La enfermedad de la Unión Europea no se cura de espaldas a la gente y a los problemas
14.12.07 @ 10:47:00. Archivado en Planeta Tierra
Los gobiernos de los 27 países de la Unión Europea firmaron casi a escondidas y ostensiblemente de espaldas a los ciudadanos, el llamado Tratado de Lisboa, sucesor del fracasado proyecto de Constitución, que fue firmado en octubre de 2004 en Roma y luego no logró sobrevivir al rechazo en los referendos celebrados en 2005 en Francia y Holanda. Para evitar que suceda lo mismo, esta vez no va a haber ni siquiera consulta ciudadana. La práctica totalidad de los socios de la UE parece que lo harán por tramite parlamentario, con la excepción de Irlanda que, por ley, debe someterlo a referéndum. En países como Dinamarca o el Reino Unido, en los que existen presiones para la convocatoria de una consulta popular, sus gobiernos parecen descartarlo de momento. Así se evitar pasar por la prueba de fuego en la que naufragó la Constitución europea. Pero, ¿quién apoya esa miniconstitución vergonzante? ¿Representa a los ciudadanos del Continente?
A pesar del apoyo machacón del establishment político y mediático, la idea de una Europa unida está muerta y bien muerta. La han matado la nomenclatura de Bruselas, la dictablanda francogermana, la ineptitud de la nueva clase burocrática ante los grandes problemas como la inmigración, los engaños del proceso -como el encarecimiento del coste de la vida por la llegada del euro-, la destrucción alevosa de la ex-Yugoslavia, la ampliación improvisada, y algún que otro factor más. Una larga lista de razones por las que mucha gente ha perdido la confianza y a la mayoría le da todo igual.
En España, todo ello se agrava por el fracaso del patrocinio europeo en nuestra malograda democracia. Ni con la vigilancia europea, ni con el derecho de pernada de sus intereses sobre los nuestros, ha sido posible pasar del dicho al hecho, de las normas a su cumplimiento, de la teoría a la práctica cotidiana. El balance de nuestra incorporación a Europa es desolador. Sólo ha aumentado el dinero fácil y coyuntural. En educación ciudadana, ética individual y colectiva, separación y control de los poderes públicos, capacitación profesional y excelencia, estamos donde estábamos: al final de la cola. Con una losa especial: el proceso de desintegración del país no ha sido evitado por el europeísmo, sino espoleado por el mismo. La España de la Unión Europea está a las puertas de ser la ex-España de la Unión Europea, un conjunto de partes adheridas directamente en el curso de quizás tan solamente una década.
Bien. El proceso de ratificación del Tratado de Lisboa se pretende que esté concluido a finales de 2008 para que pueda entrar en vigor en enero de 2009. En el claustro del Monasterio de los Jerónimos, después de los acordes del Himno a la Alegría, los jefes de Estado y de Gobierno europeos, acompañados por sus ministros de Asuntos Exteriores, rubricaron con un bolígrafo de plata el nuevo Tratado, el cuarto de que se dota la UE y al que se llega tras un largo y doloroso proceso de desencuentros. La ceremonia tuvo la ausencia notable del primer ministro británico, Gordon Brown, que firmó el Tratado más tarde después de incorporarse al almuerzo ofrecido por la Presidencia portuguesa en el Museo de Carruajes de Lisboa. Inauguró las firmas del texto el primer ministro saliente belga, Guy Verhofstadt, a quien en su país no encuentran sustituto hace meses debido a 'las fuertes discrepancias entre flamencos y valones', es decir al hecho de que va a escindirse en dos de un momento a otro. El presidente francés, Nikolas Sarkozy, fue el último en llegar pero el primero en frotarse las manos, destacando que 'a partir de ahora se puedan adoptar medidas' en medio ambiente y defensa.
El presidente del Parlamento Europeo, una de las instancias que más ha contribuido al desprestigio e ineficacia de la UE, Hans-Gert Pottering, considera el nuevo Tratado como el paso que la UE necesita para encarar con éxito el siglo XXI. Dios le conserve la vista.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, pidió en su discurso a los gobiernos de la UE que 'hagan gala de la misma valentía política' que mostraron en la negociación para sacar adelante ahora el proceso de ratificación. Es decir, que no se dejen influir por la animadversión, desconfianza y oposición de los europeos a esta UE: 'es necesario que la UE tenga capacidad de decisión, y disponga de instrumentos para dar respuestas'. También instó a la unidad en el mundo actual globalizado, porque para jugar un papel en el escenario internacional 'y ser fuertes ante las grandes potencias', Europa 'necesita estar unida'. Y tuvo la osadía de citar al poeta Fernando Pessoa para señalar que:'Europa tiene hambre de creación y sed de porvenir'. Deus meus.
La ceremonia de la firma tuvo como broche final dos canciones de la portuguesa Dulce Pontes que interpretó 'Canción do mar' y 'Amar Portugal', ante un exclusivo auditorio de jefes de estado y de gobierno europeos, invitados como el Alto Representante de la UE, Javier Solana, y el ex presidente portugués Mario Soares. Pueden sonreir si quieren.
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José Catalán Deus
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