El Papa está cansado
16.05.08 @ 19:00:12. Archivado en Papado Ratzinger, Benedicto XVI y Papado
El Papa tropezó y cayó de rodillas durante la misa de Pentecostés del pasado domingo, que celebraba en la Basílica de San Pedro ante miles de fieles. Se alzó de inmediato ayudado por sus asistentes y el episodio "no tuvo la más mínima consecuencia para el Santo Padre, que está muy bien", diría más tarde su portavoz, Federico Lombardi. Muchos fieles suspiraron aliviados al ver que Benedicto XVI se ponía de pie sonriendo y proseguía con la misa sin inconvenientes. El Papa ha cumplido 81 años de edad y puede que haya tenido en estas semanas pasadas un bajón de energías como el que le aquejara hacia 1992.
Tras incensar el altar, al comienzo de la misa en el altar mayor de la Basílica, tropezó en un peldaño de la pequeña tarima sobre la que estaba apoyado su sillón y cayó de rodillas. Pero tras la misa recitó el "Regina Coeli" sin problemas. 'Estuvo en el suelo no más de un segundo; ayudado por el personal de ceremonial que estaba junto a él, fue hasta su sitio e inició la misa normalmente", explicó Lombardi.
A mediados de julio irá a Australia y los médicos que lo asisten le pidieron que pase tres días de reposo absoluto antes de iniciar los encuentros de la Jornada Mundial de la Juventud. También tiene previsto viajar a Francia del 12 al 15 de septiembre próximo. Pasará por París, donde se reunirá con Sarkozy, y presidirá en Lourdes el 150º aniversario de las apariciones milagrosas, con una misa de masas al aire libre. Será su décimo viaje en tres años.
LA GIRA AMERICANA FUE DEMASIADO INTENSA
El Papa regresó a Roma el 21 de abril de un viaje de seis días a Estados Unidos en el que realizó una actividad muy intensa durante la cual se le notó fatigado en algunos momentos. El 19 de abril estaba tan cansado al celebrar la misa en la catedral de San Patricio, que al final fue ayudado por sus asistentes «oficialmente para no dar un traspiés bajo el peso de sus pesados ornamentos litúrgicos». Tras su regreso de Estados Unidos, suspendió una audiencia general para así poder descansar tras el duro viaje.
Lombardi explicó entonces que 'la audiencia del miércoles había sido anulada dos meses antes en previsión del viaje. La necesidad de descanso tras un viaje al otro lado del océano es totalmente obvia, como lo sabe bien quien haya cambiado de huso horario. Benedicto XVI está bien y es paradójico que se generen dudas sobre su salud precisamente al regresar del viaje más exigente del pontificado, en el que el programa no ha experimentado ninguna reducción'.
A finales de abril, el diario francés Le Figaro publicó un artículo titulado «La salud del Papa comienza a alimentar los rumores de sucesión». Ciertamente, el viaje fue demasiado largo e intenso para quien cumplía 81 años en esos días. En su viaje a los Estados Unidos del 15 al 20 de abril el Papa pronunció 19 discursos u homilías y mantuvo una apretadísima agenda, seguida constantemente por pantallas de televisión de todo el mundo. Pero es un hecho que ha trabajado demasiado duramente y que ha tenido que notarlo.
Lo cierto es que el papa está algo más cansado en los últimos tiempos; reduce sus compromisos y en el Vaticano preocupa su salud, dice el diario francés, que hace hincapié en el papel más y más protagonista del secretario de Estado, Tarcisio Bertone, que se está haciendo cargo de parte de la agenda internacional. El Pontífice, que cumplió 81 años el pasado 16 de abril mientras estaba en Estados Unidos, "sube y baja las escaleras, está todavía ágil, pero tiene la edad de sus arterias y, no es un secreto para nadie, es frágil de corazón. Se ha cuidado siempre, pero desde hace unos meses ha reducido aún más el número de audiencias y limitado el número de participantes: a veces, si la agenda está demasiado llena, no lee el discurso destinado al grupo sino que lo entrega al responsable", dice Le Figaro. "En Pascua renunció a seguir andando el tradicional Vía Crucis en el Coliseo y no se recogió en plegaria, como en los años anteriores, con el rostro hacia el suelo ante el altar mayor de San Pedro durante la liturgia del Viernes Santo". Según el diario, "el Papa asume la presidencia de todas las grandes ceremonias dejadas a su cargo, pero delega mucho, y con motivo de la edad lo hará sin duda cada vez más".
LOS AÑOS Y LAS SOMBRAS
Joseph Aloysius Ratzinger es el Papa elegido con más edad desde 1730, cuando Lorenzo Corsini fuera también elegido a los 78 años y unos meses con el nombre de Clemente XII. El cardenal Corsini tenía muy mala salud, a menudo se veía obligado a guardar cama y le acosaba una incipiente ceguera. Aún así reinó diez años, emitió la primera bula contra la masonería, reglamentó el juego de la bonoloto y mandó construir la célebre Fontana di Trevi.
En 1977, cuando fuera nombrado obispo con 50 años, el Papa actual reconoce en su autobiografía que 'mi salud era más bien precaria, y la nueva misión exigía también esfuerzo físico'. En 1991, el cardenal Ratzinger fue renovado en su puesto de prefecto de la Congregación de la Fe, a pesar de que no es práctica corriente el reconfirmar a un prefecto de esta congregación para un tercer mandato. Y ee precisamente ese año, en el mes de septiembre, cuando sufre supuestamente aunque no se haya nunca cofirmado oficialmente, una hemorragia cerebral que le afecta al campo izquierdo de su visión. Aunque está unas semanas hospitalizado es dado de alta en aparente perfecto estado de salud.
El primer impulso de su hermano mayor Georg cuando conoció el nombramiento fue pensar -y así lo dijo- que era demasiado mayor para el cargo. 'A los 78 no es bueno hacerse cargo de un tipo de trabajo así, tan desafiante para una persona y su existencia mental y física, declaró. 'Cuando te aproximas a los 80 no está ya garantizado que uno sea capaz de levantarse y trabajar al día siguiente'. A la televisión pública alemana ARD, declaró: 'Estoy muy asustado. Creía que su elevada edad y su salud, que no es lo que se dice estable, serían una razón suficiente para buscar otro'. Y a la agencia alemana KNA también ha contado que en 1995 su hermano 'no tenía una salud muy robusta' ni 'un corazón particularmente bueno'.
Georg Ratzinger así mismo dijo al periódico alemán Bild am Sonntag que la principal debilidad del pontífice era su tendencia a olvidarse de las cosas. "A veces cambia las cosas de sitio, y de repente no sabe dónde está su reloj, las llaves o un papel especifico". Y frente a la pregunta de qué valoraba más de su hermano, dijo que su "claridad de pensamiento".
Si olvidarse de donde ha puesto las llaves es toda su debilidad, vamos a un papado no tan corto como se espera. Cuando iba a cumplir los setenta, Ratzinger confiesa al periodista Seewald: 'Mis fuerzas son claramente inferiores a lo que deberían. Y cuanto más viejo se vuelve uno más te das cuenta que las fuerzas no llegan para lo que deberían, que se es demasiado débil, demasiado incapaz, o que no se está a la altura de la situación. Y además está la soledad, aunque gracias a Dios no me siento nunca realmente solo'.
Los octogenarios suelen sufrir a esas alturas de la vida numerosos trastornos, algunos graves como hipertrofia de la glándula prostática, complicaciones cardiovasculares, enfermedades neuronales como el Alzheimer, y osteoporosis, que afecta más a las mujeres.
Benedicto XVI, no tiene aparentemente un historial de problemas de salud crónicos, aunque en sus memorias confiesa 'un precario estado de salud' hacia 1996. Parecería que pertenece a ese privilegiado grupo de personas que con el tiempo mejoran y que tras una naturaleza débil a la mitad de su vida, llegan a una ancianidad envidiable de buenos rendimientos tanto físicos como mentales ¿Está en tal situación hoy día Benedicto XVI o esconde problemas de salud desconocidos?
DOS HOSPITALIZACIONES
El percance más importante, digamos claramente que de extrema gravedad, fue la supuesta hemorragia cerebral en 1991 por la que estuvo hospitalizado un mes. Nunca se ha reconocido oficialmente. Volvería al hospital tras darse un golpe en la cabeza de resultas de una caída en el baño un año después. La caída pudo ser originada en un desmayo quizá secuela del problema anterior.
Según John Allen, el derrame cerebral le forzó a un tiempo indeterminado de convalencia, pero finalmente su recuperación fue completa. Por el contrario, el diario alemán más vendido, el famoso Bild, ha publicado que el internamiento en el hospital duró un mes y que todavía hoy sufre frecuentes desmayos. El Bild tiene muy mala fama pero nunca ha pagado una querella por equivocarse en sus revelaciones.
'Hace dos años (hacia 1993) tuvo una fatiga permanente, pero parece que salió de ello y puede decirse que actualmente goza de buena salud'. Allen cree que el papa es consciente de su elevada edad: 'Pienso que tiene clara conciencia de que el suyo no puede ser un pontificado largo y que tiene por delante una espantosa cantidad de asuntos'.
Según el cardenal austriaco Christoph Schoenborn, alumno y amigo, en el momento de anunciar que tomaba el nombre de Benedicto XVI tras la cuarta y última votación del cónclave, aludió irónicamente a que su pontificado sería breve como el de su antecesor Benedicto XV. Éste reinó de 1914 a 1922, ocho años, algo que con 78 años de edad como es su caso, no estaría nada mal.
El director del seminario de Saint Michael, Thomas Frauenlob, en Traunstein, donde estudió Joseph Ratzinger cuando era joven y a donde acude cada año, aseguró que nunca había oido a nadie comentar que tuviera achaques serios. "Parece sano; viene y come y bebe lo que quiere".
Sin embargo, el jesuita disidente Thomas Reese, tras la elección de Benedicto XVI, poco antes de volver a EEUU y enterarse de su cese como director de una revista repetidamente amonestada por la Congregación de la Fe, aseguró que la salud del nuevo pontífice "no era demasiado buena" , aunque no aportó más detalles.
El vaticanista italiano Andrea Tornielli no cree siquiera en que tuviera ese derrame cerebral. 'No hace deporte, no es su estilo, pero practica largos paseos por la montaña. No fuma, no bebe alcohol ni siquiera vino, sólo una cervecita de vez en cuando'. Y la verdad es que desde su 'resurrección' pública y el comienzo de su 'campaña electoral' en 1993, desarrolla una actividad continuada difícil incluso para alguien con veinte años menos.
Juan Pablo I falleció a los 33 días de elegido. Juan Pablo II a los 26 años, cinco meses y 16 días. En el caso de B16, una década de pontificado sería mucho. Por eso se comprende que no tiene tiempo que perder.
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Yo si que estoy cansado de los pesados que siempre se empeñan en jubilar al Papa.
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José Catalán Deus
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