El naipe de Don Federico García Lorca.
07.06.08 @ 12:40:25. Archivado en Cultura
En su 110 aniversario.
Al parecer nadie aún sabe del cuerpo de Don Federico, nadie sabe lo que de saber yo sé, pues no me queda duda de que en su bolsillo quedó un naipe, un cuarteado as de espadas, como último testigo palpable que en vida asió su diestra mano.
Yo que he pagado a mi sombra para que viniera conmigo a Fuente Vaqueros (Granada) con bríos fuertes y la noche izada.
Con todo el deber hecho, he comprado mi suerte, con la letra yerta de sedada muerte.
A Don Federico le negaron cualquier oportunidad únicamente en sus bolsillos una carta marcada, rasgada, ceñida, lacrada.
Dilapidada y cruel fue su suerte,
fusilado por no tragar las dicciones,
negado de la tumba, hiriente,
con el alma en devociones.
Y todo esto porque
los bandos se inventan solos,
por diferir abrasan celos,
faldas por banderas de himnos majaderos.
Unos más que otros, le empujaron a los olivos,
cortejado de máuseres azahares
oprimidos que no cautivos
entre asesinas manos
que al alba fusilan vivos
Nada ha cambiado con el asesinato de Don Federico, seguimos
naciendo de carne y sin sentidos, creciendo,
entre las babas de los paridos.
Creemos saber de vida, controlar las emociones,
y toda sangre bebida
arrojamos por los balcones.
De quemado el sol, vivimos ciegos;
por la vida asesinamos
por dar un salto al cielo, de nube agonizamos.
A don Federico por ser además ilustre poeta
el sentir de su pecho le ensangrentaron; Esos asesinos
parias de la tierra
gusanos recién crecidos
que entre sienes se empuñaron
al vivir con los podridos.
Y aquel con deje sevillano, primo, vecino, y villano,
plisó el cerrojo en la mano...
¿Recuerda usted, Don Federico?
Ah, la traición, siempre,
aferra por el “pico”.
Ignorante raza sabia - creen ser parte indivisible del cielo
que sin la mano presta
hubieran perecido
entre heces descompuestas.
Sin embargo aún hoy, Señor andaluz poeta, llaman a la masa belleza,
a los gases vientres mismos
a la vista la tristeza
y al defecar que parimos.
Solo los traidores amargos lloran al divertirse
asesinando por los encargos- de dioses por definirse-
Esa noche que aún duerme Federico García Lorca
suspiró de la muerte el hielo,
tres balas de tizas heridas
clavaron sus puntas al cielo.Los asesinos troneros
no lo dudaron
apuntaron
propusieron
y fusilaron.A la mañana siguiente herían de albahacas ventiscas;
del lugar, en el suelo
removidas arcillas ariscas
hileras y trazos de sangres
y un naipe marcado de brisca.¿Quién se acuerda hoy de la loma
del espigado camino
de la tórtola paloma?... Seguro que sólo tú Don Federico
ya que por mucha tierra que en abanico te echaran
las agujas del pasado reloj
siempre pliegan
abren, y se encaran...Aquellas hiedras entre sus senos canos
acogieron tus primeros ahogos de muerte; el naipe
que se fugó de tus manos- un as de cuarteada espada-
bien sé que partió con tu suerte. Y en tu recuerdo Granada.Cual testigo de su partida
oculto del sol aceituna y la nubla luna,
un as de espadas bajo la tierra aguarda ; Allí
donde su muerte hiende.
Rogando no más penumbra, su tumba
-al pie del olivo que aún prende-
al cielo alumbra
ensortijado su duende.
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José Luis Palomera Ruiz
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