Es "la victoria de la libertad y la razón frente a los proyectos elitistas artificiales y frente a la burocracia europea". No lo decimos nosotros, sino el presidente de la República Checa, Vaclav Klaus, otro euroescéptico declarado. Irlanda rechazó la componenda del Tratado de Lisboa por una mayoría de 109.964 votos. El No acumuló el 53,75% de los votos frente al 46,25% del Sí, en un referéndum en el que participó el 51,26% de los tres millones de electores. Fueron 862.415 votos en contra del nuevo tratado en una Europa de 500 millones de ciudadanos. La crisis creada por el no irlandés debería reabrir los debates sobre el creciente alejamiento de los ciudadanos del proyecto europeo y de sus instituciones. Las supuestas iniciativas emprendidas por la Comisión Europea y otras instituciones tras el rechazo del proyecto de Constitución europea en el 2005 por franceses y holandeses, no han dado hasta ahora ningún resultado significativo.
La UE es un monstruoso déspota ilustrado. El eurodespotismo aplica aquel intento fallido en el siglo XVIII de enfriar la caldera social con políticas de «todo para el pueblo, pero sin el pueblo») que no pudo impedir la Revolución Francesa. Ahora en Bruselas y Estrasburgo, una burocracia elitista y millonaria expresa con crudeza un perfil de la construcción europea totalmente a su servicio. El eurodespotismo no parece muy moderno a principios del siglo XXI. El eurodespotismo emite discursos y declaraciones a favor de las nuevas tecnologías mientras ignora las redes y sólo practica las pirámides.
Otro día desarrollaremos las múltiples razones de un españolito rebelde para estar muy descontento con esta Unión Europea en la que tantas esperanzas había depositado. No nos ha hecho más cultos y civilizados, sólo más egoistas y peseteros. Desde los efectos desastrosos de tantas 'ayudas' -deconstrucción social y carreteras- al escándalo del euro caro, pasando por su incapacidad de comprender la complejidad, sus ínfulas legislatorias, su falta de representatividad, y su efecto colateral en el cebado de los separatismos. Ya no me fío de la UE de Francia, que la dejen en mercadillo y se ahorren las demagogias.
LA TERCERA, EN LA FRENTE
El caso es que los pobrecitos irlandeses no han picado el cebo de las ayudas ingentes temporales y han visto la destrucción social que a medio plazo suponen, como lo han supuesto en España. La confirmación del resultado fue recibido con aplausos y gritos de júbilo por quienes abogaron por tumbar el Tratado en el único país que lo sometió al veredicto popular. Los impulsores del No, han sido el director del grupo de presión Libertas, el millonario Declan Ganley, y el partido nacionalista Sinn Fein, cuyo presidente Gerry Adams, declaraba: "Europa no ha muerto, pero el Tratado sí está muerto. La gente quiere una Europa social y democrática". No son santos de nuestra devoción ni aquel ni mucho menos éste. Sin duda, peligrosos compañeros de camino.
"Es la tercera vez que los europeos rechazan la misma fórmula antidemocrática constitucional y emiten un claro mensaje de que no quieren transferir más poder a Bruselas", dijo Ganley en referencia al voto negativo de Holanda y Francia al Tratado Constitucional, en 2005, y a la respuesta de los irlandeses a su versión modificada. El empresario irlandés defendió que el mensaje del electorado da autoridad al primer ministro irlandés, Brian Cowen, a negociar mejores términos con el resto de los miembros de la UE. Sin admitir que Irlanda ha puesto el fin definitivo al Tratado de Lisboa, Cowen buscó un halo positivo en el pasado: "Europa ha estado antes en la misma situación y ha encontrado una vía de progreso".
La victoria del No fue dibujándose a lo largo de la campaña y ha sido particularmente fuerte en zonas agrícolas, enclaves pesqueros y barrios urbanos pobres. Refleja la desconfianza del campo en el deseo de la UE de proteger sus intereses, el malestar de los pescadores y el miedo de las clases obreras a perder sus puestos y condiciones de trabajo en una Europa que, según temen, es crecientemente favorable a las multinacionales.
La sorpresa ha residido en el índice de participación, relativamente elevado para un referendo y más alto que el registrado en 2001, cuando Irlanda rechazó el Tratado de Niza. El Sí luchó para limitar la abstención, confiado en que una fuerte participación aseguraría el apoyo a Lisboa. La realidad ha sido muy diferente.
La mayoría de los líderes de la Unión Europea (UE) apuestan por seguir adelante con el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa para aislar el no irlandés en su dimensión real. Los líderes europeos también esperan que sea el primer ministro irlandés, Brian Cowen, quien tome la iniciativa de proponer posibles vías para salir de la nueva crisis política europea, aunque las alternativas reales de que disponen los Veintisiete son contadas. La cumbre del 19 y 20 de junio en Bruselas debe marcar el camino.
La solución que defiende la mayoría es un nuevo referendo en Irlanda. El Tratado de Lisboa iría acompañado de una serie de declaraciones políticas del Consejo de la UE que desmonten los argumentos 'demagógicos' de la campaña del no, pero la mayoría de los Veintisiete rechaza cambiar el texto tan difícilmente consensuado del nuevo tratado. Francia, que asumirá la presidencia de la UE el 1 de julio, impulsa con Alemania la opción de convocar con rapidez un nuevo referendo para que el tratado, con todas las reformas institucionales, pueda entrar en vigor antes de las elecciones al Parlamento Europeo de junio del 2009.
El principal problema que plantea esta solución es cómo justificar ante la propia población irlandesa la convocatoria de un nuevo referendo. Además, no existen garantías de que un número suficiente de ciudadanos cambie su voto. Cuando se volvió a someter a referendo el Tratado de Niza en el 2002, tras un primer rechazo irlandés en el 2001, se justificó con la escasa participación en el primer referendo (35%) y hubo unas elecciones generales de por medio. En esta ocasión, la participación ha superado el 53%.
IGNORAR, REPETIR O FORZAR
Desde Bruselas, Eliseo Oliveras analiza la situación para El Periódico: si el Tratado de Lisboa es ratificado con rapidez por los ocho países que faltan, los irlandeses podrían ser sometidos -acompañándolo de una serie de declaraciones tranquilizadoras-, a aceptar el nuevo tratado por temor a quedarse aislados o marginados en una UE, cuya generosa ayuda ha permitido al país salir de su endémica pobreza. Una segunda alternativa sería continuar funcionando con el actual Tratado de Niza.
Pero si los irlandeses se empecinan, se amenaza con negociar la autoexclusión de Irlanda de todas aquellas políticas europeas ajenas al funcionamiento del mercado común y de la Unión Económica y Monetaria. De este modo, Irlanda quedaría reducida a un papel marginal en el seno de la UE y no participaría en las políticas exterior, de defensa, de justicia y de interior. Es una solución extrema de compleja realización, pero preservaría a Irlanda dentro de la UE y de la zona euro.
Finalmente, ante una negativa de Irlanda a aceptar cualquier compromiso o ante la posibilidad de que algún otro país rechace el Tratado de Lisboa, es la vieja idea de la creación de un núcleo de países de vanguardia que aceleraría su integración política sin esperar a los países que prefieren ir más despacio. El veterano primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, ha indicado tras el no irlandés que ahora es el momento de impulsar ese grupo de vanguardia con los países más entusiastas en favor de la integración europea. La idea de refundación política de Europa a partir de ese núcleo de países más europeístas ha sido ya vislumbrada en otros momentos de crisis por Francia y Alemania, pero nunca se ha precisado cómo se articularían sus relaciones con el resto de miembros de una UE menos integrada y más mercado común. Entre los políticos más europeístas existe el convencimiento de que ese grupo de vanguardia permitiría dar un gran salto político a Europa, ya que otros países se sumarían con rapidez y aceptarían renunciar a sus planteamientos nacionalistas por temor a quedarse rezagados.
CIERTAS COMPLICIDADES
Pero naturalmente no existe unanimidad en la UE. Aunque fueron muchos los países que el viernes, tras conocerse el ´no´ irlandés´, insistieron en que el proceso de ratificación debe seguir, también hay otras voces que no se muestran tan convencidas de esta postura.
Sarkozy afirmó que él y la canciller alemana, Angela Merkel, opinan que debe continuar el proceso de ratificación del tratado, que ya ha sido ratificado por 18 de los 27 Estados de la UE, y que ésta es también la opinión del primer ministro británico, Gordon Brown, con el que conversó el viernes. nIgualmente, los gobiernos español y portugués afirmaron que el Tratado de Lisboa es demasiado importante como para que un solo país lo paralice. Así lo manifestaron desde Zaragoza la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y el presidente portugués, Aníbal Cavaco Silva, durante sus respectivas visitas a la Expo 2008. Cavaco Silva opinó también que los tratados internacionales no deberían ser sometidos a referendos nacionales, puesto que los ciudadanos los utilizan, en muchos casos, para castigar a sus gobiernos por políticas internas, algo que, a su juicio, ha ocurrido en el caso de Irlanda.
Frente a los defensores de la continuidad del proceso de ratificación se sitúan países como República Checa, cuyo presidente, Vaclav Klaus, un euroescéptico declarado que se opone a que continúe la integración europea, consideró el viernes que el rechazo de Irlanda supone "la victoria de la libertad y la razón frente a los proyectos elitistas artificiales y frente a la burocracia europea". Por su parte, Dinamarca y Suecia son otros de los países que pueden entorpecer, escudándose en el ´no´ irlandés, el proceso de construcción europeo, una vez que Reino Unido parece que apoyará su continuidad. El futuro queda ahora en manos de las autoridades europeas y los presidentes y jefes de Estado de los países miembros, que se reunirán el próximo jueves y viernes en Bruselas.
El secretario de Estado francés de Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet, opinó que la única solución para permitir la entrada en vigor del Tratado europeo de Lisboa es readaptarlo y someterlo de nuevo a la votación de los irlandeses. "Retomaremos el diálogo con nuestros amigos irlandeses para ver qué propuestas pueden aceptar para pronunciarse de nuevo sobre el tratado".
Recordemos que tras los fiascos francés y holandés en la ratificación de aquello que exageradamente se llamó la Constitución Europea, los Estados de la Unión decidieron dar por terminadas las consultas y ratificar, en lo sucesivo, los tratados solo en los parlamentos nacionales. Resultó así que, salvo en Irlanda, cuya Constitución no lo permite, la clase política europea (estatal y eurócrata) optaba por extraer una curiosa conclusión del fracaso del tratado constitucional: puesto que en dos de los cuatro países en que hubo referendos (España, Francia, Holanda y Luxemburgo) los ciudadanos optaron por el no (en Francia con el 55% de los votos y en Holanda con el 62%), la solución consistiría en no volver a consultarlos, no fuera a pasar que los ciudadanos se creyeran lo de la democracia y comenzaran a decidir por su cuenta. Dos rechazos en cuatro de los países consultados no parece un porcentaje irrelevante, sobre todo si se tiene en cuenta que los votantes luxemburgueses fueron poco más de 220.000 y que en España se habló de todo en la campaña referendaria salvo de aquella supuesta Constitución, de Europa o su futuro.
Izquierda Unida (IU), con un solo escaño en la cámara de Diputados española, anunció que votará en contra de la ratificación del Tratado de Lisboa el próximo día 26. Para Llamazares, el nuevo Tratado, sustituto de la fracasada Constitución Europea, no responde a los intereses de los ciudadanos y es un obstáculo para el desarrollo de políticas sociales y de empleo en este continente. Tampoco me gusta la compañía de esta IU, y mis razones para el no son distintas de las suyas. Pero en todo caso es seguro que el gobernante Partido Socialista Obrero Español -con 169 escaños- y el opositor Popular (154) votarán por la ratificación del polémico instrumento, lo que garantiza que avance hacia la tramitación en el Senado. Al firmar el Tratado hace seis meses, los gobernantes decidieron buscar las ratificaciones a nivel nacional por la vía parlamentaria para evadir las urnas y evitar otro fracaso.
El Tratado de Lisboa debe entrar en vigor en enero de 2009, pero requiere la ratificación de los 27 países de la UE: ha sido ratificado ya por los parlamentos de Hungría, Eslovenia, Malta, Rumania, Francia, Bulgaria, Polonia, Austria, Eslovaquia, Portugal, Dinamarca, Letonia, Lituania, Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Estonia y Grecia. Están pendientes Bélgica, Italia, Reino Unido, Holanda, República Checa, Chipre, España y Suecia.
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A ver si publicaís algo de la corrupción de los funcionarios de la Ue y su control político por las Estados miembros, de esta manera no se puede entrar sin enchufe político a sus salarios por encima de los 6.000 euros netos al mes. El mínimo 2.900 + pluses y un 5% de impuesto te situa en 4.000 euros netos mas alowances. Hay un espérpentico ex diputado del Psoe sin estudios y manda en 8.000 personas del servicio exterior de la Ue, de nacionalidad española. Maria Ramirez ha publicado algo sobre el enchufismo en la Ue. los demás no os enteraís, andaís con veleidades sobre la Ue fruto de la ignorancia de lo que es su funcionamiento, en dónde abunda la corrupción desde sus jueces hasta el ombudsman, ninguno ataca los miles de casos de nepotismo en sus instituciones.
Buenas
"Yo apoyo el no de Irlanda a esta UE"
Pues yo no.... lo que apoyo es a Irlanda que es el único país que ha demostrado ser demócrata. Hagamos un núcleo duro, como indican en el texto, y votemos en referendum la inclusión o no de los países. ESO ES LO DEMÓCRATA.
Buenas
"Yo apoyo el no de Irlanda a esta UE"
Yo también
Saludos
Miércoles, 30 de mayo
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Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
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