Los curas (y los columnistas) sermonean estos días a los poderosos por haber dado tan mal ejemplo. Pero deberían también hacerlo con la gente corriente, pues la especulación enfermiza, el culto al dinero, el consumismo innecesario se han 'democratizado' y hoy son practicados por las masas de la clase media europea. ¿Somos capaces de aceptar nuestra pequeña cuota de responsabilidad en lo que está pasando, estamos dispuestos a cambiar algunas costumbres consumistas y ciertos hábitos derrochadores por un comportamiento más austero, solidario y responsable?
Los obispos de Estados Unidos, por medio de una carta del presidente de su comité de Justicia y Desarrollo Humano, advierten de los peligros de la especulación excesiva y recomiendan una mayor responsabilidad y honestidad. En Reino Unido, el arzobispo anglicano de York, John Sentamu, dirigía duras palabras a quienes se han aprovechado de la crisis, llamándoles "ladrones de bancos", y afirmaba que uno de los culpables de la actual crisis es que todos se habían unido para adorar al falso dios del dinero. También el obispo de Dublín ha dicho qie si bien 'el mercado es vital, tiene una función esencialmente social"; monseñor Diarmuid Martin dice que "sólo puede funcionar en un marco ético y jurídico en el que se proteja al vulnerable y se frene la arrogancia natural del poderoso. Hoy vemos cómo la mala conducta individual -burda y sin control- en el mercado, afecta no sólo a la estabilidad de las empresas y los países, sino a las personas, a los hombres y mujeres que componen la sociedad en la que vivimos".
Ya Benedicto XVI, en una homilía el 23 de septiembre de 2007, reflexionaba sobre la parábola de administrador deshonesto que es alabado (Lucas 16: 1-13). "En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y altruismo, entre bien y mal". El Papa afirmaba que la conclusión de este pasaje evangélico es clara: no puedes servir a Dios y a "mamona", el dinero, continuaba el Pontífice. "Por consiguiente, es necesaria una decisión fundamental para elegir entre Dios y "mamona"; es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad, y la lógica del compartir y de la solidaridad". Si escogemos esta lógica del compartir y de la solidaridad, añadía, entonces será posible dirigir el desarrollo económico de forma que asegure el bien común de todos. "Necesitamos ser capaces de elegir entre el egoísmo y el amor, entre la justicia y la deshonestidad, y no dejarnos absorber "por una búsqueda egoísta del lucro".
¿NEGOCIOS VIRTUOSOS?
La necesidad de anclar la economía y los mercados en virtudes sólidas, ha sido el tema de un libro publicado a principios de año por Theodore Roosevelt Malloch, nos recuerda John Flynn, de la agencia Zenit. En "Spiritual Enterprise: Doing Virtuous Business" (Empresa Espiritual: hacer Negocios Virtuosos" (Encounter Books), defiende el capitalismo, pero también insiste en que se requiere un "capital espiritual" como fundamento. Malloch ha tenido experiencia en Wall Street, puesto que trabajó en Salomon Brothers. Actualmente preside el Roosevelt Group. No se trata de seguir determinadas normas morales establecidas, se trata de actuar con una virtud propia y espontánea que nace de las más firmes creencias.
Comienza observando que en la estela de algunas de las recientes quiebras empresariales queda claro que, en el mundo de los negocios, se necesita una mayor responsabilidad y una mejor gestión. "El ultraje moral que la gente siente como respuesta a la pasada década de escándalos y engaños, es enteramente legítimo y lleva a preguntas inevitables sobre el verdadero propósito de los negocios, y las virtudes que son necesarias para sostenerlos y sostener una economía libre". Los defensores del capitalismo y del libre mercado destacan su capacidad para producir riqueza. Sin embargo, observa Malloch, los críticos sostienen que poner el motivo de los beneficios en el centro de la vida es un error puesto que, falsamente, ocupa el lugar de los valores éticos y espirituales.
La tesis de Malloch es que necesitamos ciertamente crear riqueza y es una actividad legítima, pero debemos hacerlo de forma que los dones de Dios se usen de modo responsable. Por lo mismo, la creación de riqueza no debería tener como propósito el dominar a los demás o acumular poder personal. Malloch declara ser un "cristiano comprometido", y cree que los creyentes ven la libertad no sólo como un arsenal de posibilidades, sino como la capacidad de escoger entre el bien y el mal y desarrollar nuestras facultades guiadas por la virtud.
El concepto de capital social, explica, es bien conocido y hacer referencia a los recursos sociales acumulados que pasan de una generación a otra. Este 'corpus' de costumbres, cultura, maneras y moral ha sido un factor clave en el desarrollo económico de los países occidentales. Recientemente algunos han comenzado a hablar de capital espiritual, incluyendo, observa Malloch, a dos economistas premiados con el Nobel. Este es un contrapeso necesario al modelo reduccionista utilizado por muchos economistas, que reducen la actividad del ser humano a un equilibrio de costes y beneficios. "Los seres humanos no son sólo maximizadores de beneficios".
El capital espiritual, que se aumenta a través del cultivo y la práctica de las virtudes, añade algo que el capital social no tiene, explica Malloch. El capital espiritual viene de una relación con Dios a través del culto, la oración y la devoción, y también a través de la disciplina, debe ser más que un ejercicio de relaciones públicas, eso que en nuestros días se suele denominar 'responsabilidad social corporativa', pero que con frecuencia no es sino un dispositivo para rechazar las críticas de las organizaciones no gubernamentales. También tenemos que evitar una clase de ética de los negocios superficial que suele guiar por una agenda política.
Por el contrario, una empresa necesita ser guiada por la virtud, concluye Malloch. Este comportamiento virtuoso no es ni mucho menos fácil en un mundo que suele estar marcado por la corrupción y la deshonestidad. Además, en una economía global de rápidos cambios tecnológicos es más necesario que nunca que los valores espirituales guíen las empresas. Puede incluso haber costes a corto plazo al hacer negocios de modo virtuoso, reconoce Malloch. Al final, sin embargo, él defiende que la práctica de la virtud traerá beneficios a largo plazo, tanto personales como comerciales.
Cita Flynn también a Peter Mullen, un sacerdote anglicano a cargo de dos parroquias en el centro financiero de Londres, y también capellán de la bolsa, recordaba que no hay alternativa viable al capitalismo. En un artículo publicado el 26 de septiembre en el Catholic Herald, Mullen observaba que cada vez que hay una crisis económica o financiera escuchamos argumentos sobre que el capitalismo es incompatible con el cristianismo. La única alternativa de los últimos tiempos - el socialismo - se probó que era mucho peor. Así, aunque es verdad que el capitalismo es imperfecto, es mejor que cualquier otra opción, escribe Mullen.
LAS REFLEXIONES DE UN OBISPO IRLANDÉS
Monseñor Diarmuid Martin, arzobispo de Dublín (Irlanda), se hace estas reflexiones a raíz de la crisis financiera global: 'La economía tiene una función social. El desarrollo económico, no es un fin en sí mismo. Debería llevar a la equidad social, a un desarrollo equitativo de la sociedad y a mejorar a la gente y a las estructuras humanas que consolidan la sociedad. El desarrollo económico trae siempre consigo responsabilidad social. El desarrollo descontrolado rara vez ha producido sostenibilidad. Si me pidieran una descripción del desarrollo económico descontrolado, volvería mi vista a la Torre de Babel. El relato bíblico habla de personas que sintieron que tenían la capacidad de construir una torre que pudiera unir el cielo y la tierra. Cuando la gente piensa que puede mantener un desarrollo descontrolado, con demasiada frecuencia lo que ocurre es aquello que ocurrió en Babel, la torre se hunde y la gente se divide y enfrenta.
'La especulación del mercado sin regular o la interferencia injusta en el derecho de competencia dañan la economía. Pero los gobiernos poderosos pueden también caer presas de la corrupción. Necesitamos a ambos, al mercado y al gobierno. Necesitamos el mercado y necesitamos un mercado que tenga la libertad de operar como debe. Necesitamos también al gobierno. Un gobierno contenido puede ser más deseable que algunas de las experiencias pasadas de interferencias gubernamentales masivas e improductivas en la sociedad y en el mercado. Pero la falta de un gobierno eficaz es igualmente desastrosa, tanto como un gobierno ineficaz. El gobierno es esencial para garantizar el marco ético y jurídico dentro del cual el mercado puede florecer y dentro del cual se puede fomentar un comportamiento ético en el mercado.
'Algunos dirían - y, hasta cierto punto, con razón - que llevar adelante un buen negocio significa asegurar las ganancias de los accionistas, logrando un beneficio a base de proporcionar un producto o servicio de calidad y que, por supuesto, esto implica también crear empleo. El mercado implica riesgo, dirían, y nadie debe quejarse cuando la persona que asume el riesgo logre un buen beneficio. Esa ha sido la manera en que tradicionalmente los hombres de negocios han considerado los buenos negocios. Y a cualquier persona que ha desafiado dicho punto de vista se le ha recordado - y con razón - que acabar con el negocio aumentando los costes no ayuda a nadie.
'Por otra parte, hay muchos, yo mismo incluido, cuya conciencia está inquieta por el malestar de los enormes beneficios y subrayan que los negocios debe estar enmarcados en la realidad de la sociedad y comparten su responsabilidad con la sociedad. De alguna forma, parte de dichos beneficios deberían dirigirse no sólo a los accionistas sino también a preocupaciones más amplias de la sociedad en la que se encuadran los negocios y de la que ellos se benefician. La inversión se verá atraída por aquellos lugares donde esté disponible una fuerza de trabajo creativa e innovadora. ¿Pero pueden simplemente los negocios dar esto por sentado y pedir menos gobierno, lo que hará que éste sea menos capaz de proporcionar la inversión necesaria en el campo de la educación e investigación que hace posible en primer lugar un desarrollo sólido? Cada uno debe asumir su responsabilidad.
'Necesitamos también la ley, necesitamos la aplicación de la ley, y necesitamos ambas cosas en una arquitectura de negocios que se ha vuelto internacional y que va más allá de las fronteras nacionales. Es interesante observar que el crimen organizado fue el primero en darse cuenta de las ventajas de la globalización. No me refiero sólo a los traficantes de drogas y de armas, sino también a las nuevas formas de especulación irresponsable y comportamiento deshonesto dentro de la comunidad empresarial. Un marco ético no es sólo palabras bonitas en un pedazo de papel o la declaración de una misión sino que es algo que debe integrarse en el trabajo de la gente y en su papel en la sociedad. La nueva naturaleza globalizada de la economía requiere nuevas estructuras a nivel internacional para combatir el comportamiento irresponsable.
'Hay dos características del amor de Dios que creo que son especialmente interesantes en el mundo moderno. Una es la gratuidad. Dios ama a las personas sin ninguna condición. La otra es la sobreabundancia. Estos dos valores se encuentran opuestos a la sociedad de consumo dirigida por el mercado en el que cada cosa se mide de forma precisa. Si la etiqueta dice 16 onzas, no quieras una onza más. Si viviéramos verdaderamente en un ambiente como éste, donde sólo tiene lo que has pagado y nada más, ninguno de nosotros estaríamos donde estamos hoy. El mundo necesita los valores que crean generosidad; que hacen que te preocupes de otra persona aunque sea débil; que te motivan a hacer una enorme inversión en una persona.
'El mercado es un instrumento extraordinariamente eficaz. Pero hay necesidades humanas básicas que no pertenecen al mundo del mercado, que no pueden comprarse o venderse como productos. Para ellas necesitamos algo más. La economía cumplirá su papel si está complementada por un gobierno eficaz, pero también por una sociedad con corazón y con generosidad. Estos últimos se necesitarán cada vez más en estos tiempos difíciles'.
Eso, eso es lo que necesitamos. Además de criticar, como hace él, a 'los hombres de negocios irresponsables que no sólo juegan con el futuro de una gran empresa multinacional, sino que están afectando quizá las vidas de todas las personas del mundo', también debemos ver la viga en nuestro ojo, crear 'una sociedad con corazón y con generosidad'. E incluso, más que llenarse la boca de sociedad, es antes un asunto de responsabilidad personal de cada uno de nosotros, Cambiar uno mismo, sin esperar nada más. Es donde el comunismo es superior al consumismo, es donde el comunismo era un cristianismo cabreado con una iglesia injusta. Lo dice bien el Papa Ratzinger: "Necesitamos ser capaces de elegir entre el egoísmo y el amor, entre la justicia y la deshonestidad'.
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Este "sermón" me ha gustado mucho pues pone cosas en su sitio. Voy a difundirlo.
He leido bastante desde que la crisis ha hecho aparición; es decir, hace algo más de un año. Me he quedado con "tres palmos de narices" cuando me entero hace muy poco que ZAPATERO, el de las mercedes, dará 100.000 millones de €uros para inyectar en la Banca. Hombre, por Dios, no llamaremos más a ZAPATERO, el de las mercedes COMO HACE ALGÚN PERIODISTA, ahora lo debemos llamar: EL INVERSO "ROBIN HOOD",
dado que le roba dinero a los pobres para dárselo a los ricos. Y digo Roba en el sentido de aumentar los impuestos, no en el estricto sentido de la asepción. Y por cierto, ahora que se están reduciendo puestos de trabajo en las empresas, con la acerptación del gobierno, porque demuestran pérdidas me pregunto yo: ¿Por qué no se despiden a los ministros y demás cargos de los equipos económicos de todos los ENTES públicos que no han dado palo al agua y por eso no se han enterad de lo que se debía hacer y; si lo sabían, por no tomar las medidas? Sálvese quien pueda.
Estupenda la entrevista por tu nuevo libro, el de César B.
Gracias desde la tierra dels socarrats, descendientes de los Borja.
Viernes, 17 de febrero
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