In itinere

Capisayos Episcopales

29.01.12 | 09:00. Archivado en Iglesia
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En reciente e itinerante comentario, deslizaron los duendes de la informática la imperdonable falta gramatical de escribir “capisallo, y no “capisayo”, tal y como lo registra el docto diccionario de la RAE, que por cierto define el término como “vestidura común de los obispos” o “vestidura corta a manera de capotillo abierto que sirve de capa y sayo”. Como es útil, provechoso y prudente “extraer el bien de cualquier mal”, aunque este sea una pura y simple incorrección gramatical, las siguientes sugerencias se justifican muy cumplidamente.

. Es posible que la doble “l” se escurriera, o escurriese, por la “capa”, y formara “capisallo” – y no “capisayo”-, por la sencilla razón de que cuanto suene a “capilla”-“oratorio privado”, “iglesia o templo pequeño”-, parece estar más en consonancia, y relacionarse, con clérigos y obispos y con sus correspondientes ornamentos sagrados, que con las palabras que procedan de “”sayo”, o “prenda de vestir holgada y sin botones, que cubría el cuerpo hasta la rodilla”, así como de “sayón”, o “verdugo que ejecutaba las penas”.

. Conforme a su etimología, y en cualquier definición radical que se intente desvelar, “capisayo” se forma de los términos “capa” y “sayo”. Cada una de estas palabras proporciona, por tanto, elementos de juicio seguros para adentrarse en el contenido real de cuanto se quiere decir, y expresar, al hacer uso del término “capisayo” aplicado a clérigos y obispos.

. “Capa” –“prenda de vestir larga y suelta”- cuenta con solemnes adjetivaciones netamente eclesiásticas, pletóricas de religiosidad y liturgia. De entre ellas destacan las de “magna” y “pluvial”, una y otra adornada con los más bellos y ricos aderezos y ornamentos, con símbolos, atributos y distinciones pomposas y churriguerescas, convertidas algunas en valiosas obras de arte, dignas de admiración en relicarios y museos especializados.

. “Saya” –“vestidura talar antigua”,”falda, refajo o enagua”, o “regalo que hacían llegar las reinas a sus servidoras cuando se casaban”-, aporta a las vestiduras sagradas bases de grandor, majestad y poder, difícilmente digestibles en la historia de la Iglesia, y de modo especial en los tiempos actuales en los que tan fino se hila respecto a las ropas, trajes, ternos y paños.

. Si bien es cierto que hay religiones en las que el trato oficial y comunitario con Dios demanda en la práctica hábitos, ceremonias, ritos y aún lenguaje distintos al que comúnmente se emplea en las relaciones interpersonales, familiares, cívicas o sociales, el hecho es que hoy los rituales en los que se contienen reglas y normas, están sometidos a revisiones profundas, basadas todas ellas en la necesidad de hacerlas más inteligibles y cercanas al pueblo. Ceremonias y ritos que distraen, confunden al personal o los vuelven tarumba, precisan crítica y exploración urgentes, con el constructivo deseo y programa de tornarlos lo más educadores e instructivos posibles.

. A los clérigos –obispos y superobispos- les sobran ornamentos sagrados en las celebraciones litúrgicas, por muy solemnes que estas sean, y que el vigente ritual encarezca y exija. La necesidad de acomodarse a las demandas de los tiempos nuevos salta a la vista y es expresión de vida, de auténtica religiosidad y de verdadero cristianismo.

. La exuberancia ornamental no es ni cristiana, ni evangélica, y menos, es adoctrinadora. En multitud de ocasiones es signo y objeto de ostentación y opulencia y, tal vez, reducto de enigmas y misterios que, a lo sumo, únicamente contribuyen a alejar aún más al Pueblo de Dios de los “ministros” investidos de la obligación sagrada de servirlo y de facilitarle su encuentro con Dios a través de lo religioso.

.Con piadosa y generosa dosis de humildad, y tan solo con la intención de comprender mejor el problema desde su raíz y con sus efectos colaterales, las dos citas siguientes, de cuya legitimidad respondo, pueden ser ilustrativas: 1-“No se otorgue el episcopado a pequeñas ciudades del campo para que el título y el poder del obispo no se menosprecie”. 2- “No asista el cardenal a reuniones frecuentes del ministerio pastoral para que no se vulgarice la púrpura”.

4 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por saruce 03.02.12 | 19:10

    Con tu permiso, amigo blogger.
    Renée, no deseo polemizar con "mis ideas" sobre los capisayos episcopales, tan bien traídos al post, sino exponer mi propia reflexión sobre temas que considero interesantes para el devenir de los cristianos en la sociedad del siglo XXI.
    Cada uno posee sus propias sensibilidades, sus propias vivencias, y además, conoce sus propios recursos para hacer llegar su opinión a los demás.
    Aprovechar que te abran una puerta, y te permitan pasar, libremente, es para mí algo de agradecer.
    Pero si esa puerta está abierta con todo afecto, y en su interior hallas el material que deseas tratar, pues mejor que mejor.
    Los cristianos (otros cuantos y yo), estamos necesitados de portales como este, y otros similares, en los que exponemos nuestros pensamientos, más o menos lógicos y hasta disparatados, pero siempre respetuosos.
    Te pueden resultar exagerados.
    Lo admito.
    Pero son verdaderos.
    Un abrazo.

  • Comentario por Renée 29.01.12 | 18:03

    "Dios se hizo pasar por un sin techoun humilde entre los humildes, mientras que sus seguidores se engalanan como pavos reales, y andan como participantes en un baile de máscaras, ataviados con sus galas de ceremonial."

    Pero SE PUSO EL MANTO, TAL COMO LO ORDENABA LA LEY DE MOISÉS PARA EL RITUAL DE LA PASCUA.

    Conste que pudo quedarse más cómodamente sólo con la túnica, con mayor razón después de la fatigosa tarea de lavar los pies de los Doce. Y ya se sabe que para CIERTAS CEREMONIAS, HAY QUE ESTAR IMPECABLES DE LOS PIES A LA CABEZA. Y CONVENIENTEMENTE VESTIDOS.

    En la Misa de Navidad , Francisco de Asís no tuvo empacho de revestirse con la finísima dalmática que Santa Clara le había confeccionado ¡y con hilos de oro, para variar!!! ¿Habrá que acusar también al Poverello por incoherencia con el Evangelio???

    PD: Saruce, por piedad, ¡no estoy gritando, sino destacando lo que quiero decir!

  • Comentario por Moisés 29.01.12 | 16:38

    Lo que más me ha llamado la atención es lo de los "duendes de la informática". Yo no sé cómo escribe pero para poner y solo hay que da un toque y para ll, dos. Están en diferentes lugares y en filas distintas. Ahora si, de verdad, Vd. no escribe los artículos y se los escriben los duendes...

    En el fondo no entro. Da la impresión que muchas de esas vestimentas, especialmente las que se refieren a los ornamentos de los grandes acontecimientos catedralicios, por ejemplo, está hechos quizá hace siglos. No veo qué puede quitar a la devoción hacia Dios que es, al fin, a quien se trata de adorar y honrar. A lo menos eso creo yo.

    Claro que habrá opiniones distintas y mejores... o peores.

  • Comentario por saruce 29.01.12 | 12:15

    Es un verdadero placer leerte, amigo Antonio.
    De tu amable veteranía parece surgir una profunda sabiduría, de la que se extraen unas correctas enseñanzas.
    Yo participo también en ese convencimiento de que las galas y galones de los religiosos no son convenientes para las buenas relaciones entre cargos eclesiásticos y el pueblo llano.
    ¿Dónde está la humildad de corazón, que prescribía Jesús de Nazaret, en la parafernalia de una celebración religiosa dominical, en cualquier catedral, o iglesia principal de pueblo?.
    Dios se hizo pasar por un sin techo, un humilde entre los humildes, mientras que sus seguidores se engalanan como pavos reales, y andan como participantes en un baile de máscaras, ataviados con sus galas de ceremonial.
    Eso no llega al hombre normal.
    Porque la dignidad de un cargo eclesiástico no ha de verse en el ropaje, sino en el corazón de los elegidos.
    Yo no juzgo eso, pero no me gusta, ni creo sea lo adecuado.

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