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Benedicto XVI reforzará en su visita a EEUU sus deferencias para con los judíos

07.04.08 | 16:47. Archivado en Papado Ratzinger
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A última hora han sido incluidos en la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos, del 15 al 20 de abril, dos encuentros con representantes de la comunidad judía. Un gesto conciliador y reverente de la Santa Sede, que alñ mismo tiempo ha emitido un comunicado diciendo que la reciente recuperación del texto de la oración por los judíos del Viernes Santo, del misal precedente al Concilio Vaticano II, no supone un paso atrás en las relaciones con el pueblo de Israel. Con todo ello, la Secretaría de Estado vaticana ha salido al paso de las interpretaciones de algunos representantes judíos que veían en el texto de esta plegaria una renuncia al diálogo judío-cristiano abierto con la declaración 'Nostra aetate', aprobada por ese Concilio y emitida por el Papa Pablo VI en 1965.

Las dos visitas quieren ser señal 'de aprecio y convivencia con motivo de la Pascua judía', que comienza el 19 de abril. El 17 de abril, el Papa se encontrará con doscientos líderes de varias religiones en el Centro Cultural Juan Pablo II de Washington. En el encuentro estarán representantes de las comunidades judía, musulmana, budista, jainita, e hindú. Al concluir el acto, el Papa se reunirá con representantes religiosos de la comunidad judía para «felicitarles por la inminente fiesta de la Pascua», ha explicado monseñor David Malloy, coordinador de la visita y secretario general de la Conferencia episcopal. Al día siguiente, el Papa viajará a Nueva York. En la tarde, en su camino hacia un encuentro de oración con líderes cristianos, visitará durante unos 20 minutos la Sinagoga de Park East, que se encuentra junto a la residencia del observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones unidas, donde el Santo Padre residirá. «Con su visita personal e informal, que no forma parte del programa oficial, Su Santidad desea expresar sus mejores deseos a la comunidad local [judía], que se prepara para la Pascua», ha explicado monseñor Malloy.

La Secretaría de la Santa Sede ha publicado una declaración en la que confirma el compromiso del Papa por avanzar en el diálogo con el pueblo judío emprendido por el Concilio Vaticano II, en 1965, desmintiendo interpretaciones suscitadas por la oración del Viernes Santo por los judíos propuesta a comunidades que siguen el misal precedente a aquella cumbre de los obispos católicos del mundo.

La oración de la liturgia tradicional ahora restablecida, reza para que los judíos «reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres» y para que «entrando la plenitud de los pueblos en tu Iglesia, todo Israel sea salvado». Por el contrario, la fórmula del misal adoptado en 1969, que entró en vigor en 1970, bajo el papado de Pablo VI, dice: «Recemos por los judíos a quienes Dios habló en primer lugar: para que progresen en el amor de su Nombre y en la fidelidad a su alianza». Entre salvar a Israel y reconocer que Dios les habló en primer lugar, hay un trecho.

Pero la Santa Sede asegura que la nueva formulación «no ha pretendido de ningún modo manifestar un cambio en la actitud de la Iglesia católica hacia los judíos, sobre todo a partir de la doctrina del Concilio Vaticano II». Para Benedicto XVI, añade, la declaración Nostra aetate supone «un hito en el camino hacia la reconciliación de los cristianos con el pueblo judío». «La continuidad en la actitud de la declaración Nostra aetate se demuestra, por otra parte, con el hecho de que el Oremus por los judíos contenido en el Misal Romano de 1970 sigue en pleno vigor, y es la forma ordinaria de la oración de los católicos».

«El documento conciliar, en el contexto de otras afirmaciones sobre las Sagradas Escrituras (Dei Verbum 14) y sobre la Iglesia (Lumen gentium 16), expone los principios fundamentales que han sostenido y sostienen también hoy las relaciones fraternales de estima, de diálogo, de amor, de solidaridad y de colaboración entre católicos y judíos. Escrutando el misterio de la Iglesia, Nostra aetate recuerda precisamente el vínculo totalmente particular con que el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente ligado con la estirpe de Abraham y rechaza cualquier actitud de desprecio y de discriminación hacia los judíos, repudiando con firmeza toda forma de antisemitismo». La nota concluye asegurando que «la Santa Sede desea que las precisiones contenidas en este comunicado contribuyan a aclarar los malentendidos y reafirma su firme deseo de que avancen aún más los progresos alcanzados en la comprensión y estima recíproca entre judíos y cristianos durante estos años».

WELCOME B16

Los cardenales yanquis fueron la fuerza decisiva en la elección de Juan Pablo II y en la de su sucesor y continuador Bendedicto XVI. De una iglesia marginal, la norteamericana pasó a ser fuerza decisiva en función de su potencia económica y su capacidad intelectual. Sufrió el gravísimo episodio de los abusos sexuales, pero ha sobrevivido en fuerte competencia con el renacer evangélico. La opinión pública, o lo que es lo mismo, su representación en los medios de comunicación, se dispone a emitir un juicio en directo sobre el Papa alemán, intelectual y continuista. Un desafío para B16.

Cuando a mediados de abril Benedicto XVI aterrice en el aeropuerto militar de la Andrews Air Force Base de Washington, los Estados Unidos pasarán a la cabeza en la clasificación de los países más visitados por los Papas. Igualados con Polonia en número de visitas: nueve. E igual a Turquía en número de Papas visitantes, tres, antes que él sus dos predecesores, Pablo VI y Juan Pablo II, reflexiona el vaticanista italiano Sandro Magister.

JPII, viajero desenfrenado, giró a lo largo y ancho de los Estados Unidos. En su primera visita, en el 1979, en siete días tocó siete ciudades y pronunció 63 discursos. Pero el año anterior había desplegado también una gran presencia en base a la cual los cardenales yanquis propusieron su elección en el segundo cónclave de 1979, tras la muerte repentina de Juan Pablo I.

El más tranquilo Joseph Ratzinger, en siete días, sólo hará dos paradas. En Washington – donde el 16 de abril se reunirá con George W. Bush en la Casa Blanca – y en Nueva York, con un total solamente de 11 discursos. Pero al menos dos ya han despertado expectación, el del 17 de abril, en Washington, a los representantes del judaísmo, del Islam y de otras religiones, y el del 18 de abril, en Nueva York, a la asamblea general de las Naciones Unidas.

En Ratisbona, Benedicto XVI denunció como errores capitales del mundo de hoy la separación de la fe de la razón, de lo que acusó al Islamismo, y la pérdida de la fe en la razón, que en cambió imputó a la cultura dominante en Europa y en América. Desde la tribuna de la ONU, se puede apostar que dará un paso más, ofrecerá al mundo la gramática de la paz fundada sobre la ley natural, sobre los derechos inviolables esculpidos en la conciencia de cada hombre y en la “Declaración universal” de la que se celebra precisamente en el 2008 su sesenta aniversario.

Previsión fácil, si sólo se está atento a qué cosa dijo el Papa, el pasado 29 de febrero, recibiendo a la nueva embajadora de los Estados Unidos ante la Santa Sede, Mary Ann Glendon. Para Benedicto XVI, los Estados Unidos son un modelo a imitar para todos. Son el país que nació y se fundó “sobre la verdad evidente de que el Creador ha dotado a cada ser humano de derechos inalienables”, el primero de los cuales es la libertad.

Con este Papa, los Estados Unidos han dejado de estar castigados por las autoridades vaticanas. Hasta hace pocas décadas eran tachados de ser el templo del capitalismo calvinista, del consumismo, del darwinismo social, de la silla eléctrica, del gatillo fácil en cada ángulo del mundo. Hoy, estos paradigmas han sido en gran medida dejados de lado. La Iglesia de Roma ha criticado con fuerza el ataque militar al Irak de Saddam Hussein. También Benedicto XVI lo ha hecho. Pero ahora no presiona para una retirada. Quiere que se queden allá “en misión de paz”, también en defensa de las minorías cristianas.

El juicio general sobre los Estados Unidos en el Vaticano ha cambiado en positivo, a la par de juicios más y más pesimistas sobre Europa, opina el vaticanista italiano Sandro Magister. A la embajadora Glendon, Benedicto XVI le ha dicho que admira “el aprecio histórico del pueblo estadounidense por el papel de la religión para forjar el debate público”, que en otras partes, léase en Europa, “es contestado en nombre de una comprensión limitada de la vida política”. Con las consecuencias que de ello derivan en relación a los puntos que a la Iglesia le interesan más, como “la tutela legal del don divino de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, el matrimonio y la familia.

Con los presidentes republicanos, desde Reagan a los dos Bush, la Iglesia de Roma se ha encontrado en más sintonía que con el democrático Clinton, precisamente porque los primeros se dedicaron más a tutelar la vida y a promover la libertad religiosa en el mundo. En El Cairo en 1994 y en Pequín en 1995, en las dos conferencias internacionales convocadas por la ONU sobre la cuestión demográfica y sobre la mujer, ambas con Clinton presidente, la delegación de la Santa Sede combatió tenazmente contra los Estados Unidos y Europa que querían incentivar el aborto para reducir los nacimientos en los países pobres.

Y en Pekín, ¿quién estaba a la cabeza de la escuadra vaticana? Mary Ann Glendon, feminista convertida, docente de leyes en la Universidad de Harvard, después promovida por Juan Pablo II a presidenta de la pontificia academia de las ciencias sociales y hoy embajadora de los Estados Unidos. Su discurso penetró como espada cortante: “'¿La conferencia quiere actuar contra las violencias sufridas por las mujeres? Es justo. Pero entonces, tomemos nota. Entre las violencias hay programas obligatorios de control de los nacimientos, las esterilizaciones forzadas, las presiones para abortar, la preselección de sexo y las consecuente destrucción de fetos femeninos”.

En una selección de sus ensayos que saldrá en estos días en Italia editada por Rubbettino, Mary Ann Glendon vuelve polémicamente sobre lo que ocurrió en Pekín y durante los años siguientes. Acusa a los países ricos de haber reducido las ayudas, prefiriendo el camino fácil del aborto para una parada demográfica a costo cero. Acusa por tanto a las elites laicas occidentales de haber sustituido el “lenguaje amplio, rico, equilibrado” de la Declaración universal de los derechos del hombre, por la “jerga mediocre” de los deseos individualizados sin más deber ni responsabilidad. Su requisitoria la ha vuelto a publicar “L’Osservatore Romano”.

LA ONU Y EL PAPA

Por estos mismos motivos, varias veces en los últimos años las autoridades vaticanas han criticado a la ONU y a la Unión Europea. Ello no quita para que la Santa Sede continúe dando crédito y apoyo a las Naciones Unidas como instrumento pacífico de solución de las controversias internacionales. En la ONU, la Santa Sede está presente como “estado observador permanente”. Con derecho a intervenir pero sin derecho a votar. Una campaña para marginarla, orquestada hace algunos años por organizaciones no gubernamentales interesadas en el control de la natalidad e irritadas por la oposición vaticana, tuvo el efecto contrario. En julio del 2004 la asamblea general de la ONU aprobó por unanimidad una resolución que no sólo confirmó, sino que ha reforzado la presencia de la Santa Sede en la organización.

Desde la tribuna de la ONU Benedicto XVI hablará al mundo entero, en el cual los católicos son menos de un sexto de la población. Ni siquiera en Estados Unidos los católicos son mayoría. Son cerca de 70 millones sobre un total de 300 millones, el 23,9 por ciento, según un muy reciente sondeo del Pew Forum on Religion & Public Life conducida sobre una muestra de 35.000 estadounidenses. Pero son sin embargo un grupo influyente, más que en Italia, y lo son dentro de un país con fuerte dominio cristiano, con índices de participación religiosa mucho más altos que en Europa.

En las presidenciales del 2004, los católicos contribuyeron no poco a la reelección de George W. Bush. Pero las jerarquías no dieron orientación de voto, ni las darán para las próximas elecciones. Los católicos pro vida se inclinan por el republicano John McCain, los pro paz y justicia por los democráticos Hillary Clinton o Barack Obama. Las autoridades de la Iglesia de todos modos aprecian que todos los candidatos den un trato prioritario al factor religioso.

Porque en los Estados Unidos son así. Están a la vanguardia de la modernidad y al mismo tiempo son la nación más religiosa del mundo. Son un modelo de separación entre Iglesia y Estado, y al mismo tiempo un país con fuerte relevancia pública de las religiones. El sondeo del Pew Forum ha encontrado que los ateos y los agnósticos existen en cantidad muy reducida, respectivamente el 1,6 y el 2,4 por ciento, no obstante aque en los medios parezcan mucho más numerosos y vociferantes.

Pero el dato más relevante del sondeo es otro. Es el número altísimo de ciudadanos americanos que pasan de una confesión religiosa a otra, o que “renacen” a una nueva vida espiritual aún manteniéndose en la misma religión. No hay nación en el mundo en la que el mercado religioso sea tan vibrante y la competencia tan cerrada. El 44 por ciento de los estadounidenses mayores de 18 años ha cambiado de afiliación religiosa incluso más de una vez, o ha pasado de la incredulidad a un credo, o viceversa.

Entre las confesiones protestantes, a las que pertenecen cerca de la mitad de los estadounidenses, están en neta disminución las de orientación “liberal” en tema de derechos individuales. Mientras que crecen las “evangélicas”, puritanas, algunas de tradición fuertemente antipapista, pero que hoy se han acercado a la Iglesia de Roma en nombre de la común batalla por la defensa de la vida.

Entre los ciudadanos americanos crecidos en la Iglesia católica, la han dejado uno de cada tres. Pero esta pérdida ha sido compensada por la adquisición de nuevos convertidos y por la llegada de muchos inmigrantes católicos de varios países, sobre todo de América latina.

Este injerto migratorio es de tales proporciones, que está literalmente cambiando la cara del catolicismo de los Estados Unidos. Y en Roma lo saben bien, tanto es así que en el último consistorio, el 24 de noviembre del 2007, Benedicto XVI hizo cardenal a Daniel DiNardo, arzobispo de Galveston y Houston en Texas, una diócesis jamás que jamás antes había recibido el honor de la púrpura, pero donde el número de católicos está en vertiginoso aumento, así como en otras diócesis que son meta de la inmigración, por ejemplo Dallas, donde los católicos eran hace veinte años 200.000 y hoy son más de un millón, en su mayoría llegados de México.

Si se agrega que México es el país latinoamericano en el cual la Iglesia católica está más presente, incluso entre los jóvenes, con un impresionante florecimiento de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, se comprende otra novedad del catolicismo de los Estados Unidos: la disminución de su edad media. Entre los católicos con más de 60 años la gran mayoría son blancos, pero entre los de que están entre los 18 y los 40, casi la mitad son “latinos”, o sea llegados de México y de otros países latinoamericanos. Frescas adquisiciones que compensan el abandono de la Iglesia católica por parte de jóvenes blancos por debajo de los 30 años, la franja de edad más corroída por la secularización.

Durante 2007, el “New York Times” sacó a Benedicto XVI sólo dos veces en portada, contra las 25 de Juan Pablo II en el tercer año de su pontificado. Pero con su próximo viaje, el Papa Ratzinger recuperará terreno. Los Estados Unidos le parecen tierra prometedora. La diócesis de Denver, el años siguiente a la Jornada de la Juventud del 1993, registró dos mil nuevos conversos, y un aumento del 8 por ciento en la asistencia a misa.

RELIGIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS

CRISTIANOS 78.4

Protestantes 51.3
Iglesias "evangélicas" 26.3
Iglesias tradicionales 18.1
Iglesias históricamente negras 6.9
Católicos 23.9
Mormones 1.7
Testigos de Jehová 0.7
Ortodoxos 0.6
Griegos Ortodoxos <0.3
Rusos Ortodoxos <0.3
Otros <0.3
Otros cristianos 0.3

OTRAS RELIGIONES 4.7

Judíos 1.7
Reformados 0.7
Conservadores 0.5
Ortodoxos <0.3
Otros 0.3
Budistas 0.7
Budistas Zen <0.3
Budistas Theravada <0.3
Budistas tibetanos <0.3
Otros 0.3
Musulmanes 0.6
Sunitas 0.3
Chiítas <0.3
Otros <0.3
Hindúes 0.4
Otros credos 1.3
Unitarianos y otros credos liberales 0.7
New Age 0.4
Religiones de nativos americanos <0.3
Otras religiones mundiales <0.3

NO AFILIADOS 16.1

No afiliados laicos 6.3
No afiliados pero con sentimiento religioso 5.8
Agnósticos 2.4
Ateos 1.6

NO SABE / NO RESPONDE 0.8

TOTAL 100

ALGUNAS CIFRAS SOBRE LA IGLESIA CATÓLICA USA

--De cada 100 católicos,

Blancos 65
Latinos 29
Negros 2
Asiáticos 2
Otros 2

--De cada 100 católicos con más de 60 años,

Blancos 83
Latinos 15

--De 100 católicos con menos de 40 años,

Blancos 48
Latinos 45

--De cada 100 católicos,

Nacidos en los EEUU 76
Nacidos fuera 24

--De cada 100 católicos nacidos fuera de los EEUU,

52 de México
30 de otros países de América Latina
6 de Europa Occidental
5 de Asia del Este
2 de Europa Oriental
1 de África
4 de otros países

(Sondeo "Paisaje religioso de los Estados Unidos", Pew Forum on Religion & Public Life, U.S. Religious Landscape Survey)


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