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Son interesantes por demás los artículos del grupo “Blog de Antonio Piñero” -me refiero a la serie de artículos que tratan de Jesús, el histórico y el divinizado— a los que remito por referencia y por deferencia.
Desde posturas científicas biblistas vienen a decir lo que aquí, con un tono más apologético y vulgarizador, venimos diciendo desde hace ya tiempo. Tómense como muestra los dieciséis artículos dedicados a Pablo de Tarso o la serie de artículos del mes de diciembre de 2008.
La pregunta que constituye el meollo del asunto es “qué se sabe de Jesús” o quizá “el por qué, cuándo y cómo de la divinización de Jesús”.
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¿Se puede presumir en el creyente el amor a la verdad por encima de todo? En ese caso habría que repetirle una y otra vez que piense, que deduzca y, si es capaz de decidir, que decida –no siempre el pensamiento se traduce en acción, pero en caso contrario, genera sensación, la de cobardía--.
Otros ya hemos llegado a ciertas conclusiones, como aquella de que tanto Cartas primero, como Evangelios después, se escribieron al dictado de los intereses de Pablo de Tarso y según su inspiración. Los unos, los Evangelios, venían a corroborar a posteriori, las enseñanzas de las otras, las Cartas.
Y se escribieron para una clientela determinada, las gentes que poblaban el Mediterráneo:
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Dos precisiones debieran quedar claras para todo aquel que lea la Biblia:
-- una, que es de absoluta necesidad “interpretar” la mayor parte de su contenido, algo que no está al alcance de cualquiera;
--dos, que del mismo modo que cualquier escrito mitológico de pasados tan remotos no se puede presentar como “compendio de normas y reglas para el presente”, nadie se puede dejar engatusar por las lecturas literales e interpretaciones simplistas que hacen de forma interesada algunos prestes cristianos.
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[¿Krishna niño o Cristo infante?]
Arguía un lector que es falso que el creyente dé asentimiento a unas verdades después de conocerlas. Y tiene razón, porque la inmensa mayoría de los creyentes "rituales" no conocen lo que leen ni lo que les dicen. Son crédulos de lo que sea. Les consuelan palabras de fervor y ritos "pregnantes", ritos que hacen presente a Dios, cual zarza ardiente del Sinaí. La verdad doctrinal no importa: "Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que te sabrán responder", decía Astete.
VIDA DE JESÚS y NUEVO TESTAMENTO - I
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El creyente da asentimiento a unas verdades que conoce. Esas verdades producen en él frutos de consuelo, ánimo, exaltación, seguridad...
Si nos paramos en el primer paso, el asentimiento, además de la doctrina, el creyente debería conocer también las ficciones que encierra tal doctrina.
Si se trata de creer lo que sea, no hay nada que objetar, pero si ese "lo que sea" lo presentan como verdad y, de añadido, verdad histórica, siendo falsedad demostrada, o una de dos, o el creyente es estúpido integral o la necesidad de consuelo –ellos dicen salvación-- inunda y desborda hasta lo más recóndito del cerebro.
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No hay que tener aprensión ni empacho en afirmar que algo es falso cuando tiene visos de serlo. Ser discípulo de Ockam --del sentido común tal vez-- obliga a ello.
Al menos la ciencia funciona así y, en la vida corriente, el sentido común al que nos referimos funciona con tales parámetros.
Si prácticamente todos los relatos de los Evangelios "a mí", por lo que he leído, por lo que he estudiado, por lo que he comparado, por lo que me dice el sentido común alimentado por la reflexión y el estudio me parecen falsos como realidad acontecida,
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En el libro de R. Dawkins "El espejismo de Dios", en una nota al pie de la página 81 aparecen algunas consideraciones sobre traducciones equivocadas y tergiversaciones verbales que me sugieren sabrosas consideraciones.
Para quien está convencido de la "verdad" que se encierra en los relatos bíblicos, nada suena a nuevo. Si lo traemos a colación es para que algún lector ofuscado por la "palabra de Dios" piense cómo el Dios revelador se sujeta ¡también! al albur de los traductores de manera tan equivocada (o quizá descarada). ¡Algo tendría que decir!
Guarda este asunto bastante similitud con el trueque léxico ocurrido no se sabe cuándo entre las palabras "olor" y "loor": murió en "olor" de santidad, cuando lo correcto es "loor", fama, estima popular... de santidad. Y así nos vienen contando la martingala de que a su muerte la habitación desprendía olor a violetas, de que de su tumba salía un olor a nardos. ¡Qué sabrosas consecuencias sensoriales provoca la credulidad!
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Evangelio de Mateo, capítulo 6.
"Y cuando oreís no seáis como los hipócritas que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú cuando ores, entra en tu habitación y cerrando la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará. Y orando, no seáis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar".
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La intervención de los seres humanos en la elaboración de leyendas es la conclusión lógica y de sentido común cuando se oyen o se leen.
Todos aceptan que leyendas sobre héroes, sobre hechos portentosos acaecidos en tal o cual lugar, sobre personajes misteriosos... son fruto de autores humanos siempre perdidos en el anonimato.
Sin embargo, los creyentes y crédulos dan un paso en el vacío cuando se trata de leyendas religiosas, “hechos” relacionados con la religión. El pretexto: "Es Dios el que ha intervenido, es Dios el que se ha revelado, es Dios el que ha comunicado tal revelación a tal persona". Y así es como se crea una leyenda que ellos consideran realidad histórica. Y se lo creen.
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Hacia los años 40 del siglo pasado se produjo un descubrimiento arqueológico en Nag Hammadi (Egipto) de suma importancia relacionado con el cristianismo primitivo.
En dicho lugar hubo un asentamiento cristiano copto y allí, conservados en ánforas, se encontraron textos, “evangelios”, relatos de figuras marginales, aunque relevantes, del NT. Los más importantes, el Evangelio de Tomás (el incrédulo), de María Magdalena y el Evangelio de Judas, conocido éste desde hacía siglos pero dado a conocer en 2006 (sospechoso).
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Resulta revelador cómo en el NT se insiste una y otra vez en “y esto sucedió para que se cumpliera la escritura que dice...”. Las referencias suelen estar tan traídas por los pelos que nadie nos impide pensar que tales cosas “dijeron que sucedieron” porque estaban anunciadas, aunque no sucedieran.
¿Por qué además esa insistencia si luego se han desdicho de todo lo que el AT prescribe? ¡Porque hay que tener tragaderas para afirmar que es palabra de Dios tanta bestialidad, ésta sí, "histórica", como aparece en él!
Copio una afirmación que no deja de ser eso, afirmación, para unos gratuita para otros digna de tener en cuenta:
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Escribiendo el artículo anterior y releyendo algunos pasajes de la Biblia donde se habla de Moisés, me he encontrado con un versículo verdaderamente chocante (Números, 12,3):
Moisés era un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la faz de la tierra.
Entre los recursos literarios hay uno que se llama “hipérbole”. Aunque abunden mucho en la “sagrada” Biblia y esta frase lo sea, no por eso se debe faltar a la verdad de forma tan descarada.
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