Y que nadie crea que nadie crea que aquí y ahora se hace referencia alguna a la verdadera Iglesia de Cristo. Con IBI o sin IBI, esta, dentro y fuera de España, y como mensaje y testimonio encarnados en Cristo Jesús, durará salvadoramente “por los siglos de los siglos” al servicio de la humanidad, con sacrosanto protagonismo para los pobres, término que no solo identifica a quienes jamás conocieron el lenguaje propio de economías sumergidas o no. Hay pobres, mucho más pobres, que intelectualmente, y en tantos otros territorios, son desgraciados, preteridos, indigentes, marginados o desheredados por tantos “dioses” a los que se les rinde culto. La referencia a “esta” Iglesia hay que enmarcarla en una buena parte de la institución, tal y como la mantienen las curias y otras instancias empeñadas en hacer perdurables esquemas inactuales, caducos y chocheantes, y que solo o fundamentalmente se proyectan en defensa de sus intereses, más que económicos, de “prestigio religioso”.
. En años que registra la historia eclesiástica con todo detalle y, por tanto, no anteriores a la era cristiana y ni al mismo concilio de Trento, en mi pueblo –unos 2,600 habitantes- nos ordenamos de sacerdotes cinco seminaristas. El obispo presidió ceremonia tan ejemplar y solemne. En visita reciente a la diócesis, me aseguraron que en la actualidad la matrícula del Seminario Mayor no sobrepasa el número de seis alumnos, por lo que este año en toda la diócesis no se ordenaría ninguno…
. La edad media de los sacerdotes en España rebasa los 68 años, a tenor de lo que deploran las estadísticas, y de lo que se ve y constata “por esos pueblos de Dios”. No obstante, los números y las circunstancias en las que vive el clero secular y regular, no son los que les ocasionan desazones y dolores de cabeza al Papa. Es la curia romana la que posiblemente hasta llegará a acelerar su dimisión…
. Pueblos y ciudades de España se despueblan de curas y la celebración de la santa misa decae de modo y manera ciertamente espectacular y pagana. Hay sacerdotes que han de oficiar hasta cinco misas, en un intento sacrificial por atender a sus feligreses, sin tiempo material para dedicar ninguno a su educación en la fe.
. En diócesis foráneas se practica tal atención por parte de laicos, consagrados a estas tareas, que completan los “domingos y fiestas de guardar” con ceremonias litúrgicas o para- litúrgicas, aunque todavía sin celebración eucarística, reservada a los sacerdotes. Sin posibilidad alguna, hoy por hoy, de aceptarse el sacerdocio femenino, sería impensable cualquier otra fórmula que protagonizaran los laicos.
. Siendo de tanta importancia –esencial- la celebración eucarística –santa misa-, como sostén y “alimento” de la comunidad eclesial, constituiría una contradicción su supresión, o su celebración apresurada y como “a destajo”.
. Extraña solemnemente que a estas alturas, y en proporción similar, no haya descendido el número de obispos y no pocas diócesis no se hayan ya concentrado. Extraña así mismo la falta de noticias acerca de otros obispos que les echen una mano a los sacerdotes de sus pueblos, colaborando en la celebración de la eucaristía, y no solo en las fiestas solemnes, sino en todos los domingos del Año Litúrgico.
. Estas son las líneas generales que enmarcan la realidad de la Iglesia, y de su acción evangelizadora, en tantos pueblos y ciudades de España, con excepciones ejemplares muy meritorias por parte de sus sacerdotes. Las tareas del clero –alto clero- en la actualidad, se ciñen al ejercicio del “funcionariado” curial, en el que por cierto, pero esto será objeto de otros comentarios, hay señores obispos que perciben un tanto por ciento de prestación dineraria por determinados servicios y “papeleos” de los fieles.
. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia”, pero esto jamás se interpretará como que tan sacrosanta y “cristífera” misión tendrá que vivirse y aplicarse en conformidad con actividades de curiales y de funcionarios, siguiendo esquemas y pautas de comportamiento, total o parcialmente ajenos a la realidad de la vida y a las demandas de los tiempos felizmente nuevos “por la gracia de Dios”.
. Las prisas son “palabra de Dios”. Las dilaciones, demoras y esperas son propias de los “funcionarios” que confían en que “el tiempo arregle las cosas”, aún a costa de que esta no sea la voluntad del Señor. La proyectada concentración de parroquias y diócesis, redistribución y “prestación” del clero, no dejará de ser “pan para hoy, y hambre para mañana”.
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Hola, amigos. Me acojo a este tertuliadero del señor Aradillas, porque parece que me están poniendo pegas por ahí. Comentaba yo hace un momento sobre el descrétido en que Juan Pablo II hizo caer los procesos de canonización. Especialmente el del Marqués Escrivá de Balaguer. Por eso, veo como una medida diplomática la de beatificar a Juan Pablo I y a Pablo VI. Un querer quedar bien con todos. Debería ser una manera de reivindicar los procesos de canonización. El propio proceso de Juan Pablo II me pareció sospechoso: se trata de una figura muy dudosa, política, defensor de pederastas y mafiosos, autoritario y ciego para ver los problemas de América Latina. Se tendría que comenzar por reivindicar públicamente la figura de Juan Pablo I, desprestigiada por la propia Curia Varticana y esclarecer las verdaderas causas de su muerte, tergiversadas deliberadamente por el Vaticano y nunca aclaradas hasta el día de hoy. Me parece muy bien que lo canonicen pero resaltando sus verdadros méritos.
La noticia tendría que ser queda abolido el sacerdocio, a ganarse el pan con el sudor de tu frente no del de enfrente.
" ...a tenor de lo que DEPLORAN las estadísticas". Pues no sabía yo... ¡a mi edad, muy por encima de la "media" sacerdotal!
Aparte las señoras Estadísticas, seguro que hay muchas gentes que se alegran... si bien inútilmente.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Jueves, 20 de junio
Antonio Aradillas
Pedro Tarquis
JC Rodríguez, A Eisman
Juan Fernandez Krohn
José Moreno Losada
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rufo González Pérez
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató