Humanismo sin credos

Del villancico al personaje real.

16.12.18 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.

Los relatos evangélicos están redactados por personas implicadas, “interesadas” en la propagación de la nueva doctrina, tras una larga predicación oral, adaptada y deformada, manipulada y acomodada, como toda trasmisión oral, a los intereses doctrinales de los grupos y de las ideologías de la época.

Sin embargo, en ellos se aprecian algunos apuntes que pueden gozar de cierta “consistencia histórica”, es decir creíbles sin otra salvedad que lo que la arqueología descubriera sobre Jesús:

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Lo del villancico...

14.12.18 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.


Dime, niño, ¿de quién eres? Nadie se habría atrevido a formular la pregunta de marras antes de 1834, porque la Inquisición habría tomado cartas en el asunto. Pero realmente el asunto tiene enjundia que sólo la fe ha sabido responder. O sea, asunto sin respuesta.

La profusión de luminarias en las calles, los anuncios de burbujas y demás, el infalible magisterio de El Corte Inglés y la previa lluvia lotera nos dice que ha llegado "la Navidad".

La Navidad, que no las “navidades”, nos vuelve a evocar, como un cansino estribillo machacón, que “el Verbo se hizo carne”. Son las “navidades” las que, con la misma persistencia, nos recuerdan el idílico y bucólico villancico de “cómo beben los peces en el río al ver a dios nacido”.

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LA GRAN INOCENTADA: EL CRISTO QUE NOS VENDIERON.

27.12.17 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.

En referencia a la Navidad, publicamos hace unos años aquí varios artículos con el título “El Cristo que nos vendieron ya estaba vendido” haciendo alusión a todos los cristos que en las diversas religiones antiguas se dieron. Tal afirmación es tan real como real fue la tergiversación que de tales creencias hizo la religión cristiana a poco de extenderse por el mundo conocido.

Podría ser ésta la gran inocentada de la religión cristiana. Así, tal cual: un Cristo vendido. Para vender cualquier cosa primero hay que contar sus maravillas (los crece pelos del Far West o "L'Elissir d'amore" puesto en música por Donizetti) para luego vivir, integrados en la casta vendedora, del cuento. Primero inventaron el personaje, luego lo pusieron a la venta y hoy se reparten el gran pastel de la credulidad.

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Los tópicos sobre Jesús.

31.08.17 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.


Como venimos diciendo a lo largo de los días anteriores, Jesús reúne en su persona los tópicos (del griego “topoi”, lugares) que se pueden relacionar con la aspiración mesiánica, sea de Israel o de cualquier pueblo irredento.

Son los tópicos aplicables a cualquier personaje que ha trascendido la pura humanidad y se ha convertido en extraordinario, sobrehumano, fabuloso y hasta quimérico. Por supuesto que este proceso sólo lo pueden hacer los prosélitos tras la muerte del mesías, proceso que va acumulando maravillas al sujeto como si de capas envolventes se tratara, de tal modo que el personaje real desaparece de la visión histórica. Es el símil de la cebolla: se van quitando capas y capas hasta comprobar que al final, en el interior, no hay nada.

Los tópicos de Jesús son los de cualquiera que se pretenda hacer pasar por lo que sea: nacer de modo no humano, realizar hechos portentosos, contar con un carisma especial que atrae a las gentes, sufrir y morir pero volver a la vida.

Asimismo los textos que tales excentricidades narran también son reflejo de lo tópico. Son sagrados como los demás que se conservan, inspirados por Dios, alejados de cualquier consideración historicista y no sometibles a análisis léxico, comparativo o de cualquier otro tipo. ¡Cuánto tiempo se hurtó la lectura de la Biblia al pueblo (que supiera leer) y cuántos siglos se tardó en emprender estudios rigurosos sobre el texto “sagrado”!

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Jesús, entre lo irreal y lo probable.

29.08.17 | 12:00. Archivado en Credulidad, Cristo, un mito más.


Ni siquiera los fanáticos pueden desprenderse de la lógica, la deducción y el uso racional de sus no aplicadas entendederas. Creen en Dios y creen, como es lógico, que ese “su” Dios existe “por ahí”; creen en el poder de Dios para con quienes le adoran; creen que ellos son su pueblo y que su Dios ama a su pueblo.

Por supuesto que en esto, en el creer, como en muchos aspectos de la vida, se dan muchos grados, muchísimos. Grados que han variado también a lo largo de los siglos. Deducimos por las revueltas religiosas que en tiempos de Jesús los crédulos en grado sumo eran inmensa mayoría. O, quizá, los más fervorosos arrastraban a la plebe amontonada.

Creían en Dios, en su dios. “Lógicamente”, ese su Dios tenía la obligación condigna de librarles de la injusticia, cual era la de estar dominados por potencias paganas e increyentes. A los fieles, a los que confían en Dios, les basta con la fe para que Dios actúe (“si tuvierais fe bastaría con que dijerais a ese monte…”).

Y en todo tiempo y lugar ha habido multitudes que han creído en lo increíble (lo cual no deja de ser una contradictio in términis que decían los lógicos escolásticos) con tal de que lo dijera el gurú, el profeta, el que habla en nombre de Dios. También hoy el poder de la palabra de un obispo es de tal naturaleza que confirma en la fe al más incrédulo.

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Jesús uno de tantos.

27.08.17 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.

El mensaje moral de Jesús queda resumido en el discurso de las bienaventuranzas, donde ofrece consuelo y esperanza a los desheredados de la Tierra.

Ese mensaje hasta a los romanos, de haberlo conocido, les hubiera parecido asumible y aceptable, como lo era el mensaje de tantos y tantos filósofos del tiempo de Jesús.

Sin embargo en la figura de Jesús que aparece en los evangelios hay algo más. Hay toda una asunción del espíritu del Antiguo Testamento, especialmente de todos aquellos que lucharon y predicaron primero el apartamiento y luego la liberación de los poderes extranjeros.

El pueblo judío era diferente de todos los pueblos del entorno y así debía continuar su situación (y así parece continuar en nuestros días). Son unos y únicos y eso les hacía y les hace odiosos o despreciables, según como se mire, a todos cuantos se han relacionado con ellos.

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Por supuesto que Jesús existió (el mito de Jesús).

23.08.17 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.


Por supuesto que Jesucristo, no Jesús, existió: como existieron Ulises, Zaratustra, Mitra y Apolo. Al creador de Cristo, Pablo de Tarso, le importaba un comino si Jesús existió o no. Ni le había conocido ni convivió con él. ¡Se le apareció! ¡Qué genialidad! Presuponer que algo ha existido porque se han tenido pesadillas.

Él creó otro personaje a imagen y semejanza de sus deseos, de sus fuentes helenistas y fundamentos judíos. Importa poco que ningún papel diera noticia de él; importa nada que no existan pruebas arqueológicas anteriores al año 100 sobre monumentos o cenotafios o lo que sea con su nombre. Lo importante es la tradición de su paso por la Tierra. (¿Paso por la Tierra de todo un dios?)

Por supuesto que Jesús existió, lo corroboran los mismos documentos que justifican la existencia de un tal Julius Caprinio Volterianus, que no aparece en documento alguno de la época y del que da testimonio fidedigno de su existencia un bloguero, el día 23 de agosto de 2017 a escribir su vida y milagros.

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La deformación de Jesús cuando lo hicieron Cristo.

01.06.16 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.


El Jesús que Pablo de Tarso y que los Evangelios transmiten… ¡no es creíble! Si se quieren inventar un dios a imagen y semejanza de los dioses precedentes o de su entorno llamándolo Cristo, nada que objetar. Pero ese “dios” no se puede asimilar a Jesús.

Si Jesús era hombre --y a eso conducen las investigaciones sobre su realidad histórica-- su origen, sus palabras y sus acciones debieron estar en consonancia con los hechos y acontecimientos normales de la vida. No sufriría en nada su mensaje al mundo. Incluso sería más convincente.

Si Jesús, convertido en Cristo, era dios, en tal categoría son admisibles los portentos y milagros, las transfiguraciones y resurrecciones y las apariciones y ascensiones. Las dos cosas a la vez, y dentro de un contexto humano, no son admisibles.

Esa mezcolanza entre lo divino y lo humano, que saltó al primer plano cuando los de la II Iglesia se pusieron a pensar, es lo que produjo el engendro que hoy es Jesús-Cristo: basta pensar en los encendidos debates, con aquella piara de monjes enardecidos y perdularios rondando y blandiendo palos, ocurridos en concilios primeros.

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Una frase de Máximos IV.

31.05.16 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.


Máximos IV, un patriarca del rito oriental participante en el Concilio Vaticano II dijo: “Hay muchos ateos que no creen en un Dios en el yo tampoco creo”. VER. Se puede interpretar como se quiera y se puede llamar ateo también al que no participe de la idea que sobre Dios tiene la Iglesia oficial.

En este blog lo vengo diciendo desde que comencé a escribir en marzo de 2006: preciso es ponerse de acuerdo en qué entendemos por Dios los que hablamos de él, para tener elementos comunes sobre los que ponerse de acuerdo… o no. Desde luego el concepto que la Iglesia predica de Dios, con los mil añadidos acumulados a lo largo de los siglos, no lo puede aceptar cualquier persona “normal” que ponga su razón al servicio de las deducciones.

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Hoy, muy breves: ¿Jesús, sí?

15.05.16 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.


Jesús es Dios, dicen los que en él creen. Y es “dios” para los que creen en él. También Zeus, Visnú y Ra lo eran.

¿La diferencia? Pues que después de muchas investigaciones históricas, arqueológicas, antropológicas, sociológicas y, sobre todo, lógicas, los científicos llegaron a la conclusión de que tanto Zeus como Ra eran personajes mitológicos, es decir, inventados por una causa y para un fin.

Y Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. La mayor parte de los dioses antiguos se habían hecho hombres y habían convivido con los hombres. Los mismos científicos anteriores llegaron a otra conclusión. Así, en nuestros días hemos sabido que los antiguos, muy antiguos, habían ido dando nombre a los distintos fenómenos naturales. Luego, al explicar tales fenómenos naturales, sus nombres quedaron en pura denominación de algo. Y los científicos, antropólogos, etc. llegaron a la conclusión de que los dioses hindúes, egipcios, griegos y demás nacieron y vivieron en la mente de los hombres, primero en la de sus creadores y luego en la de sus fieles.

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La magnificación absurda del dolor.

12.05.16 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.

Quedado sin saber por qué creen los que aquí suponemos que creen (en cosas religiosas), deduzco que la actividad principal de un creyente o un crédulo es mantener limpio su campo. Y así, su actividad se reduce a erigirse en escobas barredoras de cuantos puedan disentir de aquello en que creen. No insistiremos en tratar de desvelar su secreto. Seguiremos descubriendo irracionalidades.

Que el dolor sea una de las experiencias humanas que más afectan al psiquismo y más traumatizan, es algo incuestionable. Que cuando ese dolor lo es en grado extremo y es vivido como preludio de la muerte, todavía más. La naturaleza se defiende contra eso por todos los medios posibles. Por su parte la literatura exprime todo el jugo posible de ello y la religión lo aprovecha para sus fines específicos.

La religión es un sucedáneo de todo lo humano. Todo lo coloniza y todo pretende recubrirlo con esa pátina caliginosa de sacramentalidad difusa. Pretende "poner en valor", como ellos dicen, todas las vivencias humanas, desde la cuna hasta el sepulcro.

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El Cristo que engañó a Jesús (y 2)

30.03.16 | 12:00. Archivado en Cristo, un mito más.

Elucubrábamos ayer sobre el pensamiento, la actitud o la predisposición que generaría en los creyentes piadosos del culto oficial helénico y romano la predicación de la nueva religión. Pensamos que muchos de estos piadosos creyentes se sentirían movidos hacia la nueva religión por los hechos, por lo que veían en el comportamiento de los nuevos cristianos más que por su doctrina. La predicación, posiblemente, les dejaría indiferentes o quizá impasibles.

Por una razón: lo que oían no les sonaría a nuevo. Es más, les parecería una copia de lo que ellos ya conocían. Que Jesús naciera de madre virgen, que siendo hombre fuera dios, que padeciera persecución, que muriera bajo suplicio, que hiciera milagros, que bajara a los infiernos, que ascendiera a los cielos… Todo eso ya lo sabían. ¿Para qué entonces adscribirse a nuevos credos si ya tenían otras religiones donde embeberse en idénticos misterios?

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Martes, 22 de enero

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