Una monja italiana, que trabajaba como voluntaria en un hospital de Mogadiscio, fue asesinada hoy a balazos por hombres armados en la capital de Somalia. El crimen parece directamente vinculado a las recientes declaraciones del Papa sobre el Islam: una fuente del movimiento islamista somalí lo reconoció. Durante 'la crisis de los doce chistes' del pasado invierno fueron asesinados sacerdotes en Turquía, Nigeria e India. En Sukkur, Paquistán, destruyeron la iglesia de Santa María después de destruir la principal iglesia protestante. Los incendios de iglesias en Paquistán, se sumaron a otros anteriores en Libia, Nigeria, Irak, India, Filipinas y Egipto. Cientos de cristianos fueron atacados y su bienes destruidos, y varias decenas fueron asesinados. Todo ello culminó con la condena a muerte, luego revocada, de un afgano cristiano por abandonar el Islam. Todavía en gran parte del mundo musulmán la gente está obligada a creer en Mahoma bajo pena de muerte. Otros países con 'sharia' vigente son Sudán, Arabia Saudí y el norte de Nigeria. Tres católicos siguen condenados a muerte en Indonesia de forma tan irregular que se han movilizado a su favor defensores de los Derechos Humanos cristianos y musulmanes, tanto a nivel nacional como internacional.
La religiosa, de 65 años y que pertenecía a las misioneras de la Consolación, trabajaba en una escuela de enfermería junto a otras dos monjas italianas. Se les había aconsejado abandonar el país por los problemas de seguridad, pero habían preferido permanecer para seguir con sus labores en el hospital.
La voluntaria, que recibió tres disparos, falleció en el hospital. El director de la sala de prensa del Vaticano, padre Federico Lombardi, afirmó que el asesinato constituye "un episodio horrible" que "esperamos sea un hecho aislado", comentando con tristeza la noticia.
¿ES AÚN POSIBLE LA COEXISTENCIA?
El auge del islamismo radical y de la inquina contra las minorías cristianas en el Islam preocupa al Papa hasta el punto de ser sometido a reflexión a la cumbre extraordinaria de cardenales que se reunió en Roma esta primavera. Todo indica que muy mayoritariamente la cumbre se mostró partidaria de una postura más enérgica frente a gobiernos e instituciones musulmanas en defensa de la reciprocidad de trato. Si los musulmanes son libres en Occidente (pueden libremente practicar su religión y realizar proselitismo), los cristianos deben ser libres en el Islam.
Con la sacudida experimentada en el mundo musulmán por la publicación de doce inofensivos chistes en Dinamarca, se han podido constatar brotes de violencia sectaria contra las minorías cristianas en bastantes países.
Fueron asesinados sacerdotes en Turquía, Nigeria e India. En Sukkur, Paquistán, por una disputa familiar en la que, en un intento desesperado de hacerse con una casa, un hombre que se había convertido del cristianismo al Islam acusó a su suegro de haber quemado páginas del Corán. Cuando el caso se hizo público, la ira se apoderó de los musulmanes, ya soliviantados por la controversia en torno a las caricaturas de Mahoma. Una turba de miles de personas pertrechadas con explosivos y bombas incendiarias se encaminaron a esta ciudad de la provincia de Sind, donde derribaron las verjas de la parroquia y prendieron fuego a todo lo que se interponía en su camino. Los atacantes destruyeron la iglesia de Santa María después de destruir el interior de San Salvador, la principal iglesia protestante de Sukkur, que quedó reducida a una ruina chamuscada.
Los incendios de iglesias en Paquistán, se sumaron a otros anteriores en Libia, Nigeria, Irak, India, Filipinas y Egipto. Cientos de cristianos han sido atacados y su bienes destruidos, y varias decenas han muerto. Todo ello ha culminado con el anuncio reciente de que un afgano cristiano sería condenado a muerte por abandonar el islam, pues la 'sharia' vigente en el país condena con la pena capital a todo musulmán que reniega de su religión para convertirse a otra. Aunque salvara la vida por la presión occidental, la alucinante historia de Abdul Rahman demuestra que todavía en gran parte del mundo musulmán la gente está obligada a creer en Mahoma bajo pena de muerte. Otros países con 'sharia' vigente son Sudán, Arabia Saudí y el norte de Nigeria.
Simultáneamente tres católicos siguen condenados a muerte en Indonesia de forma tan irregular que se han movilizado a su favor defensores de los Derechos Humaos cristianos y musulmanes, tanto a nivel nacional como internacional. «Amnistía Internacional» hizo un llamamiento al presidente Susilo Bambang Yudhoyono para que se cancelara la pena capital. El PADMA, grupo de abogados de diferentes religiones, halló nuevos testimonios a su favor y solicitó la reapertura del caso al Tribunal Supremo.
Tras un primer momento de silencio en los primeros estallidos de la crisis de los doce chistes durante el invierno pasado, cuatro alto cargos vaticanos terminaron expesando públicamente su preocupación. El ento nces Secretario de Estado Vaticano -cargo equivalente al de primer ministro-, Cardenal Angelo Sodano, declaró a los periodistas en Roma: “Si le decimos a nuestra gente que no tienen derecho a ofender, tenemos que decirles a los otros (los musulmanes) que no tienen derecho a destruirnos”. Por su parte, Mons. Giovanni Lajolo, entonces ministro vaticano de Exteriores, comentó al diario Corriere della Sera que la Iglesia “debe siempre intensificar su demanda de reciprocidad en los encuentros políticos con las autoridades islámicas y debe hacerlo aún más en los encuentros culturales”. También el Secretario de la Signatura Apostólica, Mons. Velasio De Paolis, comentó al diario La Stampa que “ya hemos tenido suficiente con poner la otra mejilla. Es nuestro deben protegernos. Occidente mantiene relaciones con los países árabes por más de 50 años y no se le ha concedido ni lo más mínimo en cuanto a derechos humanos”. Asimismo, el Obispo Rino Fisichella, Rector de la Pontificia Universidad Lateranense, señaló al mismo diario que “debemos presionar a las organizaciones internacionales y a los estados de mayoría musulmán para que asuman sus responsabilidades”.
"El fruto de la fe en Dios -había dicho el Papa en uno de sus Angelus dominicales- no son los antagonismos devastadores, sino el espíritu de fraternidad y de colaboración por el bien común. Dios, creador y Padre de todos, pedirá cuentas todavía con más severidad a quien derrama en su nombre la sangre del hermano". Días antes, recibiendo las cartas credenciales de Ali Achour, nuevo embajador de Marruecos ante la Santa Sede, recordó que "en el contexto internacional actual, la Iglesia católica está convencida de que, para favorecer la paz y la comprensión entre los pueblos (...) es necesario y urgente que las religiones y sus símbolos sean respetados, y que los creyentes no sean objeto de provocaciones que hieran (...) sus sentimientos religiosos.".
"Sin embargo, la intolerancia y la violencia -agregó el Santo Padre- jamás pueden justificarse como respuestas a las ofensas, porque no son compatibles con los principios sagrados de la religión. Por eso, no podemos sino lamentar las acciones de los que sacan provecho deliberadamente de la ofensa causada a los sentimientos religiosos para fomentar actos violentos, ya que su fines son extraños a la religión".
En mayo de 2004 tuvo lugar en Doha, Qatar, una cumbre islamo-católica en la que estuvieron por parte católica el cardenal Jean-Louis Tauran, entonces ministro vaticano de exteriores, y Fitzgerald, ya en la época presidente del pontificio consejo para el diálogo interreligioso; y por parte musulmana, representando a un llamado Comité Permanente Al-Azhar para el Diálogo con las Religiones Monoteístas, el primer imán de la mezquita cairota de Al Alzhar, Muhammad Sayyed Tantawi, (permanente legimitimador del terrorismo suicida palestino), y uno de los principales líderes del islam sunita, Yusuf Al Qaradawi, el mismo al que se acusa de haber impulsado la crisis de los doce chistes, miembro destacado de los Hermanos Musulmanes, fundador en 1997 del European Council for Fatwa and Research con sede central en Irlanda, y el predicador más influyente en el islam europeo. De la reunión nada se filtró, pero la realidad es que el Vaticano y el Papa deben sin duda estar haciendo un gran esfuerzo para aguantar la escalada de violencia e inquina contra las minorías cristianas en casi todos los países musulmanes.
UNO DE LOS CUATRO GRANDES TEMAS DE LA CUMBRE DE CARDENALES
El diálogo con el Islam es una necesidad pero hay que encontrar la forma de llevarlo a cabo, vue una de las impresiones generales tras la cumbre del Colegio cardenalicio la pasada primavera. Es como decir nada, pues en estas formas y su reciprocidad donde radica el problema. En declaraciones a la prensa ese mismo día, el neocardenal Jean Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos y presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, reveló: «Hemos hablado de los derechos humanos en los países musulmanes, de la situación de los cristianos en esos países y de los aspectos inquietantes del Islam». Asimismo Ricard contó que algunos cardenales constataron «que es posible estar cerca de los musulmanes en la defensa de valores humanos», es decir mantener la alianza estratégica frente al secularismo occidental que ya mantuvieron en las cumbres de la Onu de El Cairo y Beijing durante la década pasada.
«El diálogo con el Islam es una obligación para la Iglesia», declaró al salir del encuentro el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. De lo que se trataría es de dar con la fórmula de acrecentar la colaboración entre las dos religiones en la arena internacional, mientras se consigue respeto para las minorías cristianas en el mundo musulmán, y reciprocidad de trato, es decir libertad de culto y de expresión tal como tienen los musulmanes en Occidente.
El tema fue introducido por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, para analizar oficialmente «la posición de la Iglesia católica, y de la Santa Sede en particular, frente al Islam, hoy». Diversos cardenales tomaron la palabra sucesivamente sobre el argumento, pero casi nada trascendió de las intervenciones.
EL IMPOSIBLE DIÁLOGO ENTRE LAS DOS RELIGIONES
En su último período como prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe, Benedicto XVI, manifestó su interés a los obispos por comprender cómo sería posible para la Iglesia entablar diálogo con el Islam. Así sucedió, por ejemplo, en la última visita «ad limina apostolorum» realizada por obispos españoles al final del pontificado de Juan Pablo II, como ellos mismos confirmaron a una agencia católica.
No es un secreto que el Vaticano está dividido entre los que propugnan una actitud más firme y menos diplomática y los siempre partidarios de la 'realpolitik' tan cara en el siglo pasado a la diplomacia vaticana. Recientemente ha habido diversos episodios que han servido para detectar grandes divergencias en el tratamiento del tema.
Al Qaeda y el islamismo fanático querrían arrastrar a las iglesias cristianas a una espiral de enfrentamientos verbales que calienten aún más la excitación de las manipuladas masas árabes y musulmanas. Pero presentar la otra mejilla, la esencia del mensaje cristiano, tiene un límite en la vida real, y ese límite se está rozando.
EL JESUITA MADIGAN
El sacerdote australiano Daniel Madigan S.I. es presidente del Instituto para las Culturas y las Religiones de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma y fue nombrado nombrado por Benedicto XVI consultor para las relaciones con los musulmanes del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, decía el pasado septiembre sobre la posición de Bnedicto XVI: "Hay que notar la ausencia del lenguaje de combate, lucha, discordia y guerra en su discurso. No es simplemente un optimista, sino que parece que se da cuenta de que hablar de un choque de civilizaciones puede convertirse en una profecía autorrealizable".
"Es demasiado pronto para resumir la aproximación global del nuevo pontífice hacia los musulmanes y compararlo con los largos años de trabajo en este campo realizados por Juan Pablo II. Para mí, algunos puntos de su conversación con los representantes musulmanes en Colonia muestran algo de su estilo. El Santo Padre llama varias veces a sus interlocutores «queridos y estimados amigos musulmanes» y yo entiendo que la repetición de estas palabras --que no estaban en el texto que se dio a los periodistas-- reflejan su pensamiento espontáneo. Este es, en mi opinión, un signo importante del tono que desea que tenga la Iglesia. No es nuevo, pero tenemos que subrayarlo en estos tiempos en los que las posiciones se han polarizado mucho'.
'Es más, ha reafirmado el documento del Concilio Vaticano «Nostra Aetate», diciendo que es la carta magna del diálogo. Esto para mí es significativo en un momento en el que algunas personas están intentando cuestionar la autoridad de las posiciones que el Concilio expresó en aquel documento. El Santo Padre en ese discurso no habla nunca de «Islam», aunque dos veces habla de la fe islámica. Esto es importante porque tendemos a pensar en el Islam como si fuera una sola cosa. Estamos saturados de ello, porque nos parece demasiado grande. Y sin embargo el Papa Benedicto insiste repetidamente, como hizo ya el Concilio, en hablar de personas, no de sistemas, de musulmanes, ni de Islam. La gente a veces es escéptica sobre la posibilidad del diálogo; y hay un motivo: han perdido de vista a los creyentes actuales, sus vecinos y colegas de trabajo, los ciudadanos, y se imaginan que el diálogo tiene que ver con antiguos textos y doctrinas históricas. Sólo la gente puede dialogar'.
'No creo que nuestras diferencias surjan de cuestiones teológicas. Con paciencia y trabajo duro podemos llegar a clarificar la comprensión de cada uno en su distinta manera de creer en el único Dios. Lo que es más difícil es llegar a la raíz de la rabia, del resentimiento y del sentido de alienación que muchos musulmanes (y no sólo musulmanes) experimentan y que son explotados de manera creciente para incrementar reacciones violentas’.
Lunes, 13 de febrero
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
Pedro Tarquis
Angel Moreno
Juan Jáuregui Castelo
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
José Mª Castillo
Sor Gemma Morató
Julián Moreno Mestre