In itinere

SACERDOTES EN COMUNIDAD

24.11.16 | 09:30. Archivado en Sacerdotes

Popularmente las casas en las que viven o residen los sacerdotes diocesanos o seculares, y sus familiares en pueblos y ciudades de España son conocidas como “del cura”, “parroquiales”, “del curato” o “casas rectorales”. Son de propiedad eclesiástica, normalmente adosadas a los edificios de los templos respectivos, a veces con inequívoca relación a facilones consentimientos de los responsables de los planes urbanísticos municipales que, en deterioro de la belleza de los mismos conjuntos arquitectónicos, aparecen como desaliñadas e indebidas concesiones por el “ ser vos quien sois” sacerdotal. No hay que olvidar que, entre las “fuerzas vivas de la localidad”, la del cura y la del obispo en el caso de los palacios episcopales, emerge con decidida e inexcusable vocación de distinción y de privilegios.

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¿CREER EN LOS CURAS?

17.06.15 | 09:02. Archivado en Sacerdotes

El tema lo dictan y lo justifican el sentido común y la iteración con la que en el Pueblo de Dios, y fuera del mismo, se plantea y se exige. En cualquier conversación en la que lo religioso como reflexión se hace presente, la coincidencia es mayoritaria al proclamar “yo creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia y, por supuesto, en los curas”. Es posible que las siguientes sugerencias aporten alguna luz para el planteamiento de tan importante cuestión.

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PÁRROCOS A PERPETUIDAD

29.04.15 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

El “señor” cura párroco es el Papa en los pueblos. Es el obispo y su representante. Es la Iglesia. Su “palabra” es su “verbo” y su interpretación oficial y oficiosa ante las autoridades civiles y, por supuesto, religiosas, allí donde todavía quedara de ellas algún resto en coadjutorías, capellanías o conventos, de uno u otro sexo. El párroco es “palabra de Dios”. Es santo evangelio. Es la autoridad ejercida en Su nombre, con las consabidas y tradicionales injerencias en otras esferas.

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OBISPOS “AD TEMPUS”

11.03.15 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

Es decir, no para toda la vida, con inclusión de la “otra”. La cota de los 75 años de edad para la renuncia- jubilación establecida por el Código de Derecho Canónico, a veces con disonantes e inexplicables excepciones, mitigó, que no resolvió, el problema de la “eviternidad” de los obispos al frente de sus respectivas diócesis. En ocho años, por ejemplo, y como máximo podrían, y deberían, muy bien fijarse el tiempo y la actividad del ministerio episcopal en las demarcaciones diocesanas, transcurridos los cuales, y al margen de titulaciones de “eméritos” o “beneméritos”, pasar a engrosar el noble listado pastoral de los párrocos, capellanes, coadjutores y demás grados de la clerecía, previa licencia y remoción de los atuendos litúrgicos y prerrogativas pontificales. La experiencia está ensayada ya, y se practica, en Órdenes y Congregaciones Religiosas y resulta muy positiva.

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“¡HASTA LOS CURAS!”

25.02.15 | 09:50. Archivado en Sacerdotes

Hasta el presente, fue expresión fascinante y admirativa, de uso común, al intentar resaltar con extrañeza, presencias y actividades “non sanctas”, injustas o, al menos, raras e inexplicables, de representantes “oficiales” de la Iglesia en ocupaciones de carácter civil, definidas, y aún dictaminadas judicialmente como ilegales y “perseguibles de oficio”. En tiempos recientes, y con ocasión del rosario de noticias producidas por ERES, por frustrados y fraudulentos cursos de formación laboral “impartidos” en determinadas comarcas andaluzas, “¡hasta un cura”! aparece entre los beneficiados por estratagemas tan indecentes socialmente y perjudiciales para personas y movimientos obreros.

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MUJERES-SACERDOTES EN ESPAÑA

31.01.15 | 09:30. Archivado en Sacerdotes

Recientes y reiteradas noticias procedentes de la Conferencia Episcopal Alemana atestiguan que, con santa y ejemplar audacia, miembros muy representativos de la misma abogan por impartirles la Comunión y otros sacramentos a los divorciados, casados por lo civil, prescindiendo de las todavía vigentes leyes canónicas que universalmente lo impiden. Para ello, se estudiaran los casos concretos, descartándose en su aplicación los subterfugios y tretas de las “anulaciones – reconocimiento de sus nulidades-, y otras figuras “legales”, y de las que sistemáticamente se benefician los “ricos”, “en el nombre de Dios “ y de la sociedad. Los obispos germanos, intérpretes fieles del “sensus fidelium” de una parte importante de sus diocesanos, en coincidencia con los principios de la teología más cálida y religiosa de la misericordia, han decidido dar este paso, que será ejemplar para otras Iglesias y que aliviará dudas de representantes de otras Conferencias, a la vez que titubeos- hesitaciones del mismo Papa Francisco.

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“ARZOBISPO” Y “COADJUTOR”

08.11.14 | 09:04. Archivado en Sacerdotes

“Arzobispo” –“obispo purpurable”-, y “coadjutor” –“persona que ayuda y acompaña a otro en ciertas cosas”-, son términos rigurosamente canónicos. Huelga reseñar que “inhibirse”, por un lado, o “entrometerse”, por otro, son antónimos de “coadjutorear”, por lo que este es verbo lleno de dificultades, que hay que conjugar con humildad y humanidad extremadamente religiosas. Al recientemente nombrado –que no elegido-“Arzobispo- Coadjutor” de Mérida-Badajoz, con derecho a sucesión, el director de RD le formuló unas cuantas preguntas, cuyas respuestas son merecedoras de glosa o exégesis, que sugiero con limpia y reluciente intención. (Y es que a la mayoría de los obispos les place siempre aparecer en los medios de comunicación, y más en los de mayor y más substantiva audiencia y ascendencia. Eso sí, prefieren que, a ser posible, les sea enviado previamente el cuestionario y, en casos particulares, otorgarles el “Nihil Obstat”, con lo que en las contestaciones se olfatea el olor y la estructura de los cánones, de las jaculatorias y de los artículos de fe. En este caso concreto – cosa que es de agradecer-, no fue así, por la premura del tiempo y obsequiosidad, pero de todas maneras estas ayudarán a sacerdotes y a fieles diocesanos, y posiblemente al mismo arzobispo, al análisis y reflexión más atenta)

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VESTIDO TALAR : ¿SÍ O NO?

20.09.14 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

El del vestido –“veste talar” para curas y obispos- no es un tema menor. Es “mayor” e importante, como puede serlo el de cualquier otro colectivo, con implícita mención para el del género femenino, que con toda clase de lujos, de noticias e inversiones inunda los medios de comunicación, con multitud de poses, líneas, calidades y colores. El principio de que cada uno, grupo, clase social, profesión o familia, es como viste, y viste como es, aunque con limitadas y hasta extemporáneas excepciones, sigue vigente. En esta ocasión mi comentario se centra en la veste talar clerical, ajeno a la propia y específica de los actos de culto, adelantando tan solo que sobre los paramentos litúrgicos - y más los pontificales y solemnes-, han de desplegarse lienzos de sencillez, humildad y llaneza. El escándalo que los ornamentos sagrados pueden provocar, y provocan, ante propios y extraños, reclama reflexión y enmienda.

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¡NOS QUEDAMOS SIN CURAS¡

13.09.14 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

Sin dramatismos oblicuos de ninguna clase, la expresión de que nos estamos quedando ya sin sacerdotes, o curas, responde a la más cruda realidad. La reflexión aquí y ahora acerca de la misma se nos actualizó recientemente con ocasión de la feliz, deliciosa y entrañable “carta de su puño y letra”, enviada por el Papa Francisco a un nonagenario sacerdote rural santanderino, que lleva ejerciendo su cargo pastoral durante 63 años, en los pueblos cántabros de la comarca pasiega y de Miera.

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Sin familia

20.08.14 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

Solos, solos, solos… Púdicamente solos. Es decir, sin familia. Los sacerdotes, ahora jubilados, algunas de cuyas confidencias, aquí se reflejan, no tuvimos familia. Tuvimos, o habitualmente estuvieron con nosotros, normalmente alguna hermana, o algún que otro sobrino o sobrina. La familia- familia la constituyen de verdad la esposa, los hijos, los suegros, las nueras, los yernos, los primos y primas, los consuegros… La casa parroquial, y la seguridad de que a la hora de la convivencia dentro y fuera del recinto doméstico, al cura, por cura –y precisamente por eso-, no podrían, hoy por hoy, distinguirlo los privilegios, tanto religiosos como sociales, imposibilitó a los jubilados a tener, y haber vivido, en familia. Aquello de que fuimos elegidos, y a la vez, apartados, del resto del pueblo de de Dios, imposibilitó toda convivencia familiar lo que, según algunos, fue, y es hasta discutiblemente cristiano.

Y así, solos, y sin familia- familia, dictamos, interpretamos y aplicamos oficialmente a nuestros feligreses los principios ético-morales, distintivos y propios de la Iglesia, en pundonorosa sintonía con los cánones eclesiásticos. Huelga relatar que el atrevimiento por nuestra parte, fue ciertamente espectacular, y mucho más en la misma intimidad familiar y sin que a ninguno de nuestros jerarcas se le ocurriera pensar en los traumas de orden psicológico- espiritual que supondría tal decisión y su permanente y dogmatizadora insistencia.

Las hermanas del cura murieron Los sobrinos, a quienes tan denodadamente les facilitamos sus carreras y sus correspondientes puestos de trabajo, como es explicable y más o menos justo, “pasan” de nosotros, porque, claro, sus padres eran, y siguen siendo sus padres –y quiera Dios que por muchos años-, a la vez que sus respectivos hijos.

Nosotros, solos. Sin familia. Sin poder, ni saber, conjugar jamás el verbo “abuelear”, que, aún comprendiendo que no pocas veces se abusa del mismo, integra sílabas y situaciones de terneza comparables tan solo con las catalogadas en el catecismo como divinales.

Sin familia- familia, y sin posibilidad alguna de haber ejercido ministerio tan sacrosanto, se nos exilió de vivencias y palabras, hasta hacer de nosotros “entes raros”, incomprensibles, incomprendidos y ultramontanos. Aún no siendo ya portadores, por fuera, ni de sotanas ni de signos clericales, unas y otros los llevamos por dentro, imprimiéndole carácter indeleble a ideas y comportamientos. Esto quiere decir, nada más y nada menos, que, por ejemplo, ahora no sabemos expresarnos ante los demás con palabras y gestos normales. Sus problemas no nos atañen. Ni las causas y consecuencias de sus alegrías y tristezas. Por mucho que nos esforcemos en hacerles el bien y en proseguir la acción ministerial que justificó nuestro sacerdocio, apenas si acertamos en el empeño. La realidad es, de por sí, muy distinta de la que refieren los libros, y más si estos los redactaron y redactan misteriosa e insoportablemente “en el nombre de Dios”, a veces, con invocación de infalibilidades pueriles. El “Semper idem” de la continuidad en la Iglesia la destruyó y destruye en gran parte, y en todos nosotros, desligados ahora de acatamientos y sumisiones cecucientes por no haber contribuido más señeramente a acrecentar la adultez propia y ajena.

Liberadoramente sorprendidos ahora con las palabras y gestos del Papa Francisco, y las aún tímidas orientaciones teológicas con cierto carácter oficial, los jubilados lamentamos en nuestras últimas tertulias no haber prescindido a tiempo de acentuados complejos de “delincuencias” doctrinales y de la parte de responsabilidad que tuvimos en la desinformación religiosa de nuestros feligreses. A unos los llevamos al infierno y a otros al psiquiatra y a la desesperación. A todos les robamos la verdadera imagen de Dios en Cristo Jesús, sin ternura y misericordia, y como disfrutando con amenazas de su enemistad y condenación eternas. Blandiendo las banderas del “no”, allí conde la felicidad más elemental le hubiera sido posible hacerse presente y siempre y en todo, “no” como norma de religión y de ascética. Obligados, por ejemplo, a jugar al fútbol con el cilicio mordiéndonos los muslos, con imposibilidad de marcar goles, o haciéndolo ribeteados de sangre, para evitar, o paliar, tentaciones de soberbia y, por descontado, también contra la pureza. Los casos concretos que referimos y recordamos los componentes de nuestra tertulia, con absolutoria mención para nuestros “padres espirituales” fueron increíbles. Quiméricos e inverosímiles. Irracionales y absurdos, inhabilitándonos para ser y ejercer de por vida como educadores, y menos, de la fe cristiana.

Recordar estas y otras escenas de nuestra formación “espiritual”, padecidas por nosotros mismos y de la que hicimos herederos a aquellos a quienes creíamos educar, nos sirvió de cierta consolación y terapia, con el compromiso de dedicar los penúltimos días de la vida al cultivo de la alegría y de la felicidad inherente a todo ordenamiento religioso, y más al de la Iglesia católica.


Se Acaban Los Curas

08.07.12 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

Y que nadie crea que nadie crea que aquí y ahora se hace referencia alguna a la verdadera Iglesia de Cristo. Con IBI o sin IBI, esta, dentro y fuera de España, y como mensaje y testimonio encarnados en Cristo Jesús, durará salvadoramente “por los siglos de los siglos” al servicio de la humanidad, con sacrosanto protagonismo para los pobres, término que no solo identifica a quienes jamás conocieron el lenguaje propio de economías sumergidas o no. Hay pobres, mucho más pobres, que intelectualmente, y en tantos otros territorios, son desgraciados, preteridos, indigentes, marginados o desheredados por tantos “dioses” a los que se les rinde culto. La referencia a “esta” Iglesia hay que enmarcarla en una buena parte de la institución, tal y como la mantienen las curias y otras instancias empeñadas en hacer perdurables esquemas inactuales, caducos y chocheantes, y que solo o fundamentalmente se proyectan en defensa de sus intereses, más que económicos, de “prestigio religioso”.

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"Feo" y "Viejo"

06.05.12 | 09:00. Archivado en Sacerdotes

Con la correspondiente dosis de sensatez, agradecimiento y “propósito de enmienda” leo, releo y repaso los comentarios que mis reflexiones les suscitan a quienes les interesan estos temas y su presentación en “Religión Digital” . Me consta que otros “blogueros” no leen los suyos y “se quedan en paz y en gracia de Dios”.En legítima defensa, y con la estricta intención de proseguir el diálogo- diálogo, aunque no la trapatiesta y escandalera, me animo a suscribir las siguientes reflexiones:

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Lunes, 25 de junio

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