Acaba de fallecer el dominico Bernardo Cuesta, de 57 años; ha sido un teólogo profeta ya en el segundo periodo postconciliar. Su figura y su talante de algún modo evocan a Julio Lois, también teólogo y profeta en el primer periodo de postconcilio. En sintonía con su espíritu, con el afecto y admiración que me inspiraron, me permito breves sugerencias sobre la misión del teólogo en la Iglesia.
Hace unos días me agradó ver la serie televisiva que destaca la importante influencia del Cardenal Tarancón en el cambio político de nuestra sociedad hacia la democracia. La proyección venía bien tanto para los que se obsesionan en negar a la Iglesia el pan y la sal, como para los que siguen añorando una presencia pública de la Iglesia en el triunfalismo del poder.
Al “post” de ayer sobre “los padres de la Iglesia en América Latina", Leopoldo Cervantes hace un comentario muy oportuno: “ faltan los nombres protestantes, Rubem Alves, José Míguez Bonino, Julio de Santa Ana, Emilio Castro, Orlando Costas, Elsa Tamez, Victorio Araya, Marcella Althaus-Reid, entre otros”. Agradezco ese comentario que da pie para una reflexión en estos días de Navidad.
El 21 de diciembre, en La Española, hoy República Dominicana, hace quinientos pronuncio fray Antonio Montesinos lanzó el famoso Sermón denunciando los atropellos de los colonizadores contra los indígenas indefensos. Aquella denuncia y otras similares en distintas regiones de las Indias fueron primer grito de una Iglesia que, de modo especial en el siglo XX , rejuveneció en América Latina y puede ser luz para todas las comunidades cristianas del mundo. El tema bien merece una reflexión en esta fecha.
¡Qué ocurrencias! dirá alguno: ¿qué tiene que ver el famoso sermón de Montesinos hace quinientos años que hoy se celebra por todo lo alto, con la figura de Mons Romero en la segunda mitad del siglo XX que va quedando en el silencio incluso dentro de la Iglesia? “Profetismo y política” es un título que puede vincular a estas dos figuras y de algún modo abre camino para el compromiso de los cristianos en un mundo que, con sus deslumbrantes progresos, sufre la injusticia social y la exclusión de los más débiles.
He leído con gusto y recomiendo a todos el libro de Juan Torres López, "Contra la crisis, otra economía y otro modo de vivir", publicado en Ediciones HOAC. Después de un análisis serio y claro de la situación concluye: “lo que estamos viviendo es la consecuencia de una gran perversión, de una inversión radical de principios, de un lago proceso de incivilización y autodestrucción”
Es una expresión de Benedicto XVI refiriéndose a los espacios de socialización que los nuevos medios han creado. Ahora la recogen los “Lineamenta” para el Sínodo de Obispos que tratará el tema de “la nueva evangelización para la transmisión de la fe”.
Hace unos días he leído esta expresión que da pie para breves sugerencias tanto en el campo educativo como en la evangelización. En nuestra sociedad española va cayendo la fuerza de las instituciones políticas y eclesiales y las personas sufren el desamparo. Esta situación puede ser oportunidad para emprender un nuevo camino donde las personas sean sujetos activos y responsables de su propia historia en la construcción de una sociedad más humana y más justa.
La visita del obispo de Roma, sucesor de Pedro, a una Iglesia particular es un acontecimiento eclesial de gran importancia. Por eso la presencia de Benedicto XVI en la Jornada Mundial del la Juventud celebrada en Madrid no debe pasar desapercibida para un cristiano. Precisamente por eso hago esta meditación en voz alta, consciente de que mi percepción es personal, responde a un discernimiento de de la situación y por tanto es discutible. A modo de sugerencias, desarrollo mi reflexión en algunos puntos.
En La 8º muestra de cine de Lavapiés se ha presentado este film, muy logrado tanto por su realismo como por su fuerza simbólica. Es un documental, que relata los hechos; pero en su intención y realización va más allá: respira un clima de humanismo y lanza un clamor por más humanidad que cuestiona la ideología y valores del sistema en que nos movemos. Por eso lo califico de “profético”: denuncia el desorden actual y sugiere caminar en otra dirección.
Esta noche pasada, del domingo al lunes, cuando todavía celebra la Iglesia la fiesta de Pentecostés, y hacia la tres de la mañana, los indignados y asentados durante varias semanas en las Puerta del Sol, hacían una manifestación por la calle de Atocha: “No nos marchamos, nos quedamos en vuestra conciencia”.
Nuestra organización social está marcada por un realismo economicista y chato donde apenas encuentra ya espacio la utopía. Sin descartar posibles ideologizaciones y manipulaciones de todo tipo, las manifestaciones de las últimas semanas denuncian un malestar generalizado y un rechazo a ese realismo: es posible otra forma de organizar la sociedad buscando que todas las personas y todos los pueblos vivan con dignidad y sean sujetos de su propia historia.
El interrogante es mío. En la multitunidaria manifestación que ayer tarde discurrió entre Cibeles y Puerta del Sol en Madrid la pancarta decía sin más: “indignados y organizados”. Al final diré por qué trazo el interrogante. Lo primero es valorar positivamente la movilización integrada en su mayoría por jóvenes: “queremos reapropiarnos del futuro que nos habéis robado; nos dirigimos de nuevo a vosotros, clase política y poderes públicos”.
Lunes, 13 de febrero
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
Pedro Tarquis
Angel Moreno
Juan Jáuregui Castelo
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
José Mª Castillo
Sor Gemma Morató
Julián Moreno Mestre