La penetración en África del 'imperialismo antimperialista' chino
06.11.06 @ 18:00:58. Archivado en Planeta Tierra
Doblará préstamos y créditos en tres años; ha multiplicado por cuatro los intercambios comerciales desde el 2000. La búsqueda insaciable de recursos africanos será un "vector estratégico" para Pekín.
El presidente chino, Hu Jintao, anunció en la apertura de la cumbre chino-africana, con representantes de alto nivel de los 53 países del continente africano, de ellos 35 presidentes, que China doblará su colaboración con las naciones africanas para 2009, a las que ha ofrecido 3.000 millones de dólares (2.400 millones de euros) en concepto de préstamos, 2.000 millones (1.600 millones) en créditos a la exportación y otros 5.000 millones de dólares (3.900 millones de euros) para inversiones chinas en África.
'La asistencia china a África es sincera, no es egoísta y no tiene segundas intenciones', subrayó el primer ministro chino, Wen Jiabao en una de las reuniones con empresarios durante la cumbre, en alusión a las fuertes críticas de grupos pro Derechos Humanos, contra los presuntos casos de violación y abuso de Derechos Humanos cometidos por China en África, y en este sentido Wen prometió garantizar que los proyectos serán 'abiertos, justos y transparentes'.
Además de la creación de una fundación para el desarrollo entre China y África y una sede de la Unión Africana, Hu se ha comprometido con los líderes africanos a que China formará a 15.000 profesionales africanos, construirá escuelas, hospitales y clínicas para combatir la malaria, además jóvenes chinos viajarán a África como trabajadores voluntarios además de expertos agrícolas. Los alumnos becados por China al continente africano ascenderán a 4.000 en los próximos tres años, el doble que ahora.
El presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, acusó en octubre a los bancos chinos de ignorar los Derechos Humanos y estándares medioambientales en África y advirtió de que la avalancha de nuevos préstamos otorgados podrían alentar la corrupción y las cargas por la deuda en los países africanos.
Pero Hu también se ha comprometido a cancelar la deuda de los países más pobres del continente africano y otorgar el estatus 'libre de impuestos' a una mayor cantidad de sus productos, con el objetivo de que aumente la importación de productos africanos en China. Según la agencia de noticias Xinhua, China ha cancelado las deudas de los países africanos más pobres que tienen relaciones diplomáticas con China, y que ascienden a 10.900 millones de yuanes (1.400 millones de dólares estadounidenses). Asimismo, el primer ministro, Wen Jiabao, explicó que China suspenderá los aranceles para 190 artículos de exportación de al menos 28 países africanos que mantienen en la actualidad relaciones diplomáticas con China, según Xinhua.
Entre partidas de ayuda y créditos comprometidas a los países africanos, China se ha esforzado enormemente en ampliar su acceso al petróleo y mercados africanos, en un intento de impulsar las relaciones económicas con el continente africano. De esta forma, las compañías estatales de petróleo chinas se están extendiendo rápidamente por África, y han firmado varios acuerdos con países como Nigeria, Angola y Sudán.
El comercio entre China y África ascendió a los 39.700 millones de dólares estadounidenses en el último año, cuatro veces más que en 2000, según admitió Wen Jiabao y urgió a superar los 100.000 millones para 2020, prometiendo que China abrirá sus mercados a más productos africanos.
Por su parte, grupos de Derechos Humanos critican que el apoyo que el Ejecutivo chino da a Gobiernos autoritarios como el de Sudán o Zimbabwe, acusados de abusos continuos y violación de Derechos Humanos. Las críticas a Beijing también se han centrado en la actitud de las autoridades chinas de tratar a África como colonia propia.
A pesar de que grupos empresariales africanos se quejan de mal trato que reciben de las compañías chinas y de la competitividad por el flujo de productos de bajo coste, un grupo de líderes africanos reiteraron hoy su deseo de impulsar relaciones comerciales más intensas con China, de cuyo boom económico de los últimos 20 años esperan aprender en un intento de reducir la pobreza en el continente.
'Las compañías chinas se han convertido en actores importantes al invertir en nuestros procesos de desarrollo', dijo en nombre del grupo de países africanos del Este, el presidente ruandés Paul Kagame.
EL 'IMPERIALISMO ANTIMPERIALISTA' CHINO'
En EEUU se ve con preocupación la política internacional china, siempre expansionista y siempre antioccidental. Un horizonte en el futuro quizás tan envenenado como el conflicto con el mundo musulmán en el presente. China es ya el tercer socio comercial de África, después de Estados Unidos y Francia. El activismo de los operadores chinos en el mercado africano preocupa a las grandes empresas occidentales. Con sus precios baratos y una mano de obra abundante, las empresas chinas se llevan casi todas las ofertas públicas en las que participan.
Dirigiéndose a los reporteros el 11 de marzo, la Secretario de Estado Condolezza Rice advertía que China podría convertirse en "una fuerza negativa" en la región Asia Pacífico como resultado de su creciente poder militar y económico. Las predicciones optimistas a lo largo de la última década de que el creciente comercio e inversión occidentales promoverían el liberalismo en Beijing han demostrado ser erróneas. El comercio ha florecido, con Estados Unidos gestionando un déficit en el 2005 por valor de 201 billones de dólares, pero los elevados beneficios para China han sido utilizados por el régimen comunista para legitimar su dictadura, opina William R. Hawkins.
China lleva implicada en África desde los años sesenta, apoyando a regímenes opresores y grupos revolucionarios en concordancia con una temática "antiimperialista", que es simplemente antioccidental. Las relaciones de Beijing con Sudán escalaron en los años 90 con la explotación de enormes reservas petroleras. Ha invertido alrededor de 10.000 millones de dólares en este país y mantiene gran colaboración con su régimen islamista. La China National Petroleum Corp., propiedad del estado, posee el 40%, el porcentaje más grande, en la Greater Nile Petroleum Operating Co. (GNPOC). La China Petroleum Engineering and Construction (CPEC), de propiedad estatal, ha construido un oleoducto desde los campos de la GNPOC hasta el Mar Rojo, y una refinería a las afueras de Jartum.
La CNPC posee la mayor parte del campo en Darfur y el 41% de un campo en Melut Basin. Otra firma china, Sinopec, está construyendo un oleoducto hasta Port Sudan en el Mar Rojo, donde la CPEC está construyendo una terminal de carga. Cerca del 70% de las exportaciones petroleras de Sudán van a China, y suponen el 10% de las importaciones petroleras de China. A cambio del petróleo, Beijing proporciona armamento y apoyo diplomático. China has suministrado a Sudán tanques, artillería, helicópteros y aviación de combate. China ha inundado Darfur de minas antipersona. Se estima que hasta el 80% de los beneficios petroleros de Sudán van a la compra de armamento, al tiempo que la población general continúa siendo una de las más pobres del mundo.
Beijing también ha ayudado a Sudán a construir sus propias fábricas para la manufactura de municiones y armas ligeras, el verdadero armamento de destrucción masiva de la campaña de limpieza étnica de Jartum. Helicópteros armados de fabricación china son operados por las petroleras chinas desde aeródromos.
DE LA REVOLUCION AL NEGOCIO
Escribía en 'Mundo Negro' Jean-Arsène Yao: "La ofensiva comercial de China está alcanzando de lleno a África. Hay ya en este continente 674 empresas chinas. Jugando siempre la carta tercermundista, la estrategia del Imperio chino suscita en el continente negro esperanza y controversia. Chu-En Lai dijo durante la guerra fría que África estaba ya madura para la revolución. Hoy, el continente africano es para los chinos un suministrador imprescindible de materias primas".
Como decimos, el activismo de los operadores chinos en el mercado africano preocupa a las grandes empresas occidentales. Más aún, cuando no ven cómo luchar con las mismas armas contra estos nuevos competidores. Con sus precios baratos y una mano de obra abundante, las empresas chinas se llevan casi todas las ofertas públicas en las que participan para la realización de edificios oficiales, viviendas sociales, construcción de carreteras, aeropuertos, presas, espacios culturales y estadios.
Antaño antiimperialista y contrapeso a Occidente, China se infiltraba en los territorios que los Estados Unidos y Unión Soviética dejaban libres. Reservaba sus obras más ambiciosas –como la construcción del ferrocarril "Tanzam" que uniría a Tanzania y Zambia–, así como los acuerdos de cooperación militar, a sus amigos ideológicos de África del Este (Etiopía, Uganda, Tanzania, Zambia, etc.) y en los países no alineados más importantes, como Egipto.
Las cosas han cambiado y la lista de los países que le solicitan ofertas se ha ampliado considerablemente: Mozambique, Camerún, R. D. de Congo, Gabón, Malí, Argelia, Marruecos, Senegal, Costa de Marfil... En 2004, las inversiones chinas se elevaban a más de 900 millones de dólares de los 15.000 millones de inversiones directas extranjeras en África.
Los ámbitos de intervención son muy amplios. Por ejemplo, en la construcción y en las obras públicas, un mercado que alcanza, según la revista norteamericana Engineering News Record, unos 12.700 millones de dólares. Este empuje económico atrae también al gigante asiático. Miles de proyectos están en curso; 500 llevados adelante exclusivamente por la empresa de Obras Públicas China Road And Bridge Corporación, que contribuyen a colocar 43 empresas chinas entre las 225 primeras empresas mundiales del sector. Beijing se ha apoderado del mercado etíope de las telecomunicaciones, renovado la ruta Mombasa-Nairobi (Kenia) y lanzado el primer satélite nigeriano.
Desde hace tres años, la China State Construcción y Engineering Corporation (Empresa Estatal de Construcción e Ingeniería) ha conseguido numerosos contratos inmobiliarios en Argelia. El número uno de las Obras Públicas chinas está perfectamente preparado: viene con su mano de obra, que aloja en el mismo sitio de las obras, y trabaja a una velocidad récord. El 29 de julio, Senegal otorgó la construcción del primer tramo de la autopista de peaje Dakar-Diamniadio, evaluado en 23.300 millones de francos CFA (unos 35 millones de euros), al consorcio integrado por Jean Lefebvre Senegal y el grupo Henhan China.
Último ejemplo, la China Road and Bridge Corporación (CRBC) consiguió, a finales de agosto de 2005, la rehabilitación de 13 kilómetros de carreteras en Duala y sus alrededores, delante de candidatos tan famosos como el consorcio franco-alemán Sogea Satom y los holandeses Koop. La CRBC simplemente se mostró menos golosa, permitiéndole al gobierno de Camerún ahorrar un 30 por ciento en relación a sus previsiones.
ASALTO A LAS MATERIAS PRIMAS
En 1977, el valor global de los intercambios comerciales entre China y el continente negro alcanzó los 817 millones de dólares, pasó a 2.000 millones de dólares en 1999 y alcanzó los 29.600 millones en 2004. En los años 1980, mientras el Norte y la URSS se retiraban de África y la ayuda occidental al desarrollo caía a la mitad, Beijing mantuvo sus vinculaciones para más tarde tomar una parte activa en la explotación de las materias primas del continente.
Segundo consumidor de crudo del planeta, más del 25 por ciento de sus importaciones de petróleo provienen del área que va desde el golfo de Guinea hasta Sudán, pasando por Chad. Angola, de donde importa el 25 por ciento de la producción de petróleo, se ha convertido en su segundo socio comercial en el continente. La sed de un país que se verá obligado a importar el 60 por ciento de su energía en 2020 no tiene fronteras.
Si África representaba sólo el 2 por ciento de los intercambios comerciales chinos en 2004, el continente se ve especialmente beneficiado con su “política de apertura”: en los años 1990, el volumen de los intercambios comerciales entre Beijing y el continente aumentó un 700 por ciento y, desde la organización, en el año 2000 en Beijing, del primer foro chino-africano, se firmaron más de cuarenta acuerdos, duplicando el valor global de los intercambios en cuatro años. Experta en el montaje de proyectos con el Banco Mundial, China está incluso pensando en elaborar un “paradigma de la globalización que favorezca a África”.
Las 674 empresas públicas chinas implantadas en el continente colocan sus fondos tanto en los sectores en real desarrollo, desde las minas –ha retomado ciertas actividades de Gécamines congoleña–, hasta la pesca, pasando por la explotación de la madera o la telefonía, como en otros sectores que los occidentales consideran poco rentables. Así es cómo reactivó la explotación de las minas de cobre zambianas de Chambezi y la búsqueda petrolera en Gabón, cuyas reservas están a punto de agotarse.
La ofensiva económica y comercial de China va acompañada, generalmente, de una intensa actividad diplomática. Las relaciones con Sudán son un ejemplo de una estrategia sin escrúpulos. El cinismo de Beijing se hizo evidente cuando, en septiembre de 2004, se votó la resolución 1.564 del Consejo de seguridad de la ONU, que decretaba un embargo de armas a ese país. Sobre el telón de fondo de las matanzas en Darfur, el embajador chino en la ONU, Wang Guangya, amenazó con imponer su veto antes de abstenerse.
Este incidente permitió evaluar la solidez de los lazos entre Beijing y Jartum; desde la Compañía Nacional de Petróleo de China (CNPC) hasta la Zonggyuan Petroleum Corporation, trece de las quince primeras empresas extranjeras implantadas en Sudán son chinas. Atrás quedaron los diez años de presencia en los campos petroleros de Muglad (en el Sudán Meridional) y la importación del 50 por ciento del crudo local.
¿UNA COOPERACIÓN SIN CONDICIONES?
Algunos observadores africanos no dejan de interrogarse acerca de los límites de la política comercial china y la competencia directa que ciertos productos asiáticos –del textil al acero– hacen sobre el entramado económico africano. Sudáfrica, primer socio africano de China, está enfrentado “a una apetitosa colaboración y una aterradora amenaza”, señala Moeletsi Mbeki, vicepresidente del Instituto surafricano de Asuntos Exteriores de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. “A cambio de las materias primas que les vendemos –asegura Moeletsi Mbeki–, compramos sus productos manufacturados. Y eso no puede tener más que un resultado previsible: una balanza comercial negativa. ¿No estamos asistiendo a la repetición de una vieja historia?”
El hecho es que el déficit comercial de Pretoria con Beijing ha pasado de 24 millones de dólares en 1992 a más de 400 millones de dólares en la actualidad. En septiembre de 2004, una de las principales organizaciones miembro de la poderosa federación sindical COSATU amenazó con boicotear a los vendedores de productos chinos, acusados de contribuir a la subida del paro.
La perplejidad es la misma en la avenida Charles-de-Gaulle en Dakar, donde los productos chinos baratos –desde zapatos hasta medicamentos– invaden las aceras y estanterías, mientras que los talleres textiles de Lesotho están en peligro por el fin del acuerdo multifibra en enero de 2005.
Frente a estos interrogantes, el socio chino multiplica las promesas, los regalos y las medidas simbólicas con un continente al que ha condonado 10.000 millones de dólares de deuda bilateral desde el año 2000. Diez mil africanos se están formando en Beijing, en el marco del Fondo de Desarrollo de los Recursos Humanos para África creado por el gobierno chino.
También se ha informado de que las fuerzas de seguridad chinas han ido más allá de sostener simplemente una postura defensiva entorno a los campos del petróleo. Podrían estar apoyando activamente las operaciones de las tropas gubernamentales organizadas y de las milicias criminales a la vez, encaminadas a eliminar las tribus africanas negras no musulmanas que habitan en las zonas del sur del país ricas en petróleo.
Un informe del Civilian Protection Monitoring Team financiado por Estados Unidos investiga tales ataques, afirmando que las tropas gubernamentales "han buscado abrir el camino a la prospección petrolera y crear una zona de seguridad alrededor de los campos de petróleo".
Las instalaciones petroleras son operadas y gestionadas por "empleados invitados" chinos que garantizan el control de Beijing. David Blair, reportero del London Telegraph ha informado haber visto "vallas publicitarias en Jartum mostrando imágenes de empleados petroleros chinos sonriendo y el eslogan: 'CNPC -- Tu amigo íntimo y socio de confianza'".
Desde el nuevo estallido de guerra civil en el 2003, al menos 200.000 personas han sido asesinadas por el gobierno o por fuerzas de la milicia, y alrededor de 2 millones de personas -- la mitad de la población de Darfur -- viven en campamentos de refugiados bajo constante amenaza.
Rice declaró al Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara el 16 de febrero que el genocidio continuaba en Darfur, como vio ella con sus propios ojos cuando visitaba el país en el 2004. Pero aún así, la administración Bush ha evitado escrupulosamente mencionar China y Sudán en el mismo discurso.
El pasado julio, Liang Guanglie, el general en jefe del Ejército de la Liberación del Pueblo Chino garantizaba a su homólogo sudanés Abbás Arabi Abdalá que sus vínculos cercanos se prolongarían, citando su "fructífera cooperación en los terrenos político, económico y cultural". El General Liang también agradeció a Sudán su apoyo a la política "una sola China" contra Taiwán (a la que Beijing considera una provincia renegada del mismo modo en que Jartum piensa en Darfur), y el apoyo de Jartum a Beijing en materia de derechos humanos.
El Consejo de Seguridad de la ONU consideró en septiembre una resolución, la 1564, en la que se amenazaba a Sudán con sanciones petroleras si no ponía freno a la violencia en Darfur.
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José Catalán Deus
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