvación de los hombres y del mundo. Narración que tiene como verdadero Autor a Dios mismo y, contemporáneamente, a los hagiógrafos humanos... El hecho de que no haya límites a la investigación no significa necesariamente que todos los éxitos de la investigación sean correctos. El ser “expertos” o “investigadores”, en ninguna disciplina pone a salvo de cometer errores, incluso de “pifias macroscópicas”. El criterio vale también para biblistas y exegetas. El Santo Padre Benedicto XVI, en la introducción al libro “Jesús de Nazaret”, ha dado una serie de criterios para un acercamiento correcto al Texto Sagrado. Creo que vale la pena retomarlos y partir de ahí, para toda investigación bíblica que quiera ser un verdadero servicio eclesial'.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Aguila de Patmos 20.10.08 | 01:48

    Hoy más que nunca es necesaria una toma de consciencia de todo ello para entender que lo escrito escrito está con letras mayúsculas y sólo falta que quienes lo lean sepan discernir. Para ello hace falta, no sólo un nuevo orden financiero mundial, hace falta un orden moral con Mayúsculas dentro y fuera.

  • Comentario por Jovi 19.10.08 | 13:16

    el Sínodo renovará la Iglesia si hacemos eso: escuchar la Palabra, meditarla, saborearla en nuestro interior y practicarla.

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