¿Cómo estar seguros de la muerte de una persona? Hace cuarenta años, se sustituyó la cesación cardiovascular por el electroencefalograma plano. Ahora, algunos plantean que tampoco es perfecto. Y que muchas donaciones de órganos se podrían estar produciendo antes de tiempo debido a la práctica creciente de trasplantes. Ahora, el diario del Papa ha publicado un artículo que pone en duda que para certificar la muerte de una persona sea suficiente con el cese de la actividad cerebral. Con esto ha reabierto la discusión sobre las extracciones de órganos de "cadáveres calientes" mientras el corazón late.
El director de la Oficina de Información del Vaticano, el jesuita Federico Lombardi S.I., tras el artículo aparecido en "L'Osservatore Romano" sobre la cuestión de la muerte cerebral, firmado por la historiadora y periodista italiana Lucetta Scaraffia, ha declarado que es "una contribución interesante y de peso", pero que "no puede considerarse como la posición del magisterio de la Iglesia". aunque coincide en que "el cese completo e irreversible de toda actividad cerebral" debe ser "aplicado correctamente".
Efectivamente, "L'Osservatore Romano" es el órgano oficial de la Santa Sede únicamente cuando informa los nombramientos, las audiencias y los documentos del Papa. La casi totalidad de sus artículos se imprime sin el control previo de las autoridades vaticanas y única responsabilidad del director, el profesor Giovanni Maria Vian.
El artículo de Scaraffia publicado por "L'Osservatore Romano" conmemoraba el cuadragésimo aniversario de la publicación del "informe de Harvard" que sustituía, como criterio de muerte clínica, la cesación cardiovascular por el electroencefalograma plano. La autora evocaba nuevos elementos científicos, basándose en ejemplos, como el de las mujeres encinta en coma irreversible mantenidas "en vida" para permitir que continúen el embarazo hasta el nacimiento del hijo, para dudar de que el electroencefalograma plano sea prueba suficiente de muerte. "El cuadragésimo aniversario de la nueva definición de la muerte cerebral parece la ocasión de reabrir la discusión tanto a nivel científico como en el seno de la Iglesia católica», sugiere Scaraffia.
SE ROMPE UN TABÚ
El caso es que, como señala el vaticanista italiano Sandro Magister, "L'Osservatore Romano" ha roto el tabú y ha puesto en duda que para certificar la muerte de una persona sea suficiente con el cese de la actividad cerebral. Con esto ha reabierto la discusión sobre las extracciones de órganos de "cadáveres calientes" mientras el corazón late. La opinión dominante hoy día es que por muerte encefálica se entiende el cese irreversible y permanente de las funciones de todas las estructuras cerebrales, lo cual es incompatible con la vida. El fallecido en muerte encefálica va a llegar indefectiblemente, en breve plazo, al paro cardíaco, dado que es mantenido respirando en forma artificial y su situación es irreversible. El médico puede determinar con total seguridad esa condición de irreversibilidad.
Cuarenta años atrás, el 5 de agosto de 1968, el "Journal of American Medical Association" publicó un documento – el llamado “Informe de Harvard” – que fijó el momento de la muerte ya no en el paro cardíaco, sino en el cese total de las funciones del cerebro. Todos los países del mundo se adecuaron rápidamente a este criterio. También la Iglesia Católica se alineó con él, particularmente en 1985, con una declaración de la Pontificia Academia de las Ciencias, y luego también en 1989, con un nuevo acto de la misma Academia, avalado por un discurso de Juan Pablo II. El Papa Karol Wojtyla volvió también sobre el tema en sucesivas ocasiones, por ejemplo, con un discurso en un congreso mundial de la Transplantation Society [Sociedad para los Transplantes], el 29 de agosto de 2000.
De este modo, la Iglesia Católica legitimó de hecho los extracciones de muestras de órganos, tal como se las practica universalmente hoy en personas que están en situación terminal a causa de enfermedades o por accidentes: es el caso del donante definido como muerto luego que se ha comprobado su “coma irreversible”, a pesar que todavía respira y su corazón late.
Desde entonces, se apagó la discusión en la Iglesia sobre este punto. Las únicas voces que se oían estaban en línea con el “Informe de Harvard”. Entre estas voces estándar se encontraba la del cardenal Dionigi Tettamanzi, en los años previos al 2000, cuando los temas bioéticos eran su pan cotidiano. Además de él, las autoridades de la Iglesia más escuchadas en esta materia fueron la del obispo Elio Sgreccia, hasta hace pocos meses presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y la del cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del pontificio consejo para la pastoral de la salud.
También hoy, otro experto de los más acreditados en el campo eclesiástico, Francesco D'Agostino, profesor de Filosofía del Derecho y presidente emérito del Comité Italiano de Bioética, defiende los criterios del “Informe de Harvard”. Las dudas surgidas a causa del artículo de "L'Osservatore Romano" no perturban a sus certezas: "La expuesta por Lucetta Scaraffia es una tesis que existe en el ámbito científico, pero es ampliamente minoritaria".
Pero subterráneamente, cuenta Magister, crecen las dudas en el interior de la Iglesia, en tanto desde Pío XII en adelante los pronunciamientos de la jerarquía sobre la cuestión son menos lineales de lo que parecen. Para ilustrar estas “ambigüedades” de la Iglesia hay todo un capítulo de un libro publicado recientemente en Italia: "Morte cerebrale e trapianto di organi. Una questione di etica giuridica [Muerte cerebral y trasplante de órganos. Una problemática de ética jurídica]", publicado por la editorial Morcelliana, de Brescia. El autor es Paolo Becchi, profesor de filosofía del derecho en las universidades de Génova y de Lucerna, discípulo de Hans Jonas, pensador hebreo que dedicó reflexiones punzantes a la cuestión del fin de la vida. Según Jonas, la nueva definición de muerte acreditada por el “Informe de Harvard” estaba motivada, más que un verdadero avance científico, por el interés, es decir, por la necesidad de órganos para trasplantar.
Comenta Becchi en su libro: "Dado que hoy existen buenos argumentos para considerar que la muerte cerebral no equivale a la muerte real del individuo, las consecuencias en materia de trasplantes podrían ser realmente explosivas. Lo que se puede preguntar es cuándo esas consecuencias serán objeto de un pronunciamiento oficial por parte de la Iglesia".
Y las voces críticas aumentan en ella. Ya en 1989, cuando la Pontificia Academia de las Ciencias se ocupó de la cuestión, el profesor Josef Seifert, rector de la Academia Filosófica Internacional de Liechtenstein, adelantó fuertes objeciones a la definición de muerte cerebral. En ese congreso, la única voz discrepante fue la de Seifert. Pero años después, cuando el 3-4 de febrero de 2005 se reunió nuevamente Pontificia Academia de las Ciencias para discutir la cuestión de los “signos de la muerte”, las posturas se habían invertido. Los expertos presentes – filósofos, juristas y neurólogos de varios países – se pusieron de acuerdo para considerar que la muerte cerebral no es la muerte del ser humano y que se debe abandonar el criterio de la muerte cerebral, pues está desprovisto de certeza científica.
Esta conferencia fue un shock para los dirigentes vaticanos que habían adherido al “Informe de Harvard”. El obispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, dispuso que no se publicaran las actas. Un buen número de expositores entregó entonces sus propios textos a un editor externo, Rubbettino. Se publicó un libro con el título en latín: "Finis Vitae [El fin de la vida]", a cargo del profesor Roberto de Mattei, vice-director del Consejo Nacional de Investigaciones y director de la publicación mensual “Radici Cristiane".. El libro ha sido editado en dos idiomas, en italiano y en inglés. Cuenta con dieciocho ensayos, la mitad de los cuales es de especialistas que no participaron en el congreso de la Pontificia Academia de las Ciencias, pero que compartieron los lineamientos. Entre éstos está el profesor Becchi, mientras que entre los expositores en el congreso resaltan los nombres de Seifert y del filósofo alemán Robert Spaemann, éste último muy estimado por el Papa Joseph Ratzinger.
LAS DUDAS DEL PAPA
¿Y Benedicto XVI? Sobre esta cuestión jamás se ha pronunciado directamente, ni siquiera como teólogo y cardenal. Pero se sabe que aprecia los argumentos de su amigo Spaemann, dice Magister. En el consistorio de 1991, frente a los cardenales, Ratzinger presentó una ponencia sobre las "amenazas contra la vida". Al describir tales amenazas se expresó así: "Los que la enfermedad o un accidente hacen caer en un coma ‘irreversible’ serán muchas veces ‘puestos en la muerte’ para responder a las demandas de trasplantes de órganos o servirán, también ellos, para la experimentación médica, como ‘cadáveres calientes’”.
De estas palabras se intuye que Ratzinger ya tenía fuertes reservas sobre los criterios de Harvard y sobre la práctica que se deriva de ellos. A su juicio, la extracción de órganos por parte de donantes que están en el final de su vida se lleva a cabo muchas veces sobre personas que no han muerto, sino que son “puestas en la muerte” para poder efectuar la mencionada extracción. Además, como Papa, Ratzinger ha publicado el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. En él se lee, en el n. 476: "Para el noble acto de la donación de órganos luego de la muerte, hay que contar con la plena certeza de la muerte real del donante".
La posición oficial católica está reflejada en el discurso que pronunció Juan Pablo II el 29 de agosto de 2000 al dirigirse a los participantes en el XVIII Congreso internacional de la Sociedad de trasplantes. En esa ocasión, el Papa afirmó que "se puede afirmar que el reciente criterio de certificación de la muerte antes mencionado, es decir, la cesación total e irreversible de toda actividad cerebral, si se aplica escrupulosamente, no parece en conflicto con los elementos esenciales de una correcta concepción antropológica... El agente sanitario que tenga la responsabilidad profesional de esa certificación puede basarse en ese criterio para llegar, en cada caso, a aquel grado de seguridad en el juicio ético que la doctrina moral califica con el término de 'certeza moral. Esta certeza moral es necesaria y suficiente para poder actuar de manera éticamente correcta... Así pues, sólo cuando exista esa certeza será moralmente legítimo iniciar los procedimientos técnicos necesarios para la extracción de los órganos para el trasplante, con el previo consentimiento informado del donante o de sus representantes legítimos".
EL ASOMBROSO CASO ESPAÑOL
España mantiene su liderazgo a nivel mundial en trasplantes de órganos, con un total de 1.550 donantes en 2007, que permitieron realizar 3.820 intervenciones, con máximos históricos en riñón (2.210), hígado (1.112) y pulmón (185), que a su vez se complementaron con 241 trasplantes cardíacos, 76 de páncreas y 5 de intestino. La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) pretende aumentar en los próximos años la tasa media de donantes en España a 40 desde los actuales 34,3 donantes por millón de población (p.m.p.), y para ello cuenta con medidas como el fomento de la donación de vivo, la donación cruzada y la donación de corazón parado (asistolia).
Mientras tanto, Europa registra por segundo año consecutivo un ligero descenso en la tasa de donación de órganos, que se sitúa en 16,8 p.m.p., y que alcanzó un 17,8 en 2006 y un 18,8 en 2005. Este estancamiento ha llevado a la Comisión Europea a diseñar un plan de acción que ha tomado como ejemplo el sistema español, con el objetivo de impulsar los trasplantes. Según estima la ONT, implantar este modelo en Europa supondría salvar como mínimo 15.000 vidas más al año. Según explicaron, si se extrapola la experiencia española a los 27 países de la UE, el número de donantes se duplicaría, pasando de los 8.300 actuales a 17.000, lo que permitiría realizar más de 42.000 trasplantes en lugar de los 28.000 registrados el pasado año, con una cobertura de lista de espera del 75 por ciento, similar a la española.
El Registro Mundial de Trasplantes, que gestiona la ONT desde hace 2 años en colaboración con la OMS, cifra en 96.820 los trasplantes de órganos sólidos efectuados anualmente en todo el mundo, y en 8.293 los donantes registrados en la UE de los 27 el pasado año, 406 menos que en 2006 (año en el que se produjeron 8.699 donantes). Pese a ello, se observa un crecimiento en el número total de trasplantes, con 28.090 intervenciones, lo que revela una leve mejora en la gestión de los recursos y un aumento en la donación de vivo.
En cuanto a los datos del resto del mundo, 'Newsletter Trasplant' destaca el estancamiento registrado también en Estados Unidos en su tasa de donación, que se mantiene en 26,6 p.m.p. (frente al 26,5 p.m.p que presentaba en 2006), con un total de 8.089 donantes en el pasado año y 28.158 trasplantes. A su vez, señala el incremento de las donaciones en Canadá, con una tasa de 14,8 donantes p.m.p.
Respecto a América Latina, área geográfica en la que España desarrolla desde hace 4 años el programa Alianza de cooperación y formación de profesionales en materia de trasplantes, la publicación indica que la tasa de donación se mantiene prácticamente estable, con 5,8 donantes p.m.p (6.1 p.m.p en 2006) y un total de 2.899 donantes de órganos sólidos procedentes de personas fallecidas. Estas donaciones han permitido realizar 10.506 trasplantes, número ligeramente superior al del pasado año (10.288).
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Estimado Felipe Bravo:
El artículo de L'Osservatore Romano" es del 3 settembre 2008
Dos libros sobre el tema:
"Finis Vitae. La morte cerebrale è ancora vita?", a cura di Roberto de Mattei, Rubbettino, Soveria Mannelli, 2007, pp. 482, euro 35,00.
Paolo Becchi, "Morte cerebrale e trapianto di organi. Una questione di etica giuridica", Morcelliana, Brescia, 2008, pp. 198, euro 12,50.
El Informe Harvard se publicó el 5 agosto del 1968 en "Journal of American Medical Association"
Me encantaria leer el informe harvard y tener acceso al articulo en el que se da la postura del vaticano.... quiero profundisar en el tema si alguien me pudiera ayudar me seria muy util. gracias
soy la mama de un adolecente q sufrio un accidente de moto y me dijieron q tenia muerte cerebral y querian sus organos y yo dije q no y sin mi autorisacion lo desconectaron y eso no me deja vivir en paz quien me asegura q realmente estava muerto
Como soy enfermera y una vez vi en el depósito de cadáveres a una persona que me agarró de la pierna , yo tengo miedo de que me coja un dr, necrófilo como el tal Montes y me mande de malas maneras al otro barrio, dejen los cadáveres en su sitio un poco más de tiempo, porque no nos vaya pasar como a Drácula y no encontremos la paz y estemos condenados a vagar por el inframundo. Hoy tengo un día de humor negro, pero prefiero este tema que vermelas con una nacionalista.
Como soy enfermera y una vez vi en el depósito de cadáveres a una persona que me agarró de la pierna , yo tengo miedo de que me coja un dr, necrófilo como el tal Montes y me mande de malas maneras al otro barrio, dejen los cadáveres en su sitio un poco más de tiempo, porque no nos vaya pasar como a Drácula y no encontremos la paz y estemos condenados a vagar por el inframundo. Hoy tengo un día de humor negro, pero prefiero este tema que vermelas con una nacionalista.
Como soy enfermera y una vez vi en el depósito de cadáveres a una persona que me agarró de la pierna , yo tengo miedo de que me coja un dr, necrófilo como el tal Montes y me mande de malas maneras al otro barrio, dejen los cadáveres en su sitio un poco más de tiempo, porque no nos vaya pasar como a Drácula y no encontremos la paz y estemos condenados a vagar por el inframundo. Hoy tengo un día de humor negro, pero prefiero este tema que vermelas con una nacionalista.
Dios es quien decide cuando debe de morir cada uno, y como la iglesia es su representante en la tierra, el momento de la muerte lo tiene muy claro: cuando ella lo diga.
En tiempos de Galileo estas científicos amantes del pensamiento crítico no se atrevían a decir estas tonterías en público. Y el que meaba fuera de tiesto, vuelta y vuelta en la hoguera y a callar.
Mientras tanto, a vender parcelitas en el cielo.
Pero, ¿qué debate posible puede haber?
Por supuesto que la muerte cerebral no equivale a la muerte real del individuo. Ahí está don Santiago hablando de que resurgirá el comunismo y fumando y soltando soplapolleces como un poseso...
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo