Humanismo sin credos

Ética humana, laica y cristiana.

28.06.16 | 12:00. Archivado en Ética


No, no son tres éticas que pudieran contraponerse o enfrentarse. Aunque por sus supuestos fundamentos puedan parecer antagónicas, son la misma ética.

¿Se diferencian en algo? En esencia en nada. Puestos a diferenciarlas, las disparidades se deberían a motivos extrínsecos a la ética: el pretendido origen en el "creo en Dios Padre todopoderoso" frente a "creo en el hombre encarnado en una sociedad...".

El laicismo, que tiene conciencia de sí mismo como tal y lo propugna como el mejor "modus vivendi" de nuestra sociedad avanzada, tiene como base ética la judeocristiana. A menudo hasta la copia en sus formulaciones, bien que también el judeocristianismo fundamenta su ética en formulaciones "humanistas". Juego circular de influjos.

El filósofo Enmmanuel Kant, que más o menos salvaba la religión por la ética y que probablemente en su fuero interno fuera un agnóstico descreido en una sociedad imposible de serlo, hace relación de los componentes éticos basándose en el pensamiento bíblico: las virtudes que derivan del discurso de la bienaventuranzas y los principios del decálogo, con continuas referencias a ambos Testamentos.

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Ética humanista (y 2)

27.04.16 | 12:00. Archivado en Ética


Honestidad, integridad individual. Vivir según los principios que dicta la conciencia y que dicta el sentido del bien social y la justicia. Unidad entre pensamiento, sentimiento y acción guiados por la sinceridad y la fortaleza moral que no se deja arrastrar por las oportunidades que muchas veces se presentan de corromperse. La honestidad personal es ejemplo para los demás. Esta ejemplaridad es, a la vez, espejo donde se miren los demás y elemento represivo de conductas inadecuadas. Éste debiera ser el primer mandamiento de los gobernantes, por el efecto ejemplarizante que supone en toda la masa social. Dígase lo mismo de cuantos destacan por el motivo que sea, deportistas, artistas, pensadores, inventores, empresarios...

Sentido de la justicia. No es lo mismo justicia que legalidad. El sentido de la justicia es el que debe informar la legalidad y no al revés. El sentido de la justicia se puede expresar como equilibrio, armonía, distribución equitativa de oportunidades ante las necesidades de las personas. Es decir, dar a cada uno lo que le corresponde por su naturaleza y dignidad como persona humana, por sus actos y por su propio esfuerzo. Han de primar los derechos individuales frente a los intereses de partido, intereses económicos o cualquier otro interés que conculque dicha dignidad individual.

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Consideraciones sobre ética humanista (1)

26.04.16 | 12:00. Archivado en Ética

Titulábamos "ética sin religión" a un artículo de hace días y al punto salta en la mente una leve alarma: es un titular inadecuado, por el hecho de que segrega o discrimina. No es un pensamiento propio de quien pretende unir voluntades y superar fronteras.

La religión es un aspecto del hombre que no se puede ni ignorar ni suprimir de un plumazo, excluyendo creencias y actividades que son patrimonio de gran parte de la humanidad. Sería mejor hablar de superación o, cuando menos, de desacoplamiento.

El propósito de cualquier ética no debe ser excluir sino integrar. Los que verdaderamente se excluyen del resto de los humanos son los que creen en deidades y misterios, dioses que imponen una moralidad "ad hoc", con reglas determinadas y precisas. Ése es el quid de la cuestión, que añaden algo que no es natural a lo que podríamos denominar "persona normal".

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Ética humanista (1)

01.04.16 | 12:00. Archivado en Ética

Hablábamos antiyer de "ética sin religión" y al punto salta en la mente una leve alarma : es un titular inadecuado, por el hecho de que segrega o discrimina. No es un pensamiento propio de quien pretende unir voluntades y superar fronteras. La religión es un aspecto del hombre que no se puede ni ignorar ni suprimir de un plumazo, excluyendo creencias y prácticas que son patrimonio de gran parte de la humanidad. Sería mejor hablar de superación o, cuando menos, de desacoplamiento.

El propósito de cualquier ética no debe ser excluir sino integrar. Los que verdaderamente se excluyen del resto de los humanos son los que creen en deidades y misterios, dioses que imponen una moralidad "ad hoc", con reglas determinadas y precisas. Ése es el quid de la cuestión: añaden algo que no es natural, las creencias en seres indemostrados, a lo que podríamos denominar "persona normal".

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Una moral hecha de normas.

05.03.16 | 12:00. Archivado en Ética


La prédica moralista de las religiones que, como tabla de salvación, lanzan a las aguas del mar embravecido de la modernidad, encierra contradicciones numerosas, históricas y racionales.

La moral religiosa se traduce en numerosas reglas de vida, en mandamientos generales, actos a realizar y pautas concretas de conducta. A través de estas ordenanzas es como accede el creyente a "otro" sentimiento moral. Con relación a esta secuencia, no llego a calibrar la profundidad y las concomitancias de tanta ley positiva que conllevan estas "sus" propias palabras: la ley produce el pecado y el pecado genera la culpa.

Que el individuo llegue a reproducir dentro de sí un sentimiento de culpa por el hecho de haber llegado tarde a misa debiera darles qué pensar a los moralistas rigurosos que pululan por la Casa de Dios.

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¿Hace la religión mejores a las personas?

03.03.16 | 12:00. Archivado en Ética

Podría parecer que sí y, para ser honrados, creo que sí. Ni más ni menos que los efectos benéficos de cualquier ideal que empuja a una persona a llevar a cabo las propuestas de acción derivadas.

Una soflama de amor también deja sentir su efecto en personas que revuelven en ideas que conllevan buenos sentimientos. Así como cualquier religión engaña para creer necedades conceptuales --ésas que toda religión lleva aparejadas--, sin embargo su prédica moral es aceptable por cualquier persona. No lo es el fundamento de tal moralidad, desde luego.

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El pobre como moneda.

30.01.16 | 12:00. Archivado en Ética

El "pobre", el pobre real, no el pobre de espíritu ni otras martingalas, siempre ha sido moneda de cambio. No sólo, como se podría pensar "a bote pronto", de las religiones. También lo ha sido de todas las revoluciones que en el mundo han sido. El mayor criminal de la historia, Stalin, utilizó a los pobres del modo como lo hizo... alzándose sobre sus hombros, enviándolos luego a todos, por millones, al paraíso de la miseria y, si osaban gemir, al de la muerte en masa.

Todos, religiones y estrategas, esgrimiendo del pobre su condición de "persona" se han olvidado las más de las veces de su condición de ente "nutricional", del ser que lo primero que necesita es alimento y cobijo.

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La Iglesia, la encíclica, la ecología y las resonancias bíblicas.

09.01.16 | 12:00. Archivado en Educación, Ética, Iglesia, Organización y Jerarquía


Laudato sí” (Alabado sea): así comienza la postrera Encíclica de Francisco “papa”, de la que ya casi nadie se acuerda, título que copia el himno de San Francisco y que reproduce en el número 87 de la misma.

Publicada en mayo de 2015, me dije: Haré el esfuerzo de leerla en vacaciones. Apenas si, de sus setenta y tantas páginas –en mi edición de impresora— he llegado a leer veintitantas. El resto, un paseo visual por los párrafos. Entre citas y más citas y lo que me parecieron lugares comunes sacados de informes de Greenpeace o de la OCU, perdí el interés a pesar de que cuanto dice “es de cajón”, quiero decir que nadie podría discutir.

Sorprende que todo un papa, líder espiritual de una espiritual religión, dedique todo un Documento a algo que en el sentir general pertenecería a la sociedad civil, aunque cite como precedentes numerosos documentos papales anteriores que hacen referencia al asunto central de Laudato sí, el respeto a la “casa común” en que vivimos: Pacem in terris, Octogessima adveniens, Redemptor homines, Centesimus annus, Sollicitudo rei socialis, Caritas in veritate y numerosos discursos.

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¿Alguien puede sentirse a gusto con irracionalidades?

29.11.15 | 12:00. Archivado en Ética

Aunque muchas veces postulen lo mismo, por encima de cualquier moral religiosa están los principios éticos de los que todo hombre, por serlo, es consciente, los siente, vive, adopta y acepta.

Cierto es, volvemos a repetir, que también las religiones, incluso de forma explícita, recogen las normas éticas como principio de conducta, como decíamos ayer, pero siempre con añadidos, tergiversaciones y enmascaramientos. Quizá como un medio para confirmar la doctrina en que se fundan.

Pero además de aquellas normas de conducta que toda persona de bien acepta y procura seguir, la religión añade prescripciones "santificadoras" que la conciencia crédula interioriza a su modo y que genera conductas cuando menos extravagantes.

Ejemplos de irracionalidades que convertían en santos a sus mentores las vemos a lo largo de la historia de la Iglesia a millares. Dirán que son modas ascéticas obsoletas, que han sido arrumbadas, que están superadas... Sí y no, porque han sido durante siglos medios de perfección de los que la historia no puede desdecirse. ¿Y cómo una religión "eterna" genera actos santificadores irracionales?

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Revoluciones de sillón.

17.01.15 | 12:00. Archivado en Ética

Pero en vez de magos, vamos a hablar del bendito Francisco. Desde que ha llegado al cargo, no ha cesado de clamar contra la pobreza, la miseria, las guerras, etc. etc. Ayer, contra los ataques a "la madre" (mañana dejo mi comentario). También clamaron --está en el programa político de todos los papas-- Benedicto XVI y JP-2, con los bienhechoresy evidentes resultados de todos conocidos. Son los jefes supremos de una multinacional, la del Bien, la de la Paz, la del Rezo y parecen obligados a ello. Bien está pero... ¿sirve de algo? ¿les hacen caso? ¿es ésa su labor? ¿le atenderán quienes debieran? Por desgracia, no.

Tiene esto mucho que ver con esa afirmación frecuente entre predicadores izquierdosos que hablan de un "cristianismo revolucionario". "Ahí es ná", que diría el folklórico. Lo mismo que aquello de Jesús revolucionario. Otra estupidez mayúscula.

Muy a nuestro pesar, al suyo de los papas y, sobre todo, al de quienes las padecieron, han sido las revoluciones las que han hecho cambiar un tanto las condiciones de las clases bajas, de los obreros, de los pobres de este mundo.

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La historia se esconde para poder sacrificarla.

13.11.14 | 12:00. Archivado en Ética

El sacrificio que Dios exige a las nuevas comunidades donde ahora quiere instalarse, hace apartar la vista a los europeos. Las catástrofes “humanitarias” que asolaron las postrimerías del siglo XX y que se han colado en el XXI, tienen, todas, cariz religioso: no se puede exterminar si no se está imbuido de un sentimiento de divinidad, que no otra cosa es el fanatismo.

Frente a ello, la Europa que despierta, parece tener los ojos pegados, desperezándose del rigor de su propia noche: mira con estupor, por no decir con cierta dosis de estupidez sonámbula, ayer las masacres de Chechenia, hoy la inacción ante Siria, como si no le incumbiera o como si la muerte fuese cosa de dos. Parece querer delegar, en ese Dios en quien no cree, el remedio a tanto mal.

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La especie humana: ¿en peligro o el peligro?

30.12.13 | 12:00. Archivado en Ética

La especie humana parece ser el culmen de la evolución. En la consideración del "tamaño" de sus individuos, ninguna otra ha conseguido un grado similar de perfección. La especie humana, independientemente de consideraciones filosóficas o religiosas, es una más dentro de la Naturaleza y de la escala evolutiva, regida por iguales condicionantes y leyes cuales puedan ser su conservación y reproducción.

Si atendemos a este aspecto, el de la reproducción, la especie humana lo está haciendo a una velocidad vertiginosa, siguiendo modelos geométricos. No hay control "natural" sobre su procreación y subsistencia y el "artificial" o no es procedente o ha demostrado su ineficacia.

En el supuesto año del nacimiento de Jesús, se estimaba la población mundial en 150 millones. En el año 1.600 la población era de unos 500 millones; en el siglo XIX el número de individuos llegó a los 900 millones. En el año 2.000 --recuérdese la famosa carta de Salman Rushdie-- la Humanidad alcanzó los 6.000 millones. En 2.011 se superó la cifra de 7.000 millones. Hoy somos alrededor de 7.500 millones de individuos. ¿Se concibe otra especie con tal cantidad de individuos, por ejemplo la especie porcina o la de los primates? Sería una verdadera plaga, depredadora del resto de las especies.

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Lunes, 23 de octubre

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