Las élites occidentales de ambos colores se han preocupado de ocultar que ha sido el gobierno de Georgia el que a traición atacó a la región separatista de Osetia del Sur para recuperar el control sobre la misma. El aliado georgiano de Occidente inició el enfrentamiento militar, y Rusia se ha limitado a aprovechar la ocasión para dejar patente su músculo militar e intentar apuntalar a sus aliados secesionistas.
Por tanto, todas la alharaca en los medios acerca del oso imperialista ruso afilando sus garras, no son sino un intento de intoxicación masivo, en la línea del realizado con la desmembración de la ex Yugoslavia, para apuntalar nuevos avances en el patio trasero ruso. No es que vayamos a estas alturas a idealizar a Vladimir Putin y a ignorar su talante dictatorial y su proyecto nacionalista, pero sí que queremos recordar que la abortada invasión militar georgiana de Osetia del Sur tuvo complicidad occidental, y fue provocación premeditada si no, error garrafal y preocupante.
Sin cerrar el caso de la ex Yugoslavia, con unos Balcanes simplemente anestesiados, se ha abierto oficialmente el caso de Georgia, en un Cáucaso volátil cruzado de oleoductos estratégicos. Ahora es al revés que entonces: Occidente apoya la unidad de Georgia, y Rusia apoya la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. Estamos en las fronteras de Chechenia y en la puerta del asia islámica ex soviética. Por si la actual cuarta guerra mundial contra el yihadismo islamista no bastara (recrudecida este verano en sus numerosos frentes), se habla de una nueva guerra fría con Rusia, ligada por geografía e intereses con aquella.
Constatemos la sorprendente bajada en picado del precio del petróleo, -cuando los expertos aún no saben explicar la anterior subida- , la caída de Musharraf, los preparativos de la retirada escalonada en Irak, el enigma nuclear iraní, y todos los demás datos negativos, y nos veremos inciando un curso en el que la inestabilidad de Oriente Medio se ha enquistado y extendido.
La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice advierte a Rusia de que la OTAN no permitirá que Moscú trace una "nueva línea" en Europa, para separar a los países integrados en la estructura de seguridad noratlántica de los que están fuera. No hay más línea que la suya, arrebatar a Rusia toda su zona de influencia y consolidar el hundimiento del proyecto comunista. Pero la humillación del enemigo vencido siempre dio malos resultados a la larga. Los americanos insisten y los europeos discuten. Ya incubaron el islamismo que ahora tanto les preocupa. Ahora quieren que la OTAN llegue a San Petersburgo y sus misiles apunten Moscú desde los cuatro puntos cardinales. ¿No es demasiado?
Miércoles, 30 de mayo
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo