Se llama “Manuel” que bíblicamente significa nada más y nada menos que “Dios con nosotros” y en su apellido se reflejan con exactitud signos religiosos de redención y de vida. Con la seguridad de que en determinadas culturas nombres y apellidos imprimen carácter, es hasta posible que ideas y comportamientos de algunas personas pudieran llegar a estar condicionados entitativamnente por cada una de las letras que componen su identidad individual, en este caso todas “salvadoras”. En la hipótesis, igualmente posible, de que, por ejemplo, el nombre fuera “Judas” y los apellidos “Hacha” o “Cienfuegos”, a los penalistas habrían de planteárseles serios problemas al tener que juzgar y decidir situaciones en las que estuviera en juego la plena libertad de los individuos.
Cristianos y no cristianos, españoles y extranjeros, estuvieron, están y estarán mayoritariamente en desacuerdo con las palabras pronuncias por el obispo de Alcalá de Henares en relación con la homosexualidad. Su descalificación y condena “en el nombre de Dios”, en el marco de las celebraciones de la Semana Santa, y en un medio de comunicación social público como TVE. financiado por los contribuyentes, le añade al hecho singular relevancia. Esto no obstante, y comprobado que algunos de los comentarios fueron exculpatorios para el obispo complutense, creo necesario poner
el acento en las reflexiones siguientes.
. “Mulier tota in útero” fue y es una de las definiciones que de la mujer se suministró y se suministra en la Iglesia con desdichada frecuencia, y que por supuesto no necesita de traducción del latín. “Mulier” significa “mujer”, “tota” es “toda” y “útero” es útero y ya está. Pese a lo espantoso que desde cualquier punto de vista, incluido el intencional, significa y entraña tal definición, que se sepa, nadie en la Iglesia ni en su jerarquía, se rasgó todavía sus vestiduras, ni anatematizó con rayos y centellas, e invocación al Infierno, a quienes, en anatómico desprestigio para “el devoto sexo femenino”, destacó tal definición, degradante por su exclusiva sexualización. ¿Qué hubiera ocurrido en la hipótesis de que, también dentro de la Iglesia, al hombre se le individualizara como “homo totus in pene”? ¿Aguantaría el “vir” tal atrevimiento, aun en el supuesto de que algunos estimaran tal òrgano como “santo y seña” estimables de inalterable masculinidad vigorosa?.
Ni entendí, ni jamas me llamó la atención, la por algunos colegas tan codiciada expresión clerical bíblica de que “qui episcopatum desiderat, bonum opus desiderat”. El episcopado no fue jamás para un servidor tentación que apareciera en los horizontes profesionales o pastorales de ninguna clase. Completar mi actividad sacerdotal con el añadido de periodista, en tiempos y ocasiones tan apasionantes como los que contribuyen a conformar tan decisivamente los medios de comunicación social, me sugestionaron de tal forma, que cualquier otra meta la di por desechada, lo mismo cívica que religiosamente. Subrayo la decencia y honestidad de mi confesión, en evitación de que piensen algunos que la perseverancia en el tratamiento de temas episcopales pueda encubrir indeterminadas y ociosas frustraciones.
Las razones por las que nos parece de urgente y ejemplar necesidad el planteamiento del tema de la mujer sacerdote son muchas y de variados colores y aspectos, antes y después de dejar bien sentado que en ello no se compromete ningún dogma de la Iglesia y cuya disciplina canónica, por definición, ha de acomodarse al servicio del Pueblo de Dios. Adelantarse a los acontecimientos es precisamente misión de la Iglesia y de los eclesiásticos. Tiene sus riesgos, si bien todos ellos gloriosos, cuando son alentados por la fe y la esperanza.
Suponía, -era de esperar-, que algunas personas se pusieran en contacto directo conmigo a propósito de mis reflexiones sobre el Opus Dei. A continuación presento un extracto de los comentarios efectuados por una mujer que fue miembro de la Obra. El tema se concreta en el trato que en ella recibe la mujer como mujer. Respondo de la veracidad de su testimonio, disponiendo de razones que lo avalan muy cumplidamente.
Comentó la prensa que, al iniciar el viaje a tierras hispanoamericanas el Papa, por primera vez se le vio valerse de un bastón en sus desplazamientos. Un bastón- bastón, no un bastón – báculo, pletórico de simbolismos pastorales y litúrgicos. Y es que, por la misericordia de Dios, los años pasan también por la vida de los Papas, por lo que, después de haber sido ellos durante unos años portadores del bastón, es este – el bastón, y no por su simbolismo, sino por su consistencia-, el que se hace imprescindible para que las andaduras sean correctas, cómodas y aún posibles, contribuyendo a tornar amables los últimos años de estancia en el paraíso terrenal de la vida.
Son laudables los afanes de muchos por hacer llegar a la “UNESCO” sus peticiones de que estudie y, en su caso, declare “Patrimonio de la Humanidad” en sus distintas catequesis, y nomenclaturas acontecimientos, episodios u objetos que destacaron o destacan en el horizonte cultural o social de los pueblos a los que la historia y los acontecimientos presentes acreditan y valoran. En términos generales, es felizmente obligado reconocer que es apropiado del organismo internacional en la selección de sus objetivos es acertado, pese a que en los últimos tiempos no pocos crean que tales títulos se están desvalorizando hasta llegar a rondar algunos los linderos de la recomendación política o comercial. El algunos casos concretos es lícito y explicable reconocer tal contingencia.
. Aunque todavía no lo sea, pero da ya la impresión de encontrarnos en la Iglesia en
vísperas de que su jerarquía llegue a aconsejar el divorcio en determinados casos
matrimoniales, sin que la teórica indisolubilidad de su definición sufra quebranto.
No me refiero a las “nulidades” aceptadas por todos y practicadas por algunos,
coincidentes mayoritariamente con personas “pudientes”. Me refiero a cuantos casos
de malos tratos se registran también en matrimonios canónicos, a cuyos componentes –
sistemáticamente mujeres- no se les deberá aconsejar proseguir en su “indisolubilidad”
un día más, ante la dramática seguridad de que en tal plazo de tiempo su nombre
encabezará el noticiario de las muertes violentas a manos de sus respectivos esposos.
Miércoles, 19 de junio
Antonio Aradillas
Carlos F. Barberá
Guillermo Gazanini Espinoza
Alejandro Córdoba
Juan Fernandez Krohn
César Luis Caro
José Alegre
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo