Al “post” de ayer sobre “los padres de la Iglesia en América Latina", Leopoldo Cervantes hace un comentario muy oportuno: “ faltan los nombres protestantes, Rubem Alves, José Míguez Bonino, Julio de Santa Ana, Emilio Castro, Orlando Costas, Elsa Tamez, Victorio Araya, Marcella Althaus-Reid, entre otros”. Agradezco ese comentario que da pie para una reflexión en estos días de Navidad.
En la teología latinoamericana llamada de la liberación no sólo hubo y hay teólogos católicos, sino de otras confesiones cristianas. Además de los nombres que aporta el comentarista, podríamos traer muchos más. Rubem Alves fue para mí un autor muy preferido. Tuve la suerte de conocer, escuchar y compartir con Míguez Bonino y con Julio Santa María, pensadores de gran lucidez en sus análisis de la sociedad y en la incidencia liberadora de la fe cristiana. Guardo un grato recuerdo de Juan Stam y Victorio Araya con quienes colaboré muy a gusto en San José de Costa Rica. Por cierto. Victorio hizo su doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. Conozco también un poco las valiosas aportaciones de la teóloga y de los teólogos citados en el comentario al "post". Podría engrosar más la lista. ¿Cómo voy a olvidar, por ejemplo al pastor y teólogo presbiteriano Dr. Adolfo Ham con quien juntos impartimos cursos y en circunstancias no fáciles nos ayudamos como verdaderos hermanos?
Dicho esto, en el “post” anterior no intenté hablar expresamente sobre “la Teología de la Liberación”, sino únicamente de una “tradición” peculiar en la Iglesia Católica de A.L. que se inició en el s. XVI con el Sermón de Montesinos, exponente significativo de otros profetas que, ya en aquel tiempo, el Espíritu suscitó en distintas regiones de las Indias. Sólo como indicativo de esa tradición se apuntan nombres de algunos obispos y de algunos teólogos. En concreto tres –Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff y Jon Sobrino- quienes, dentro de las distintas corrientes en teología de la liberación, fundamentalmente tienen una misma línea, y han hecho reflexionar a la Iglesia Católica.
Finalmente el comentario al “post” de ayer, permite una sugerencia sobre el diálogo ecuménico en doble vertiente. Primera, ese diálogo entre las distintas confesiones cristianas avanza no tanto con debates abstractos sobre cuestiones teológicas cuando por un compromiso común de todos los cristianos por la llegada del reino de Dios o fraternidad universal; es lo que concluyo después de mi trato y colaboración con hermanos cristianos que no son católicos. Segundo, que en este diálogo ecuménico son también interlocutores no sólo creyentes de otras religiones no cristiana sino también mujeres y hombres de buena voluntad que, siguiendo su conciencia, y sin duda movidos por el Espíritu, anhelan y trabajan para crear una sociedad donde todos y todas puedan vivir con la dignidad de personas humanas. Es bueno recordar esto en vísperas de Navidad,, pues los cristianos creemos que “en la encarnación de algún modo el Hijo de Dios se ha unido a todo ser humano”.
Por medio de todos y cada uno de los versos revelados por la Pluma del
Altísimo, las puertas del amor y unidad han sido abiertas enteramente a
los hombres. Anteriormente hemos declarado, y nuestra Palabra es la
verdad: "Asociaos con los seguidores de todas las religiones en espíritu
de amistad y hermandad"
Bahá'u'lláh (Teherán 1817 - Haifa Palestina 1892)
http://www.bahai.es/articulos/
Miércoles, 30 de mayo
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo