Humanismo sin credos

¡ESO ES UN MISTERIO!

03.05.18 | 12:00. Archivado en Credulidad

El pasado 26 de abril y en mi pueblo burgalés de adopción, quise solemnizar, “gratis et amore”, el funeral por un amigo, labrador, que tras 96 años de vida finiquitó sus días, no por enfermedad sino por puro agotamiento vital. Nos llevábamos bien y aprendí muchas cosas de su experiencia. De los viejos-viejos hay muchas cosas que admirar. Y son dignos de veneración.

A la salida del templo unas señoras, en las que advertí educación o instrucción por encima del común, vinieron a darme las gracias por mi “actuación”, alabando los dones (musicales) que Dios me había dado. A la tercera vez que me lo dijeron repliqué: “Bueno, no sé si Dios... yo afirmo por el contrario que fueron mis padres y mis educadores. En concreto mi madre cantaba muy bien...”

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LA PIEDAD POPULAR ENTRE LOS ROMANOS.

27.04.18 | 12:00. Archivado en Credulidad

Tenemos una idea un tanto tergiversada de la piedad popular de los romanos, tergiversada por la versión sobrenaturalista que los cristianos han transmitido del paganismo o porque los hechos de cada día no caben en la “gran historia”.

Sin embargo esa piedad popular ha existido siempre de la misma manera y se ha mantenido durante siglos, pasando por el esplendor pío de la Edad Media, en una versión de piedad mágica hacia los santos y la Virgen María que todavía perdura.

Inscripciones, referencias, graffiti, frases sacadas de las comedias... conducen a una idea de la religión romana más próxima a la vida corriente, con dioses, aunque “sobrehumanos”, cercanos; patronos más que divinidades; superhombres del bien, lo mismo que el emperador velaba por sus súbditos. Prácticas rituales que vemos repetidas hoy día.

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Debatir sin poder razonar.

26.03.18 | 12:00. Archivado en Credulidad

Discutir es hacer crítica de las posiciones propias o contrarias, al dictado de lo que el oponente dice; discutir es buscar razones para defender los criterios y conocimientos propios; discutir es dar de lado las creencias propias para ponerse en el lugar del otro; discutir es dialogar, dando de lado la descalificación apriorística de la persona que afirma tal o cual cosa...

Aunque referido a los nacionalismos, en concreto al nacionalismo vasco, recojo las palabras de Jon Juaristi para aplicarlas a las creencias religiosas. En el párrafo que sigue, póngase en lugar de “nacionalismo” creencia religiosa y dará lo mismo. Y donde dice “nacionalista español”, dígase ateo, increyente o racionalista:

“...los nacionalistas nunca entran en polémicas, no discuten. Descalifican, eso sí, y su procedimiento favorito de descalificación es aplicar al eventual crítico la etiqueta de “nacionalista español”, con lo que se ahorran entrar en argumentaciones más completas...

...se limitan a remachar el núcleo duro de la ideología, es decir la creencia –infundada, como toda creencia—de que únicamente los nacionalistas vascos pueden comprender la hondura del nacionalismo vasco”.

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Qué tiempos aquellos que todavía colean.

20.03.18 | 12:00. Archivado en Credulidad


Peter Manseau (1974) es un joven profesor de escritura creativa y estudios religiosos en la Universidad de Georgetown. En 2010 se publicó en España su libro Huesos Sagrados. Ed. Alba. El libro se debería leer hoy día en clave de humor, porque leído con la seriedad con que en otros tiempos se tomaban los asuntos de las reliquias, podría hacer que patinaran las meninges.

Tras su lectura, amén de otras consideraciones, uno no puede por menos de preguntarse si a tanto llegaba la credulidad que se esparció como una peste sobre todo entre los siglos XI y XVI.

En el libro se ofrece a la consideración del lector una multitud de muestras, a cada cual más variopinta, que en otros tiempos eran objeto de veneración e incluso de culto. Y no sólo en el entorno católico. Valencia, entre otros especímenes, conserva dos o tres armarios con restos curiosos, por ejemplo el brazo incorrupto de San Vicente, mártir de principios del siglo IV y el Santo Cáliz de la última Cena; la lengua de San Antonio; el “santo” Prepucio de Jesús; en otros feudos dicen poseer un pelo de la barba de Mahoma o un diente de Buda...

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El Verbo se hizo carne y la verdad trizas.

31.12.17 | 12:00. Archivado en Credulidad

A la vez que esto terminaba, veía al muy honorable y reverendo obispo de Alcalá de Henares, Sr. Reig Pla, exponiendo verdades gruesas desde el altavoz de TV2. Con razón algunos pretenden suprimir este especio, porque la mayor parte de lo que se dice son fábulas expuestas como si de verdades se tratara. No soy de esa opinión, que conste: también se incita al bien y tales cuentos consuelan a mucha gente. Pero sí es cierto que lo que se oye, oído desde la otra parte, son verdaderas burradas si se toman "stricto sensu", como que una mujer normal y corriente, dice Monseñor, parió a Dios.

Porque así lo dicen, así lo repito: la Navidad afirma una verdad, cual es que Dios se ha hecho hombre entre nosotros en Cristo. ¿Una verdad? Pues ya tenemos la controversia sobre tal verdad: ¿verdad simbólica? ¿verdad histórica? ¿verdad a creer? ¿verdad refutable? ¿verdad inescrutable? ¿verdad mítica? ¿verdad revelada? ¿verdad con qué consistencia real?

Y lo grave es que de la elucidación de tal verdad se ha derivado una lucha titánica durante siglos entre los que quieren imponer su "verdad de fe" como "verdad histórica" y aquéllos que sonríen ante tales pretensiones pero que, o bien han sufrido o sufren por el disenso o bien se espantan por tener que contender contra hechos inmateriales y por tener que bajar al mundo de la sinrazón con las armas de la razón.

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¿Quién es ahora el marginado?

28.10.17 | 12:00. Archivado en Credulidad

En nuestros días y tras un periodo de más de 150 años de zapa, las posturas racionales respecto a la credulidad son de marginación. Esta nueva mentalidad ha traído como consecuencia que los signos crédulos se escondan: el cura viste de paisano fuera de su recinto; el viático, anunciado por un monaguillo tocando la campanilla y ante el que el pueblo se arrodillaba, se lleva escondido y a hurtadillas; han desaparecido las plegarias multitudinarias por la lluvia o el pedrisco; apenas si hay procesiones y las que se mantienen, de interés cultural, lo son más por sus aspectos folklóricos...

Cuando la sociedad era crédula, el que "no" aceptaba sus principios dogmáticos, sacramentos y ritos, se situaba al margen y, consecuentemente, era discriminado. Y si su categoría intelectual lo "merecía", era enjuiciado severamente. Léase, merece la pena, "Historia de los heterodoxos españoles", de don Marcelino, con sus tres tomos y sus 1573 páginas en PDF (Biblioteca Virtual Cervantes).

Con el cambio de mentalidad, debiera cambiar incluso la legalidad. La consideración actual del crédulo es que es precisamente él quien se aísla de la sociedad a la que todos pertenecemos, dado que elige otra, la que impone una casta, la clerical. El conjunto crédulo, creyente y fiel se asocia a una determinada capa social que cada vez se encuentra más marginada.

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La historia contra Jesucristo.

04.09.17 | 12:00. Archivado en Credulidad


Es imposible que el sentido común pueda contender o se imponga frente a aquellos que están dispuestos a creer en muertos que salen del sepulcro, muros que se derrumban ante un griterío, paralíticos que andan, lluvia de sapos o enfermos de hemorroides que al solo contacto con el manto del gurú quedan curados.

¿Será necesaria otra actitud en los incrédulos racionalistas que todo lo ven con los ojos del sentido común, habiendo otras formas de interpretar la vida? Quizá estemos equivocados nosotros, quizá debiéramos hacer un acto de humildad quienes intentamos regirnos por la razón o simplemente por lo que nos dicen los sentidos, quizá así pudiéramos encontrar sentido al hecho de que una simple palabra cura una enfermedad largamente soportada. Es decir, pensar en la palabra terapéutica y el gesto milagrero.

Que la palabra cure es algo fácil de entender y admitir; que se den hechos extraordinarios en la naturaleza también se puede entender, ¿pero hasta el punto de que con tanta frecuencia y del modo más grosero se conculquen las leyes naturales como son los milagros todos que aparecen en esos libros fantasiosos llamados Evangelios?

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Jesús, entre lo irreal y lo probable.

29.08.17 | 12:00. Archivado en Credulidad, Cristo, un mito más.


Ni siquiera los fanáticos pueden desprenderse de la lógica, la deducción y el uso racional de sus no aplicadas entendederas. Creen en Dios y creen, como es lógico, que ese “su” Dios existe “por ahí”; creen en el poder de Dios para con quienes le adoran; creen que ellos son su pueblo y que su Dios ama a su pueblo.

Por supuesto que en esto, en el creer, como en muchos aspectos de la vida, se dan muchos grados, muchísimos. Grados que han variado también a lo largo de los siglos. Deducimos por las revueltas religiosas que en tiempos de Jesús los crédulos en grado sumo eran inmensa mayoría. O, quizá, los más fervorosos arrastraban a la plebe amontonada.

Creían en Dios, en su dios. “Lógicamente”, ese su Dios tenía la obligación condigna de librarles de la injusticia, cual era la de estar dominados por potencias paganas e increyentes. A los fieles, a los que confían en Dios, les basta con la fe para que Dios actúe (“si tuvierais fe bastaría con que dijerais a ese monte…”).

Y en todo tiempo y lugar ha habido multitudes que han creído en lo increíble (lo cual no deja de ser una contradictio in términis que decían los lógicos escolásticos) con tal de que lo dijera el gurú, el profeta, el que habla en nombre de Dios. También hoy el poder de la palabra de un obispo es de tal naturaleza que confirma en la fe al más incrédulo.

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¡Lo que saben los creyentes!

19.08.17 | 12:00. Archivado en Islam enfermo, Credulidad


Desde luego, muchos saben más del mundo del más allá que del funcionamiento y leyes de este mundo. Son los teólogos y los doctores de la Iglesia así como las grandes autoridades del Islam. Y también muchos fieles ilustrados. Es una paradoja que ninguna persona normal entiende.

Saben lo que va a pasar cuando ese mundo sucumba; saben cómo está constituido el cielo y las jerarquías que hay. Saben el número y distribución de los espíritus que rodean el trono de Dios: los más cercanos y que soportan el fulgor de Dios, serafines, querubines y tronos; vienen luego los heraldos de su poder, dominaciones, principados y potestades; y finalmente los mensajeros, virtudes, ángeles y arcángeles (¿cómo llegarían a tal precisión?). Saben de qué está constituido el infierno...

Quizá los que mejor describen ese lugar sean los doctores musulmanes, cuanto más provenientes del desierto más sabios. Ese Paraíso tiene

arroyos, jardines, ríos, manantiales, terrazas floridas, frutos y bebidas magníficas, huríes de grandes ojos, siempre vírgenes, jóvenes amables, camas en abundancia, vestimentas magníficas, telas lujosas, adornos extraordinarios, oro, perlas, perfumes, vajillas preciosas...

Alguien ha tildado a ese mundo, que sólo los iniciados conocen, como “geografía histérica”. Verdaderamente una descripción maravillosa para el turismo ontológico. Pero con un defecto, que curiosamente es lo contrario de lo se carece en la tierra, sobre todo si ésta es puro desierto. O sea, descripción de deseos.

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Si la realidad es dura, ¡se la suprime!

07.07.17 | 12:00. Archivado en Credulidad

A los ojos de los creyentes parecemos merecedores de desprecio, ridículos, dignos de lástima: ¿cómo es posible, dicen, que pudiendo conocer la verdad y, sobre todo, que pudiendo gozar de la verdadera salvación haya personas capaces de desdeñarla, de negarla y de enfrentarse a ella?

A diferencia de ellos, los que laboramos en la otra orilla de la vida, la real, la de este mundo, consideramos a los creyentes “personas” y por lo tanto dignas de respeto: ni son dignos de vituperio ni de lástima ni, menos, sujetas a castigo alguno. Por ejemplo, matar, como se hizo durante la Guerra Civil, a personas sólo porque iban a misa jamás podría entrar en nuestro pensamiento. Eso fue una salvajada a cargo de personas obcecadas, hordas tan fanáticas como las formadas por creyentes fanatizados.

Eso sí, produce cierta tristeza, resulta penoso que haya grandes grupos de personas que admitan y se contenten con las fábulas que dicen que les consuelan, más propias de niños que de personas adultas. Y todo por huir de las “crueles” certezas de los adultos.

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También hay quien nos anima.

21.05.17 | 12:00. Archivado en Credulidad

Mucho nos congratula el que haya alguien que de vez en cuando asome sus narices intelectuales por los andurriales nacionales para corroborar lo que en este blog día sí y día también firmamos y afirmamos:

--la vacuidad de los credos,
--la necesidad de vivir según el sentido común,
--la necesidad de analizar las propias experiencias para hacerlas vida en uno mismo;
--el engaño histórico e intelectual de los dogmas,
--el imperio de la compulsión,
--la tiranía de las conciencias,
--la extorsión de las mentes ignaras y algún que otro chascarrillo de menor entidad
.

Alguien que, como ya tantas veces hemos dicho aquí, comprueba en sus carnes la imposibilidad de contender con un crédulo: dos vías paralelas excluyentes que no pueden poner nada en común por imperativo de sus categorías mentales. Es aquel lejano e inane diálogo entre el cardenal Martini y Umberto el filósofo que parece un diálogo que se produjo hace cinco siglos.

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En aqueste vocerío, sobre galgos o podencos / unos se llenan los cuencos y otros gimen, "Ay, Dios mío"

25.04.17 | 12:00. Archivado en Credulidad


Desde esta mi C/ del Humor Hermoso observo de vez en cuando las trifulcas aledañas que se montan a porfía. A poco que me asome percibo caras desencajadas, rápidos movimientos de manos, giros bruscos de cabeza, risotadas sin sonido alguno. Mueve a conmiseración el griterío cuando desde fuera se percibe.

Los unos defendiendo posturas intransigentes y retrógradas y sacando trapos que no llegan a sucios porque ni siquiera son trapos; los otros apelando a retales de mercadillo con que seguir tapando las vergüenzas mitológicas que les roen; los más tratando de apuntalar con vigas de vivencia el edificio destartalado de la fe; los menos viendo la manera de subsistir con remiendos en la idea de que son capelos.

Nunca tuvo más vigencia el cuento de galgos o podencos, ¡teniendo aún los lebreles en las fauces a los conejos!

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Lunes, 23 de julio

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