El Papa inauguró el Sínodo recordando que Dios ha recurrido al castigo con recuencia a lo largo de la historia contra 'la frialdad y la rebelión de cristianos incoherentes', y alegando que decir que Dios ha muerto significa difundir 'el poder arbitrario, los intereses egoístas, la injusticia y el abuso, la violencia en todas sus expresiones. Al final el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida'. Para responder a quienes aún no le han encontrado, a quienes han perdido el entusiasmo, a quienes se han alejado de la práctica de la fe y tienen necesidad de una nueva evangelización, a las personas de recta conciencia que se plantean preguntas esenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte, 'se hace indispensable el que los cristianos estén dispuestos a responder anunciando la Palabra de Dios y viviendo sin compromisos el Evangelio'.
Los pasajes más significativos de su homilia han sido los siguientes:
'Si contemplamos la historia, nos vemos obligados a constatar con frecuencia la frialdad y la rebelión de cristianos incoherentes. Como consecuencia, Dios, si bien nunca abandona su promesa de salvación, ha tenido que recurrir al castigo. En este contexto, el pensamiento se dirige espontáneamente al primer anuncio del Evangelio del que surgieron comunidades cristianas, en un primer momento florecientes, que después desaparecieron y que hoy sólo son recordadas por los libros de historia. ¿No podría suceder lo mismo en nuestra época? Naciones que en un tiempo tenían una gran riqueza de fe y vocaciones ahora están perdiendo su identidad, bajo la influencia deletérea y destructiva de una cierta cultura moderna. Hay quien, habiendo decidido que "Dios ha muerto", se declara a sí mismo "dios", considerándose el único agente de su propio destino, el propietario absoluto del mundo.
'Desembarazándose de Dios, al no esperar de Él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que quiere y ponerse como la única medida de sí mismo y de su acción. Pero cuando el hombre elimina a Dios de su horizonte, cuando declara que Dios ha "muerto", ¿es verdaderamente feliz? ¿Se hace verdaderamente más libre? Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de sí mismos y únicos dueños de la creación, ¿pueden verdaderamente construir una sociedad en la que reinen la libertad, la justicia y al paz? ¿O no sucede más bien --como lo demuestran cotidianamente las crónicas-- que se difunden el poder arbitrario, los intereses egoístas, la injusticia y el abuso, la violencia en todas sus expresiones? Al final el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida.
'El consolador mensaje que recogemos de estos textos bíblicos es la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que al final Cristo vence. ¡Siempre! La Iglesia no se cansa de proclamar esta Buena Nueva, como sucede también hoy, en esta basílica dedicada al apóstol de las gentes, quien se convirtió en el primero en difundir el Evangelio en grandes regiones de Asia Menor y Europa. Renovaremos significativamente este anuncio durante la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que tiene por tema: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Quisiera saludaros con afecto cordial a todos vosotros, venerados padres sinodales, y a quienes participáis en este encuentro como expertos, auditores e invitados especiales.
'Sólo la Palabra de Dios puede cambiar profundamente el corazón del hombre, por eso es importante que entremos en una intimidad cada vez mayor con ella tanto cada uno de los creyentes como las comunidades. La asamblea sinodal dirigirá su atención a esta verdad fundamental para la vida y la misión de la Iglesia. Alimentarse de la Palabra de Dios es para ella su primera y fundamental tarea. De hecho, si el anuncio del Evangelio constituye su razón de ser y su misión, es indispensable que la Iglesia conozca y viva lo que anuncia, para que su predicación sea creíble, a pesar de las debilidades y las pobrezas de los hombres que la conforman.
'Sabemos, además, que el anuncio de la Palabra, siguiendo a Cristo, tiene como contenido el Reino de Dios (Cf. Marcos 1,14-15), pero el Reino de Dios es la misma persona de Jesús, que con sus palabras y obras ofrece la salvación a los hombres de todas las épocas. En este sentido es interesante la consideración de san Jerónimo: "Quien no conoce las Escrituras, no conoce la potencia de Dios ni su sabiduría. Ignorar las Escrituras significa ignorar a Cristo" (Prólogo al comentario del profeta Isaías: PL 24,17).
'"La mies es mucha" (Mateo 9,37), repite también hoy el Maestro divino: muchos todavía no le han encontrado y están en espera del primer anuncio de su Evangelio; otros, a pesar de que han recibido una formación cristiana, han perdido el entusiasmo y sólo mantienen un contacto superficial con la Palabra de Dios; otros se han alejado de la práctica de la fe y tienen necesidad de una nueva evangelización. No faltan, además, personas de recta conciencia que se plantean preguntas esenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte, preguntas a las que sólo Cristo puede ofrecer respuestas convincentes. Se hace entonces indispensable el que los cristianos de todo continente estén dispuestos a responder a quien pida razón de la esperanza que les habita (Cf. 1 Pedro 3,15), anunciando con alegría la Palabra de Dios y viviendo sin compromisos el Evangelio.
'Venerados y queridos hermanos, que el Señor nos ayude a plantearnos juntos, durante las próximas semanas de las sesiones sinodales, cómo hacer cada vez más eficaz el anuncio del Evangelio en nuestro mundo. Todos experimentamos la necesidad de poner en el centro de nuestra vida la Palabra de Dios, de acoger a Cristo como nuestro único Redentor, como Reino de Dios en persona, para hacer que su luz ilumine a todos los ámbitos de la humanidad: desde la familia hasta la escuela, desde la cultura hasta el trabajo, desde el tiempo libre hasta los demás sectores de la sociedad y de nuestra vida.
'Con razón el Concilio concluye: "Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que 'permanece para siempre'" (Dei Verbum, 26)'.
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Es cierto, pluralista catalán. Convirtámonos y hagamos penitencia (incluido usted, claro).
Hacia el final del artículo creo que está la clave del sentir, de la necesidad de hoy día de nuestra bien-amada Iglesia.
El Papa nos recuerda que: "la mies es mucha y los trabajadores pocos". ¿Cierto?, pues la solución esta en sus manos; celibato opcional, mas trabajadores ¿no?, hay muchos hombres casados esperando. ¿Hacer más eficaz el anuncio del Evangelio?, si pero seria un "puntazo" que esto se procurase con menos palabras y si más hechos, tambien en la plena integración de la mujer en la Iglesia.
El Papa nos recuerda que un cristiano no es un cumplidor de preceptos, sino un TESTIGO DE CRISTO. Y para ser testigos, es preciso ser coherentes con la fe que profesamos. No se puede ser cristiano y no “escuchar” y poner por práctica la Palabra de Dios.
El demonio me dijo una vez:tambien dios tiene su infierno,su amor a los hombres.
Por eso ha muerto a causa de su compasion por ellos.
La no creencia de dios, es la creencia en el hombre en nosotros mismos y sus potenciales reales.La vitalidad sin resentimiento,sin venganza nacida del sufrir cristiano...Es el honor y superacion,expresion de la fuerza,un mundo de valientes que caminan hacia la superacion sin ningun yugo enfermizo.
El Papa sigue en la cultura de culpabilizar.Vaya Sinodo que nos espera.La culpa es de los otros.Ni rastro del Concilio Vaticano II. Así os va.El orgullo no es cristiano. Miembros del Sinodo convertios y haced penitencia.
No me he lo he leído todo porque es muy largo.El DIOS primigenio principio y fin del Universo no puede morir. Lo que no se puede esperar es que le encarguemos una pizza y nos la traiga. La gente siente inseguridad y lo expresan de esta manera. Nadie debe esperar que Dios nos solucione nada, porque es cosa nuestra. Son ciclos históricas que van cambiando por motivos político económicos y este tira y afloja da la inestabilidad que pesa sobre nosotros.Algo de esta transmutando y algo debe cambiar.En nuestros corazones esta el prevenir el mal de que nos quieran hacer los demás y en la medida de nuestras posibilidades hacer el bien hacia los demás. Con ello si todos seguimos la pauta podríamos desacreditar el egoísmo y la maldad de algunos pocos que serán así vencidos.
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo