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Paquistán: se aplazan las elecciones, aumentan las tensiones secesionistas, no hay opción a Musharraf

01.01.08 | 18:30. Archivado en ¿La Cuarta Guerra Mundial?
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Aplazamiento de las elecciones en Paquistán en torno a un mes. Las autoridades electorales paquistaníes han decidido "en principio" aplazar las elecciones del 8 de enero debido al asesinato de Benazir Bhutto y los numerosos disturbios que lo han seguido. La Comisión Electoral consultará a los partidos políticos para fijar la nueva fecha. Mientras, los peligros de secesión crecen en diversas regiones. El régimen de Musharraf puede parecer tocado, pero un gobierno provisional sería peor en estos momentos.

La Comisión Electoral entiende que es "imposible" celebrar los comicios en el clima de tensión que se vive en el país tras el asesinato, el jueves día 28, de la ex primer ministro Benazir Bhutto en un atentado en Rawalpindi tras un mitin electoral. Bhutto, líder del Partido Popular de Pakistán, era la máxima favorita ganar las elecciones y convertirse en la nueva mandataria de ese país, ahora su hijo tomó el relevo y quedó al frente del partido.

El Partido Popular de Pakistán de Bhutto, que podría cosechar un considerable voto de simpatía tras la muerte de su líder, dice que se opone a cualquier aplazamiento. El ex primer ministro Nawaz Sharif, que encabeza el otro gran partido de la oposición, también dice que está en contra de retrasar los comicios, aunque un importante representante de su partido dijo el martes que un breve aplazamiento sería aceptable. "Estamos dispuestos a seguir adelante incluso el 8 de enero pero (...) si hay una razón legítima naturalmente tiene que ser tomada en consideración", dijo Iqbal Jhagra, vicepresidente del partido.

El responsable de la Comisión Electoral Kanwar Dilshad dijo a los periodistas el martes que "en principio" las elecciones serían aplazadas y que la nueva fecha sería anunciada el miércoles. La comisión ha dicho que muchas de sus oficinas en Sindh, la provincia natal de Bhutto, fueron incendiadas durante los disturbios tras su asesinato, y que mucho material electoral, como listas de votantes, fue reducido a cenizas. "Informaremos a los partidos políticos sobre la situación en Sindh, donde fueron incendiadas nuestras 13 oficinas. Les informaremos sobre la situación en el terreno y luego fijaremos una fecha, en consulta con ellos", dijo Dilshad.

Los analistas prevén un aplazamiento de la votación hasta fines de febrero. Si bien aún la Comisión Electoral no ha dado una nueva fecha para las elecciones porque la decisión, aunque parece clara, ha sido aplazada hasta mañana, se evalúa retrasar la celebración en torno a un mes. Una fuente del organismo electoral citada por la cadena de televisión Dawn menciona el 11 de febrero.

Para Dilshad, "parece imposible celebrar las elecciones el 8 de enero", dado el clima de violencia desatado en el país en las protestas por el asesinato de Bhutto. Según el último balance del Gobierno, al menos 38 personas han muerto desde el asesinato de la líder opositora en medio de una oleada de protestas que ponen en peligro la transición democrática.

Uno de los motivos por los que la Comisión se inclina por el aplazamiento es, según Dilshad, que muchas de sus oficinas en la provincia de Sindh, de donde era originaria Bhutto y donde se concentraron las protestas por su muerte, fueron incendiadas por los manifestantes y gran parte del material fue quemado allí.

¿LA MUERTE DE PAQUISTÁN?

EEUU desea mantener el país unificado, pero cada vez parece más claro que le va a ser difícil lograrlo, opina Selig. G. Harrison (New York Times Syndicate, 'El Periódico' de Aragón). ¿Significa el asesinato de Benazir Bhutto el principio del fin de Pakistán? El escenario más probable para las próximas semanas es una creciente confrontación violenta entre el régimen militar de Pervez Musharraf y los encendidos activistas prodemócratas que acusan a los generales islamistas de su entorno de connivencia en el magnicidio. Musharraf tendrá suerte si evita el asesinato, ya sea a manos de los vengativos partidarios de Bhutto o de sus rivales islamistas. Además, en el clima de caos y turbulencia política emergente, los líderes de las minorías étnicas baluchi, sindhi y pastún están ya activando a los movimientos separatistas hacia la secesión del Pakistán dominado por el Punjab y la creación de nuevos estados independientes.

En Baluchistán, la indignación contra el Gobierno está alcanzando nuevas cotas, tras el asesinato de Balach Marri, el líder del Ejército de Liberación Baluchi (ELB), por el Ejército paquistaní. El ELB es uno más de la larga serie de grupos insurgentes que se han enfrentado al Ejército de Pakistán desde 1947, cuando Baluchistán fue unido a Pakistán. En el territorio vecino de Sind, hay un movimiento insurgente más dividido en facciones --electrificado por la muerte de Bhutto--, que últimamente ha unido sus fuerzas con los baluches. Juntos, baluches y sindhis, planean la creación de un Estado que, a lo largo del mar Arábico, se extendería desde la India a Irán.

Las ofensivas de Musharraf por tierra y aire --jaleadas por EEUU-- en las zonas pastunes a lo largo de la frontera afgana han matado a muchos civiles, lo que ha avivado los sentimientos latentes de secesión de Islamabad y deseo de reforzar los vínculos con los pastunes afganos que podrían derivar en un Pastunistán unificado a lado y lado de la frontera.

Los pastunes llevan siglos resistiendo incursiones punjabis. Así, las fuerzas de Al Qaeda y los talibanes que se esconden del Ejército paquistaní de mayoría punjabi encuentran allí un santuario. Desde un punto de vista histórico, hay que recordar que nunca ha habido una entidad nacional en las zonas que conforman Pakistán, creado por los británicos por razones estratégicas cuando dividieron la India en 1947. Como Narendra Singh Sarila demuestra en su estudio The shadow of the great game: the untold story of India´s partition (La sombra del gran juego: la historia no contada de la partición de la India), el alto mando británico quiso crear Pakistán porque sus posibles líderes les habían prometido que podrían instalar en él bases militares. Sesenta tempestuosos años después, por nuevos motivos estratégicos, EEUU desea la supervivencia de un Pakistán unificado, pero cada vez es más evidente que eso ya no se puede dar por hecho.

Una posibilidad más esperanzadora, aunque menos plausible, es que las fuerzas prodemocráticas se vayan haciendo más fuertes y estén más unidas sin Bhutto. Como presidenta vitalicia del Partido Popular de Pakistán (PPP), había cegado la progresión de dirigentes como Aitzaz Ahsan, un líder punjabi del movimiento de abogados contrario al Gobierno militar, que posiblemente podría unirse contra Musharraf con el exprimer ministro Nawaz Sharif, también punjabi y líder de la Liga Islámica.

¿QUIÉN ERA BENAZIR REALMENTE?

Benazir Bhutto demostró valentía y un auténtico compromiso con la democratización en su fatídico intento de dirigir a las masas paquistanís contra Musharraf. Tenía un activo político importante: era la hija del antiguo primer ministro Zulfikar Alí Bhutto, el único defensor de políticas económicas populistas de la historia de Pakistán, ejecutado por un dictador militar, Zia Ul Haq. Pero no fue capaz de sacar rendimiento de ese legado durante sus dos temporadas como primera ministra, en las que ignoró de forma notable las necesidades de los pobres y quedó salpicada por unos cargos de corrupción creíbles.

Más importante aún, ella acarreaba un bagaje que limitó el atractivo del PPP. Como sindhi, nunca fue aceptada en el círculo íntimo, dominado por punjabis, de los generales, los oligarcas terratenientes y los barones de negocios que gestionan Pakistán. Al clero musulmán que está al frente de la mayoría suní de Pakistán no solo le desagradaba la idea de que una mujer fuera líder político, sino que también sospechaba de sus posibles simpatías chiís, ya que su madre, Nusrat era de origen iraní.

Mantuve, escribe Harrison, a lo largo de los años muchas conversaciones tanto con su padre como con Benazir. Zulfikar Alí Bhutto era un hombre seguro de sí mismo que agradecía las críticas. Tenía ideas muy detalladas sobre las reformas económicas y sociales que él veía para Pakistán y le encantaba hablar de su estrategia para desbordar los intereses creados que bloqueaban las reformas. Benazir fue siempre una persona ansiosa, centrada en los problemas tácticos a corto plazo y en cómo acomodarse al poder del momento. En sus años de exilio, nunca logré que dijera qué pretendía hacer con el poder, y descubrí que era insensible a la crítica.

Hace cuatro años, comí con ella en una de sus visitas a Washington. Lamentó la idea tan extendida en EEUU de que ella y su marido, Asif Zardari, habían cedido a la corrupción en sus años en el poder y me preguntó qué podía hacer. Le dije que no había nada que ella pudiera hacer, a no ser que fuera más directa de lo que había sido en los pleitos pendientes en Europa y pudiera aportar indicios convincentes de que los cargos contra ellos no eran ciertos. Me contestó, enfadada, que había creído que ella y yo éramos mejores amigos, y nunca más me llamó en sus visitas posteriores.

Lo que no le dije fue que yo había oído distintos relatos detallados de primerísima mano que hablaban de sobornos exagerados que involucraban a Zardari durante su segunda etapa como primera ministra. Es posible, como mantienen muchos de sus seguidores, que a ella se le acusara de pecados cometidos por él. En cualquier caso, Zardari es ahora uno de los que tratan de sucederle como presidente del PPP, igual que su hermana, Sanam Bhutto, una empresaria sin ninguna experiencia política.

Si no emerge un nuevo y dinámico líder, como Ahsan, no parece que el PPP tenga mucho futuro. El candidato dentro de la jerarquía del partido postulado para suceder a Benazir, el vicepresidente Majdoom Amin Fahim, es un sindhi con poco tirón nacional. El exprimer ministro Sharif es el mejor situado para convertirse en el punto de encuentro de la oposición al Gobierno militar.

Con el tiempo, siempre que se restaure la estabilidad, deberían llevarse a cabo las elecciones. Sería la mejor manera de calmar las pasiones políticas explotadas por elementos islamistas, y de reforzar a las fuerzas políticas seculares que con regularidad han derrotado a los islamistas en la mayoría de territorios de Pakistán en las últimas elecciones. El gobierno de Bush valora mucho la importancia de Musharraf como guardián del arsenal nuclear de Pakistán y como aliado contra el extremismo islámico. Por tanto, es poco probable que cuestione a Musharraf. Benazir era el recambio mediante una transición compartida. Ahora mismo no hay recambio.


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