Por un movimiento ciudadano en toda Europa contra los absurdos cambios de horario
30.10.06 @ 13:31:14. Archivado en Mente, Cuerpo y Espíritu, Españas
Los gobiernos obligan dos veces al año a los ciudadanos a un esfuerzo inútil. En España, el horario veraniego es doblemente nefasto, por prolongar el ya de por sí excesivo sol y calor que sufre la mayor parte del país. Y el horario invernal llega de golpe agravando la tendencia natural de los días a acortarse y produciendo no pocos trastornos. El año que viene, la UE debe reconsiderar la medida: será el momento de terminar con este aberrante absurdo. Diversos sondeos indican que una mayoría de la población no aprueba el cambio de horario dos veces al año, que agudiza las diferencias entre estaciones, causa trastornos físicos y mentales, y no se justifica de ningún modo.
El cambio de hora comenzó a generalizarse, aunque de manera desigual, a partir de 1974, cuando se produjo la primera crisis del petróleo y algunos países decidieron adelantar sus relojes para aprovechar mejor la luz del sol y consumir menos electricidad en iluminación. Desde entonces se arrastra porque ningún burócrata se decide a detener la tontería. Es la Unión Europea la que obliga a una medida general que si para los británicos puede tener algún sentido, no lo tiene en absoluto para los españoles, que ya tenemos bastante sol sin necesidad de ampliarlo.
Afortunadamente, este será el último año de aplicación de la actual directiva europea, la IX, que regula en la Comunidad Europea el Cambio de Hora, ya que en 2007 la Comisión debe emitir una nueva para regular en qué fecha y minuto entra en vigor esa medida. Sería necesario un movimiento popular que eliminara tan nefasta costumbre.
Dado que la propia directiva establece un plazo de vigencia para esta medida de cinco años, la Comisión tendría que publicar en 2007 en el Diario Oficial de las Comunidades Europeas una comunicación que incluya el calendario de fechas de inicio y fin de la hora de verano para el quinquenio siguiente. Además, la Comisión tiene que presentar antes del 31 de diciembre de 2007 al Parlamento Europeo, al Consejo y al Comité Económico y Social un informe sobre la incidencia de la aplicación del cambio de hora en los sectores afectados. Ese informe se elaborará a partir de la información aportada por los Estados miembros antes del 30 de abril del año que viene.
'Ciudadanos por la hora solar', podría llamarse la iniciativa: dejemos a las estaciones y las latitudes establecer el horario de siempre. No introduzcamos otro factor de artificialidad en nuestras ya castigadas vidas de ciudadanos agobiados y cabreados. En verano, con sol hasta las diez de la noche, más calor, más ruido, menos descanso, más estrés, menos calidad de vida. En invierno, según el profesor de Neurología de la Universidad Complutense, Eduardo Varela de Seijas, "da lugar a una serie de alteraciones no sólo neurológicas sino, en general, biológicas. Aquel enfermo que muestra predisposición a tener fases depresivas, que tiene dolores de cabeza, jaquecas o migrañas, es más susceptible ante la ruptura de ese ritmo vital".
El neurólogo advierte de que los efectos positivos sobre el ahorro de energía podrían llegar a verse neutralizados por lás pérdidas que se producen en el ámbito laboral. "Probablemente nos llevaríamos la sorpresa de que el ahorro no es tanto". No es una sorpresa: el ahorro conseguido es una ridiculez en la sociedad actual. Los prejuicios del cambio dos veces al año, son muchos. Hay que volver a la hora de siempre, a la hora GMT, a la hora solar. Y aceptar las estaciones, y no querer modificar lo que siempre ha sido así, porque los perjuicios son incomparablemente mayores a los hipotéticos beneficios.
Siempre se ha dicho que la modificación del reloj para adaptarse al invierno implica un ahorro de energía, ya que se aprovechan mejor las horas de luz natural. Bueno, en el conjunto de los hogares se pueden gastar 60 millones de euros menos. Una ridiculez.
Para justificar el horario de verano, establecido desde el 26 de marzo hasta este pasado fin de semana, se argumenta oficial y burocráticamente que el ahorro en iluminación en el sector doméstico puede representar un 5 por ciento, y en el industrial un 3 por ciento. Si el consumo medio de una familia es de 3.200 kilovatios/hora, el ahorro sería de algo más de 6 euros por hogar en verano. ¿Y el aumento de gasto en ventiladores y aire acondicionado, y la aberración de que sea de día a las diez de la noche, y el sinsentido de prolongar las horas de calor y de sol en un país asolado por sequías y desertización?
Habría que organizarlo desde ahora: ¡Por un movimiento ciudadano europeo contra los absurdos cambios de horario!
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José Catalán Deus
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