La Iglesia se hace diálogo

Puestos en manos de nuestra propia decisión

01.11.12 | 07:05. Archivado en Iglesia, Latinoamérica

El Vaticano II hizo suyos los justos anhelos del mundo moderno: la dignidad humana exige que cada uno actúe según le dicta su propia conciencia; hombre y mujer modernos está reclaman libertad de la que están dotado por ser imagen de Dios. Este reconocimiento implica un cambio cualitativo en la mirada de la Iglesia sobre el mundo y plantea serios interrogantes.

Pío IX en 1864 rechazó errores del mundo moderno, pero no destacó aspiraciones legítimas de inmanencia y subjetividad que iban más allá de los errores a la hora de realizarlas. Deseando ser él mismo, el hombre moderno rechazó una trascendencia que se le imponía desde arriba y desde fuera ahogando su autonomía y su libertad. El Vaticano II ha discernido y proclamado que los anhelos de autonomía y libertad que respiran los seres humanos son justos, y no se debe ir contra ellos, si bien el reconocimiento de su valor no excluye la crítica cuando sea necesaria.

Si los seres humanos hemos sido puestos en manos de nuestra propia decisión y tenemos la obligación de seguir nuestra conciencia, quiere decir que ya no vale una moral prioritariamente normativa y preceptiva donde la subjetividad nada cuente o se someta sin más a lo mandado. El silenciamiento de la propias conciencias hace de las personas esclavos; por muy cumplidores que sean no dejan proceder en la esclavitud. Un esclavo puede ser muy buen esclavo aceptando sin más todo lo que le diga el amo; pero no deja de ser esclavo. Y el Dios revelado en Jesucristo no quiere esclavos sino hijos libres para amar.

Todavía hoy muchos cristianos siguen funcionando con una moral de obligaciones y cumplimientos. El evangelio sugiere más bien una moral de libertad y felicidad: el que descubre un tesoro escondido en un campo, “con gran alegría”, vende todo lo que tiene para comprar el campo donde está el tesoro. El relieve de la subjetividad y los anhelos de autonomía que caracteriza nuestro tiempo pueden ser un signo del Espíritu para recuperar la moral evangélica de la gracia que tan bien expusieron Agustín de Hipona y Tomás de Aquino.


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Comentarios
  • Comentario por Using 17.12.12 | 05:16

    Appreciate it for helping out, excellent info. ¡°In case of dissension, never dare to judge till you¡¯ve heard the other side.¡± by Euripides.

  • Comentario por Antique 16.12.12 | 06:37

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  • Comentario por franz 02.11.12 | 05:19

    El derecho de los hijos de Dios a la libertad de seguir a su conciencia - auque puede ser erronea - nos advierte de no juzgar a las personas. Se puede y se debe con el debido respeto observar, evaluar o criticar sus opiniones o actos. Sin embargo, negarles buena fe, es juzgar a la persona. "No juzguen, para no ser juzgados", dijo Jesús.
    Si esta diferencia se toma en cuenta al comentar en estos bogls, desaparezarán ofensas, insultos y calificativos denigrantes.

  • Comentario por MMC 01.11.12 | 16:36

    Magnifica la exposicion . Es cierto que el Evangelio te libera , al tiempo que te compromete en el Amor con los demas , con la alegria que nos viene del Espiritu.
    La religion de obligaciones y cumplimientos, unida como ha ido muchos años a la "pastoral del miedo", paraliza , tiene un horizonte muy corto.

  • Comentario por Miguel 01.11.12 | 16:21

    La Iglesia (no sólo la jerarquía, sino también los que no somos obispos ni papas) hemos convertido la palabra "esclavo" en algo bonito y hasta loable. Recuerdo en la Iglesia del Cristo del Olivar, en las pechinas de la bóveda, hay unos anagramas de un a "S" atravesada por un clavo. Le pregunté a uno de los dominicos que están allí: "oye, y eso, ¿qué significa?" "es el anagrama de una cofradía: los esclavos del Santísimo Sacramento". Parece ser que a través de los siglos hemos visto bien ser esclavos de Cristo. Siempre es mejor ser esclavo de Cristo que del dinero o el poder. Sin embargo, mejor no ser esclavo de nada ni de nadie y amar y dejarse amar por Dios siguiendo a Cristo.

  • Comentario por Etico 01.11.12 | 15:23

    Ciertamente el Concilio reconoció el derecho de toda persona a seguir los dictámenes de su propia conciencia moral, pero también subrayo el deber (siguen habiendo obligaciones) de formarla para que sus dictados sean rectos (hasta hay una parte donde se habla de conciencias ciegas, laxas).
    Y en cuanto a la ley y la norma hay que decir que el concilio no abolió los mandamientos ni ley moral alguna; de hecho, sigue la exigencia del mandato del amor; de conducirse por la ley del Espíritu.
    Mi opinión es que este artículo, si bien respira optimismo y esperanza, es tendencioso y manipulador.

  • Comentario por José Luis 22.12.11 | 13:05

    Por medio de todos y cada uno de los versos revelados por la Pluma del
    Altísimo, las puertas del amor y unidad han sido abiertas enteramente a
    los hombres. Anteriormente hemos declarado, y nuestra Palabra es la
    verdad: "Asociaos con los seguidores de todas las religiones en espíritu
    de amistad y hermandad"
    Bahá'u'lláh (Teherán 1817 - Haifa Palestina 1892)
    http://www.bahai.es/articulos/

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