No lo son todo en la Iglesia, pero son, la representan y presentan ante propios y extraños
con plena autoridad, capacidad de servicio y jurisdicción. Los sacerdotes son imagen
cabal de la Iglesia. Su contacto directo con los fieles, sobre todo en el extenso término
municipal de la ruralía, les confiere la evangelizadora responsabilidad de encarnar y
testificar “la Verdad, el Camino y la Vida”, que define a la Iglesia real. La Iglesia es
lo que son sus sacerdotes, otros tantos puntos de referencia religiosa en relación con lo
divino y lo humano desde cualquiera de sus perspectivas. Esto insta a pensar que en su
comportamiento y ministerio, lo mismo habrán de distinguirse y apreciarse sus luces
como sus sombras. Son humanos, y el reconocimiento de condición tan soberanamente
eclesial presidirá todo razonamiento y discurso ulterior.
¿Por qué en la España de las Comunidades Autónomas la Iglesia sigue ritmos y
procedimientos canónicos tan distintos, y tan poco explicables para el pueblo, que a
su vez es en gran parte y todavía Pueblo de Dios? ¿A qué se debe que en las diócesis,
capitales y no capitales de estas Autonomías, sus obispos-arzobispos sean “nacidos
y criados” en las mismas, mientras que en las del resto, todos, o la mayoría de ellos,
proceden de otras? ¿Es exagerada la connotación de “colonizadas” usada al constatar
este hecho? En el caso de que eclesial y eclesiásticamente también fuera procedente
para el mantenimiento y desarrollo de la fe la condición de “nativos” de sus obispos,
¿por qué lo que se estima justo y provechoso en determinados lugares, deja de serlo en
los demás, con rechazo específico y determinante? ¿Tienen razón quienes creen que la
Iglesia no es “igual para todos”, y que también en lo eclesiástico hay –tiene que haber-
Autonomías de primera, de segunda y de tercera?
. A medida que avanzan y profundizan los historiadores en la “vida y milagros” de
Constantino el “Grande”,emperador romano y casi co-fundador de la Iglesia, llegan
con mayor exactitud al convencimiento de que, pese a estudios anteriores más o menos
rutinarios e interesados, su figura fue nefasta para el cristianismo. Se sirvió del mismo
para su propia glorificación y perpetuación en el poder, y a la vez trasvasó al Papa,
obispos y presbíteros, ornamentos, títulos y farfolla humana con la que desvirtuó
en gran manera la verdad y el contenido salvador de la Iglesia y del evangelio que
le confirió justificación y consistencia. Su palacio –“domus divina”-, su residencia
privada –“sacrum cubiculum”- y su propia intitulación personal de “Vicarius Christi” se
eclesiastizaron con perversa naturalidad y complacencia “pontificia”.
La noticia escueta, y sin glosa, es la siguiente: La Comisión Teológica Internacional publica un documento titulado “Teología hoy: principios, perspectivas y criterios”, en cuyo texto se dogmatiza literalmente que “la auténtica interpretación en la fe se encuentra en el Magisterio de los obispos, un papel que no pueden arrogarse los teólogos, porque la teología no puede sustituir el juicio de los obispos con la comunidad cristiana”.
. Desde hace un enternecedor puñado de años, el Vaticano y casi todo lo que en España se relaciona noticiosamente con él –con sus acontecimientos y sus moradores- tiene el nombre de Paloma… Me doy prisas religiosas por aclarar que denominación tan evocadora y sublime de Paloma no rememora en modo alguno a ninguna de las Personas de la Santísima Trinidad, ni a la Virgen castiza, patrona popular de Madrid, con sus tradiciones y fiestas. El Vaticano comparece con su florida letanía de noticias ante los españoles, normalmente gracias a la intervención predilecta de una periodista, corresponsal de infinitos medios de comunicación, que no escatima esfuerzos profesionales de ninguna clase para coronar su tarea comunicadora. El Vaticano – la Iglesia- es lo que es y lo que piensa Paloma. Ella es su “anunciadora”. Es su “evangelio”. Para muchos, es su única y auténtica imagen. Si no se interpretara como una cursilada latina, diríase que Paloma es “apóstola apostolorum”. Pero precisamente por eso, y consciente de la importancia “predicadora” que tiene Paloma, sugiero que ya está bien que siga en activo en su “ministerio pastoral”. La imagen de la Iglesia que ofrece Paloma no es modelo de Iglesia, ni Iglesia modelo. La Iglesia que hace comparecer Paloma apenas si tiene que ver con la Iglesia de Cristo, bien porque eso es lo que hay, o porque no se quiere ver otra cosa. Sus “presentaciones en sociedad”, de las que tampoco se libran personajes eclesiásticos, ofrecen estampas poco – nada- religiosas.
Es ocioso advertir que los signos de interrogación aplicados a ”Iglesia machista” pretenden únicamente edulcorar la letanía de interjecciones que tendía que calificar a la Iglesia oficial en su relación con la mujer , cuyo número y contundencia habrían de superar con creces los límites gramaticales, aún al dictado de la comprensión y misericordia evangélicas. La Iglesia es –sigue siendo- soberana y sacramentalmente machista –“actitud de prepotencia de los v arones respecto a las mujeres”-, y cada uno de los términos de la definición académica encaja y define a la perfección el comportamiento que con toda clase de “aprobaciones apostólicas y la bendición de S.S.”, en conformidad con la fraseología al uso, se registra en la Iglesia y en quienes de alguna manera jerárquicamente son los encargados de vigilar por lo que el Código de Derecho Canónico, la teología y el catecismo tradicional dan por supuesto y exigen para que creencias y procederes puedan calificarse de “católicos, apostólicos y romanos”.
Además de las connotaciones al uso típicamente gastronómicas, el verbo “embuchar” expresa la idea de “colocar hojas o cuadernillos impresos dentro de otro”. Esta acepción tipográfica es a la que recurro en este comentario con mención particular para dos periódicos de difusión nacional -ABC y LA RAZÓN-, que en días concretos de la semana embuchan unas hojas especiales de carácter y contenido religiosos, con la sana y beatífica misión de hacer llegar gratuitamente la imagen de la Iglesia a los lectores de los referidos diarios.
Aunque sean muy firmes los propósitos de enjuiciar ciertas noticias con la templanza y la comprensión que reclaman las convicciones y las buenas maneras, adelanto que en esta ocasión, tal vez más acentuadamente que en otras, el empeño en lograrlo resulta difícil. No obstante, conste mi disposición a la comprensión, si bien jamás a la condescendencia, y menos a consecuencia de temores o amenazas.
Miércoles, 22 de mayo
Antonio Aradillas
Francisco Baena Calvo
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
José de Segovia Barrón
Carlos F. Barberá
Juan Fernandez Krohn
César Luis Caro
Urbano Sánchez García
Alejandro Córdoba