Antes de ser secuestrada, en febrero de 2002, Ingrid era una mujer de poca fe. Ella misma lo reconoce. Sin embargo, durante los seis largos años que permaneció en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en el sur de la selva colombiana, los únicos libros que tenía consigo eran la Biblia y el diccionario, así que parece que meditó largamente en el libro sagrado y eso la ha cambiado.
Benedicto XVI recibió el lunes pasado a la famosa ex rehén de los guerrilleros terroristas colombianos, Ingrid Betancourt, recientemente liberada después de años en penosa cautividad. El encuentro, que duró poco menos de media hora, fue de carácter privado y no se hicieron declaraciones posteriores: un "coloquio personal" en el que "apareció muy emocionada", indicaron fuentes vaticanas.
Pero posteriormente, la joven ha realizado comprometidas y valientes declaraciones: definió al Papa como 'un ser de luz', en quien ella encontró un punto de apoyo para seguir adelante cuando se hallaba prisionera, en plena selva. La ex rehén relató cómo un día, después de haber estado caminando durante horas y sin saber dónde la conducían, sintió una 'inmensa angustia y desesperanza porque no veía el final del Calvario'. Entonces, encendió la radio y escuchó la voz del Papa que precisamente estaba pronunciando su nombre y pedía su liberación. 'Es difícil dimensionar el efecto psicológico' que puede tener una cosa así, afirmó. 'Para mí fue como una luz y por eso, desde que volví a la libertad, quería venir a verlo y abrazarlo', explicó. 'Hoy cumplí ese sueño, porque Dios es grande, Dios es maravilloso', aseguró y explicó cómo, sin darse cuenta, nada más ver al Papa se había saltado el protocolo y lo había abrazado.
Asimismo, quiso narrar algunas de las cosas de las que habían hablado, ya que, aunque son muy íntimas, pueden 'ayudar y ser útiles' para otras personas. Betancourt explicó al Romano Pontífice que el pasado 1 de junio le había pedido a Jesús un milagro, que no consistía en ser liberada sino en saber cuándo iba a ser liberada, para 'tener así la fuerza de aguantar'. 'Si haces este milagro, yo voy a ser tuya', fue su promesa. La ex rehén hizo esta promesa después de escuchar a través de una radio católica la historia de una santa de cuyo nombre no se acordaba y a quien Jesús le había dicho que si se entregaba a su sagrado corazón, tocaría el corazón duro de quienes la hacían sufrir, bendeciría sus proyectos y cargaría con su cruz, esperándola en el tránsito de la muerte. Para Betancourt, el impacto de esta historia fue grande ya que 'yo necesitaba eso, que tocara el corazón duro de la guerrilla' y que 'le ayudara a llevar esta cruz, porque yo ya no podía más', aseguró. A los pocos días, el pasado 27 de junio, un comandante de las FARC la llamó y le dijo que iban a ser visitados por una comisión internacional que es la que luego les liberaría en una operación secreta dirigida desde Colombia.
Betancourt destacó que, después de contarle su milagro al Papa, la reacción de éste fue 'admirable' ya que le explicó que Dios había respondido a sus oraciones porque supo pedir bien. 'No pediste tu liberación sino que se hiciera su voluntad y que te ayudara a hacer su voluntad', fueron las palabras del Papa, según el relato de la ex rehén. Preguntada sobre cómo ha encontrado el mundo tras su liberación, Betancourt aseguró que había visto que la gente tiene miedo de 'perder lo que tiene' y que le había 'llamado mucho la atención' el rechazo por parte de los países ricos hacia las personas que, desesperadas, llegan de los países menos desarrollados en busca de un futuro mejor.
La ex rehén colombo-francesa Ingrid Betancourt y el Papa Benedicto XVI rezaron juntos para que Dios toque 'el corazón duro de los guerrilleros', según relató ella misma durante una conferencia de prensa en Roma. 'El Papa lleva el dolor de los que sufren en su alma y, en especial, de mis compañeros todavía prisioneros en Colombia', aseguró Betancourt, que a lo largo de la conferencia se emocionó y tuvo que dejar de hablar en más de una ocasión. La ex candidata presidencial colombiana no descartó la posibilidad de volver a entrar en política en el futuro, pero ahora, su objetivo inmediato es 'hablar por aquellos que no tienen voz' ya que 'el dolor humano no puede quedar escondido detrás de las fronteras'. De hecho, desde Roma quiso enviar un mensaje a sus 'compañeros de infortunio' e insistirles, con su testimonio, en que 'no se olviden de que esta vida vale la pena vivirla'. 'Hablar de las víctimas del terrorismo salva vidas', aseguró.
Betancourt también quiso trasladar un mensaje a los jefes de la guerrilla, quienes, en su opinión, viven en una 'posición autista, en la que sólo se escuchan a sí mismos'. 'El mundo les está mirando y quiere creer que en sus corazones hay espacio para el amor y el perdón, así como lo hay en mi corazón', añadió. Sólo así será posible 'cortar el círculo vicioso del odio' y lograr cambiar las cosas 'por la vía democrática'. 'El camino comienza por el corazón', insistió.
'ME ENCOMENDÉ AL SAGRADO CORAZÓN'
Carmen Elena Villa Betancourt ha contado con más detalle para la agencia Zenit algunos aspectos del sorprendente episodio de la conversión de la joven radical después de seis años secuestrada. Ingrid todos los días escuchaba la radio para poder entretenerse e informarse. Un mes antes de su liberación, el pasado 1 de junio, estaba oyendo la Radio Católica Mundial y escuchó las promesas que experimentaría quien se consagre al Sagrado Corazón. Si bien Ingrid reconoce que no las recuerda todas, las enumeró a los periodistas: la primera es tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir; la segunda bendecir los proyectos del interesado; y la tercera, la ayuda del para cargar la cruz y que le esperará en el tránsito de la muerte. Cuenta Íngrid que al escuchar estas promesas dijo: "Eso es para mí. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla, que toque el corazón duro de todos aquellos que no dejan que se produzca la libertad nuestra". "Yo necesito que la empresa mía, que es la de obtener la libertad de todos nosotros, Él la tome para sí, la bendiga y permita que esto suceda. Y yo necesito que Él me acompañe a llevar esta cruz porque yo sola ya no puedo más".
Después, cuenta Ingrid que le dijo al Sagrado Corazón: "Jesús, yo en estos años nunca te he pedido nada. Pero hoy sí te voy a pedir algo: como este es el mes del Sagrado Corazón, tu mes, te voy a pedir que me hagas el milagro, no de mi liberación porque no creo que sea posible, pero hazme el milagro de que yo sepa cuándo voy a ser liberada porque si yo sé cuándo, por más de que sea dentro de muchos años, yo voy a tener la fuerza de aguantar. Si tu me haces ese milagro, Señor mío, seré tuya".
Ingrid cuenta que le dijo al Santo Padre: "Yo no sé lo que quiere decir ser de Cristo". Él le respondió: "Él te va a mostrar la vía". Cuenta Ingrid que el Santo Padre le respondió: "Él te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación, tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad".
Betancourt aprovechó la ocasión para invitar a todos aquellos que no creen: "Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a él, él nos va a ayudar".
Igualmente envió un mensaje de aliento a aquellos que fueron sus compañeros de cautiverio y que aún no han sido liberados: "Sé que esta voz va a llegar a la selva colombiana. Sé que pronto los voy a abrazar en la libertad".
También hizo un llamado a los miembros de la guerrilla, que actualmente tienen cerca de tres mil secuestrados en su poder: "Ustedes me tuvieron siete años cautiva. Los conozco profundamente, conozco su organización su manera de pensar sus objetivos. Hoy quiero decirles que el mundo los está esperando. El mundo quiere que haya espacios en su mente para que ustedes logren la paz en Colombia. (...) La respuesta esta en el corazón de ustedes no en los cálculos militares y políticos".
'GRANDÍSIMA CONMOCIÓN'
Según Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede, Betancourt había mostrado su deseo "de manifestar al Santo Padre la importancia que la fe ha tenido en sostenerla en este tiempo de esta prueba tan difícil. Y quería también agradecerle al Papa por su oración y su cercanía. Por los distintos signos con los cuales el Papa ha manifestado su pensamiento y su apoyo espiritual a todos los rehenes. Y, en particular, naturalmente también a ella".
El portavoz vaticano constató la intensa conmoción que ha caracterizado este encuentro, que ha durado unos 25 minutos. "Un clima --ha calificado Lombardi-- de grandísima conmoción, porque Ingrid anhelaba muchísimo este encuentro con el Santo Padre. Lo había dicho desde el primer momento de su liberación. Y ello porque el tiempo de su prisión ha sido para ella un tiempo de gran experiencia espiritual, de oración".
Durante el largo cautiverio de Ingrid Betancourt, hubo varios llamamientos por parte de la Iglesia colombiana y del Papa para su liberación, junto con la de los otros cientos de rehenes en poder del grupo armado FARC. La ex prisionera acudió acompañada de algunos familiares, entre ellos su madre, Yolanda Pulecio, junto con monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Terni y Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio.
Después del encuentro, Betancourt regresó a Roma, visitó la Comunidad católica de San Egidio, conocida por su mediación en muchos conflictos, y cenó con Walter Veltroni, presidente del Partido Demócrata, en la oposición. Betancourt pasará otro día en la capital de Italia, donde será recibida por su presidente, Giorgio Napolitano, y se reunirá con el alcalde de Roma, Ginani Alemano, ciudad que le concedió la ciudadanía honoraria en 2004, y con el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Franco Frattini.
Íngrid Betancourt ante las cámaras de televisión.
Miércoles, 30 de mayo
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo