
Ruinas de Eleusis. En su espectacular y milenaria carrera que comenzó en Milán en los albores de la IV centuria, el Cristianismo fanático se cuidó muy bien de borrar toda memoria de la hasta entonces religión oficial. Para ello sus mesnadas pusieron todo su entusiasmo en destruir templos, matar sacerdotes y limpiar cualquier vestigio que pudiera relacionar el credo cristiano con cultos precedentes.
Esto fue todavía más acre con cualquier práctica religiosa que pudiera velar el rito fundamental de la Iglesia católica, la Eucaristía. No la Eucaristía al hodierno uso, sino como los primeros cristianos la celebraban.
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La ristra de “santos protectores” es, como poco, una ofensa al buen gusto.
Hay “santos” para todo. A veces ni se sabe por qué son “protectores de...”: algunos están asociados a determinados males o bienes ¡sólo por el nombre!
Como la rima en asonante es fácil y el nombre contiene “pan”, se invoca a San Pancracio para tener salud y trabajo.
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La racionalidad depende del contexto: la ciencia familiariza al hombre con su entorno, la religión fija las actitudes mentales dotadas de valor y la magia confiere al hombre valor ante la dificultad.
La tradición juega un papel muy importante en la mutua relación de los componentes de una “comunidad”. Uno de los factores que más contribuye a este fin, dentro de la religión, es el rito, ya que favorece la cohesión social.
Según Malinowski la religión confiere al hombre el don de la integridad mental, neutraliza emociones, tales como el miedo o la desmoralización, y proporciona medios de reincorporación a la estructura del “grupo” como unidad.
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Sí, se sabe hoy. Y se sabe gracias a estudios publicados pero no demasiado divulgados. Tanto en el A.T. como en el N.T. hay una manifiesta relación del pueblo de Israel con Egipto. "De Egipto saqué a mi pueblo", "...y huyeron a Egipto para que el rey Herodes...".
En los albores del cristianismo, una de las comunidades cristianas más vigorosas fue la de Alejandría, a la que fue dirigido el Evangelio de Mateo. Curiosamente éste es el único que refiere la huída a Egipto hasta que muriera Herodes.
El Cristianismo bien que hizo todo lo posible por limpiar cualquier referencia que sugiriese afinidad entre Cristo y Horus. Y lo consiguió.
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Orión. "Los tres reyes".
Es la Epifanía (epi-fáinomai), la manifestación, y la Iglesia celebra la "FESTIVIDAD DE LOS REYES MAGOS".Aclaremos, por anticipado, que en Mateo, cap 2 los tres personajes "raros" que vienen a adorar a destiempo al "rey nacido" son "magos", no "reyes magos", o sea "astrónomos", o sea "burócratas del zigurat", o sea, "empleados del cielo". ¿Por qué su reconversión en "reyes" y la "tergiversación" del texto "sagrado"? (1)
Nada habría que decir si tomaran el relato del evangelista Mateo en el sentido que cualquier lector imparcial y no contaminado por el peso de tanta tradición le daría: una alegoría piadosa.
Se obstinan en celebrar como fiesta especial y específica el que tres Reyes de Oriente vinieran al Portal de Belén, hablaran con Herodes, siguieran una estrella-Guadiana, etc.
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Responde el titular a una pregunta que no por explícita deja de estar presente en nuestra sociedad: "Y otra vez... ¿qué se celebra hoy?"
Lo quieran o no los prosélitos de los "gallos" --me refiero a la antañona "Misa del Gallo"--, la mayor parte de los íncolas de Occidente sabe que ni hoy nace un dios ni hay por qué celebrar nada que tenga que ver con ello. De hecho, nadie lo celebra. Es así.
Esa es la cruda realidad para los añorantes de otros tiempos. En épocas de Tutankamon y compañeros mártires los dioses nacían y morían. Hoy los dei nascituri han emigrado
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Si Jesús –antes de su propia “pascua”-- fue y se consideró “mesías”, los discípulos tuvieron que entenderlo y de hecho así lo consideraron como “salvador temporal” de su pueblo, como líder necesariamente enfrentado a los romanos.
Casa mal con esta afirmación la insistencia en que “no se lo dijeran a nadie” y la seguridad con que anuncia su muerte, con lo cual su mesianismo caía por tierra de forma estrepitosa.
Considerarlo y considerarse a sí mismo como simple profeta, siervo de Yahvé sufriente, no conducía a ninguna parte entre los nuevos cristianos que, “a fortiori”, deberían integrarse en un judaísmo marginal.
¿Cómo salir del atolladero? Pablo lo hizo de forma magistral:
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Todo en lo que se sustenta la Fiesta del Pilar es falso. Será fiesta, habrá ofrendas florales, se cantarán jotas, desfilará la tropa, se besará el pedestal, habrá cien mil misas... pero el sustento dogmático es de contenido legendario.
Sé que puedo ofender a un creyente típico o tópico. Sé que este escrito es de los que propician la persecución de quien socava tradiciones, pero... ¡qué le vamos a hacer! Lo mismo que una tradición nace, puede morir. Más si esta tradición se basa en tergiversaciones, falsedades impuestas por una casta, aspectos legendarios que se hacen pasar por históricos...
¿...que se quieren sustentar tradiciones sabiendo a priori y admitiendo que son leyendas, piadosas pero leyendas, es decir cuentos, es decir, narraciones propias de sociedades infantiles?. Nada que objetar, pero al menos que no traten de hacer tragar ruedas de molino al personal "de a tierra".
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Retrocedamos cincuenta o sesenta años atrás, todavía el cristianismo católico fuerte en Europa. La doctrina teológica era: Extra Ecclesiam, nulla salus , que puesto en positivo quiere decir Sólo dentro de la Iglesia hay salvación.
Ya de hecho eso de la "salvación", tal como ellos la entienden, es un presupuesto falso e inexistente por indemostrado. No por mucho desear una cosa, esa cosa tiene que existir. Los deseos no son fuente indubitada de verdad.
Extra Ecclessiam... O res ridicula, que diría Catulo. Sentencia tan descaradamente falsa hoy la edulcoran diciendo que “dentro” se está de tres formas, por bautismo, por deseo o, implícitamente, por buenas obras... ¡Pues viva la globalización!
Páginas y páginas tratando de justificar aserto tan fatuo y pedante. En palabras llanas, "el que mucho abarca poco aprieta".
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Cuando “todavía había Dios”, señor de vidas y haciendas, le adornaron con todo el poder y virtudes y gracias que el hombre era capaz de poseer: lo que éste y el otro y el otro y el otro poseían –la verdad la poseemos entre todos— era el compendio de lo que entendemos por “Dios”.
El mayor creador de cosas era Dios; el tirano o el juez era Dios; el dueño era Dios; el poseedor de todos los bienes era Dios; el sabio, el intelectual, “el que conoce”, era también Dios; y, sobre todo, el bueno, el amigo, el consolador, ése asimismo era Dios.
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Llegar a Dios no le fue difícil al hombre: llamaba “dios” a una causa desconocida que propiciaba efectos que, a su vez, tampoco entendía. O al menos así deducía él.
Dios, en esencia, es fruto de la ignorancia. Y sigue siendo fruto de la ignorancia.
Primero la ignorancia del zángano mental. Luego y también la de aquellos que, buscando saber, se quedaban a medio camino eligiendo placebos y sucedáneos. Subyace siempre el hecho de que cuanto más asciende el hombre en el saber, más cosas ocultas encuentra. Y se cansa.
En los estadios intermedios del saber, siempre hay, y habrá, quienes pierdan las ganas o el norte. Dios siempre detrás de lo desconocido.
Asunto bien distinto es cómo, en esa ascensión por la rama del saber, algunos desviaron su interés por lo desconocido para caminar tras el desconocido, eso que llamaban “dios” y que siempre aparecía detrás de cada conquista cultural.
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Les han llamado “santos inocentes”. Pero con toda lógica, el día a ellos dedicado, ha derivado en “día de las inocentadas”. ¿Por qué? Porque no hay mayor inocentada que hacer creer a la gente
1. que hubo tal matanza de niños
2. que la gente tiene que celebrar una matanza... inexistente.
3. que se tiene que venerar como santos a niños... que no murieron.
De ahí que, como siempre hace el pueblo, desvíe por el camino de la risa lo que no puede conseguir por el camino del enfrentamiento.
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