He leído en los periódicos que hubo cierto desacuerdo entre el Arzobispo de Valladolid y la Vicepresidenta del Gobierno. Aunque no me fio mucho de noticias aisladas, saco la impresión de que hay un interrogante de fondo: conveniencia de la o el que tenga el Pregón de la Semana Santa en la catedral sea un cristiano convencido y consecuente con su fe. Conociendo la calidad evangélica y la sensatez del obispo Ricardo Blázquez, entiendo su preocupación. Pero Soraya Sáenz de Santamaría también tenía sus puntos de vista razonables. Sólo que quizás hay distintas formas de interpretar y vivir la Semana Santa, y según la interpretación habría que discernir también el lugar adecuado para el Pregón.
Hace unos días me agradó ver la serie televisiva que destaca la importante influencia del Cardenal Tarancón en el cambio político de nuestra sociedad hacia la democracia. La proyección venía bien tanto para los que se obsesionan en negar a la Iglesia el pan y la sal, como para los que siguen añorando una presencia pública de la Iglesia en el triunfalismo del poder.
Miércoles, 30 de mayo
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo