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Sipnosis del libro 'De Ratzinger a Benedicto XVI, los enigmas del nuevo Papa'

27.05.06 | 19:54. Archivado en Sobre el autor y la publicación
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Joseph Ratzinger parecía predestinado a llegar a lo más alto. Siempre quiso ser sacerdote, siempre quiso ser teólogo, siempre quiso enseñar las verdades de su iglesia. En su vida no hay vacilaciones sino una vocación inamovible de revivir la tradición, de avanzar reafirmando las esencias, del sentido del deber.

Al llegar el año 2.000, implantado el 'wojtylismo', hubo que asegurar la continuidad de este proyecto histórico. Y contra todo pronóstico, el amigo de confianza y el sostén doctrinal tuvo que protagonizar la sucesión de Juan Pablo II.

La cúpula de la Iglesia católica, en nombre de mil millones de seguidores, ha hecho de Benedicto XVI su 265º pontífice. El nuevo papa no es un arcángel recién bajado de los cielos ni un inquisidor confundido de época: es un anciano intelectual que desde niño quiso vestir la púrpura. Aproximarse a su biografía es descubrir un triunfador nato, un puño de hierro en guante de terciopelo. Conociendo su vida y analizando las primeras semanas de su pontificado podremos detectar las claves de su papado.

Benedicto XVI el Recto, o el Piadoso o el Estricto, que de todas estas maneras podría ser denominado. De Guardián de la Fe a Cruzado 'Neocon'. Ha llegado 'el azote de los progres'. Tiene legiones de partidarios y detractores, no deja a nadie indiferente. Bueno será enfrentarse a los enigmas de su pontificado.

PRESENTACIÓN DE LA OBRA

La ascensión al papado de Benedicto XVI ha sido un aldabonazo dentro y fuera de la iglesia católica del que aún no nos hemos recuperado. El hombre más criticado y denostado, la encarnación de una ortodoxia siempre incomprendida, del conservadurismo peor visto, se imponía en una campaña electoral arrolladora y un cónclave convertido en paseo triunfal.

Nunca un papa había antes publicado tantos libros, pronunciado tantos discursos, participado en tantos coloquios y concedido tantas entrevistas. Así que todo indicaba que nunca antes habíamos sabido tanto de un papa.

Pero a medida que se profundiza en su biografía aparece el enigma de un hombre desconocido, los enigmas de una vida de la que creyendo saberlo todo, no sabemos casi nada. Un niño que quería ser obispo, un adolescente que pasó por la guerra mundial sin enterarse, un estudioso vocacional que asciende raudo a la cátedra, un teólogo brillante que aprovecha la oportunidad sin par de un concilio para demoler siglos de rutina tomista, y que se da cuenta pronto de que el derribo debe dar paso al apuntalamiento si no se quiere ver caer todo el edificio. Un sacerdote siempre entre libros, con fugaces experiencias parroquiales y diocesanas, las mínimas necesarias para redondear un currículo y conseguir un conocimiento suficiente de las dificultades reales de los curas y obispos de nuestro tiempo. Y finalmente, un cardenal que accede a la púrpura a los 50 años, justo a tiempo para llegar a otra cita providencial, dos cónclaves seguidos en 1978, para influir decisivamente en el segundo, el que elige a Juan Pablo II, y para convertirse en imprescindible en la nueva etapa, tan imprescindible que no le cabrá más remedio que hacerse cargo él mismo de su continuidad con un nombre, Benedicto XVI, que quiere significar una nueva propuesta militante y visionaria destinada a conservar las esencias en una Europa a punto de paganizarse.

Y a medida que se estudian con atención sus primeras semanas de pontificado, el enigma, los enigmas, no sólo no se despejan sino que se complican hasta el punto de que al igual que debemos reconocer que no sabemos quien es en realidad Joseph Ratzinger, tampoco podemos prever cómo va a ser Benedicto XVI.

Se ha mostrado cauto, piadoso y ritualista. Ha repetido mil veces que lo importante es la fe en Cristo y el sacramento de la Eucaristía dentro de una misa sentida y no rutinaria. Ha tomado medidas contra un jesuita muy crítico con el que llevaba polemizando cinco años, y contra un obispo que permitía 'misas' oficiadas por mujeres en hábito litúrgico. Ha pedido relaciones diplomáticas a China dispuesto a concesiones con tal de abrir un 'mercado' religioso tan vital para la suerte global. Ha cambiado varias liturgias; ha reiterado a los curas que hay que ser mejores; su primer documento ha sido de carácter administrativo, el reglamento de San Giovanni Laterano, la segunda iglesia de la cristiandad tras San Pedro. Y ha bajado a la calle empuñando el Santísimo, marchando en procesión por las calles de Roma, cosa que no suelen precisamente hacer los papas en los últimos siglos.

Y sobre todo, ha mandado 35.000 neocatecúmenos a evangelizar Europa este verano y ha declarado una ofensiva general contra el laicismo que amenaza con borrar el catolicismo del horizonte europeo, ofensiva en la que ha tomado Italia como segura base de operaciones y en la que España se perfila como terreno preferente de combate, la batalla de las batallas por el alma del continente.

Este libro nace del deseo de conocer y aportar elementos de juicio sobre la personalidad del nuevo Papa. Se inicia con un recorrido detallado de las primeras semanas de su pontificado; continúa relatando como en las más altas instancias vaticanas y con el conocimiento de su antecesor se lanzó y forjó su candidatura al iniciarse el tercer milenio; cómo ésta fue consolidándose mientras la salud del papa Wojtyla se deterioraba irremediablemente, en una carrera contra reloj en la que lo viejo se consumía y lo nuevo surgía de su savia en la pura continuidad de la existencia. Y sigue con la biografía de Joseph Ratzinger, una biografía que pensamos debe conocerse de delante atrás, del hoy al ayer del personaje, desde su cargo de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe durante los últimos 23 años al nacimiento una fría primavera de 1927 de un niño casi predestinado, pasando por el arzobispado de Munich, las sucesivas cátedras universitarias, el impacto de mayo del 68, el protagonismo en el Concilio Vaticano II, la forja de un teólogo, la experiencia parroquial de un joven sacerdote, y unos primeros años que hacían presagiar que alguien importante para el catolicismo había nacido en Centroeuropa.

Es así como se comprende a este gran personaje, frente al que un biógrafo no puede por menos que acobardarse, aún cuando se trate de un trabajo modesto de aproximación como éste. Benedicto XVI estaba ya en los genes de Joseph Ratzinger, destinado a ser el 265º Pontífice con una misión: hacer frente a los desafíos históricos que amenazan la misma existencia de la iglesia católica.

BENEDICTO XVI ‘IN PERSON’

Joseph Aloysius Ratzinger es el Papa de más edad desde 1730, y es el primer teólogo que sube al trono de Pedro en un siglo, un caso excepcional de pontífice ideólogo.

Sostén y amigo de su antecesor, no se sabe quién de los dos influyó más en el otro. Pero cuando, cumplidos los objetivos del año 2.000, tuvieron que plantearse la inminencia de la sucesión en el papado, debieron comprender que la única manera de asegurar su proyecto histórico, era la continuidad por encima de todo, que el guardián de la fe subiera al trono de Pedro.

En los últimos años de Juan Pablo II, en sus últimos meses de enfermedad y en los días de su agonía, la candidatura del cardenal Ratzinger se afirmó por encima de todas. Y entre el 2 y el 18 de abril de 2005, -el período de interregno-, se ataron todos los cabos para un cónclave triunfal, uno de los más fáciles de la historia.

Este Papa, forjado de una pieza y con modales exquisitos, es una apuesta arriesgada que tiene en contra una parte de su iglesia y muy poderosas fuerzas sociales. Es un católico a machaca martillo, de una tierra muy católica que alumbró también el Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler.

Ve la teología como el estudio de la Biblia dentro de la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo, y para él hay solamente dos clases de teólogos, los que quieren reforzar la iglesia y los que quieren destruirla. Benedicto XVI se ha pasado toda la vida estudiando teología para llegar al punto de donde partía: el secreto está en tener fe, fe en Cristo, todo lo demás es accesorio. Pero con ello no hace sino nombrar el problema de muchos católicos hoy día. Más difícil va a ser que retornen a la iglesia y acepten su autoridad.

“Lo más importante para mí es y ha sido siempre no apartarme de la dirección que quedó grabada en mi vida desde la niñez, y permanecer en ella siendo fiel”, ha dicho resumiendo su vida. Esa dirección pasa por enfrentarse a varios siglos de desarrollo intelectual occidental en pos de la subjetividad y el relativismo.

En las primeras semanas de su papado, ha actuado con total cautela. Como en toda su vida, pocos actos y muchas palabras, una media de mil diarias con las que ha insistido en pedir autenticidad a los suyos. Ha sido una presencia discreta tras la que llega un verano de reflexión y quién sabe si un otoño de grandes decisiones en torno a sus proyectos: reforma administrativa; alianza con otros cristianos frente al materialismo; una iglesia militante, con obispos, sacerdotes y fieles más comprometidos.

DE RATZINGER A BENEDICTO XVI
Los enigmas del nuevo Papa

José Catalán Deus
Editorial Espejo de Tinta
Madrid, 2005
484 páginas
PVP: 20€


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