In itinere

Vivir del Altar

13.06.12 | 09:00. Archivado en Iglesia
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Por “muy digno, equitativo y religioso” que les haya sido, y les sea, a los sacerdotes “vivir del altar”, las circunstancias y los tiempos cambian, o cambiarán, muy rápidamente y en profundidad, y el altar como fuente de financiación está ya a punto de agotar sus existencias. No es aquí y ahora de mi incumbencia emitir juicios en torno al tema, sino tan solo reseñarlo con fidelidad y experiencias, y excitar la reflexión por parte de quienes corresponde, que son los sacerdotes, los laicos y la jerarquía.

. La vigencia de que “quien sirve al altar habrá de vivir del mismo”, que pudo haber sido justificación en tiempos pasados, hoy difícilmente lo es para propios y extraños. Tampoco está revestido de credibilidad, el principio, inconcuso para unos de que “alrededor del altar se mueve y resuena en demasía el dinero”. Unos dicen que “la virtud está en el medio”, pero otros aseveran que virtud y dinero difícilmente establecen coyunda alguna, y menos alrededor del tabernáculo y del presbiterio.

. “Vivir del altar”, como fórmula de financiación y mantenimiento del “culto y clero”, con dinero procedente del erario público, está sometido a santa y sana reflexión con cualificado rechazo por parte de unos, pero con la convicción de otros de encontrarnos en vísperas de que pronto-ya- serán distintos los procedimientos para financiar a la Iglesia.

. Así las cosas, y en plazo relativamente corto, -nos guste o nos disguste- los sacerdotes se verán obligados a prescindir de las asignaciones estatales. Noticias, comentarios y declaraciones de políticos y asimilados, haciendo a veces uso de argumentos y facilonas especulaciones, así lo confirman.

. Son ya muchos los que piensan que cargos “oficiales” encomendados a los sacerdotes, con inclusión de los profesores de Religión y capellanías, habrán de ser religiosamente atendidos por la Iglesia, pero no con emolumentos estatales.

. En el contexto del apostolado-ministerio que define de por sí la actividad y vocación eclesiales, con dificultad cabe y se justifica la posibilidad de esos sueldos con destino pastoral, en la nueva concepción político-administrativa. Presiento que a esta llegaremos pronto, aunque el desacuerdo para muchos tenga que ser necesariamente extraño e improcedente. No obstante, adelantarse a los tiempos, sobre todo cuando estos son eclesiales y se avizoran ya en el horizonte, no es un vicio, sino una virtud cardinal, con sobrenombre de prudencia.

. No pocos creen con firmeza que una fórmula sacerdotal para afrontar en parte el problema habría de ser su dedicación a otras actividades, previo el estudio y la capacitación, conseguida en carreras civiles o en trabajos más o menos técnicos.

. Ante panoramas como este, y aún sin él, y como la Iglesia, su clero y sus obras precisan, y precisarán, de medios económicos, suficientes y más, para su mantenimiento digno y efectivo, su procedencia no podrá ser otra que la colaboración de sus miembros, feligreses o parroquianos, –Pueblo santo de Dios-. La enseñanza de que la fe exige, supone y entraña compromisos económicos con la institución –culto, obras de caridad y de promoción- es, será, capítulo fundamental de la formación verdadera y cabalmente religiosa.

. Si hasta el presente la aportación- colaboración económica a la Iglesia se había activado solamente al “pasar el cepillo”, aprovechando la ocasión efímera para echar en el mismo los céntimos de euros que molestan en los monederos, la conciencia propia y específica del cristiano obligará a que tal colaboración- contribución sea considerablemente más generosa , digna y sacrificada. El sentido y el contenido de la religiosidad verdaderamente cristiana, apenas si tiene, ni tendrá, otra medida más fiel , elocuente y representativa, como la que pasa por nuestros bolsillos y por las cuentas corrientes bancarias.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Iñigo 13.06.12 | 15:53

    Estoy de acuerdo con el artículo. Será una oportunidad para que el clero se esfuerze más por nuevas formas de solidaridad intraeclesial. Hasta ahora, han vivido al margen de la crisis, les vendrá muy bien vivirla, para entender de verdad lo que les pasa a otros.

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