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Es la hora de los conservadores, pero no se nota

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Parece evidente que se necesita en España -y sobre todo en las comunidades en proceso de secesión- una fuerte referencia conservadora, con sólidas y actuales bases ideológicas, con coraje minoritario, libre de reaccionarismos y tintes confesionales que la arruinarían, y nadie sabe todavía sin con expresión política independiente, o con personalidad propia dentro del Partido Popular. Pero en el engolfamiento generalizado de la vida pública española no parecen abundar los manantiales de agua clara. Se necesitaría una década para hacer atractivas y 'molonas' a las ideas conservadoras.

Con el voluntarioso título de 'Es la hora de los conservadores', se publicaba el mes pasado en el sitio de la Fundación Burke, -un proyecto tan laudable como desconocido-, un artículo de Esteban Hernández sobre el que merece hacerse eco. El artículo es a propósito de que acaba de editarse en España 'Las ideas tienen consecuencias', de Richard Weaver (Ed. Ciudadela), libro fundacional del conservadurismo anglosajón del siglo XX y en el que se recogen muchos de los conceptos que últimamente utilizan en sus discursos los líderes de los partidos de derecha.

Una de los aspectos que Weaver aborda en su ensayo, y es en el que más ha insistido el entorno político contemporáneo, es la metáfora de la sociedad como un conjunto de niños malcriados. David Cameron, líder del partido conservador británico, insiste en este sentido en que “llevamos varias décadas en las que se han ido paulatinamente erosionando la responsabilidad, las virtudes sociales, la autodisciplina, el respeto mutuo, las conquistas a largo a cambio de la satisfacción inmediata”, algo que Weaver señalaba con profusión en su texto, ya que, aseguraba, nuestra sociedad no estaba estableciendo relación alguna entre recompensa y esfuerzo.

CON MEDIO SIGLO DE RETRASO

Weaver (1910-1963) es una de las principales figuras del moderno pensamiento conservador americano: “He aquí un libro más sobre la disolución de Occidente. Mi intención al escribirlo -lo presenta Richard M. Weaver- era alcanzar dos objetivos poco habituales en la cada vez más abundante literatura sobre el tema. En primer lugar, analizar dicho declive, no basándome en la analogía sino en la deducción. Quien esto escribe considera que le mundo es inteligible y los hombres son libres, y que las consecuencias que actualmente nos abruman no son fruto de una necesidad biológica o de cualquier otra índole, sino de decisiones que no han sido dictadas por la inteligencia. En segundo lugar, tengo la osadía de proponer, si no una solución general, al menos sí un atisbo de solución, desde la convicción de que los análisis científicos no valen nada cuando van acompañados de impotencia moral”.

Su editor dice que se trata del libro que prendió la mecha de la revolución conservadora que acabó llevando a Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos, y que sólo otros dos libros: La mentalidad conservadora, de Russell Kirk y Camino de servidumbre, de F. Hayek han influido tanto como Las ideas tienen consecuencias en la política americana de los últimos cincuenta años. Uno de los mejores diagnósticos que se han escrito sobre los males que acechan a Occidente, y una crítica lúcida y sin concesiones a la Modernidad. En algunos capítulos, Weaver realiza una síntesis y un juicio magistral sobre los últimos seis siglos de la historia filosófica, literaria y artística de la Civilización Occidental.

Weaver diagnostica las enfermedades de nuestra época y nos ofrece un remedio realista. Las catástrofes de nuestro tiempo son el resultado, no de la necesidad, sino de decisiones poco sabias. Una cura, sostiene, es posible; subyace en el correcto uso de la razón humana, en la renovada aceptación de la realidad, y en el reconocimiento de que las ideas –como las acciones- tienen consecuencias. “Este libro profundamente poético no solo inició el renacimiento de la filosofía conservadora en los Estados Unidos, sino que, en este proceso, nos proporcionó las claves para entender las enfermedades que acosaban a la comunidad nacional; claves de entendimiento que son tan actuales hoy en día como cuando fueron publicadas por primera vez. Las ideas tienen consecuencias es uno de los pocos auténticos clásicos en la tradición política americana”, dice Robert Nisbet.

UN EDITOR COMPROMETIDO

Hernández cita a su director Antonio Arcones, editor de Ciudadela y director de la Fundación Burke, una de las instituciones nacionales que más están haciendo por divulgar el pensamiento conservador: “Un mundo que te promete permanentemente que lo podrás tener todo termina generando un individuo infantil y frustrado, y acaba planteando una realidad social irrealizable”.

Arcones culpa al Estado de la actitud vital de unos ciudadanos “que sólo esperan de la vida el cumplimiento de sus deseos; todo lo demás no les interesa nada”. También podría aducirse que esa clase de comportamientos son provocados por la publicidad y por las empresas que la pagan, pero Arcones entiende que éstas juegan un papel muy secundario. “Es cierto que se generan comportamientos perniciosos y que se cae con frecuencia en la cultura de la inmediatez, como ocurre con esa gente que hace colas kilométricas para comprar un nuevo móvil simplemente para tenerlo una semana antes que los demás. Pero también es verdad que cuando compras algo has de pagar por ello, y has tenido que hacer antes el esfuerzo de ganar el dinero con que poder adquirir el producto”. Por el contrario, “el poder político maneja un número tan elevado de recursos que le permite dar cosas a la gente como si éstas fueran gratis. Y no lo son. Pero como estamos metidos en esa dinámica de que quien da más obtiene el favor del público y gana las elecciones, los políticos no hacen más que aumentar las promesas del Estado del Bienestar diciéndole al votante que no se preocupe, que ellos les proveerán de todo lo que les haga falta”.

Para Arcones, existe una diferencia esencial entre Estados Unidos y Europa, y es que allí “el ciudadano medio todavía tiene conciencia de que la libertad es suya y que el Estado debe ser sólo un cooperador necesario, no el responsable último. Los estadounidenses saben que cualquier poder político es expansivo y que, por tanto, tienen que defender la sociedad a través de asociaciones, de colectivos o de sindicatos”. Sin embargo, “aquí se piensa que lo que nos libera es depender de un estado providente. Lo que es terriblemente perverso, ya que el Estado intenta sin excepción aumentar sus esferas de poder”. Eso se ve especialmente, en opinión de Arcones, en el control de la moralidad que el Estado ha tomado como propio últimamente. “En la sociedad moderna la capacidad de prescribir lo moral, es decir, lo que está bien y lo que está mal, ha pasado al Estado. Por eso Zapatero asegura en sus discursos que seguirá transformando la sociedad, ya que sus objetivos no son garantizar la Justicia, la seguridad o la cooperación básica, sino que ha asumido el papel de generador de nuevas formas de concebir la vida”.

LA GRAN DIFERENCIA

La gran diferencia entre conservadores y progresistas reside, según Arcones, en que los primeros “reconocen el mundo tal y como es, con sus imperfecciones y con los límites que conlleva lo humano. Los conservadores creen que la vida consiste en desenvolverse correctamente en un mundo que no es perfecto y que no te da lo que quieres, y por eso mismo pretenden hacerse mejores y mejorar lo que tienen a su alrededor. Quien es de izquierdas piensa que el mundo está mal hecho y por eso aspira a producir un nuevo mundo en el que los defectos desaparecerán. El progresista cree que si se dieran determinadas circunstancias se solucionarían todos los problemas. Por eso, y ya que no es capaz de ver la realidad, la izquierda genera utopías de continuo”.

Pero hay un asunto, de gran presencia en nuestros tiempos, que aleja aún más a los progresistas de los conservadores, y es que aquéllos “entienden la libertad como la separación de toda clase de vínculos; los conservadores creemos, por el contrario, que uno es libre en la medida en que reconoce límites, lazos y obligaciones, ya que darse cuenta de que existen es lo que permitirá una libertad real”. En realidad, para Arcones, se enfrentarían diferentes visiones antropológicas que producen consecuencias sociales muy distintas. “Ese individuo que desde hace dos o tres siglos está intentando liberarse de todo, se está convirtiendo en realidad en alguien mucho más débil y aislado”. Y en esa dirección caminan nuestras sociedades, ya que creen “que toda vinculación es un límite del que hay que zafarse, lo que se ve especialmente bien en los asuntos morales. La izquierda no es insensible con el aborto, es sólo que cree que no puede dejar que las cosas les limiten; ellos piensan que tienen que avanzar en función del progreso, que no es otra cosa que la liberación de todo aquello que les ata. Pero salirse de la realidad para buscar la utopía no te hace más feliz; simplemente impide que reconozcas la realidad”.

Y es que, según Arcones, “las sociedades que promueven los progresistas resultan insostenibles. Ahora estamos comenzando a notar algunos de sus síntomas. De hecho, lo que señalan los discursos de Cameron o Sarkozy es que estamos ante un punto de inflexión. Porque hasta ahora, como hemos vivido en un periodo de creación constante de riqueza, no hemos tenido conflictos sociales, pero en cuanto aparezcan los problemas económicos esto va a tomar otro cariz. Y ójala no lo veamos, pero si esto se agrava, con poco empleo y alto paro de inmigrantes, la conflictividad va a arraigar”.

La mejor solución para arreglar los problemas contemporáneos, según Arcones, sería aplicar muchas de las recetas que los conservadores sugieren, ya que éstas, “siendo un bien para el conjunto de la sociedad, benefician más al ciudadano medio. Una persona que gane entre 30.000 y 36.000 euros anuales, que no es un sueldo bajo, en cuanto tenga un par de hijos, es ya un paria de la sociedad. Un profesor, un taxista, un profesional que gane ese dinero vive hoy bastante mal a causa de los impactos fiscales que está sufriendo. Y eso le ocurre a toda la clase media. Quien tiene mucho dinero carece de esos problemas; y también quienes tienen ingresos bajos, ya que el Estado subvenciona el desarraigo social. Pero quienes están en medio lo pasan bastante mal. Si no se está en ninguno de los dos extremos, el sistema no tiene ninguna gracia”. Pero, asegura Arcones, “aun cuando todavía nos pueda llevar algún tiempo que el mensaje sea entendido por los políticos, hay algunos dirigentes, como Cameron, que comienzan a comprender que la promesa permanente de que el Estado nos arreglará todo nos lleva a la quiebra, económica y humana”.

UN RELOJ, MUY RETRASADO, CASI PARADO

Cameron aún no tiene el poder en el Reino Unido y en España es un extraterrestre. Dicen los pocos conservadores ilustrados españoles que las ideas de esfuerzo y mérito, junto con el rechazo de una sociedad en exceso permisiva, están calando entre la sociedad, que ya demostró durante la campaña presidencial francesa lo mucho que toman en cuenta los valores a la hora de votar por un político u otro. Pero, en mi modesta opinión, en España no cala nada parecido, y en cuanto a Francia, no es precisamente el fatuo Sarkozy quien pueda representar las ideas de esfuerzo y mérito, y mucho menos las ideas de ley y orden. Hoy día, sólo el denostado y demonizado Berlusconi intenta mantenerse en pie frente al oleaje progresista, y eso a un precio devastador. En fin, la situación es peor que mala para los conservadores españoles. Arcones hace un buen análisis, pero la crisis del PP ha agravado las cosas.

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5 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Vicent 26.08.08 | 20:19

    es la hora del AMOR, y eso se logra acercándose al amor, que es Dios, un Dios que se ha hecho carne en Jesucristo, el único que da al ser humano un poco de esperanza y de paz.

  • Comentario por jacob 26.08.08 | 18:15

    algo hay que hacer , estamos desconcertados, no hya principios no nada
    hay que trabajar mucho en la base y volveralos origenes , explicar mucho , comparti
    unsaludo y dtb.

  • Comentario por jacob 26.08.08 | 18:13

    algo hay que hacer , estamos desconcertados, no hya principios no nada
    hay que trabajar mucho en la base y volveralos origenes , explicar mucho , comparti
    unsaludo y dtb.

  • Comentario por carmen 26.08.08 | 15:45

    Suscribo todo lo que dice en su artículo.Creo que somos ya una excepción en Europa y en nuestra sociedad occidental ( de ahí el aislamiento de Zapatero).En Europa se van deshaciendo de los distintos gobiernos socialdemocrátas, caducos y que han llevado a los países al caos moral,social y ahora encima,faltaba la crisis económica.El próximo en caer será UK.En España costará porque en todo llevamos siempre unos diez años de retraso aunque a la velocidad que va nuestra degenración moral,social y política no me extrañaría que no tardásemos tanto.Para entonces tendremos que rearmarnos y rearmar a la sociedad,ideológicamente,claro está.

  • Comentario por repensar 26.08.08 | 13:08

    Es justo lo contrario es la hora de gobiernos socialistas y de intervenir políticamente en la economía de los paises; tenemos que mantener una sociedad cohesionada y reducir los indices de pobreza e inestabilidad para que no se perciban como amenazas la inmigración, las guerras petroliferas, la competencia global; con esto evitaremos el enrocarnos en nacionalismos racistas y que la sociedad se polarice en extremismos violentos. necesitamos el fin de la supremacia de las ideas neoliberales.

Sábado, 18 de febrero

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