Humanismo sin credos

¿Y qué pensaba Jesús?

28.11.18 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo

De todos los que han leído y meditado tanto Evangelios como Antiguo Testamento es sabido que Jesús no se encontraba a gusto dentro del corsé ético de sus ancestros. Es más, en varios momentos su mensaje es aquel de “sabéis que se ha dicho... pero yo os digo...”.

Para los contemporáneos de Jesús la ética del A.T. era verdaderamente nefasta, por momentos desafortunada y hasta trágica. No digamos para nuestro modo de pensar. Todo en el Levítico o en el Deuteronomio y casi en todo el Pentateuco respira odio, ira, venganza, saqueos, escarmiento y punición.

El dios de la primera parte de la Biblia es un dios tirano, opresor, arbitrario y déspota. Jesús no podía ni pensar ni ser así si pretendía fundar una moral universal (que, por cierto, no lo pretendía sino sólo para sus judíos, pues, aunque era dios, su mundo tenía el límite del Jordán).

Cierto es que en muchos aspectos la moral de Jesús deja mucho que desear, por ejemplo en relación a su propia familia. No se nos alcanza el porqué. Esa manera cortante de tratar a su propia madre; ese modo de “arrancar” a sus discípulos del entorno familiar; esa compulsión a que los suyos lo dejen todo... Visto con ojos de nuestros días es el mismo comportamiento que tienen los gurús de las sectas, arrancar a sus posibles seguidores de la familia.

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¿Jesús contradice a Dios?

26.11.18 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo


En muchos sentidos el mensaje y programa del profeta Jesús reencarnado en Jesucristo, fue una novedad para las gentes que lo oyeron y luego para la turba que se adhirió al cristianismo naciente. Se podría decir que fue único, pero no es así.

Resulta curiosa la coincidencia entre Séneca y Jesús, el supuestamente nacido en Nazaret. Coincidencia en el tiempo y el mensaje pero no en el legado literario. El primero supera al segundo en cuanto a producción de obras literarias en más o menos 30 a 0. De Séneca se conservan unas 27 producciones salidas de su puño y letra; del segundo, nada que pueda decirse propio. Pero... sabemos que el segundo, Jesús, convertido en Jesucristo, se impuso al primero en el número de seguidores que todos sabemos.

Séneca nació en el año 4 a.c. Y Jesús nació en el año 6 a.c. O sea, casi compañeros de colegio. Ambos murieron naturalmente de forma poco natural, el primero eligiendo la suya propia sin esperar a que los métodos de Nerón le aplicaran otra mucho más dolorosa (según dicen, Séneca se abrió las venas de manos y pies pero quizá por lo acartonado que estaba su organismo, la sangre no quería salir, de ahí que pidiera el veneno griego, la cicuta, que tampoco hizo efecto en él , vaya Ud. a saber si por la dieta que hacía años seguía. Al fin, dicen, fue su propia asma la que en el año 65 lo llevó al crematorio). Jesús, por su parte, “eligió”, por designio de su Padre celestial, la más dolorosa de las muertes, la cruz, muriendo “nel mezzo del camin della sua vita”.

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El Cristo de la Iglesia no fue ejemplo de nada.

10.08.16 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo


Para encontrar a un Jesús creíble, cuya humanidad aflore sobre la pretendida deificación del autoproclamado apóstol llevada a cabo por Pablo de Tarso, sólo podemos escudriñar en los evangelios sinópticos. El de Juan es otra historia, muy cercana a la de los gnósticos.

El Jesús de determinados versos del Evangelio difiere mucho de aquel que la Iglesia ha presentado a la historia. O en todo caso, encontramos a muchos Jesús, que sirve tanto para un roto como para un descosido. Acabo de leer “Otro Dios es posible”, de Vigil y ahí sí que encontramos a otro Jesús, más real y menos fabulado. Un libro escrito según el pensamiento de la teología de la liberación. Recomendable para cualquier creyente piadoso. Además, ameno y didáctico.

Es un pensamiento que hace tiempo martillea mi cabeza. Ponen, erigen los cristianos como ejemplo de perfección a Jesucristo. Ejemplo a imitar, por supuesto, no sólo ejemplo a adorar. ¿Y de dónde, hablando con un mínimo de seriedad, procede ese creer en la bondad imitable de su Maestro? Si hay testimonios de tal bondad, la imitación podría ser hasta natural y lógica. Yo mismo lo tomaría modelo.

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¿Por qué se cree en lo inverosímil?

17.05.15 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo

Hoy es precisamente uno de esos días en que credulidad y normalidad chocan frontalmente: los crédulos celebran "una ascensión". Se podría entender tal "ascensión a los cielos" de manera simbólica, alegórica, metafórica... y nadie podría decir nada: alegoría de nuestra propia ascensión a mundos mejores (que incluso se pueden realizar en vida terrenal). ¡Pero los creyentes celebran, como normado por la Iglesia, algo real, que, a la vista de sus discípulos Jesús ascendió hasta perderse entre las nubes! ¿Es así, creyentes que defendéis lo más inverosímil? ¿Ascendió Jesús "realmente"? ¿Y hasta dónde ascendió? Pues si no es así, ¿quién nos impide a los demás pensar que todo en Jesús es simbólico y alegórico, nada real?

Tenemos un personaje del pasado objeto de estudio, de nombre Jesús. Unos afirman que era dios; que tomó forma humana; que era consciente de su plan salvador; dicen de él que era el Verbo divino que salió del seno del Padre para encarnarse en hombre. Otros lo encuadran en un tiempo, en una sociedad determinada; perciben en sus palabras aspectos de tinte nacionalista, solidario con las zozobras de su pueblo, ansioso de libertad, comprometido con la autonomía de su nación, incluso y posiblemente formando parte activa de grupos de agitadores…

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¡Hay tanto escrito sobre Jesús!

09.05.15 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo

Si se depurara todo aquello que se ha ido amontonando en torno a la figura de Jesús tras dos mil años de cristianismo, lo referido al personaje real sería bien poco. Precisamente gracias a esa inmensa cantidad de material amontonado, material pretendidamente biográfico, conocemos las únicas fuentes de que se puede servir un historiador para acceder al personaje: determinados fragamentos de cartas y evangelios.

Al igual que sucede con otros héroes del pasado remoto, las fuentes históricas son de tres, quizá cuatro clases: testimonios de quienes lo conocieron; relatos posteriores a su muerte presuponiendo la fiabilidad de los mismos; fuentes escritas de historiadores contemporáneos ajenos a su entorno; posible material arqueológico o epigráfico de cualquier clase que tenga relación con él.

Para acercarse a los testimonios legados sobre Jesús, los investigadores dicen someterse a determinados criterios, más que nada para conseguir validar dichas fuentes, especialmente las fuentes escritas emanadas del ámbito de Jesús. Son fundamentalmente los que siguen:

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Los fieles no necesitan historias.

08.05.15 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo

Dicen que sabemos muy poco de Sócrates y muchísimo de Jesús. Es cierto. De Jesús lo sabemos todo e incluso más, porque cada día surgen nuevos tratados a cada cual más variopinto que amplían los inagotables aspectos a venerar en el Dios hecho hombre. Es el rizo del rizo elevado a la décima o centésima potencia.

¿Y por qué la credulidad aporta nuevos datos sobre Jesús y revuelve una y otra vez en su figura? Precisamente por eso, porque el Jesús de la fe no es un Jesús histórico. Y la fe como productora de entelequias, ensueños, utopías, fantasías e incluso alucinaciones es inagotable, como lo es la imaginación humana, que no pone términos a nada.

Quizá los eruditos protestantes y católicos de la New Quest intenten precaver contra la deriva espiritualista (sentimentaloide, infantiloide) de la fe... Pero, ¿por qué ese "noble" intento de buscar un Jesús decididamente histórico?

Ningún creyente accede o mantiene su fe y su confianza en Jesús movido por argumentos racionales, ganado por la fuerza de unos argumentos derivados de ese buscado, ansiado y descubierto Jesús “histórico”.

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Un adjetivo inapropiado: Jesús histórico.

07.05.15 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo

En el prólogo de su libro “Jesús el Galileo armado” se pregunta el autor, José Montserrat Torrents, por qué esa expresión de Jesús “histórico”. Jamás diremos Sócrates “histórico” ni Alejandro Magno “histórico” ni Colón “histórico” ni Nelson Mandela “histórico”. ¿Por qué entonces Jesús “histórico?

A un historiador tal expresión le podría parecer absurda, porque los personajes objeto de su estudio o son hitóricos o son legendarios, pero no ambas cosas a la vez. En todo caso dilucidará dónde termina el personaje histórico y dónde comienza su leyenda, como es el caso de Jesús. Eso de "Jesús histórico" procede de otro ámbito, el ámbito teológico que pretende hacer pasar por histórico, o sea, real, nacido de mujer, que vivió en un tiempo determinado, del que quedan rastros físicos para seguir sus pasos, un personaje objeto de creencia. La misma expresión ya indica elementos sobreañadidos a tal personaje que lo hacen irreconocible como “histórico”. “Dime de qué presumes…” que dice el refrán.

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Falso o no, eso no es lo importante.

26.12.11 | 12:00. Archivado en Jesús y Cristo

Hay en las religiones, en todas, errores de bulto de todo tipo, sobre todo históricos, que se admiten casi por inercia; afirmaciones gratuitas que no se rechazan; creencias sin fundamento que se dan por buenas... ¡a sabiendas de que son falsas!

Nadie con un mínimo sentido crítico les da importancia, ni dentro ni fuera del mismo credo. Son tan "de poca monta" y entidad que no merecen atención seria. Primero porque los mismos eruditos de su propia religión las admiten como tales y, en segundo lugar, porque en nada afectan al meollo esencial del creer.

Podrán servir de carnaza revisteril para el vulgo y de pedrada en las discusiones de tertulia. Por esta vía jamás temblará la creencia, a la vista de que nadie entrará a discutir aspectos anecdóticos de la religión.

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Fraus Deo

23 Dic 011


Los tópicos de Jesús y Cía.

06.03.08 | 14:00. Archivado en Jesús y Cristo


Son ya tópicas las denuncias, pero es preciso repetirlas. Ese Jesús, en el que supuestamente creen, denunció situaciones a todas luces y para cualquier razonante injustas o degradantes:

--la aristocracia sacerdotal de su tiempo,

--la voracidad de la jerarquía por el diezmo y no por la justicia,

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