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En defensa de Milan Kundera

15.10.08 | 19:36. Archivado en Algo positivo cada día, Mejorando, que es gerundio
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La noticia de que el, -en un tiempo no lejano-, adorado escritor checo Milan Kundera denunció hace muchos años a un alumno por actividades contrarias al régimen socialista, lo que le costaría al pobre ser condenado a una muy larga estancia en la cárcel, lleva tres días en la portada de Periodista Digital, lo que demuestra que tiene morbo y que tiene audiencia.

Aquí y acullá han abundado las condenas, los comentarios escandalizados y los golpes de pecho. Pero todo debe ser puesto en contexto, y en aquellos tiempos la guerra fría era una guerra muy seria, y el enemigo era un enemigo a muerte. De la misma manera que la caza de brujas en Estados Unidos produjo excesos deleznables en pos de la buena causa del anticomunismo, en el bloque socialista toda actividad pro occidental era delito de alta traición contra la sagrada causa del proletariado. En tal contexto, los convencidos de una y otra causa actuaron cuando menos con ese celo siempre excesivo de los convencidos de tener la razón.

Quizás Kundera fue uno de los convencidos en primera instancia de lo sagrado de la causa comunista, y en esos momentos todo le pareció correcto, incluida la denuncia a las autoridades de quienes realizaban actividades subversivas contra el Estado socialista. Lo mismo han hecho los aguerridos partidarios de todas la autoridades que en el mundo han sido, democráticas y fascistas, dictatoriales y libertarias, comunistas y oligárquicas.

Siempre me he preguntado como el célebre MIlan Kundera no había terminado siendo toda una autoridad reverenciada en su país, Checolosvaquia, cuando se hundió el telón de acero. Todos sabíamos que se había exiliado tempranamente y que era un crítico contumaz del régimen de su país desde su dorado exilio francés. Kundera podía haber sido todo un Vaclev Havel con mayor motivo, y de repente desapareció del mapa de las portadas, de la fama y el prestigio de los que están en el sitio correcto a la hora oportuna, los que están en la pomada.

Ésta era la razón. Kundera sabía que tenía un terrible pecado en su pasado que antes o después podía ser descubierto. Kundera se apartó con prudencia, se autoexilió de forma incomprensible. Ha vivido todos estos años temiendo lo que ahora ha ocurrido, atormentado penitente. No confesó publicamente como otros lo han hecho, véase el pasado nazi de Gunter Grass, ni enmendó con conversa crueldad su error pasado, como tanto agitador antifranquista actual que nunca arriesgaron un ápice contra el régimen franquista. Se quedó acobardado y acogotado esperando que un día vinieran a buscarlo.

Por eso, porque su purgatorio incluye el paso de un mimado intelectual a un maldito soplón, porque representa un pecado masivo en la sociedad humana, porque muchísimos han caído y todos podíamos quizás haberlo hecho, querría hoy romper una lanza por ese novelista que leí hace mucho tiempo, que me gustó sin demasía, que critiqué cuando todos lo alababan y al que ahora querría trasmitir un poco de conmiseración y aliento.

Milan Kundera, nacido en 1929, es hoy nuestra Sombra, esa en la que hay que pensar antes de tirar la primera piedra. Pobres briznas humanas agitadas por los acontecimientos, arrastradas por el viento a este o aquel prado. Si la recuperación de la memoria histórica sigue adelante, tendrá que llegar al franquismo y al tardo franquismo, tendrá que llegar al masivo baile de disfraces de finales de los setenta y principios de los ochenta, a cuando toda una sociedad cambió de chaqueta, a los años felices en los que emboscados en la Movida, los franquistas acomodaticios se hicieron antifranquistas de ocasión. En una sociedad como la española, en la que hemos visto tanta mentira y tanto oportunismo, nadie debería atreverse a condenar a Milan Kundera.

Y nadie debería seguir hablando de los pecados del franquismo porque hace mucho tiempo que es hora de hablar de los pecados del post franquismo, de esta interminable e inconclusa transición a la democracia, que ni ha llegado a la democracia ni nos lleva de momento a ningún sitio. Ciertamente, es otro tema. Otro tristísimo tema.

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2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Malintzin 16.10.08 | 09:15

    Me adhiero al comentario precedente. Todos sabemos que en las sociedades totalitarias los soplones proliferan, y podemos entender el porqué, pero que lo entendamos no quiere decir que se vayan de rositas o, de lo contrario, aumentaremos la confusión entre el bien y el mal que existe ya en la sociedad.
    No es lo mismo el que delató en la Lubianka porque no soportaba la tortura que aquel que se presentó voluntariamente a delatar a una persona, lo que parece ser el caso del Sr. Kundera.
    El mismo Solzhenitsyn dice que estuvo a punto de ser un delator y se salvó in extremis, pero Solzhenitsyn estaba en el GULAG y, la verdad, eso supone estar a un paso de la locura.
    Ana Ajmátova, por ejemplo, consiguió sobrevivir en la Unión Soviética sin delatar a nadie y Ósip Mandelstam murió a las puertas del GULAG condenado por su propia poesía. Ahora sabemos que Kundera no estaba a su altura moral.

  • Comentario por F.hebra 15.10.08 | 22:39

    Si la acusación saca a relucir que en realidad alguien fue a la cárcel por la denuncia de Kundera creo que sí debe ser procesado.
    Lo anterior lo digo como cubano exiliado.Tengo y he leído y disfrutado todos sus libros.La oportunidad de cambiar su punto de vista y disculparse creo que se le debe dar a todos,el perdón es ya otra historia.Si todo esto resultara cierto,creo que debe ser procesado por lo que ahora es delito, con todas las garantías que ofrezca una sociedad democrática.
    Y no hablo de imposiciones como esa "memoria histórica" con que se intenta echar todo en un mismo bolso y huele más a politiquería populista que a verdadera justicia.
    Si alguien fue a prisión injustamente por su culpa,creo que Kundera debe ser enjuiciado.Lo mismo espero que suceda,algún día,en Cuba.

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