Dejando aparte manifestaciones relativas a la maldad del hombre, en el análisis del mundo actual en relación al "mensaje de salvación" aportado por algunos portavoces religiosos --digamos misas dominicales-- se oyen diagnósticos de este cariz:
Se han alejado de “nuestra” Iglesia porque no ven en ella la ayuda espiritual que necesitan.
Se han alejado de Dios porque no les convence la imagen que los creyentes han presentado de él.
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Sempiterno argumento sobre el conocimiento de Dios: que nuestros conceptos de Dios son humanos; que Dios escapa de nuestra inteligencia; que Dios no cabe en nuestros criterios racionales; que los que fallamos somos nosotros al interpretarlo...
O también: que existe otro tipo de conocimiento, no el racional, sino el "vivencial", el que nos procura la verdadera "sabiduría"...
Las respuestas podrían ser variadas, aunque con seguridad ninguna les convencería. La más contundente es la que sigue su mismo razonamiento
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Es la expresión repetida por el labriego pensaroso y por el científico circunspecto. "Tiene que haber algo ahí que gobierne todo esto y que controle a los hombres"... "No sé, a mi la religión no me seduce, pero sí creo que tiene que haber algo...".
Parece que la regularidad, la armonía y el orden --incluso el desorden-- que los científicos perciben o descubren en el mundo les produce tal impresión que su propia admiración se convierte en credulidad: tiene que haber “algo” detrás de todo eso.
Y a los mortales de a pie impresiona ver científicos tan relevantes y disímiles como Pascal, Volta, Priestler, Euler, Oersted, Ampère, Faraday, Maxwell, incluso Einstein... haciendo gala de convicciones religiosas tan profundamente sentidas y, en muchos casos, vividas. O la expresión de Schiller en la "Oda a la libertad/alegría" musicalizada por Beethoven:
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¡Qué gran tontería la de Nietzsche al afirmar que Dios había muerto! No porque no tuviera razón, sino porque, a fin de cuentas, su rotunda soflama era tan gratuita como cualquiera de los otros: argumenta en el mismo plano que los brujos y los sacerdotes cuando afirman que ellos conocen la voluntad y los deseos de Dios.
El hombre parece que siempre ha necesitado a Dios: esa es la constatación que se deduce de la historia. Dios, la religión, las sociedades sacerdotales... siempre han estado ahí.
Pero no es cierto. Y ha prevalecido la idea de un Dios necesario a la razón, a la sensibilidad, al sentimiento, al funcionamiento del mundo... Insistimos: no es cierto. Dios siempre ha sido una “opción”. Y ante esa opción siempre ha habido pensadores y gente innominada que se han opuesto a aceptarla. Opción que, aunque ha sido impuesta por mentes y jerarquía interesadas, sin embargo aparece una y otra vez rechazada por pensadores “de fuste”.
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Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, cuando me he hecho adulto he dejado las cosas de niño... Esta frase de San Pablo que parece chocar frontalmente con aquella de su maestro --“si no os hiciereis como niños”--, tiene más enjundia y desde luego más connotaciones de las que Pablo le dio. O por lo menos la Iglesia, tan dada a hacer teología de cualquier pensamiento nimio de Pablo de Tarso, no sacó jamás las consecuencias globales que de ello se deduce.
La humanidad ha venido “hablando” durante muchos siglos como un niño: ante tal estímulo natural o conceptual, la humanidad sólo tenía respuestas infantiles. Algunas veces respuestas infantiles en boca de doctos doctores de esa misma Iglesia (recordemos las tonterías científicas desde San Agustín a Tomás de Aquino). Prueba de la vaciedad y trivialidad de sus afirmaciones científicas es el olvido absoluto en que éstas han caído.
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No es intención ni se puede, en artículos diarios en RD, abrumar con datos ni profundizar en los asuntos que se tocan y que aquí se aportan. Es imposible y además pretende que así sea la filosofía que anima tales aportaciones escritas.
Generalmente lo que aquí se escribe son ramalazos, pensamientos, ideas para compartir o discutir. A veces no hay ni ganas siquiera de consultar aquí o allá y uno echa mano del acervo que nutre y bulle en su cacumen.
Y una de ellas es precisamente el origen psicológico de Dios. O de cómo la idea y la figura de Dios surgen de lo más profundo del hombre, de las pulsiones que subyacen en el hombre.
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No sabría decir si es así, tal como dice el título, o es al revés, que la vejez de los fieles se transmite a Dios. Es decir, si Dios va perdiendo fuerza y vigor –se hace viejo— a pesar de su condición eterna o si es lo contrario. Me inclino por esta última consideración, que Dios se hace viejo porque la masa fiel que cumple sus preceptos y se guía por sus dictados es abrumadoramente vieja. Los fieles cristianos cada vez son tienen más edad, longeva ella, y como consecuencia el Dios en el que confían, se hace también viejo.
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por HUMANISTA CRISTIANO.

Esto escribió un "comentarista" innominado (su firma: ') el día 10 de este mes. Bien es cierto que en "este blog" no participamos de la idea necesaria de un Dios necesario, pero sí de los principios que aquí se exponen. Los rescatamos para sustento crítico de quien aquí lea.
No se conoce a nadie que haya podido llegar a 'SER', si durante un primer periodo de su existencia no ha tenido padre, enseñador, proveedor, emperador, protector, legislador, guerrero, tutor, jefe, gobernador, fuerte, parakletos.
Bendito sea todo padre.
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Cuando la razón se pone pesada, no para. "La voz de la razón es suave", pero es muy persistente(Die Stimme der Vernunft is leise).
Y cae como ramalazos de pensamiento sobre lo primerizo de la fe, sobre la sustancia que sustenta todo, sobre el quid en que se funda todo lo que después vino, a saber, que del "creo en Dios" surgen después las catedrales, la inquisción, el santo cura de Ars, la cuentas corrientes del Opus en New York, Cáritas y las sectas. Por más que lo traten de explicar, siempre queda flotando un pensamiento martilleante indomable e irreductible.
Dicho con brevedad: nadie con dos dedos de frente puede creer que un Dios omnipotente y “omnitodo” sintiera la “necesidad” --porque en él todo es necesario-- de crear un mundo.
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por EMÉRITOAGUSTO
“¡Como hay Dios!” Cuando oigo tal juramento para garantizar una verdad, me ataca la sospecha de que me quieren encajar una mentira, y no ciertamente piadosa. Porque no hay mayor superchería que poner a Dios por testigo. Aunque se le represente con su inalterable e impasible “ojo avizor”. Dios, en el supuesto, estaría muy lejos de identificarse con los inexorables radares de la DGT o las opresivas cámaras de GH.
Los hombres hablan de Dios, piensan en Dios, rezan a Dios, adoran a Dios. Pero ¿cómo estarán seguros de que existe Dios? Sólo por la fe, “apuntalada” por la revelación. Para el creyente, sólo la fe es punto de partida en la demostración de Dios (que no es demostración, sino “recurso” creyente, más allá de toda “razón pura”).
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¡Pero qué cansino!
Sí, siempre lo mismo, siempre el mismo asunto, siempre las mismas lentejas, siempre el mismo estribillo e incluso la misma canción, siempre la recurrencia...
Respuesta: ¿no es su premamente presencia en la sociedad, defendiendo hechos e ideas descabelladas también una permanente provocación? ¿No es su incansable afán de presentarse como luz del mundo una incitación al rechazo?
No es el que anden por la calle, el que se relacionen, el que vivan, el que sostengan entidades de interés social, el que traten de regenerar moralmente la sociedad, el que magnifiquen la ciudad con sus edificios... Eso lo defendemos y aplaudimos.
Nos referimos a lo que hay detrás, lo que tal manifestación física presupone, las ideas que dan sustento a dicha "onticidad existencial".
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El día 21 de marzo va a morir Dios en la persona del Hijo. Eso dicen todos los años. Como no puede morir lo que está muerto, por la misma razón el difunto resucita, muere, vuelve a resucitar y así... ¡que la fiesta no decaiga!
Sí, ya sabemos que todo es simbólico, recuerdo de algo que se presupone que ocurrió, refrito y centón de religiones cosmológicas, pero en el fondo vivido por sus prosélitos como si de acompañamiento tanatorial se tratara.
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