Hoy, durante la sesión de la mañana, en el Aula de la Congregación de la Curia Generalicia, la 35ª Congregación General de la Compañía de Jesús ha aceptado la renuncia del P. Peter-Hans Kolvenbach como Prepósito General. La elección del sucesor se llevará a cabo el sábado 19 de enero. Habrá que elegir si será 'un profeta o un sabio, un innovador o un moderador, un contemplativo o un hombre de unión', ha dicho Kolvenbach al despedirse.
El sábado se han ofrecido las traducciones oficiales de la relación del Statu Societatis cuyo original es en inglés. Es un documento de 12 páginas, reservado, sólo para los electores, y no para publicarlo ni darlo a conocer. Tampoco será debatido, si bien en los grupos lingüísticos del lunes por la tarde, los diputados de Statu SJ responderán a preguntas sobre el informe. El domingo ha sido un día de descanso.
Se ha puesto en el tablón de anuncios del Aula de la Congregación una estadística con las lenguas maternas de los congregados. 47 de los congregados tienen al español como lengua materna, y le siguen el Inglés (43) Malayo (13) Tamil (12), Francés (11), Portugués (11), Konkani (10), Polaco (7), Italiano (6), Alemán (6), Dutch (5), Catalán (4), Hindi (4). Dos congregados tienen por lengua materna el Vietnamita, Javanés, Húngaro, Euskera, Malagasy, Croata, Slovako y Árabe. El listado lo completa una treintena de lenguas maternas con un solo congregado.
En esta Congregación participan 225 jesuitas procedentes de todo el mundo. La Compañía de Jesús es una orden religiosa de la Iglesia católica, que fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1540. Es la primera orden religiosa masculina mundial en cuanto a número de miembros. Está extendida por 127 países y cuenta con 19.564 miembros. Un total de 1.534 viven en España, dedicados, en su mayor parte, a la enseñanza de élite, y la atención social, especialmente orientada hacia el colectivo inmigrante. La Compañía de Jesús distribuye su organización territorial en las llamadas “provincias”. En España hay cinco.
Una de ellas, la de Castilla, es la segunda más numerosa del mundo. La influencia de los jesuitas en España es muy notable, no sólo porque su fundador fuera guipuzcoano, sino porque buena parte de la historia de la orden, tanto la oficial como la oculta, se ha forjado en castellano, especialmente en América Latina, donde surgió la Teología de la Liberación.
Un portavoz jesuita ha calificado recientemente las relaciones entre la orden y Roma con tres adjetivos: “cordial, cercana y fluida”.
DESPEDIDA DE KOLVENBACH
Tras afirmar que el centro de la próxima Congregación "será necesariamente la elección del nuevo prepósito general", Kolvenbach opina que eligiendo "a uno u otro entre los miles de jesuitas capaces de llegar a serlo, la Compañía dice entonces a que se atiene para su devenir: un profeta o un sabio, un innovador o un moderador, un contemplativo o un hombre de unión". La Congregación General, añade, «empieza con una valoración de la situación presente, con un discernimiento sobre lo que en la Compañía es luz o más bien sombra en su servicio a la Iglesia y al mundo. De esta valoración debe saltar la «chispa»: este es el jesuita que necesitamos para avanzar por los caminos de Dios».
En entrevista con "L'Osservatore Romano" y Radio Vaticano el pasado 5 de enero, que puede interpretarse como su despedida pública, el Prepósito General saliente de la Compañía de Jesús, P. Peter-Hans Kolvenbach, ha pedido también obediencia al Papa: "En el esfuerzo intelectual que debe caracterizar a la universidad cristiana, los jesuitas del siglo XX quieren entonces seguir el camino trazado por Benedicto XVI a la búsqueda de una fe que ilumina los esfuerzos de la razón... El teólogo católico no se lamenta por no ser autónomo en su investigación y en su pensamiento, porque ni siquiera la Iglesia es autónoma en su fe. En algunos textos patrísticos la Iglesia es asemejada a la luna, porque toda la luz de la que dispone para iluminarse le viene del sol". Añadiendo sin embargo: "Cuando un teólogo, en plena fidelidad al Magisterio, lograr iluminar de manera personal y creadora las tinieblas de nuestras dudas y nuestro caminar, constituye un verdadero don del Espíritu. Ya San Pablo pide a la Iglesia asumir la fe en toda su integridad, sin apagar el espíritu que anima al teólogo".
"El jesuita es un hombre en misión: una misión que recibe del Papa, de sus superiores, pero en última instancia del Señor Jesús, Él mismo enviado por el Padre. Los jesuitas desean continuar esta misión entre los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, especialmente en donde hay más necesidad. Esto comporta una presencia en las fronteras, que alguna vez fueron fronteras geográficas de la cristiandad; y que hoy son mayormente fronteras entre el Evangelio y la cultura, entre la fe cristiana y la ciencia, entre la Iglesia y la sociedad, entre la 'buena noticia' y un mundo turbado y confundido".
Pese a que "la red de las instituciones educativas de la Compañía es tan vasta que muchos piensan que la orden ha sido fundada para el apostolado educativo", la misión "del jesuita es muy amplia y no puede restringirse a un solo campo, por más importante que sea... Una increíble variedad de opciones y de acciones apostólicas, pero en todas se deberá apreciar tres responsabilidades: anunciar la palabra de Dios, vivir la vida de Cristo y testimoniar la caridad que el Espíritu solicita y alimenta", dice.
Para el P. Kolvenbach, "la tarea de traducir a la práctica las líneas trazadas en el Concilio Vaticano no será nunca cumplida. Hace falta retomarla continuamente de nuevo, porque no se trata de modificar aquí o allá algunas prácticas de la Iglesia, sino de realizarla nuevamente, cambiando el propio corazón para dejarse tocar por el corazón de Dios. Por ejemplo el reconocimiento del rol de los laicos en la Iglesia no se puede limitar a designar a alguno de ellos en un puesto para un organigrama de la Iglesia, sino que llama a los laicos fieles a Cristo a asumir su misión específica en la Iglesia y por la Iglesia en el mundo".
"Asumir esta responsabilidad en la comunión en el Espíritu que es la Iglesia, exige una conversión del corazón. Concretamente, los numerosos movimientos eclesiales que son fruto del concilio no le piden a sus miembros una simple inscripción, sino el don de sí mismos".
"Eligiendo hablar del desarrollo post-conciliar con la expresión 'hermenéutica de la continuidad' Benedicto XVI dice que la renovación se anclará siempre en la vida de la Iglesia con su Señor que siempre hace nueva cada cosa. Nosotros no tendremos la última palabra: le toca a Él, que construye con nosotros una tierra nueva y un cielo nuevo".
CHINA E ISLAM
Hablando de la misión, corresponde una mención especial al anuncio del Evangelio en China, donde los jesuitas están presentes desde los primeros tiempos de la Compañía, «empezando por el sueño de san Francisco Javier, para seguir con la maravillosa actividad apostólica de Matteo Ricci y de sus compañeros». «Lograron predicar a Cristo con el lenguaje de la cultura y de la mentalidad china, superando los prejuicios y los sentimientos de superioridad europeos», recuerda el padre Kolvenbach. Esta tradición impulsa a los miembros de la Compañía de Jesús a no despegar la mirada de China, hasta el punto de que la Congregación «no ha renunciado nunca al deseo de servir al pueblo chino en sus aspiraciones espirituales».
Por este motivo, cuando en 1949 los jesuitas fueron expulsados de China, muchos de ellos permanecieron en países cercanos «esperando una buena oportunidad para volver a su puesto». «Para la Compañía de Jesús, aparte una presencia actual bastante modesta, todavía es el tiempo de la espera --confiesa--. Esperar que los esfuerzos de la Santa Sede para reanudar las relaciones con China nos permitan volver a una misión tan ligada a la historia de la Compañía».
Al afrontar el tema del diálogo interreligioso, el padre Kolvenbach afirma que, para sea posible el diálogo, es necesario «empezar con un sincero respeto mutuo que vaya más allá de la mera cortesía». Sin esto, confiesa, «no habrá diálogo sino como máximo confrontación». Un segundo paso, prosigue, fue señalado por Juan Pablo II cuando hablaba del «diálogo de la vida», es decir «compartir los deseos y los problemas de cada comunidad humana». En esta atmósfera de compartir los deseos y la búsqueda de las soluciones, puede darse, según el padre Kolvenbach, «un diálogo religioso con intercambio de experiencias espirituales y de prácticas religiosas en las que se dan sentimientos religiosos genuinos a pesar de las obvias divergencias». «Por último, está el diálogo religioso fundado en los elementos teológicos de ambas religiones», «reservado a los teólogos».
En el caso del diálogo con los musulmanes, comenta, los teólogos deberían «pararse respetuosamente ante un problema insoluble: la fe de los cristianos en la Santa Trinidad no puede reducirse la formulación de un monoteísmo puro como el profesado por el Islam». Esta dificultad teológica, concluye, no debería sin embargo ser un obstáculo para el diálogo de la vida «porque tanto los cristianos como los musulmanes tienen un verdadero sentido religioso de la vida y comparten la persuasión de que ‘no sólo de pan vive el hombre'».
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