No entra en mis cálculos contestar a todos y a cada uno de mis lectores conformes o disconformes con estas reflexiones. La excepción, no obstante, confirma la regla por lo que respecta al comentario de PP. del 28-07-10, transmitido a las 14, 36, cuyo texto original es el siguiente: “¿A cuántos políticos encuentra VD. en la cola del supermercado? ¿A cuántos músicos conocidos? ¿A cuántas personalidades de la cultura? Si ni siquiera la gente normal quiere hacer cola en los establecimientos, ¿cómo quiere usted que lo hagan los obispos? Por cierto yo, que también soy presbítero, pero bastante más joven que usted, me he tomado más de una caña con el obispo en un bar como cualquier otra persona y he paseado por la calle con él como con cualquier otra persona y me ha llevado en su coche como lo haría con cualquier otra persona y ha ido de paisano en la calle sin traje oficial, como cualquier otra persona…”.
. Reducir todo o parte del denso tema “Excelentísimos y Reverendísimos” a la anécdota del obispo que solamente en determinadas circunstancias de lugar y de tiempo se comportó con nuestro amigo PP. “como una persona normal” tomando cerveza, sin traje oficial, conduciendo su propio coche y dejándose acompañar por otro sacerdote “me causa una inmensa tristeza, tanto por parte del obispo como por parte de su acompañante escolta o “paje” en la terminología eclesiasticoide. Yo no suelo partir en mis reflexiones de hechos o casos concretos, sino de comportamientos, actitudes y actividades generalizadas. Tal compromiso me evitó, por ejemplo, glosar el caso de todo un Cardenal que con frecuencia dirigía “retiros espirituales” a la comunidad de monjas de una población, distante de un pueblo no más de tres kilómetros, cuya parroquia estaba regida por un sacerdote enfermo de cáncer y al que jamás visitó. Por razones idénticas tampoco tuve presente el hecho de otro obispo ante el que un venerable sacerdote mayor genuflectó en la calle a las puertas de su palacio para besarle el anillo. Jamás desearía datar estos hechos con tantos “pelos y señales” como los aportados por mi comunicante.
. Me sorprende en extremo que, seguramente a consecuencia de sus nervios o tal vez de escribir al dictado, con énfasis tan denodado, PP., haya colocado el acento en la condición de “persona normal”. Pienso que probablemente nuestro comunicante sería el primero en asombrarse de calificar de “persona normal” a su propio obispo, con inadvertencia, irrespetuosa aunque inconsciente, de que sus antónimos son “anormal” y “subnormal”. ¿Resultaría ser y ejercer siempre, y hoy más, de obispo, alguien de quien por su oficio, ministerio o comportamiento no fuera y actuara con todas sus consecuencias de “persona normal”? ¿Es que no siendo y actuando de “persona” reconocidamente “normal” se puede seguir siendo obispo? ¿No le resulta asombrosamente antihumanística y antieclesial la insistencia en la “normalidad” del comportamiento de un obispo, sucesor de los Apóstoles, por más señas?
. La equiparación de obispo con “políticos, músicos, personalidades” y otras zarandajas propias del “Hola” y programas de televisión, creo que pastoral y teológicamente es irreverente y hasta profano. La recomendación de insistir y profundizar por parte de PP. en lo que de verdad es y debe ser la Iglesia y sus ministros en niveles episcopales “et supra”, lo considero totalmente ocioso, porque me da la impresión de no estar mi interlocutor en disposición de atisbar que si grave es que “uno se salga de la Iglesia”, lo es mucho más que “sea la Iglesia la que se salga de uno”.
. Me halaga, pero me preocupa, la satisfacción que inunda el espíritu de mi comunicante, reconociendo, según sus propias palabras, que él “es también presbítero pero bastante más joven que usted (que yo)”. Quienes estudiamos griego, y a tenor de planteamientos elementalmente semánticos, “presbítero” significa “viejo”, no constando en su propio concepto ni el “más” ni el “menos”. “Presbítero” significa “viejo” y ya está. Lo de decrépito, valetudinario, rancio, fósil o vetusto es cosa distinta que apenas si tiene que ver con los años. Personalmente considero explicación carpetovetónica, digna de mejor causa, que las personas, incluidos los curas, midan y ponderen la edad por las “calendas graecas”, décadas, quinquenios y “témporas” y no por formas y maneras de pensar y de sintonizar con la juventud inherente y consustancial a la Iglesia de Cristo.
. Solicito su “presbiteral” comprensión absolutoria, y la de su obispo, para la tentación de que soy objeto al redactar estas líneas de pensar que con “presbíteros”que se encobijan a la sombra nada menos que de dos “pp”, seguidas , al igual que las de otra sigla confundible con políticas de cualquier pelaje, con dificultad van a contribuir a perennizar la Iglesia de Cristo, aunque “tomen más de una caña con el obispo en un bar como cualquier otra persona” por más señas, canónicas o extra-canónicas.
Foto: © Simon Howden
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Don Antonio Aradillas: le están poniendo a caldo.
Debe usted tener más cuidado con lo que escribe y no sólo hablar de humildad desde la cima de su vejez . Debe practicarla.
Nunca se es suficientemente viejo para ser hunilde y es muy fácil caer en la soberbia por muchos años que se tengan.
Y eso es lo que le ha ocurrido a usted. Habla de humildad pero no la practica. Ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio.Se ha comportado como un soberbio. Y por eso le caen estas piedras.
Es posible que el los numerosos años de los que alardea no haya logrado domeñar ese rabo indócil que le adorna con cierto aire de petulancia y chulería. Pero nunca es tarde para afrontar nuevos retos. Puede conseguirlo. ¡Ánimo, don Antonio!
Don Fidel, fidelísimo auxiliar de Rouco, lo cuenta. Y lo publica LaCiguena en 01.06.07. Cuando le decía que tenía al teléfono al señor Nuncio, le oyó decir: "Eminencia, por favor, tengo el tratamiento de Eminencia".
A Bush le daba risa tratar al Papa de Su Santidad, y le ha tratado de "señor" con plena normalidad y conformidad. Da verguenza ser español.
Y hay quién compara San Pedro de Roma con Entrevías de Vallecas. Dicen que Jesús entró en Jerusalén sobre una borriquita porque no encontró un soberbio alazano, cubierto de seda y oro, pidiendo licencia ufano, para alancear un toro. Están locos, los romanos. Cuentan que a los novicios de hace años se les ordenaba plantar las lechugas boca abajo para probar su obediencia. Hoy esta anécdota histórica nos hace sonreír. Sin embargo, en la formación religiosa actual, todavía se insiste en consejos estereotipados y fuera de época que se oponen al sentido común.
Don Antonio. Instrúyame con esa humildad que tan atípicamente le caracteriza: ¿dónde y cómo aprendió usted a conjugar el verbo "genuflectar"? ¿Acaso en una interferencia semántica de sus elementales planteamientos semánticos -valga el pleonasmo- al estudiar griego?
Es curioso contemplar la petulancia que envuelve esta diatriba presbiterial de solera hacia el imberbe colega que osa, a su vez, dirigir un comentario más bien trivial e insulso a Don Antonio Aradillas.
Y llama especialmente la atención por el obcecamiento cerril con el que Don Antonio se ensimisma en considerar los significados que le interesan a las palabras mediante unas orejeras que le permiten centrarse obsesivamente en su embestimiento al presbítero joven.
En esta embestida es particularmente llamativa la desgraciada inoperancia, fruto tal vez del hervor intelectual de una mente demasiado serpenteante, con la que se atribuye al término normal la palabra subnormal como antónimo. Esta debilidad semántica es notoriamnente peregrina (y preregrino sí es un antónimo de normal) y es como confundir el culo con las témporas o si se quiere con las calendas ,ya sean griegas o tunecinas. Como mucho cabría atribuir una relación de pertenencia a la misma familia de palabras.
usted carece de caridad cristiana. Su ego se lo impide. No perdona que nadie discrepe de sus "infalibles" opiniones. Presbitero no solo es viejo. Un joven puede ser presbítero en una parroquia. Su inquina hacia los que no opinan como usted la descarga en contestaciones "violentas y desagradables". Tal vez le estan haciendo mella el paso de sus numerosos años. Lo siento, pero no creo que la contestación a PP -y sus referencias partitocraticas- haya sido la mas adecuada a un sacerdote que presume de caridad cristiana. Todo lo que gana con sus escritos, los pierde con sus contestaciones.
Sábado, 18 de febrero
Antonio Aradillas
Pedro Tarquis
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza