Leo en Slashdot que Microsoft trata de patentar las conjugaciones verbales. Puede parecer exagerado, pero es solo un botón de muestra del grave daño que las patentes de software están haciendo a la innovación tecnológica en Estados Unidos. Tarde o temprano se darán cuenta de que no tiene sentido que las empresas tecnológicas tienen que invertir cada vez más en sus departamentos, a no ser que consigan exprimir con su negocio al resto del mundo...
Para resumir brevemente las razones por las que las patentes de software son malas: es como si un buen día se aprueban las "patentes culinarias" y en los restaurantes tuvieran que pagar no solo al señor que patentó la tortilla de patatas, sino que también tendrían que perir permiso al que inventó "la técnica de colocar un huevo en aceite caliente y luego echarle un poco de sal".
Los únicos que ganarían en ese caso, y mucho, serían los abogados especializados en derecho culinario. Apuesto a que si el sentido comun no hiciera esa idea inconcebible estos abogados y las grandes empresas de alimentación estarían haciendo lobby para legislar sobre el tema y poder así patentar la hamburguesa, el bocadillo de tortilla o el cocido.
Si las patentes son malas, especialmente para Europa por la siguiente razón:
"los EEUU, que encontrarían aquí un terreno fecundo para el litigio o la licencia. Esto costaría mucho dinero a las empresas europeas, sometidas a un aplastante corpus de patentes previo. Pero peor aún que pagar por un algoritmo podría ser que se prohibiera su uso, con la siguiente merma de la capacidad de competir con las empresas propietarias de la patente"
Nos congratula saber que hasta el momento no hemos pasado por el aro, pero resulta difícil entender la guerra que se está librando. Preocupa ver que el Parlamento Europeo las rechaza pero el lobby que las defiende intenta colarlas una y otra vez.
Este tipo de subterfugios alimenta los viejos tópicos de la "Europa de los mercaderes" y genera desconfianza respecto a las instituciones, dando la sensación de que el que la sigue la consigue, al menos cuando se trata de grandes lobbys intentando de defender los intereses de un puñado de empresas.
Es triste, porque Europa está haciendo las cosas bastante bien en otras facetas, pero el mensaje es claro:
Las patentes de software nos llevan en dirección opuesta a lo marcado por la estrategia de Lisboa y si finalmente llegaran a aprobarse no solo perjudicarían a la innovación y la economía, sino que minarían también la credibilidad de las instituciones europeas.
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