14.02.07 @ 15:02:36. Archivado en

El viaje a Lisboa se complemento con unos cuantos días en
Barcelona, donde con el bolsillo ya muy maltratado, sólo me concedí una licencia gastronómica. Decidí seguir las recomendaciones de
Lila y visité un restaurante de moda el
Bar Lobo, donde la gastronomía y el
street-art parecían querer darse la mano. Esta claro que últimamente me estoy cubriendo de gloria cada vez que piso un restaurante.
Lo cierto es que la
crítica gastronómica de Lila me pareció tan contundente y positiva, que sumado inquietudes gastronómicas y artísticas, decidimos darle una oportunidad el domingo para comer. De entrada el local es increíble; amplio y bien iluminado, cubre sus paredes con obras de
Inocuo,
Lolo y
Calma, entre otros artistas. Dispone de un amplio comedor, barra de bar y en la parte superior un moderno lounge bar. El arte lo inunda todo y puedes llegar a descubrir obras únicas de arte urbano, incluso en los retretes.


Pero tal y como hubiera supuesto, si no hubiera leído a Lila, el local se queda en una estética efectista que transciende a su comida.
La carta esta estudiada para satisfacer las necesidades de todos los que quieran pasarse a regalar su dinero en este local. Hay
platos típicos para guiris, como patatas bravas, calamares a la romana o tortilla de patatas. También están los platos para los
fashion victims gastronómicos, como yo misma, donde te tientan con elaboraciones como hummus, yakitoris o atún con guacamole. Según decía Lila, algunos de sus platos (jamón ibérico con coca, que como tal no vi en el menú) tenían que provocar un tremendo déficit en los beneficios de la empresa, pero está claro que lo han sabido compensar muy perramente, ofreciendo platos como el
Arroz salteado con setas y jengibre, que es un auténtico timo. Poca cantidad de un plato, cuya materia prima es tremendamente barata y que hace que no se justifiquen los 8€ que vale la minúscula ración.



De los platos que veis en las fotos, yo me tomé el atún fresco con guacamole, los yakitoris y el arroz. Normalmente no pido postre. No soy muy laminera y prefiero llenarme con combinaciones saladas. Pero al llegar a los postres tenía tanta hambre, que no me quedó otra que pedir una tarta tibia de chocolate, que apenas me terminó de dejar satisfecha y eso que no soy muy glotona. Mi acompañante disfrutó de un yakisoba correcto y escaso, pero dejó abandonada la cebolla que cubría su hamburguesa. En la mesa de al lado también hicieron lo propio y no me extraña. La cebolla estaba falsamente confitada, su color te decía que se había caramelizado lentamente, pero la textura en boca te confirmaba que mediante algún fondo oscuro habían llegado a lograr el efecto visual del pochado, estando la cebolla apenas cocinada. Aunque la carne estaba excelente, es otro plato que pese a sonar rotundo, te acaba por dejar con hambre, ya que justamente esta guarnecida con una rebanada de pan de molde.


A pesar de que confundimos a un comensal con
Dj Hell, lo cierto es que su público es de lo más discreto. Si vas a ver gente guapa, olvídate. Los únicos guapos del local éramos nosotros y por supuesto, no pensamos ir más.
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