El prefacio de estas reflexiones en relación con el “Opus Dei” lo inspiran con veracidad y decoro, entre otras, estas razones: 1) No hay causa o motivo personal alguno por mi parte al afrontar con cierta asiduidad este tema.2) No cuento con informaciones reservadas, o conocidas por pocos, con lo que se pueda dar a entender que “algo tendrá el agua cuando la bendicen”. 3) Mis fuentes son las impresiones que el pueblo-pueblo, Pueblo de Dios para muchos, -“Vox pópuli”- comenta y comparte sistemáticamente. 4) Abomino, como tentación absurda, la de cuantos avisan, con temores y mensajes, de que pueda pasarme esto o lo otro. 5) Estoy, y estaré siempre dispuesto a corregir la plana de mis convicciones, si me la enmiendan con argumentos.
. Y la opinión generalizada, entre cristianos y no cristianos, es la de que el Opus –Obra de Dios única, o por antonomasia, a tenor de su calificación y nominación canónicas- precisa de una seria revisión para ser y testificar su condición de eclesial que aseguran definirla. Mientras que crece el número de los persuadidos de que el Opus-Opus no es Iglesia –hasta hablan de “sectas”-, otros opinan que está pendiente de un “aggiornamento” efectivo y humilde, tanto o más que cualquier otra obra cristiana. Esto no obstante, la mayoría de sus miembros sostienen impertérritamente que es la única, y cabal forma y fórmula de Iglesia que hay, y que puede y debe haber, en la actualidad y siempre.
. En justicia, y como deber elemental plausible, la obra de la “Obra” del dominio público es eclesial en parte, aunque con el reconocimiento de que preferentemente sus destinatarios manifiestan acusadas preferencias por la elite –“minoría selecta y rectora”- profesional y, sobre todo, social, con ejemplos-desejemplos múltiples e incuestionables. En relación con la institución eclesiástica como tal, se comenta, con aportación de datos muy aproximadamente veraces, por ejemplo, que los miembros del colegio episcopal actual de España lo son “por la gracia de Dios”, pero además, gracias a su acentuada conexión con el Opus.
. La Iglesia y la vida con proyección de futuro, no serán Iglesia ni vida, con los supuestos privativos del Opus. Sus coordenadas son otras. Las demandas lo son ya, y a grito abierto, en la mayoría de instituciones, movimientos y corrientes ideológicas, culturales y morales. Tal y como muchos lo juzgan, el Opus nació provecto y pre-conciliar, y hoy sigue avejentándose aún más, con limitada capacitación para ser la respuesta de frescor y de lozanía, y con proyección de futuro, que necesita la Iglesia.
. Sensibilizados muchos con el ritmo de la historia, también eclesiástica, no rechazan la idea de que no pasará mucho tiempo en que la propia Iglesia “oficial” reconozca que su entrega en manos del Opus y su acusada y preferente identificación –a veces exclusiva y excluyente- con su ideología, procedimientos, doctrina, ascética y mística, santoral… tenga que verse obligada a pedirle perdón al resto de la Iglesia, y a la misma sociedad. La Iglesia ofrece no pocos capítulos de estas peticiones de perdón, que la hicieron, y la hacen, ser más Iglesia de Cristo.
. Con referencias al santoral, muchos son reacios a admitir y reseñar que en el proceso y el hecho de la beatificación y canonización de su Fundador se siguieran las pautas y los tiempos establecidos. Las prisas se juzgan -y se siguen juzgando- excesivas y generosamente costosas. Otros santos y santas no les “salieron” a sus Órdenes o Congregaciones respectivas, ni tan caros, ni tan apresurados. Lo de “marqués”, y otros títulos nobiliarios, a estas alturas de la piedad y de la religión, pudieron habérselos ahorrado. Sin esta clase de símbolos y títulos, los santos se hacen más cercanos al Pueblo de Dios. La devoción, ejemplos y mediación de todo un marqués,-“ ex nobile génere natus”- en la teología y en la interpretación mística del Año Cristiano, apenas si fueron comprensibles en plena Edad Media. Hoy además, resulta molesta y poco o nada popular y devota, a no ser que en este caso se llevara a cabo con el propósito de que se le declarara patrono oficial de los marqueses y demás títulos de nobleza. También el santoral de la Iglesia reclama sucesiva y seria revisión, por la humilde y aséptica razón de que las circunstancias son las circunstancias, y porque la Iglesia –sus representantes- no es infalible en estas cuestiones, con la explicación convincente de que los intereses, por interesantes que sean, no dejan de ser intereses, así como las contingencias son –tienen que ser y seguir siendo- también contingencias.
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José Carlos, ¿eres el mismo de opuslibros?
Cordiales saludos.
Ana, me apuesto lo que quieras a que perteneces al grupo de "ex" que tienen una web que pone a caldo un día sí y el otro también al Opus Dei y a san Josemaría, que por mucho que os pese está en los altares.
La advertencia moral de que injuriar a un Santo es un pecado mortal también va por vosotros.
Mi consejo es que cambiéis de chip, y miréis la vida de frente. Basta ya de tanto victimismo: Ay pobrecitos de nosotros, ay que mal se portaron, ay cuanto nos hicieron sufrir: ¡Venga ya con el cuento!
La realidad es que no habéis sido fieles a vuestra vocación, como no lo fui yo en su día, y vuestra mala conciencia os hace decir las barbaridades que decís. No contentos con esto montáis una web para linchar brutalmente a una institución de la Iglesia y a un Santo canonizado y ahora metéis en el lío a este pobre cura que no tiene ni flowers sobre el Opus Dei.
La verdad que tenía ganas de deciros esto, me he quedado muy a gusto.
No ha hecho usted más que empezar y ya le salen inquisidores que le recuerdan los sagrados cánones. Aplaudo su decisión de hablar sobre el Opus Dei, y aún me parece que está usted al corriente de mucho más de lo que deja entrever en este post. Nos importa lo que escribe y respecto a ser nadie, no entiendo esa frase en labios de una persona creyente con respecto a otro ser humano. La propia igleisa oficial está hoy vendida preferentemente a sus halagos y dineros, no a su espíritu evangélico ni a su teología, prácticamente inexistente.
He pensado en responder palabra por palabra a lo dicho por el Sr. Arenillas. Sería muy fácil porque sus argumentos son tan simplones y están tan manidos que ya aburre tener que repetirlos. Pero esta gente, más si son curas, no atiende a razones. Su problema no está en el intelecto. Han tenido normalmente una formación cristiana correcta y saben distinguir el bien del mal, la verdad y la mentira. El problema no les viene de las entendederas sino "de dentro". Y ahí la argumentación no puede entrar, únicamente el Espíritu. Les digas lo que les digas les va a dar igual. ¿Alguien ha visto a algún progre cambiar de pensamiento sin cambiar de vida?
Sólo voy a decir una cosa. El autor insiste mucho en el "consenso" como fuente de la Verdad. Como no termina de decir todo lo que piensa ( ya se sabe, en la Iglesia hay que ser prudentes) no lo dice abiertamente, pero solo faltaría completar la frase "Vox Pópuli". "Vox Pópuli, Vox Dei". Para él la verdad está en venta. Es "la gente" la que l...
No veo prudente amenazar a este señor con informar a ninguna autoridad eclesiástica. Primero porque no es nadie y a nadie le importa lo que escribe. Y segundo porque no veas lo que les mola a los curas progres decir "el Opus me persigue". Ser un mártir del "Opus" es lo más de lo más. No le dé ese gusto.
Veo que a pesar de los pesares sigue existiendo, arraigada, esa especie homínida autóctonamente ibérica maníacamente obsesionada con el Opus Dei. Para ellos, solo existen dos bandos, dos "Iglesias" que les gusta decir a ellos (porque no creen que solo exista una). Ellos, los progres, y el Opus. No hay nada más. Gustan de chismorreos y comentarios de sacristía, de conspiraciones y conspiranoias y a todo aquel que es fiel a la fe de nuestros mayores le colocan la etiqueta de "vinculado" con el Opus Dei. Aunque no tenga nada que ver. Todo es Opus Dei, es una especie de misterioso panteísmo eclesial.
El Catecismo de la Iglesia Católica es muy claro en la definición de blasfemia y de su responsabilidad moral. Otros Catecismos de segura doctrina también son igualmente claros:
Catecismo de la Doctrina Cristiana del P. Jerónimo Ripalda, S.J.:
168 P. ¿Qué es la blasfemia?
R. Palabras injuriosas a Dios, a la Virgen y a LOS SANTOS, la Eucaristía y los Vasos Sagrados. Es Pecado mortal.
Catecismo de la Doctrina Cristiana del P. Gaspar Astete.
P.: ¿Y se prohíbe alguna cosa más en este Mandamiento? R: Si, Padre, se prohíbe también la blasfemia, que es decir palabras injuriosas contra Dios o SUS SANTOS, lo que es pecado mortal.
Lo que se dice en este escrito divulgado, sin ningún tipo de respeto, sobre san Josemaría es claramente blasfemo. Insto desde aquí a las autoridades eclesiásticas a actuar contra Antonio Aradillas en aplicación del canon 1369 del vigente Código de Derecho Canónico
Canon 1369.
Quien, en un espectáculo o reunión públicos, en un escrito divulgado, o de cualquier otro modo por los medios de comunicación social, profiere una blasfemia, atenta gravemente contra las buenas costumbres, injuria la religión o la Iglesia o suscita odio o desprecio contra ellas debe ser castigado con una pena justa.
5) Estoy, y estaré siempre dispuesto a corregir la plana de mis convicciones, si me la enmiendan con argumentos.
Imposible: no se te pueden dar argumentos sobre algo que no argumentas. Simplemente haces juicios de valor sin más razonamientos.
Por ejemplo, yo que soy del Opus Dei te puedo decir que es mentira, así de sencillo, lo que dices: "la mayoría de sus miembros sostienen impertérritamente que es la única, y cabal forma y fórmula de Iglesia que hay, y que puede y debe haber, en la actualidad y siempre."
La contradicción la manifiestas en el propio enunciado. ¿Qué método sociológico has usado para hacer esta afirmación?
Sencillamente mientes. Y el diablo es el padre de la mentira.
Catecismo de la Iglesia Católica:
2148 La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios —interior o exteriormente— palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto en las expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago reprueba a “los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús) que ha sido invocado sobre ellos” (St 2, 7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, L O S S A N T O S y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión.
La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de suyo un pecado grave (cf CIC can. 1396).
Pues menos mal que don Antonio sabe todo lo que tiene que hacer la Iglesia en este y en los demás casos. ¡Lástima de Papa que nos hemos perdido! No sé si habrá tiempo de corregir tamaña desgracia injusta.
Miércoles, 19 de junio
Antonio Aradillas
Sor Gemma Morató
Religión Digital
Jose Gallardo Alberni
Francisco Baena Calvo
Josemari Lorenzo Amelibia
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Pedro Tarquis
José de Segovia Barrón
Pedro Miguel Lamet
Carlos F. Barberá