Humanismo sin credos

Un mensaje de mansedumbre y de ira.

28.02.18 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?


En Lógica se dice que un paralogismo es un argumento o razonamiento inválido que da por supuesta alguna de las dos primeras premisas del silogismo para extraer una conclusión acomodada al pensamiento que uno pretende imponer. Cuando se suprime la primera o segunda premisa para sacar la conclusión se habla de “entimema”.

Eso es lo que sucede con los Evangelios al decir que son libros unívocos donde se resaltan y relucen la bondad, la paz, el amor, los consejos elevados, la misericordia, la preocupación por los pobres, la clemencia con los vencidos, etc. La consecuencia de tal primera premisa es que así hay que leer los Evangelios o que todo lo contenido en ellos es sublime y universal. Puro paralogismo. No es cierto.

Ese mensaje acaramelado y moralista es el que se transmite, hoy, comenzando en las ventanas del Vaticano y terminando en la más humilde de las parroquias, sea en las lecturas dominicales o, sobre todo, en la enseñanza que se imparte a los niños en la catequesis o en los textos escolares de religión.

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Un dios constreñido.

26.02.18 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?

Yahvé, Dios, por medio de Moisés entregó al pueblo hebreo en el Sinaí el Decálogo que debía regir el pacto de Dios con su pueblo, elegido por él.

Se da por hecho que el pueblo de Israel es el pueblo elegido por Dios, pero no se va más atrás, a tiempos previos a tal elección. Es de suponer que Dios no obraría al azar al elegirlo.

Es decir, algún mérito habría hecho el pueblo hebreo para ello. Y si de méritos hablamos, ¿no podría haber habido en Micronesia, en Japón o en la selva del Amazonas algún otro grupo humano con iguales méritos? ¿Y por qué un solo grupo de hombres y no toda la humanidad? Quizá sean preguntas ociosas, pero tenemos derecho a hacerlas.

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Un mandamiento apodíctico.

24.02.18 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?


Una de las mayores contradicciones en que incurre la “palabra de Dios” es la que hace relación al quinto mandamiento de la Iglesia (el sexto del Deuteronomio).

Recordemos el momento, ese momento sublime de la historia de la humanidad que se narra en Éxodo 19 y 20 y Deuteronomio 4 y 5. Dios con voz atronadora se aparece a un humano, Moisés, que ha subido a la montaña a entrevistarse con él. El porqué de la montaña se lo dejamos a Mircea Eliade, que es otro de los misterios comunes en toda credulidad que se precie.

En ese entorno de fuego, nubes o nubarrones –“Yahvé nos habló cara a cara sobre la montaña, en medio de fuego”-- le entrega unas lascas de piedra donde constan por escrito los diez mandamientos, aunque si se unen los diez que la Iglesia prescribe y los diez del Antiguo Testamento la compulsa llega a los doce.

Tres son los mandamientos más expeditivos, dos palabras nada más, el 6º, 7º y 8º de la lista del Deuteronomio: No matarás – no adulterarás – no robarás. Ironía del destino de un pueblo rebelde, la historia de Israel es un continuo transgredir y justificar la transgresión con palabras del mismísimo Yahvé (¿o era otro el dios que hizo alianza con un pueblo determinado, Israel?)

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Seguimos con la Palabra de Dios o cosa parecida.

22.02.18 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?

Lo sé, se ha dicho muchas veces, se ha argüido con mil argumentos y explicaciones sobre el sentido que tiene la “palabra de Dios”, siempre inspirada por el Espíritu Santo, pero aun así seguimos con el monotema porque determinadas explicaciones en modo convencen.

Podríamos admitir que ciertos pasajes puedan ser inspirados por Dios, por ejemplo aquellos que hablan de los atributos de Dios; otros que contienen advertencias morales; himnos y salmos; profecías sobre las bondades del reino de Dios y asuntos similares.

Se podrían admitir como inspirados, aunque la mayor parte de dichos pasajes puedan tener una explicación suficiente en el cacumen del hombre de bien que recapacita en la vida de los hombres, en su conducta y en sus hechos, que saca consecuencias de la historia, que interpreta los actos humanos.

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PALABRA DE DIOS: ¿CÓMO?

20.02.18 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?

Realizada la lectura de un texto de la Biblia correspondiente a la festividad del día el lector termina interpelando al auditorio con una categórica afirmación -- “Palabra de Dios” -- a la que la plebe fiel responde “Te alabamos Señor”. Parece algo normal, inocuo, algo estereotipado, algo dado por supuesto eso de “Palabra de Dios”, pero ¿qué se quiere decir con eso? ¿Qué entiende el oyente para dar su asentimiento y alabar al Señor que parece que le habla a través de ese texto?

Por si la duda pudiera instalarse en la mente de los fieles, el magisterio eclesial deja bien claras las cosas. En varios concilios -- Florencia, Trento, Vaticano I— se afirma que Dios fue el autor del Antiguo y Nuevo Testamento. Correcto y consecuente con su creencia, pero ¿cómo? El concilio Vaticano I, 1870, dice: “...habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por Autor y han sido trasmitidos como tales a la Iglesia”.

Cuando de interpelar sobre si “eso” es “palabra de Dios” o no, nadie mejor que el fiel creyente para dar una explicación suficiente. Sería de suponer. Pero tiene el condicionamiento de la falta de imparcialidad: para él “eso” es “palabra de Dios” sin importar el cómo.

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Las contradicciones creídas.

18.02.18 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?


Todas las religiones que se precien disponen de su “Libro” al que los fieles acuden para renovar doctrina y sobre todo sentimientos. Asimismo en cada tiempo y ocasión la sabia rectoría de la fe procura los textos oportunos al momento del año o del acontecimiento a celebrar. Para todo hay un texto a propósito.

Y tanto que para cada momento hay un texto: de ahí, leídos los libros de corrido o en ejercicio sinóptico, las enormes contradicciones en que caen dichos “libros sagrados”. Torá, Biblia, Corán... encierran motivos y frases suficientes para justificar lo negro y lo blanco, el día y la noche, el vicio y la virtud.

Si de justificar la guerra se trata, que es la mayor quiebra de la convivencia humana, los tres encierran multitud de frases. Más todavía, los mayores crímenes que dentro de la guerra se pueden dar, como el genocidio o el exterminio total de los enemigos, también encuentran justificación en ellos.

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La zoquetería silogística.

20.10.17 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?

Según dicen los estudiosos, Mateo recogió, de boca de Pedro, los recuerdos que él le transmitió de su maestro Jesús. Mateo no conoció a Jesús, cosa que en algunas homilías se afirma y explica sin el menor rubor.

Hace pocos domingos se leyó en las iglesias el texto de Mateo donde Jesús nombra a Pedro como primer papa (más o menos y dicho de forma vulgar).

Dicen también los eruditos que ese versículo --Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia-- fue un añadido posterior, quizá del siglo IV. Sin ser eruditos, resulta sospechoso que la primacía de Pedro, un hecho tan fundamental para la futura Iglesia, aparezca ¡sólo! en Mateo. Y, como decimos arriba, que provenga de un discípulo de Pedro. Ello induce a pensar que el de Mateo es un evangelio "interesado", muy alejado de la doctrina de Pablo y fuera del sentido estricto de la palabra "ecclesia".

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Los Evangelios cuentan hechos maravillosos: no son los únicos.

02.09.17 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?

Si se comparan textos antiguos que utilizan el mismo sistema glorificador que Mateo con su ensalzado Jesús, se llegará a la conclusión de que materia y forma son idénticas. Un ejemplo lo tenemos en Diógenes Laercio cuando aborda la tarea de escribir sobre filósofos célebres, aportando opiniones y sentencias de los mismos.

Si se juzga el estilo literario, el motivo que le inspira, los personajes que describe y cómo los describe, Marcos y Diógenes no difieren en nada, aunque digan que el primero escribía bajo la inspiración del Espíritu Santo. La pretensión de ambos es que se ame y se admire a los personajes de los que escriben.

Cuando ambos se refieren a personajes ilustres, no pueden detenerse en hechos normales o corrientes: todo en ellos debe ser extraordinario. Y también fabuloso. Marcos no se recata en narrar milagros de los que cualquier persona sensata se reiría por imposibles.

Tanto para Diógenes como para Marcos sus personajes no pueden nacer, vivir, hablar, pensar o morir como el resto de los mortales.

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Adán mata a Dios.

22.03.17 | 14:28. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?


Dios consiente que el hombre tenga tales libertades y parece no darse cuenta de las consecuencias. Consiente quizá a la fuerza... ¡porque así quiso que fuera el hombre: él lo hizo! ¿No les parece que así tiene que ser si Dios no es un ser contradictorio?

¡Qué sublime tontería la que mantienen teólogos y pastoralistas! Adán símbolo de la humanidad suspirando por un paraíso al que sólo el camino de la cruz conduce.

Ni siquiera como sustrato literario de algún mitologema novedoso, que no lo es, se puede admirar.

Afirmamos, reiteramos y diremos cuantas veces sean necesarias, que todas las figuras “antiguas” no deben verse como figuras reales en su sentido literal, como entes de carne y hueso, sino como símbolos: estamos de acuerdo con aquellos teólogos que explican las cosas en este sentido.

¡Pero tenemos que entrar a saco contra tales “cuentos” cuando los mismos se presentan a los fieles "ad pedem líterae", o sea, de forma literal!. Y es que ésta es la realidad con la que nos encontramos en la práctica diaria... o semanal! Se leen textos y no se explica el contexto. Incluso hasta se explican aumentando más la sinrazón del símbolo. Convierten el símbolo en realidad. Total, la gente se lo cree todo.

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El Nuevo Testamento, tan falso como el Antiguo.

26.11.16 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?

El título es malintencionado. El Nuevo Testamento no es falso. Ahí está y con eso bastaría. Además, a muchos les sirve como guía de su espíritu y alimento de su pensar. Sin matizar o contextualizar, tal afirmación es igualmente falsa. Maticemos.

¡Se ha dicho tanto sobre la Biblia! Incluso en este apartado lugar, como no podía ser menos, hemos discutido y debatido sobre muchísimos aspectos del Antiguo y Nuevo Testamento. Pero aquí no podemos hacer otra cosa que generalizar por limitación de espacio y por el mismo objeto que nos anima, la vulgarización de conocimientos. Por ello lo más que podemos es remitir a estudios serios.

Al hablar de falsedad o autenticidad del Nuevo Testamento, habría que delimitar conceptos, entre ellos qué implica que algo sea falso o verdadero; hay que aclarar qué es falso; hay que distinguir hechos de dichos; hay que distinguir lo que es el hecho literario del referente histórico…

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A propósito de Moisés.

19.11.16 | 12:00. Archivado en 2. Sobre este blog, ¿Sagradas Escrituras?

Guardo como oro en paño los tres tomos mecanografiados de los apuntes sobre Biblia recogidos de mi lejano profesor, y amigo, Jesús Luis Cunchillos. No se dice en el enlace, pero él era fervoroso creyente, fraile y sacerdote hasta donde le dejaron, porque contra el muro de la incomprensión y la crítica, lo mejor es dar un rodeo, huir. Es lo que hizo. No me pueden tildar de nesciente, porque en determinados asuntos del Pentateuco lo que hago es recoger citas de tales apuntes.

A propósito del artículo pasado en que hablábamos de Moisés y de las tonterías que algunos comentaristas profieren, gracias a la posibilidad de escribir en cualquier “buscador” la palabra Moisés, encontramos cientos de pasajes bíblicos e infinitas referencias a este personaje a cada cual más seductora.

Nos fijamos en un versículo de Números 12,3(1):

Moisés era un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la faz de la tierra.

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¡Cuánto cuesta encontrar las evidencias!

16.11.16 | 12:00. Archivado en ¿Sagradas Escrituras?


Lo diga expresamente o no, y para NO someter a los hombres a la prueba dura y continua de tener que creer todo “porque sí”, la religión trata de mostrar “evidencias” de Dios y como tal las ofrece. Y el crédulo las cree.

Unas a través de la naturaleza; otras por el sentimiento interno o convicción generalizada de que “hay algo” ahí; otras afirmando algo sobradamente contrastado, a saber, la “evidencia” de que Dios se ha revelado, es decir, ha hablado al hombre.. ¡porque ahí está la Biblia! Perdónesenos la ironía.

Nos quedamos de momento con el último argumento: Dios se ha revelado. Así, el Antiguo Testamento es revelación de Dios. Hacen piruetas respecto al cómo, el qué, cómo sí y cómo no... para sostenerlo, pero se ha revelado.

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Sábado, 21 de julio

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