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TODOS TENEMOS “VOCACIÓN”

12.10.17 | 10:00. Archivado en Acerca del autor

Sí, todos tenemos “vocación”. Así lo aseveran los diccionarios y la teología, y lo avala el sentido común. “Vocación” –del latín “voocatio-nis”- es “acción de llamar” y más concretamente “inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de la religión”, si bien y “coloquialmente, se extiende a cualquier profesión, oficio o carrera”. El tema reclama y justifica atenta reflexión que, por hoy, resumimos en los puntos siguientes, teniendo sagradamente en cuenta la atroz constatación de la falta de vocaciones “religiosas” que se registra en la Iglesia.

. La “sacralización” en exclusiva del término y de la idea de la “vocación”, es una de las más aberrantes desviaciones que se registra en la historia y en la praxis de las religiones, con inclusión de la cristiana, y con particular mención y recuerdo para la Iglesia católica. El hecho supondría automáticamente la expulsión de cualquier motivo “religioso” en la elección y ejercicio de las profesiones u oficios, reservando su sacralización orgullosamente para lo relacionado con la liturgia y lo sacro.

. Las llamadas “vocaciones religiosas”, tanto en su origen como en su ejercicio, merecen análisis serios y comprometidos, sobre todo a la deslumbrante luz del “carrerismo”. Este definió, y define, a muchas de ellas –la mayoría-, solo o fundamentalmente por imperativo de circunstancias familiares o sociales. Tales análisis, efectuados con historia, rigor y teología, desvelarían su inexistencia y, por tanto, su incapacidad para asumir los compromisos que lleva consigo el estado al que se sintiera un día inclinado el sujeto.

. La vocación de los fundadores de determinadas Órdenes y Congregaciones religiosas proyectando sus tareas hacia labores, quehaceres o ministerios concretos, como suprema justificación de las mismas, precisan en no pocos casos, de reciclajes y reconversiones profundas. Cambian los tiempos y las circunstancias, y hay Órdenes y Congregaciones que hoy por hoy no tienen nada-o muy poco- que hacer, en conformidad con los planes y los sentimientos de sus fundadores/as, santos/as “por la gracia de Dios”.

. La fórmula tan común, y en ocasiones, económica y apostólicamente “rentable“, de dedicar sus miembros a la enseñanza, en los colegios llamados y tenidos como “religiosos”, -con, o sin, todas sus garantías-, es explicable que esté sometida a reflexión y sean ya muchos los “vocacionados” que se sientan frustrados. La de la enseñanza es tarea fundamental en la construcción de la Iglesia, pero precisamente a ellos no fue lo que les pudo haber justificado ser respuesta vocacional a la “llamada de Dios”.

. Sí, por ejemplo, hoy también sigue habiendo cautivos necesitados de redención material y espiritual. El listado de las muertes y sacrificios padecidos a consecuencia de los “malos tratos”, las violaciones intra y extra- matrimoniales, los drogadictos, los desahuciados, los parados, quienes padecen enfermedades “raras”, los encarcelados, marginados, ancianos y nuevos esclavos -por exceso o defecto de bienes de fortuna-, y tantos otros colectivos, masculinos, femeninos o “neutros”, demandan a lágrima viva, soluciones “religiosas” por parte de nuevos “padres” y “madres fundadores/as, posiblemente sin aspiraciones a ser elevados un día “al honor de los altares”, con explícita recusación de los procedimientos y gastos inherentes a los correspondientes procesos canónicos.

. La “desreligiosización” de personas e instituciones dedicados vocacionalmente a menesteres que antaño parecían ser de exclusiva competencia eclesiástica, está ya a punto de ser, y considerarse, como un feliz y consolador acontecimiento pasado. La profundización conciliar en la teología del laicado, apenas si todavía desvelada, contribuye, y contribuirá más crecientemente a que, con las mismas fórmulas de las ONG, se lleven a cabo “vocacionalmente” tareas antes encomendadas en exclusiva a Órdenes y Congregaciones religiosas.

. Es posible que el espíritu de los santos/as fundadores siga vigente y activo en la Iglesia, con lo que el reciclaje en sistemas, métodos y procedimientos resulte factible. Pero es posible también que con santa y razonable humildad se tenga aue llegar a la conclusión de que necesariamente a Órdenes y a Congregaciones religiosas de toda la vida, se las tengan que reservar gloriosas y agradecidas peanas y retablos en la historia eclesiástic y en sus templos.

. La misma historia –maestra de la vida- está conduciendo ya a muchos y a muchas, al convencimiento y a la conclusión de que sus instituciones se ven ya obligadas a su terminante clausura, a consecuencia de la por ahora, irreversible falta de vocaciones que padecen. Los acontecimientos, del signo que sean, también son “palabra de Dios.

. Los procesos de refundación, en unos casos, en otros de definitiva clausura y, en los más difíciles, de unificación e integración, han de iniciar una nueva época en la historia de la Iglesia y sus protagonistas serán merecedores de “bienaventurados”.


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Comentarios
  • Comentario por saruce 15.10.17 | 12:28

    Desde siempre he escuchado, con atención, las quejas de algunos por la escasez de vocaciones religiosas.
    "Faltan sacerdotes para atender todas las parroquias de las ciudades y pueblos de España", se oye en cada sermón parroquial.
    Ignoro si para Dios existe un número óptimo de sacerdotes, pero pienso, desde mi fe en Él, que ya se encargaría de hacer las llamadas oportunas, para alcanzar ese número ideal.
    No me preocupa el número, sino la calidad de nuestros religiosos, aunque según dice nuestro refranero, "la unión hace la fuerza".
    Y es que, a veces, la multitud nos confunde, y nos hace olvidar nuestro objetivo primordial del cristianismo, que no es otro que amar a Dios y a nuestro prójimo, ¿no te parece, amigo Antonio?.
    Yo echo de menos los mensajes de amor, en las misas dominicales, y demás, los "rollos del A.T." que nos hacen tragar las diferentes liturgias, leídas "papagayamente", y soltadas al público, sin anestesia.

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