850.000 votos han dado la victoria al PSOE sobre el PP. Una victoria bien ajustada. Cuando quedaba por escrutar un 12% de los votos, los socialistas obtenían doce escaños más que los populares, y se colocaban a sólo nueve de la mayoría absoluta, lo que hace prácticamente seguro que puedan conseguir con facilidad alguna de las opciones de pacto post electoral que le permitan gobernar durante esta nueva legislatura, la que nos llevará hasta el año 2.012.
De nuevo, acontecimientos anómalos y desgraciados han facilitado la victoria electoral, y nos ha colocado ante una situación en la que el partido perdedor sube siete escaños frente a los tres que sube el partido ganador, en las que el partido ganador pierde más de millón y medio de votos frente a los conseguido en 2004, y al mismo tiempo el partido perdedor pierde -valga la redundancia- casi un millón de votos, con una participación igual y un notable descalabro de la mayoría de las restantes fuerzas, destacando Izquierda Unida, como fuerza nacional, que pierde medio millón de votos. Bajan un cuarto los votos de CiU y casi un tercio los votos del PNV; bajan dos tercios los votos de ERC y Coalición Canaria, bajan los votos de BNG y sólo mantiene los suyos Nafarroa Bai.
Y sin embargo, todo ello incide de manera desigual en el número de diputados, penalizando especialmente a ERC e IU, y permitiendo mantenerse casi incólumes al resto de las fuerzas nacionalistas.
Lo que nos hace llegar a nuestra primera conclusión. Es absolutamente necesario cambiar la ley electoral para que sea verdad que un ciudadano es igual a un voto, y no como ahora, que un ciudadano canario vale el doble que un ciudadano gallego, el triple que un ciudadano catalán, así como que 267.000 votantes del PNV valgan el doble que 855.000 de IU. Se primó a los nacionalistas para que estuvieran contentos en España y al final lo que se consiguió es que sus votos sean decisivos para que se cuartée.
Bien; con este panorama, es evidente que el PSOE obtiene confirmación en las urnas para mantener su política de los últimos cuatro años. Aunque habrá que analizar las cifras pormenorizamente, han engullido a buenas parte de los votos de sus aliados radicales que le llevaron al poder. ¿A qué precio?
No existe al parecer la menor posibilidad de que las dos grandes, grandísimas, fuerzas nacionales pacten un programa de mínimos en esta legislatura que permita endereza el rumbo de España, realizar las reformas constitucionales necesarias, soldar definitivamente la estructura administrativa de la nación, e impedir la deriva secesionista que tras la legislatura que llega será ya imparable.
No existe la menor posibilidad y sin embargo es algo que quiere la mayoría de los ciudadanos e impone la sensatez. Entre PSOE y PP hay tan sólo una diferencia de 3,5% de los votos
He dejado para el final la entrada de Rosa Díez en el Congreso, porque es eso, una simple anécdota que nada añade, por más que guste a los comentaristas y haya sido promocionada como el que no quiere la cosa por los medios. Pronto descubrirá Savater el significado de tan pírrica victoria, y pronto Rosa Díez quedará engullida como tantos otros en la Carrera de San Jerónimo, sin pena ni gloria.
El resultado se veía venir, pero ha sido consolidado con toda seguridad por el atentado del jueves pasado. A mí, estas cosas me preocupan. Se ha producido un trasvase de votos esencial en función de alteraciones sentimentales claramente orientadas. Igual, -y me gusta decirlo ahora, que nadie lo dirá-, que ocurrió en el 11-M de 2004. Aquel gran pecado se ha enquistado, que es una manera de solucionarlo justamente al revés. Señal inéquivoca de una democracia muy infantil, muy débil, muy amenazada.
Alguien me dijo en estas horas que Zapatero se merecía ganar. No sé si lo decía como piropo o como denuesto. Yo abro mi humilde corazón a la posibilidad de que las cosas vayan a mejor. Y es lo único que deseo.
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No es cierto que la mayoría de españoles queramos una unión del PP y el PSOE. Los españoles que han votado al PSOE lo han hecho por miedo al PP, y no lo quieren ni en pintura. Es el PP de Losantos, con su fanatismo intolerante; de Rajoy, con sus mensajes rancios; de Acebes, con sus mentiras piadosas; de Zaplana, con sus ganas de forrars; de Esperanza, con su talibanismo de misa diaria; de los obispos y sus mitologías medievales; del "Santiago y cierra España. Con este PP, con el PP de la COPE y del MUNDO, con el PP que defenestra a sus moderados, ni pactos, ni agua.
Y si no aprenden con una segunda dosis de vacuna, les hará falta otra, y otra. Les estamos esperando.
Miércoles, 30 de mayo
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo