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La Conferencia Episcopal Española da a conocer sus «Orientaciones morales ante la situación actual de España»

24.11.06 | 18:55. Archivado en Vaticano y Santa Sede

La asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) aprobó en la tarde del jueves la instrucción pastoral «Orientaciones morales ante la situación actual de España». Una serie de comentaristas religiosos de izquierdas habían asegurado que no ocurriría hasta el año que viene debido a las fuertes divisiones internas.

Pero el documento fue votado por los 73 obispos presentes con 63 votos a favor, 6 votos en contra, 3 abstenciones y 1 voto nulo, una mayoría aplastante, mayor que la registrada en las últimas votaciones de este organismo. Es signo inequívoco que la CEE ha conseguido imponer un entendimiento colectivo en la línea marcada por el Papa y recordada por el Nuncio al inicio de la asamblea.

En su punto más polémico, el referente a la unidad de España, el documento no condena los nacionalismos: “La Iglesia reconoce la legitimidad de las posiciones nacionalistas, siempre que, como todo proyecto político justo, se justifiquen en referencia al bien común de toda la población directa o indirectamente afectada”; y dice que "la unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. En esta cuestión la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y respeto hacia el bien de los demás"

El documento consta de introducción, conclusión y tres capítulos titulados: «Una situación nueva: fuerte oleada de laicismo», «Responsabilidad de la Iglesia y de los cristianos» y «Discernimiento y orientaciones morales», dice el avance informativo difundido.

«En el primer capítulo se describe la situación actual y se analizan sus causas, en el segundo se realiza una llamada a superar la desesperanza, el enfrentamiento y el sometimiento y a anunciar el gran “sí” de Dios a la Humanidad en Jesucristo, y el en el tercero se propone un reforzamiento de la identidad católica para llevar a cabo cualquier acción en la sociedad y se anima explícitamente a los católicos a vivir la caridad social para el fortalecimiento moral de la vida pública», explica el anuncio.

«En este último capítulo se analizan cuestiones como la relación entre la Iglesia y sociedad civil, la democracia y la moral, el servicio al bien común, el respeto y la protección de la libertad religiosa, el terrorismo, los nacionalismos y sus exigencias morales, y el ejercicio de la caridad».

El resumen oficial facilitado por la CEE dice entre otras cosas:

"El texto pretende favorecer la comunión eclesial y animar a los católicos a participar activamente en la vida pública, al tiempo que quiere ayudar a todos a descubrir las implicaciones morales de la situación actual, con la convicción de que ello es un requisito indispensable para una sana vida democrática... se realiza una llamada a superar la desesperanza... y se propone un reforzamiento de la identidad católica para llevar a cabo cualquier acción en la sociedad... para el fortalecimiento moral de la vida pública.

"El documento destaca en este capítulo dos datos relevantes en la historia reciente de España, uno positivo y otro negativo: el advenimiento de la democracia y el desarrollo alarmante del laicismo.

"Primeramente, elogia los grandes valores morales que, sobre el trasfondo espiritual de la reconciliación, hicieron posible la Constitución de 1978, que ha propiciado treinta años de estabilidad y prosperidad, y subraya el importante papel que la Iglesia y los católicos españoles jugaron en el establecimiento de la democracia. A continuación, llama la atención sobre el peligro que supone dilapidar los bienes alcanzados y reabrir viejas heridas con una utilización de la “memoria histórica” guiada por una mentalidad selectiva.

"El documento critica el relativismo moral que, paradójicamente, pretende engrandecer al hombre, colocándolo en el centro de todo y termina por reducirlo a un mero fruto del azar, impersonal, efímero y, en definitiva, irracional.

"El laicismo radical y excluyente, impulsado por algunos sectores, está en la base de algunas legislaciones, promovidas recientemente en España, que deterioran gravemente el bien común de una sociedad, formada en buena parte por católicos. El texto expresa el deseo de los Obispos de que se pueda ir encontrando poco a poco el ordenamiento justo para que todos podamos vivir de acuerdo con nuestras convicciones sin que nadie pretenda imponer a nadie sus puntos de vista por procedimientos desleales e injustos.

"En el documento, los obispos realizan un ejercicio de autocrítica y señalan que también la falta de clarividencia y de vida santa entre los católicos han contribuido al oscurecimiento de la fe y al desarrollo de la indiferencia y del agnosticismo teórico y práctico en nuestra sociedad.

Capítulo II. Responsabilidad de la Iglesia y de los católicos

Los obispos alertan de que, en las circunstancias actuales, hay que evitar el riesgo de adoptar soluciones equivocadas... el enfrentamiento, que lleve a no caer en la cuenta de que las diferencias no tienen por qué degenerar en conflictos; y el sometimiento, que ceda a la tentación de diluir la propia identidad e incluso renunciar a ella para acomodarse al contexto social.

"(En el) Capítulo III se desgranan las siguientes cuestiones: democracia y moral, donde se explica que la democracia y los procedimientos democráticos no son la última referencia moral de los ciudadanos, y se ayuda a descubrir que los fundamentos prepolíticos de la democracia radican en la verdad del ser humano; el servicio al bien común, como fundamento de valor y de la excelencia de la vida pública; la mejora de la democracia, donde se señala que es absolutamente necesario respetar el recto funcionamiento de las instituciones, especialmente la autonomía del poder judicial y la libertad de los jueces; el respeto y protección de la libertad religiosa, donde se recoge que un Estado laico, verdaderamente democrático, es aquel que valora la libertad religiosa como un elemento fundamental del bien común, digno de respeto y protección; el terrorismo, intrínsecamente perverso, del todo incompatible con una visión moral de la vida, justa y razonable.

"En este punto se afirma que es objetivamente ilícita cualquier colaboración con los terroristas, con los que los apoyan, encubren o respaldan, y que una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político legítimo de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político.

"La Iglesia reconoce la legitimidad de las posiciones nacionalistas, siempre que, como todo proyecto político justo, se justifiquen en referencia al bien común de toda la población directa o indirectamente afectada. La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. En esta cuestión la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y respeto hacia el bien de los demás".


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