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Provectos

11.01.12 | 09:00. Archivado en Iglesia
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“Caduco, viejo, maduro, entrado en días…” son, entre otros, sinónimos de “provecto”, admitidos y registrados en los diccionarios, y cuyo recuerdo se hizo presente en los últimos tiempos sobre todo con ocasión de las elecciones generales celebradas en España. Los sinónimos explican y amplían ideas-madre, o centrales, sin que su aplicación a conceptos concretos, como tales, y a casos determinados, sea de la incumbencia académica y sí de quienes tengan a bien, o a mal, emplearlos.

. De suyo, la gerontocracia –“gobierno o dominio ejercido por los ancianos”-, tanto en el poder como en la oposición política, da la impresión de haber irrumpido con fuerza, autoridad, elección y aceptación democráticas en los máximos responsables de los partidos y, consecuentemente, de los departamentos respectivos de la Administración. Desde hace una treintena de años los nombres- cumbre de los partidos principales del arco parlamentario dedicaron su tiempo, y dicen que su vocación, a la actividad política… Hacen falta dosis muy importantes de imaginación , o de resignación, por parte del estamento juvenil para sentirse identificados, y representados, por quienes fueran elegidos por sus padres y abuelos.

. Esto no obstante, y a la vista de la gerontocracia más patente y probada que rige la Iglesia, son muchos los cristianos que ansían soluciones similares para la institución eclesiástica, y no solo a consecuencia de los procedimientos democráticos al uso , sino teniendo presente la edad de los candidatos.

. Y es que la jerarquía eclesiástica en general está vieja. Demasiadamente vieja. En sí misma y respecto a los “mandos” y representantes de otras instituciones con las que de alguna manera pudiera establecer relaciones. Los –y las- jóvenes en la Iglesia difícilmente se sentirán identificados con la jerarquía, con cuyos representantes apenas si podrán hacerlo siquiera sus propios padres. El mismo término pastoral y canónico de “presbítero” entraña en su raíz etimológica ideas greco-latinas de ancianidad y vejez, en pleno ejercicio pastoral y ministerial.

. Es tal el convencimiento eclesiástico –“intérprete fiel de la voluntad del Señor”- de que la jerarquía como tal ha de ejercerse equipada de años – y cuantos más, mejor, -, que constituiría un desacato pensar de otra manera, o sugerir su posibilidad como solución óptima y adecuada a las necesidades y demandas actuales.

. Con la constatación además de que la edad biológica jerárquica se multiplica en intensidad y extensión a la de cualquier otro estamento cívico- social, la conclusión de avejentamiento a la que se llega es aproximadamente escandalosa. El forzado alejamiento de la vida familiar y social, que por vocación y oficio distingue a clérigos y obispos, la actitud sacral en la que han de vivir y ejercitar su ministerio, su consciente y consecuente rechazo a relacionarse con conocidos y amigos, tanto por parte clerical como por la de ellos mismos, imposibilitados unos y otros para ser y comportarse entre sí como “personas normales”, les roba permanentemente a clérigos y obispos la santa, sana, reconfortante y salvadora posibilidad de enterarse, vivir y convivir los problemas ,alegrías y tristezas de la comunidad cívico- social, Pueblo de Dios a su vez.

. No sé si ni en “el mejor de los mundos”, ni si viven o no los obispos como personas normales, ni siquiera en el marco de lo clerical, pero lo que sí se, y puedo proclamar, es que el mundo en el que suelen vivir tiene poco que ver con el del resto de la sociedad, y menos con el que define a los jóvenes. Entre las causas que dificultan , o imposibilitan, esta convivencia, se hallan razones de edad, privilegios ancestrales, de carácter y tipología religiosos, hábitos y costumbres, palabras y gestos, misterios, formación alejada de la realidad, absoluta creencia de que son portadores seguros e incontestables de mensajes de “vida eterna” y de cuantos otros se proyecten, o puedan proyectarse, hacia ella, constituidos en sus administradores legítimos y únicos en la demarcación territorial encomendada en virtud de códigos extra o supra- civiles.

. Con inclusión del mismo Papa, y del resto de la jerarquía eclesiástica, la Iglesia precisa hoy una seria y profunda renovación en sus cuadros dirigentes, con aportación de la juventud y con mención sagrada para su laicado, cuya participación sigue siendo todavía escasa, descomprometida y como si lo hiciera, y tuviera que hacerlo, desde fuera de la institución y como de prestado.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Moisés 11.01.12 | 15:09

    Yo ya era viejo cuando nací según me decían. Al decir de Ortega y Gasset, según algunos chinos, Confucio nació ya con 80 años (su padre tenía 30, al parecer). Luego me he hecho viejo "físicamente": solo hay que no morirse antes.

    Sin entrar en el fondo del asunto (me inclino más por lo que comenta SARUCE), pregunto: ¿Estas cosas solo atañen a los eclesiásticos de más o menos "rango" o también a los escritores y periodistas?

    Don Antonio ¿es, o se considera, provecto? Pues entonces...

  • Comentario por saruce 11.01.12 | 11:57

    Hoy, mi querido amigo, voy a disentir de la "interpretación que he hecho" de todo el texto.
    Yo también soy mayor, provecto, como dices, pero mi poca o nula sabiduría proviene de mis lecturas, las asimilaciones de las mismas, y de mi experiencia vital.
    Normalmente, la experiencia personal no tiene por qué ser productiva, so pena que tras ella exista un ser equilibrado, capaz de obtener conclusiones exactas, para poderlas exportar e integrar en la formación de otros.
    Pero creo que una gerontocracia no es mal gobierno, por el hecho de que la vejez ya esta fuera de las sensibilidades de los más jóvenes.
    Yo abogo por no eliminar a los viejos, sino por añadir a los que no se sienten representados, en los diferentes ámbitos de decisión.
    Me refiero a las mujeres, a los jóvenes, y a los grupos excluidos por una normativa dura, caduca e incomprensible para el concepto católico (universal) del mensaje cristiano.
    ¡Lo que cuesta resumir!.

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